Probabilidad e incertidumbre
León Olivé (México), Universidad Nacional Autónoma de México
Conocimiento y verdad
Principales concepciones filosóficas sobre la probabilidad. El concepto de probabilidad se ha asociado
desde la Antigüedad a la falta de certidumbre, considerando la probabilidad como la medida de la cercanía o la lejanía de la certidumbre. Desde el punto de vista matemático se ha desarrollado desde el siglo XVII un riguroso cálculo de probabilidades, al que han contribuido notables pensadores y matemáticos como Pascal, Fermat, Huygens, Bernoulli, Laplace y Kolmogorov. Este cálculo permite hacer inferencias acerca de probabilidades a partir de otras probabilidades previamente conocidas o supuestas. Esto resulta en una guía importante para tomar decisiones, por ejemplo, en relación con los juegos de azar y las apuestas –problemas en relación con los cuales se comenzó a trabajar en el cálculo–, pero pronto se encontraron sus aplicaciones en otros terrenos, como en los seguros y las finanzas, y de hecho se ha convertido en una herramienta muy útil en todas las ciencias, y desde luego en la medicina y en las ciencias de la vida. Sin embargo, la interpretación filosófica del concepto de probabilidad ha sido históricamente tema de intenso debate, el cual continúa hasta la fecha. Como suele ocurrir con conceptos filosóficamente importantes, cada una de esas diferentes interpretaciones apunta hacia un sentido pertinente del concepto, y resulta difícil afirmar que existe solo un sentido que sea el único correcto, de modo que existen varios sentidos o, mejor dicho, existen varios conceptos de probabilidad. 1. El enfoque modal. En su sentido más general y cotidiano, el concepto de probabilidad se utiliza como un término modal: “¿Lloverá mañana?”. “No lo sé, pero es probable”. La probabilidad, bajo este enfoque, no se atribuye objetivamente al suceso del que se habla, sino que señala la ausencia de certeza por parte de quien lo aplica. El concepto se refiere al conocimiento del sujeto que hace la afirmación. Desde este punto de vista la probabilidad no se entiende como un concepto métrico, es decir, como un concepto que permite asignar un valor numérico dentro de cierta escala al objeto del dominio al cual se aplica, sino como un mero dispositivo lingüístico. Esta es una concepción subjetivista de la probabilidad que apunta hacia el uso asistemático, impreciso y no cuantificable del término, por lo que carece de interés científico. 2. Medida de la confianza. En la misma línea de concepciones subjetivistas de la probabilidad, pero entendiéndolo como un concepto métrico, la probabilidad se ha concebido como una medida de la confianza de un sujeto en que un cierto suceso realmente ocurrirá. Este enfoque fue defendido especialmente por Bruno de Finetti y Frank Ramsey en la década de 1930. La idea básica es que la probabilidad p que atribuye una persona a un suceso E es la razón (en el sentido matemático de cociente) de acuerdo con la cual está dispuesta a apostar la suma pS a favor de la ocurrencia de E, donde S es una cantidad
arbitraria. El valor numérico de la probabilidad mide, en este caso, exclusivamente la confianza de la persona acerca de la ocurrencia del suceso E, y no pretende medir ninguna relación objetiva entre sucesos del mundo. Sin embargo, De Finetti desarrolló un cálculo para la toma de decisiones racionales relativas a la ocurrencia de sucesos que sabemos que no necesariamente tienen que ocurrir, como en el caso de las apuestas. Para ello introduce una fuerte restricción sobre las relaciones de las probabilidades que una persona debe asignar a la ocurrencia de un suceso y a su no ocurrencia, que llamó principio de coherencia. El principio estipula que las probabilidades que asigne una persona a un suceso no pueden ser tales que si se compromete a apostar según ellas el contrincante pueda estar seguro de ganarle, o sea que la persona pierda dinero cualquiera que sea el resultado (que ocurra el suceso E o que no ocurra). De este modo, aunque aparentemente De Finetti estaba explicando un concepto de probabilidad bajo una perspectiva personalista y subjetiva, en realidad desarrolla el cálculo matemático bajo restricciones racionales. Es decir, si alguien quiere apostar de manera racional, debe ajustarse a las restricciones del cálculo y apostar de acuerdo con los teoremas que se establecen en él. 3. La interpretación logicista asume que los enunciados probabilísticos no expresan nada acerca del mundo, sino que la probabilidad representa una relación lógica entre enunciados, a saber, entre un enunciado que describe el suceso en cuestión, y enunciados que describen cierta evidencia. Este enfoque fue defendido, entre otros, por J. M. Keynes y R. Carnap, y se centra en el análisis del grado de certidumbre que es posible tener a partir de las hipótesis establecidas. 4. La probabilidad como propensión. A diferencia de las concepciones anteriores, que consideran a la probabilidad como meramente subjetiva, o como una cuestión de ajuste a determinadas normas y relaciones lógicas, es decir, como un asunto de racionalidad, otro enfoque, defendido vigorosamente por Karl Popper, considera que las probabilidades son físicamente reales. La probabilidad es la medida de la propensión, es decir, de la tendencia o de la disposición de los sistemas reales para tomar ciertos estados. 5. Otras concepciones, más que elucidar el concepto de probabilidad, descansan en las formas en las que es posible hacer asignaciones numéricas a las probabilidades. Entre ellas se encuentra la teoría de la frecuencia, defendida por Cournot en el siglo XIX y desarrollada por H. Reichenbach y R. von Mises en el XX. La idea básica es que la probabilidad de un suceso es la frecuencia relativa con la que efectivamente ocurre ese suceso en relación con la totalidad de los casos en los que podría ocurrir. Von Mises refinó esta idea e identificó la probabilidad como el límite (en sentido matemático) al
