Orígenes del conocimiento médico
Juan Carlos Tealdi (Argentina), Universidad de Buenos Aires
Medicina y profesiones de la salud
La distinción entre medicina y metafísica prehipocrática. En el comienzo mismo de la construcción de la medicina como conocimiento, operó en primer lugar un material histórico determinado: la producción de los sabios presocráticos. En segundo lugar, ese material, positivo y unitario, fue negado en el tiempo para dar lugar al desarrollo de los aspectos científicos del nuevo conocimiento: eso fue realizado en diversos textos hipocráticos. En tercer lugar, hay que pensar que debe haber existido una necesidad objetiva para esa crítica. Y en último término, también debemos pensar que resultó necesario contar con un material, igualmente positivo y unitario, categorialmente cerrado, que supuso la construcción de verdades científicas constitutivas de esa ciencia. Dentro de la medicina prehipocrática, mezcla de magia sacerdotal y empirismo de ‘prácticos’, la concepción de la enfermedad y su tratamiento era igualmente mágica (castigos divinos, lustraciones) y empírica (diagnóstico de fracturas, tratamiento de heridas). Pero, a finales del siglo VI y principios del V a. C., la medicina griega, que era en el mejor de los casos una modesta tékhne, muestra, merced a los presocráticos, una profunda transformación al reflexionar sobre las relaciones entre medicina y physiología. Esa reflexión, que por un lado y mediante la síntesis de empeiría y physis dará lugar a una estricta tékhne, por otra parte supone la negación para el campo médico de la physiología en tanto saber especulativo sobre la totalidad. No es contradictorio decir que la medicina pudo constituirse en ‘ciencia’ a partir del
Para Pellegrino y Thomasma, entonces, la medicina es “una relación de consentimiento mutuo para lograr un bienestar individualizado trabajando en, con y a través del cuerpo”. En esa relación o acto médico en el cual una individualización racionalizada tiene lugar, se presupone una ontología del hombre, que las probabilidades de diferentes combinaciones de signos y síntomas deben ser contrastadas con la experiencia, y que el conocimiento de lo que puede hacerse en el tratamiento se enlaza con la prudencia de la decisión sobre lo que “debe” hacerse. La medicina es así ciencia, arte y virtud, y los estudiantes de medicina necesitan por eso una educación explícita en los componentes no científicos del conocimiento médico. Y se necesita cultivar las humanidades y la filosofía en el terreno de la atención de la salud con el mismo interés que el dedicado a las ciencias básicas. Muchos siglos después, la actitud “antifilosófica” de algunos tratados hipocráticos era rechazada. [J. C. T.]
concepto metafísico de physis y precisamente por su negación en tanto metafísica. Dice Jaeger que “La idea fundamental de las indagaciones presocráticas, el concepto de la physis, no se aplicó ni se desarrolló tan fecundamente en ningún terreno como en la teoría de la naturaleza física, que desde entonces había de trazar el derrotero para todas las proyecciones del concepto sobre la naturaleza del hombre”. Los textos del Corpus Hippocraticum negarán las teorías de la filosofía de la naturaleza en la medida en que estas no les son útiles a los médicos griegos para poder resolver los problemas que el hombre enfermo les presenta. Esa necesidad objetiva fundamenta su crítica y da lugar a un empirismo atento a los datos de la experiencia, a la observación del cuerpo humano en la salud y la enfermedad, a la negación de las causas divinas en la aparición de enfermedades (Sobre la enfermedad sagrada), a la investigación rigurosa de la naturaleza, y a la sistematización de los datos obtenidos y convertidos en ‘leyes’ a través de las pruebas experienciales. Así, la medicina se convierte en ‘ciencia’ y se distingue de la filosofía en cuanto a sus preocupaciones temáticas, su vocabulario, su método, y la que desde entonces será una tradición estrictamente distinta para una y otra disciplina.
La medicina como conocimiento por causas. Entender la medicina como tékhne supondrá, para los médicos hipocráticos, acentuar –según un conocimiento por causas– qué es la enfermedad, por qué se produce, por qué curan los medicamentos administrados, etc. Para llegar a ello, estos han debido reclamar el sentido más estricto de physis. Si ésta, por un lado, podía ser el principio (arkhé) de toda
realidad (del todo), por otra parte podía entenderse como fundamento de las cosas particulares (de las partes): “La physis del cuerpo es el principio de la razón (del lógos) en medicina”, se afirma en Sobre los lugares en el hombre. La armonía, el orden y la regularidad de la physis corporal permite a los autores del Corpus Hippocraticum hablar de estados conformes a la naturaleza (katà physin) y estados contrarios a la misma (parà physin). La tarea del médico ante la enfermedad consistirá en dejar actuar a la naturaleza para restablecer un equilibrio perdido. Las pruebas que necesita para su diagnóstico, para creer que lo que observa es una verdad firme, las ha de encontrar en el cuerpo del enfermo: no en lo que éste refiera sino en los signos corporales hallados. Para ello ha de valerse de la boca y la lengua, la nariz y las vías del ‘pneuma’, la vista, el tacto y el oído (Sobre la dieta). La observación de los signos y la explicación más o menos fundada de las causas que les daban origen es pues un aspecto fundamental de la metodología hipocrática que a veces se acompañaba de experimentos probatorios. La medicina, así, se constituye en ‘ciencia’ estableciendo un marco conceptual que ha de llegar hasta nuestra época.
