Intuición
Diego Parente (Argentina), Universidad Nacional de Mar del Plata
Bioética › Conceptos éticos
Aspecto histórico. La historia de la filosofía muestra el concepto de intuición en estrecha vinculación con el vocabulario de la problemática gnoseológica. Específicamente, suele aludirse con él a una captación directa e inmediata de una realidad o bien a la comprensión directa e inmediata de una verdad. En cualquiera de estos casos, la tematización filosófica de la intuición aparece relacionada con la determinación del conocimiento, manifestándose como uno de sus momentos constitutivos. Aristóteles señala –retomando la distinción platónica entre el pensar discursivo y el intuitivo– la diferencia entre la intuición sensible y la inteligible, siendo esta última la prioritaria para el filósofo. Los autores modernos resignificaron tal comprensión a la luz de un sujeto entendido como portador de representaciones enfrentado a un mundo externo. En tal sentido, Descartes piensa la intuición como un acto de pensamiento puro de carácter infalible, opuesto a la percepción sensible cuya naturaleza tiende a ser fuente de errores y confusiones. Posteriormente, Immanuel Kant profundiza esta perspectiva distinguiendo entre una intuición pura, una empírica y una intelectual. Solo la sensibilidad produce intuición, si bien esta última no resulta suficiente para la conformación de un juicio –tal como afirma en su Crítica de la razón pura, los pensamientos sin contenido son vacíos, mientras que las intuiciones sin conceptos son ciegas–. A diferencia del planteo kantiano, Edmund Husserl comprende la intuición como algo contrapuesto a la percepción. La intuición implica la captación de un eidos, algo que no se da en la percepción. De tal manera, Husserl pretende eliminar la separación entre el momento categorial (conceptual) y el sensitivo (intuitivo). Podría afirmarse, en resumen, que en el ámbito gnoseológico es común distinguir dos tipos de intuición: la sensible (concerniente a datos u objetos percibidos a través de los sentidos) y la no-sensible (referida a universales o entidades metafísicas que se hallan más allá de toda aprehensión sensorial). Ambos tipos se caracterizan por brindar un acceso directo e inmediato sin intermediarios, ya sea a realidades o a proposiciones.
La intuición como aspecto ético. Dentro del nivel de reflexión metaético, es decir, de la reflexión sobre la semiosis del lenguaje moral, el intuicionismo se caracteriza por responder afirmativamente a la pregunta de si los términos normativos básicos (bueno, deber, etc.) expresan alguna forma de conocimiento, es decir, si las proposiciones normativas resultan analogables a las descriptivas en un
sentido relevante. A diferencia de las posiciones no-cognitivistas, el intuicionismo sostiene que, en efecto, los términos morales expresan conocimiento. Ahora bien, en la medida en que critica al naturalismo su pretensión de definir los términos éticos meramente por referencia a propiedades naturales, el intuicionismo puede ser interpretado como una posición metaética de orientación cognitivista y no-definicionista. Entre sus representantes analíticos más importantes debe mencionarse a George E. Moore, W. D. Ross y Harold Pritchard, quienes coinciden en la afirmación básica de que los términos éticos, aunque tienen sentido, no pueden definirse, ya que las definiciones utilizan necesariamente términos naturales y lo normativo es no-natural. Tal es la posición asumida por Moore en sus Principia Ethica. Allí entiende la definición como un análisis de un concepto complejo que se ocupa de descomponer sus partes simples. En cuanto se reconoce que bueno es un concepto simple, se desprende su indefinibilidad. Toda tentativa de definir bueno conduce a la conocida “falacia naturalista”, ya vislumbrada por David Hume en su Treatise of Human Nature, donde señala la inadecuación lógica implícita en la derivación de un debe a partir de un es. También se considera intuicionistas a Max Scheler y Nicolai Hartmann, representantes de la ética material de los valores. Ambos pensadores sostienen la idea de que los valores son aprehendidos a través de intuiciones (o aprehensiones) emocionales. En estos autores se halla una defensa de la objetividad de los valores junto con un reconocimiento de su indefinibilidad. En cierto sentido, Scheler y Hartmann se insertan en la orientación fundada por los moralistas británicos del siglo XVIII, quienes postulaban la existencia de un moral sense y apelaban al sentimiento como criterio de fundamentación. Tanto Scheler como Hartmann han enfrentado varias críticas en cuanto a su pretensión de fundamentar la ética a partir de un criterio de tipo intuicionista –críticas entre las cuales se destacan las provenientes de la escuela neopositivista y el existencialismo–. En cuanto a esta debilidad del modelo intuicionista, se destaca el argumento que señala que, si bien puede discutirse la existencia de intuiciones emocionales que proporcionan conocimiento axiológico, resulta indiscutible que ellas no sirven como fundamento porque, en caso de discrepancias, no hay criterio para determinar cuáles intuiciones son las correctas.
Referencias
Max Scheler, Der Formalismus in der Ethik und die materiale Wertethik, Berna, Francke, 1966. - Nicolai Hartmann, Ethik, Berlin, Gruyter, 1962. - Ricardo Maliandi. Ética: conceptos y problemas, Buenos Aires, Biblos, 2004.
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