cual tiende la sucesión formada por los cocientes que indican la frecuencia relativa de ocurrencias del suceso en relación con el número de casos en los que sería posible que ocurriera. Así, por ejemplo, decimos que la probabilidad de obtener una cara al arrojar una moneda al aire es ½, porque a la larga el número de veces que obtenemos una cara se acerca a la mitad del número de intentos. Se dice entonces que ½ es el límite al cual tiende la sucesión y, por tanto, que esa es la probabilidad de obtener una cara. La teoría del rango sugiere una definición de la probabilidad para el caso en que se tienen varias alternativas que se consideran igualmente posibles porque la evidencia disponible no ofrece ninguna razón para considerar lo contrario. Si n es el número total de posibles alternativas, entonces la probabilidad de cada una de ellas es 1/n. Por ejemplo, la probabilidad de que salga un seis al tirar un dado que no tenemos por qué suponer que está cargado, es 1 6 .
Sistemas científico-tecnológicos, incertidumbre, riesgo y responsabilidad. Independientemente de la concepción filosófica que se prefiera sobre el concepto mismo de probabilidad, en especial que se acepte que las probabilidades pueden existir realmente en el mundo, o que se deben siempre a limitaciones gnoseológicas de los seres humanos, las formas de asignar probabilidades como las que ejemplifican las teorías de la frecuencia y del rango pueden ser muy útiles, y el cálculo de probabilidades constituye un instrumental matemático útil en muchas ocasiones para enfrentar situaciones de incertidumbre. Sin embargo, la incertidumbre no siempre está asociada a probabilidades, y por tanto el cálculo de probabilidades es una herramienta de la que no puede hacerse uso en muchas situaciones porque no siempre pueden conocerse las probabilidades de la ocurrencia de cierto suceso. Esto es frecuente con respecto a sucesos que pueden ser el resultado de la operación de los sistemas tecnológicos y científico-tecnológicos que típicamente plantean problemas a la bioética, como es el caso de la administración de fármacos, intervenciones quirúrgicas, manipulaciones genéticas, liberación al ambiente de organismos genéticamente modificados, etc., donde las situaciones son de gran complejidad debido a las interacciones entre una multiplicidad de sistemas y a la amplia cantidad de factores que intervienen en la realización de un suceso. Ante la imposibilidad de conocer las probabilidades se requiere entonces tomar medidas distintas para contender con tales situaciones desde un punto de vista éticamente aceptable. En efecto, una de las características de los sistemas tecnológicos y científico-tecnológicos es que en virtud de su propia naturaleza producen en su entorno –social y ambiental–, efectos a corto, mediano y largo plazos, muchos de los cuales
son significativos para los seres humanos, y con frecuencia son imposibles de predecir en el momento de la puesta en funcionamiento del sistema (por ejemplo, al liberar al ambiente un organismo genéticamente modificado). Esto quiere decir que los sistemas tecnológicos y científico-tecnológicos generan situaciones de riesgo, de incertidumbre y muchas veces de ignorancia. Una situación de riesgo es aquella en la que se pone en juego algo valioso para los seres humanos a partir de ciertas consecuencias posibles de la acción o de la operación de cierto sistema, y se conocen las probabilidades de que ocurra cada uno de los resultados. Una situación de riesgo es además de incertidumbre, si se desconocen las probabilidades con que pueden ocurrir esos sucesos. Una situación es de ignorancia si ni siquiera se conocen los sucesos posibles que pueden ocurrir como consecuencia de una acción o de la aplicación de un sistema. El riesgo solo existe si hay seres humanos que tengan razones para considerar como posible el suceso que, sin embargo, no pueden predecir con certeza, pero cuya ocurrencia afectaría algo valioso para una persona o para un grupo de seres humanos. La ocurrencia del suceso, además, o bien resulta de una decisión humana de actuar de cierta manera, o bien su ocurrencia tiene ciertas consecuencias debidas a que algunas personas omitieron ciertas acciones. Por consiguiente, los daños causados en una situación de riesgo son imputables a ciertos agentes, a quienes puede y debe exigirse responsabilidades, morales y jurídicas, entre otras. En las sociedades contemporáneas, además, los riesgos son omnipresentes y su distribución conduce muchas veces a conflictos que plantean cuestiones de justicia social.
