Enfermedades agudas
Horacio García Romero (México), Academia Nacional Mexicana de Bioética
Salud y enfermedad
Concepto. Todo individuo, para tener un estado de salud biológico, psicológico y social que le permita gozar de bienestar y tener satisfacción por las labores que realiza para sí mismo y para los demás, requiere un conjunto de requisitos que favorezcan este estado. Además de las influencias de su genotipo, son importantes los factores del ambiente externo: temperatura adecuada, aire no contaminado y saneamiento ambiental; elementos biológico-sociales como una adecuada nutrición, vivienda, vestuario, reposo y ejercicio, educación y recreación, cierto grado de tranquilidad en sus labores y en sus relaciones con los que convive que eviten tensiones intensas y prolongadas. La enfermedad se presenta cuando ocurre un desequilibrio suficientemente grande entre estos factores y las condiciones genéticas, biológicas, psíquicas y sociales del individuo. El principio de la enfermedad aguda, que puede o no ser precedido por un periodo asintomático en el que la enfermedad ya existe, se manifiesta por un conjunto de síntomas leves o intensos, que pueden, como respuesta del organismo, durar pocos días y desaparecer o bien prolongarse por un tiempo largo, que en ocasiones dejan secuelas limitantes que duran varias semanas o meses o toda la vida y, por último, que pueden producir la muerte. Los factores que producen estas enfermedades agudas son,
entre otros: a) infecciosos; b) intoxicaciones por productos que alteran la fisiología o producen lesiones orgánicas; c) traumatismos por productos accidentales o intencionales, físicos o químicos; d) alteraciones previas orgánicas que pueden o no haber pasado inadvertidas, que originan lesiones y situaciones de gravedad variable: infarto cerebral, intestinal o del miocardio, úlcera péptica perforada o sangrante, ruptura de aneurisma, insuficiencia renal aguda, y otros muchos problemas en los órganos vitales; e) en la mujer embarazada puede ocurrir un trastorno agudo como embarazo extrauterino, aborto incompleto, ruptura uterina y otros; f) la obstrucción aguda de las vías respiratorias, digestivas y circulatorias por cuerpos extraños o por lesiones previas; g) traumatismos psíquicos, situaciones agudas del ambiente social que producen trastornos funcionales o somáticos.
Derecho a la atención del paciente con enfermedad aguda. El personal de salud debe estar preparado para atender estas enfermedades agudas. Esto significa que debe contar con los conocimientos y destrezas para atacar la enfermedad. Requiere además diligencia para que la atención sea oportuna y de genuino interés por el paciente que requerirá el seguimiento de su padecimiento hasta su resolución. El derecho a la atención de la salud de todos los habitantes de una región, de acuerdo con el precepto bioético de la justicia, aceptado por la gran mayoría de las naciones, exige que en las distintas áreas de un país se cuente con los siguientes elementos: 1. instalaciones distribuidas adecuadamente para dar atención de primero, segundo y tercer nivel integral, oportuna, eficaz y universal; 2. medios de comunicación entre las unidades de diferentes niveles para agilizar la atención; 3. medios de transporte para trasladar a los pacientes que lo requieran a otras unidades; 4. material y equipo adecuado; 5. áreas suficientemente amplias que permitan una esmerada atención. Las áreas de urgencias, en las que se tratarán a la brevedad posible las enfermedades agudas, contarán las 24 horas con equipo de rayos X, electrocardiógrafo, laboratorio (que incluya estudio de tóxicos), acceso rápido a la sala de operaciones, personal calificado: ortopedista, cirujano, ginecoobstetra, internista, así como los medicamentos indispensables para tratar los problemas agudos frecuentes: antihipertensivos, trombolíticos, antibióticos, entre muchos otros. El personal de salud, en la atención a una persona con una enfermedad aguda, debe tener respeto a la dignidad y a la capacidad de decisión del paciente. La información detallada sobre los procedimientos diagnósticos y terapéuticos se hace obligatoria y debe realizarse en un lenguaje que sea comprendido por el paciente, a fin de que ejerza su autonomía y
se haga corresponsable de su propia salud. En ocasiones pueden requerirse traductores de lenguas indígenas si son numerosos los pacientes que no hablan castellano, lo que ocurre en muchos países de Latinoamérica. Ante una enfermedad de pronóstico grave, el personal de salud puede elegir el momento más oportuno para informar al paciente, y dosificar la información para evitar un daño que puede ser irreparable. En todo caso se mostrará al enfermo una actitud benevolente, respetuosa y amistosa, evitando todo tipo de discriminación. Se ha aceptado universalmente que la salud es un bien de alta prioridad para el ser humano, ya que sin él no puede tener acceso a sus demás derechos y no puede cumplir con sus obligaciones dentro de la sociedad. En la mayoría de los países se ha propuesto que sea el Estado el encargado de velar por la salud de sus habitantes, y vigilar que se den las condiciones necesarias para dar vigencia a la garantía del derecho a la protección de la salud.