La naturaleza del hombre como objeto de la medicina. El concepto crítico para las relaciones entre filosofía y medicina en los presocráticos es el de physiología. A través de él se puede entender la distinción entre pensamiento filosófico y pensamiento científico. Porque cuando los médicos griegos (tekhnítes) de finales del siglo VI y comienzos del V a. C., que ejercen su oficio artesanal (tékhne) aprendido al lado de un experto o en las escuelas médicas existentes (Crotona, Cirene, Cos, Rodas, Cnido), sientan la necesidad de “... pasar de un saber meramente empírico y rutinario (empeiría) a otro saber que en verdad merezca el adjetivo de ‘técnico’ (tékhne en sentido estricto)”, encontrarán en la physiología la herramienta conceptual para poder hacerlo. Durante el siglo V la palabra physis comienza a ser utilizada por los médicos griegos para referirse a la naturaleza del hombre (physis toû anthropou), como diferenciación frente al anterior concepto más filosófico de la misma referido a la naturaleza del todo (physis toû pantós, toû hólou). La medicina empezará a distinguirse entonces por una teoría superadora de su saber meramente técnico. Hay una contradicción de intereses en el ambiguo seno de los sabios presocráticos que fructificará en la construcción de dos campos distintos del conocimiento. Si la fusión inicial de preocupaciones médicas, filosóficas, y de otras áreas del conocimiento en la sabiduría omnicomprensiva de los presocráticos resultaba históricamente fecunda como para dar lugar al ‘milagro’ griego; no menos creadora será la colisión de la que surjan dos conciencias clásicas del
saber en sus concepciones teóricas. Porque si Anaxágoras destaca tanto por su pluralismo opuesto al monismo parmenídeo como por sus estudios anatómicos, si Empédocles sustenta la teoría de los cuatro elementos y a la vez desarrolla una fisiología de los sentidos admirada por Galeno, y Alcmeón de Crotona utiliza la disección con fines científicos mientras sostiene una teoría de los contrarios, cuando aparezcan Sócrates e Hipócrates en la cultura griega, ya no será posible esa ambigüedad manifiesta. Medicina y filosofía comenzarán sus historias autónomas.
La actitud antifilosófica en la medicina hipocrática. La medicina cobra unidad como conocimiento a través de los 53 tratados médicos que hoy componen el Corpus Hippocraticum. Redactados en prosa jonia, lengua culta de la época, por varios autores aunque hayan sido agrupados tradicionalmente bajo el nombre de Hipócrates, constituyen la primera colección de textos científicos del mundo antiguo. Pero esos textos sufrieron un accidentado itinerario desde la biblioteca médica de los Asclepíadas de Cos hasta su fijación en época bizantina. Fueron escritos a lo largo de tres siglos, aunque los más representativos datan de 420 a 350 a. C., y va a ser en la Biblioteca de Alejandría, en el s. III a. C., donde serán reunidos. Se presume, como hemos dicho, que los mismos procedían de la Biblioteca de Cos, aunque puede haber habido otras fuentes. Pero es a partir de entonces cuando se inicia la tradición de comentarios y ediciones de los mismos: Baqueo de Tanagra a fines del siglo III antes de Cristo; Zeuxis y Heraclides de Tarento en los siglos II y I antes de Cristo; las ediciones de Dioscórides el Joven y Artemidoro Capitán del siglo II; los comentarios de Galeno, etc. La primera edición completa del Corpus se hace en Venecia en 1526. Pero si una característica lo distingue sobre el trayecto histórico que hemos trazado, es el manifiesto esfuerzo de aquellos que lo escriben por distinguir el saber médico en tanto teoría de la naturaleza del hombre sano, de las especulaciones más generales sobre la Naturaleza en tanto totalidad. Esta actitud, a veces llamada, fuertemente, ‘antifilosófica’, resulta más manifiesta en Sobre la medicina antigua. De todos modos, en cualquiera de los restantes tratados, incluso en Sobre la dieta, el más especulativo de ellos, puede observársela. Cómo surge esa actitud crítica, orientada a distinguir un saber ‘científico’ (episteme) o técnico (tékhne) de un saber filosófico (physiología), lo hemos visto antes. Y aunque las humanidades médicas y la bioética hayan venido a defender hoy el lugar que les corresponde a la filosofía y las humanidades en la teoría y la práctica de la medicina y las profesiones de la salud, no debe perderse de vista aquel origen y el itinerario histórico que nos muestra cómo estas profesiones
han sido propuestas muchas veces como un conocimiento exento de contenidos filosóficos. Sus consecuencias han sido suficientemente importantes como para tenerlas debidamente en cuenta.
Referencias Carlos García Gual et ál. Tratados hipocráticos, Vols. I-VII, Madrid, Gredos, 1983-1993. - Pedro Laín Entralgo. “La medicina hipocrática”, Madrid, Revista de Occidente, 1970. - Werner Jaeger. Paideia. Die Formung des Griechischen Menschen, 1933 (Trad. esp. de J. Xirau y W. Roces, Paideia, México, Fondo de Cultura Económica, 1957).
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