Consenso y persuasión
José Roque Junges (Brasil), Universidade do Vale do Rio dos Sinos
Bioética › Conceptos éticos
Sociedad y moral. En las sociedades en las que lo colectivo es la base de la organización social, las tradiciones morales de la comunidad tienen fuerte poder de persuasión y fundamentan los comportamientos socialmente aceptados y promovidos. La retórica persuasiva justifica y garantiza la moralidad de las personas. Así, la ética se identifica con el ethos cultural de la comunidad. En las sociedades entendidas como contrato social entre individuos, lo colectivo no es más que el punto de partida de las relaciones sociales. Esa es la comprensión moderna de sociedad fruto de la emergencia cultural del individuo. Los intereses individuales pasan a ocupar el lugar central en la organización de la sociedad. Poniendo el acento en los intereses de cada uno, el pluralismo de opiniones es, antes que nada, un hecho sociocultural innegable y una exigencia ética de la propia convivencia social, ya que no es más lo colectivo lo que define los parámetros de la sociedad. No existe más una autoridad, expresión de lo colectivo, que pueda definir lo que es moralmente aceptado. El único camino posible para superar el conflicto de intereses es definir procedimientos para llegar a un consenso aceptado por todos. De esa forma, el debate argumentativo sustituye la retórica persuasiva. Puede decirse que existen dos caminos de justificación de los juicios y de las normas morales o dos formas de fundamentar un sistema moral: por el consenso (argumentación) o por la persuasión (retórica).
Consenso. El consenso tiene como punto de partida la constatación irreversible del pluralismo de ideas morales en la sociedad actual y la necesidad de usar el debate de ideas y el discurso racional como medio de justificación de las normas morales que son pautadas por el criterio de la universalidad de su extensión y de la coherencia racional de su justificación. Esos criterios fundamentan el procedimiento para llegar al consenso, garantía de aceptación de cualquier norma moral. Pero el consenso no se identifica con la búsqueda del camino más fácil del simple acuerdo o de la conciliación por la acción. Tampoco puede ser fruto de votación de la mayoría debido a las posibles presiones y manipulaciones de grupos de poder. Es necesario comprender las apuestas fundamentales que están en juego mediante una ponderación seria. El único camino es la argumentación y la coherencia racional para lo cual es necesario crear las condiciones pragmáticas de su factibilidad, por eso exige el debate argumentativo y la confrontación crítica para llegar a las razones de por qué se reconoce una norma como válida. La fuerza y la coherencia de
esas razones garantizan la estabilidad del sistema ético. Esa tendencia corresponde a la ética del discurso de Habermas y a la ética contractual de Rawls.
Persuasión. Otra forma de justificación moral, la persuasión, tiene como punto de referencia la comprensión de valores de una determinada tradición moral. Los valores son aceptados por adhesión e interiorización afectiva por medio de la pertenencia a una comunidad moral. La religión tiene un papel importante en esa adhesión e interiorización. Esa forma se identifica con el emotivismo moral, más preocupado con contenidos morales que con procedimientos. La persuasión afectiva sustituye el consenso racional. Se trata de una ética comunitarista de la virtud. Los sofistas griegos daban gran importancia a la persuasión, contra la cual Platón reaccionó en sus numerosos ataques a la sofística, porque veía en ella una manipulación falaz de palabras para engañar al oyente. Pero Platón, al mismo tiempo, intentó distinguir entre la falsa y la legítima persuasión. Esta última es la tentativa de conducir el alma por la vía de la verdad que, en el fondo, se identifica, para Platón, con la dialéctica. La persuasión puede significar una domesticación de la conciencia, apuntando a la necesidad de armonización entre los valores colectivos (ethos colectivo) y la conciencia individual (interiorización de las normas) y de la articulación de lo psicológico (emoción) con lo racional (argumentación).