Evaluación del riesgo. Como corolario se sigue que la identificación del riesgo, su estimación y valoración, así como su aceptabilidad y gestión, visto todo esto como un continuo y no como compartimentos estancos, necesariamente dependen de valores. Aunque no todos los valores involucrados son de tipo ético, existe un problema ético en las formas de enfrentar los problemas del riesgo que generan los sistemas tecnológicos y tecnocientíficos. Pues la información y el conocimiento pertinentes para la identificación, estimación y gestión del riesgo siempre dependen de un contexto, de la posición de quienes evalúan, de sus fines, intereses y valores, y esto es inevitablemente una cuestión de ética. Las percepciones del riesgo están íntimamente ligadas a la forma en que los seres humanos, desde diferentes posiciones y puntos de vista culturales, comprenden los posibles fenómenos que constituyen los riesgos. No hay una única manera correcta de comprender y estimar el riesgo. Esto es algo que muchas veces se oculta mediante la tradicional asociación del lenguaje del
riesgo solo con el mundo de la economía, del comercio, de las finanzas, de los profesionales de la medicina y de las compañías de seguros. Desde este punto de vista se sostiene engañosamente que la percepción del riesgo implica una relación particular con un futuro desconocido cuya posibilidad, de llegar a realizarse, podría calcularse mediante extrapolaciones de ocurrencias pasadas, es decir, aplicando la teoría de la frecuencia. De esa manera se pretende reducir la evaluación del riesgo a una cuestión de cálculo que debe quedar solo en manos de expertos. Esta interpretación del riesgo cumple una función ideológica al ocultar que la estructura misma de las situaciones de riesgo pueden incluir interacciones muy complejas entre sistemas de diferente tipo, de manera que la frecuencia relativa de ocurrencias pasadas resulta insuficiente para asignar probabilidades, ni pueden saberse de antemano todos los posibles resultados, por lo cual tampoco es aplicable la teoría del rango.
Toma de decisiones éticas y participación de los posibles afectados. En situaciones de incertidumbre y de ignorancia, como las que generan muchos sistemas tecnológicos y científico-tecnológicos de las ciencias y las tecnologías de la vida, el manejo éticamente correcto sería ante todo reconocer que se trata precisamente de situaciones en las cuales se desconocen las probabilidades de las ocurrencias de las posibles consecuencias de ciertas acciones o de la operación de determinados sistemas, y más aún, que a veces ni siquiera es posible saber cuáles serían todas las consecuencias posibles. Cuando se trata de evaluar los riesgos de la aplicación de sistemas tecnológicos y científico-tecnológicos, la liberación de un organismo genéticamente modificado al ambiente, por ejemplo, o cuando se va a intentar un tratamiento médico, y cuando se trata de tomar decisiones acerca de cómo proceder en tales situaciones, es preciso reconocer que hay en juego diversos intereses y valores, por lo que en la estimación del riesgo, y en la decisión de cómo vigilarlo y, sobre todo, controlarlo, deben participar todos los interesados. En situaciones como las de la liberación de OGM al ambiente es preciso que participen científicos naturales y sociales, tecnólogos, humanistas, comunicadores, empresarios y políticos, así como ciudadanos y todas las personas cuyas vidas pueden ser afectadas. Esto no significa desconocer que diferentes grupos tienen un acceso diferenciado a la información pertinente, al saber especializado y a ciertos recursos necesarios para conocer y evaluar las consecuencias de la tecnología. Pero sí quiere decir que cuando se trata de evaluar resultados y decidir acciones en torno a un sistema científico-tecnológico que afecta a la sociedad o al ambiente, la visión y las conclusiones de cada sector serán necesariamente
incompletas, y ninguno tiene un privilegio que justifique su participación a costa de excluir otros sectores que pueden aportar puntos de vista valiosos y pertinentes.
Referencias Bruno de Finetti, Teoria delle Probabilità, 1970. - John M. Keynes, Treatise on Probability, 1921. - Ludwig von Mises, Human Action. A Treatise on Economics, 1949.
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