Preceptos bioéticos. Durante la atención de un paciente con una enfermedad aguda, es recomendable tomar en cuenta los siguientes conceptos que nos permitirán cumplir cabalmente con los preceptos bioéticos. 1. ¿Existe en este paciente algún dilema bioético que deba ser resuelto? ¿Qué estudios realizar? ¿Qué medicamentos o procedimientos terapéuticos emplear? Debe hacerse en primer término una descripción clara del problema. 2. Elementos internos o externos que acompañan a la persona o personas involucradas. Conocer las condiciones integrales del paciente: físicas, psicológicas, socioeconómicas, culturales. Esto requiere en ocasiones realizar una historia clínica ampliada, para informarse del estado de salud integral del enfermo, de su entorno, de sus relaciones familiares, de su calidad de vida, de sus expectativas. 3. Establecer las alternativas prácticas para la solución del problema. El conocimiento de la aplicación de cada alternativa debe hacerse excluyendo cualquier prejuicio respecto a la condición social, étnica, religiosa, económica o genérica del enfermo. El personal de salud debe estar actualizado en el campo que le corresponde. Los datos más confiables los encontrará en los libros y las revistas que exponen la “medicina basada en evidencias”. Es esta una corriente que tiene firmes bases científicas. Cada procedimiento es analizado a fondo y comparado con otros similares. Solamente se aceptan las investigaciones publicadas si la selección de los pacientes, el proceso de su estudio y los resultados se han realizado con base en métodos científicos y estadísticos que comprueban fehacientemente la superioridad de un método diagnóstico, de un procedimiento terapéutico o de un medicamento en un procedimiento dado. Las investigaciones se han repetido con
resultados similares en diversas circunstancias y lugares, y en muchos casos su evidencia se ha ratificado mediante un “metaanálisis”, que es una técnica estadística que resume los resultados de diversos estudios en un único estimador ponderado, con el cual se da un mayor peso a las conclusiones. 4. La decisión no será correcta si existen vacíos de conocimientos y los responsables ignoran las mejores alternativas para la resolución de un problema. La decisión puede basarse en el beneficio que se obtendrá en cada caso, en su costo, en la facilidad de aplicar una medida, en la posibilidad de acceso de los pacientes a la institución y en la oportunidad y facilidad de la transferencia de los pacientes a otras instituciones de salud. 5. Prever en el enfermo cuáles serían las consecuencias de aplicar cada una de las alternativas. De acuerdo con los factores internos y externos en cada caso, y conociendo a fondo los resultados que se esperan de cada medida, podrán hacerse las previsiones indicadas, incluyendo los posibles daños que cada alternativa puede ocasionar. 6. Conocer los valores y principios de las personas involucradas. Tomar en cuenta los propios valores, los del enfermo, los de los miembros de su familia, los prevalecientes en su comunidad. Quizá sea este el aspecto que requiera la reflexión más cuidadosa que deban hacer los miembros del personal de salud, reflexión que debe ser lo más objetiva, imparcial y desprejuiciada que sea posible, sin intentar imponer los propios valores del médico o de algún otro miembro del personal de salud. Si el médico se enfrenta ante un problema agudo que pone en riesgo la vida del paciente, y este no está en condiciones de manifestar su voluntad, ante la ausencia de familiares o tutores, el médico puede en pleno derecho tomar la decisión que juzgue conveniente en beneficio del enfermo. 7. Tener presentes las normas legales imperantes en el estado, región o país en el que se presenta el problema. En ocasiones una ley o una norma de jurisprudencia puede obstaculizar una toma de decisión, o bien permitirnos realizar un procedimiento que pudiera ser cuestionado por otros. Es interesante observar que en muchos países las leyes manifiestan que si el enfermo es un niño o adolescente razonable, su opinión debe ser tomada en cuenta en las decisiones sobre su tratamiento. 8. Considerando todos los puntos anteriores, el personal de salud procederá a la decisión final y a su puesta en práctica, que en la gran mayoría de los casos será la que más se acerque a lo que es bioéticamente correcto.
Referencias M. S. Fonseca Villa. “Necesidad de un marco teórico para legislar sobre salud pública y el derecho de la población a ser atendida”, México, Ed. Cámara de Diputados,
1998, pp. 297-302. - A. Martínez-Sánchez, G. Arista-López. “Condiciones necesarias para dar vigencia a la garantía del derecho a la protección de la salud”, México, Ed. Cámara de Diputados, 1998, pp. 303-5. - Centro Cochrane Iberoamericano. Evidencia clínica, Bogotá, Ed. British Medical Journal, 2002.
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