Experimentación con animales
Roberto de la Peña Pino, Ángel Concepción Alfonso (Cuba), Centro Nacional de Genética Médica
Investigación en salud
La ética en el uso de animales en las investigaciones no debe limitarse a la información sobre cualquier tipo o forma de procedimiento que se ejecute directamente en los animales tratando de reducir al mínimo el daño físico o psíquico que se les ocasione, si no incluye también una información más detallada en la cual se consideren aspectos como el nombre correcto de la línea, la raza o especie empleada, el centro de origen y las condiciones de alojamiento (temperatura, humedad, ventilación, iluminación, el tipo de jaula y la densidad). Además, debe incluir el tipo y la cantidad de alimento suministrado para que los resultados alcanzados por el investigador puedan ser repetibles en cualquier otro lugar aplicando los mismos procedimientos. Sin embargo, no siempre los investigadores toman en cuenta la importancia que tiene el aportar la mayor información posible respecto a las condiciones en las cuales se ejecutó el experimento para que cualquier interesado tome esta como patrón comparativo; tal vez eso esté ocurriendo en la confianza de que las violaciones de las normas y regulaciones son cosas de décadas pasadas que fueron señaladas en su momento (Nab, 1994). El presente trabajo pretende alertar sobre la necesidad de incorporar en nuestra concepción de la ética experimental aspectos de la información que no están directamente relacionados con el procedimiento en sí del experimento, pero que influyen en la respuesta del animal y que a veces se omiten.
Una revisión de 152 trabajos publicados en 9 revistas nacionales de ciencias médicas en formato electrónico durante el periodo enero de 2000 al primer trimestre de 2005, en que se analizaron
los indicadores que se relacionan, arrojó los siguientes resultados: nombre del animal mal definido, 27 (17,76%); no aclara el centro de origen del animal o no es reconocido, 76 (50,0%); no refiere condiciones de alojamiento, 70 (46,71%); no define bien las condiciones de alojamiento, 29 (19,08%); no refiere el tipo de jaula y la densidad, 124 (81,58%); no define correctamente el tipo de alimento, 113 (74,34%); no indica el destino final de los animales, 66 (43,42%); no aclara el método de eutanasia empleado, 12 (33,33%, basado en los 33 trabajos que indicaron el sacrificio). El no indicar la línea, raza o especie (indicador 1) con la cual se trabaja o utilizar términos como albino o blanco sin ninguna otra especificación denota que hay desconocimiento o mal asesoramiento de la terminología empleada para distinguir el animal con el cual se ha realizado el trabajo experimental. Tal situación promueve la creencia, que puede ser errónea, de que el investigador es un principiante, no sabe nada sobre animales de laboratorio o no ha tenido un asesoramiento adecuado del especialista o técnico en animales del bioterio (vivario, animalario).
Cuando no se aclara el centro de origen del animal (indicador 2) o este procede de un centro no reconocido como productor de animales, surge la duda razonable sobre la calidad genética e higiénica del animal empleado y, lamentablemente, sobre la influencia que puede haber ejercido el estatus genético e higiénico del animal en los resultados obtenidos. Por tanto, es imprescindible para todo investigador no omitir el centro de procedencia del cual obtuvo los animales empleados en su trabajo de investigación, tanto más si este trabajo está relacionado con la toxicología experimental, la cual requiere cumplir los procedimientos de buenas prácticas (Cetex Cenpalab). Omitir o definir parcialmente la información sobre las condiciones de alojamiento en las que se llevó a cabo el trabajo experimental (indicador 4) o sobre la densidad por jaula (indicador 5 y, a su vez, aspecto más deficiente) impiden a otros investigadores hacer comparaciones adecuadas de los resultados o provocar dudas acerca de si se realizó o no en las condiciones debidas. Pudiera además introducir errores de interpretación en los resultados cuando la densidad sobrepasa los límites mínimos para que se exprese la conducta individual y de grupo, porque el estrés puede alterar la respuesta fisiológica o bioquímica y con ello motivar dudas sobre la veracidad o calidad de los resultados.
Otro aspecto al cual no se le confiere importancia es el uso de términos inapropiados o incorrectos para indicar el tipo de alimento (indicador 6), como “se suministró ratonina”, pues esto puede provocar que el término no sea entendible para
investigadores de otras naciones. Otro término empleado es “se suministró pienso ad libitum”, el cual introduce dos elementos a considerar: uno es la cantidad suministrada, la cual sea tal que exceda los límites diarios necesarios para su alimentación y por tanto su permanencia por varios días provoque una disminución paulatina de la calidad nutritiva del pienso al perder sus cualidades organolépticas, que pudiera tener influencias negativas en estudios sobre crecimiento y desarrollo prenatal y posnatal o alterar resultados en determinadas pruebas de cronicidad en toxicología o en estudios fisiológicos; el otro, aunque con menos importancia, es que no identifica para qué especie, dando por hecho que el lector asocie el tipo de pienso con la especie con la cual se experimentó. También hubo trabajos en los que no se identifica la marca ni la procedencia. Incluso esto se omite en trabajos publicados en revistas internacionales porque quizá no se le otorgue importancia en trabajos generales en el ámbito internacional; sin embargo, a juicio de los autores, sobre todo cuando se trabaja en toxicología y atendiendo a las normas internacionales (normas ISO), se debe indicar el nombre con el cual se identifica el alimento suministrado.
Las omisiones sobre el destino final de los animales solicitados y empleados en el curso de la investigación y sobre el método de eutanasia (indicadores 7 y 8) podrían provocar dudas acerca de si los animales que quedaron vivos después de concluido el experimento se emplearán en otros trabajos, lo cual sería una violación de los principios básicos (CCPA) y conduciría a opiniones desfavorables o críticas desde el punto de vista ético. Lo mismo ocurre con el método de eutanasia aplicado. En los casos que se reconoció su uso sin definir cuál se utilizó, la duda se centraría en si el método empleado fue el más indicado para la especie en cuestión. Para los investigadores este detalle no puede obviarse en ninguna situación porque constituye una de las orientaciones recogidas en las normas establecidas en cualquier manual sobre buenas prácticas de laboratorio (Cenpalab y Cetex Cenpalab).
Estas deficiencias en la información resultan contradictorias porque un centro de investigación dispone de guías (ILAR, Nat Res Coun), Manuales de Buenas Prácticas de Laboratorios, copia del Proyecto de Ley de la Sociedad Cubana para la Ciencia de Animales de Laboratorio (Junta Directiva SCCAl) y posee personal investigador y técnico que ha recibido alguno de los cursos de preparación impartidos desde hace más de dos décadas para experimentar con animales en la investigación (Peña y Marta, 1994), además de otros más específicos sobre ética en la experimentación. Las
consideraciones de cada uno de los indicadores en conjunto pudieran conducir, justificada o injustificadamente, aun cuando no sea esa la intención del lector, a la duda razonable sobre la calidad de los resultados, o a que no puedan ser comparados en toda su magnitud con resultados dados por otros investigadores, por no realizarse en igualdad de condiciones o no disponer de los datos necesarios. Además, tampoco podrían ser citados por otros autores. Dado que los trabajos que se publican en formato electrónico trascienden las fronteras de cualquier nación, es aconsejable que sean revisados cuidadosamente para que no se escapen estas pequeñas omisiones que podrían ser objeto de interpretaciones erróneas o de críticas. De hecho ello contribuiría a mejorar la calidad de la información ofrecida, considerando que esta constituye un aspecto indisoluble de la ética experimental en toda investigación que implique el uso de animales.
Referencias CCPA. Las necesidades compartimentales de los animales de experimentación, Manual, Vol. 1, 2a ed., 1999. - Cenpalab. Código de Uso de los Animales de Laboratorio del CENPALAB, La Habana, 1992. - Cetex, Cenpalab. Código de las Buenas Prácticas de Laboratorio, Centro de Toxicología Experimental, La Habana, Cenpalab, 1992. - ILAR, NRC. Guide for the Care and Use of Laboratory Animals, National Academic Press, Washington, 1996. - National Research Council. Guía para el cuidado y uso de los animales de laboratorio, Academia Nacional de Medicina, Edición Mexicana, 2002. - Proyecto Ley para la Protección y el Bienestar de los Animales de Experimentacion. Junta Directiva SCCAL 2001. - J. Nab. Experience and application of the ethic comité in biomedical research in different european countries, III Congreso Nacional de la Sociedad española para las Ciencias del Animal de Laboratorio. Libro de Resúmenes, Ed. Centro de Instrumentación Científica, 1994, pp. 31-34. – R. Peña, Curso de animales de experimentación para médicos dedicados a la investigación, III Congreso Nacional de la Sociedad española para las Ciencias del Animal de Laboratorio. Libro de Resúmenes, Ed. Centro de Instrumentación Científica, 1994, pp. 262. - Recomendaciones para la eutanasia, 1999, última versión http/www.secal.es/euta 2.htm
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