¿Ética de consenso o ética de persuasión? Por el consenso se alcanza una ética de mínimos, que son las normas consensuadas, y por la persuasión, una ética de máximos, que se identifican con los valores y las virtudes morales. En una situación de pluralismo moral se define el mínimo moral que todos necesitan aceptar para que la convivencia social sea posible. Para esa mentalidad, los máximos son supererogatorios que solo una decisión privada y particular asume, pero no pueden ser comportamientos socialmente exigidos. Por ejemplo, se impone el cumplimiento de las exigencias de un contrato firmado o de las obligaciones de un código profesional; sin embargo, no se exige la actitud interna de honestidad, al cumplir el contrato, o de fidelidad, en el ejercicio profesional. Las primeras son exigencias públicas, mientras que las segundas se refieren a opciones privadas. La pregunta que puede plantearse es si basta una pura ética de mínimos para afrontar la crisis moral que alcanza diferentes sectores de la sociedad. La moral de la “viveza criolla” (“jeitinho”) y de la astucia para sacar provecho en todo se tornó una práctica común, pues los límites impuestos por los mínimos morales siempre son modificables y objetos de interpretación al servicio de intereses y demandas individuales. ¿No sería necesario volver al discurso de
las virtudes o a la autoética para enfrentar la actual crisis moral? Es lo que algunos autores que reflexionan sobre ética están proponiendo. Los análisis de Bauman sobre ética posmoderna, los de Taylor sobre ética de la autenticidad y de Morin sobre autoética apuntan a la necesidad de la perspectiva de la persuasión. El problema, sin embargo, es que no existe ninguna institución con autoridad moral para desarrollar una retórica persuasiva. Existen también los desafíos éticos de la ingeniería genética. ¿Las intervenciones que apuntan a una identidad poshumana pueden ser éticamente justificadas por el simple consenso? Existen bienes y valores fundamentales de la identidad humana que es necesario preservar para que no haya una cosificación y anulación de lo humano. Esa es la preocupación que Habermas expresa en su libro El futuro de la naturaleza humana, en el que defiende el posible uso de la categoría de naturaleza humana para enfrentar los posibles desvíos de las intervenciones biotecnológicas sobre el humano. Llega a defender la importancia de la fuerza articuladora del lenguaje religioso, diciendo que no puede expulsarse la religión de la esfera pública, privando a la sociedad secular de los recursos fundadores de sentido ofrecidos por ella e importantes en el momento de reflexionar sobre dilemas éticos. Esto significa que la ética de la persuasión centrada en la motivación, completa la ética argumentativa del consenso o responde mejor cuando se está delante de situaciones morales de frontera. Habermas ya se había referido a esa cuestión al discutir las etapas de la teoría de la evolución del juicio moral de Kohlberg o al reflexionar sobre en qué sentido la solidaridad se diferencia de la justicia. La justicia, entendida como equidad, solo es alcanzable si es objeto de un contrato de individuos que se reportan a una situación original en la que aún no son movidos por intereses puramente individuales, como bien demostró Rawls. Así, la justicia como equidad es fruto de un consenso, pero la situación original no es puro consenso, exige, en el fondo, la motivación persuasiva de la solidaridad. La justicia como equidad está fundada y tiene como objeto primordial los derechos de cada uno. Esa perspectiva de los derechos no logra responder ni resolver ciertas situaciones, cuando el meollo de la cuestión son las interrelaciones y no los individuos. De este modo, la perspectiva del cuidado más centrada en las relaciones completa el enfoque de la justicia más preocupada con los derechos de cada uno. El cuidado no es una cuestión de consenso, sino de persuasión por una actitud que busca preservar relaciones. En muchas situaciones, es necesario invocar el consenso para alcanzar la justicia que defiende los derechos subjetivos, en otras es insuficiente, porque están
implicadas relaciones, como es el caso, por ejemplo, de los dilemas éticos de la reproducción humana y de la ecología.
Bioética en América Latina. A pesar de que América Latina tiene crecientes sectores medios e intelectuales pautados por la ética procedimental moderna centrada en el consenso, amplios sectores populares continúan teniendo como referencia en su actuar los valores morales de su comunidad de pertenencia cultural en la cual la religión tiene el papel fundamental. La cultura ética latinoamericana, por un lado, necesita un aprendizaje del consenso para la construcción de una justicia inclusiva que respete y realice los derechos de cada uno. Por otro, tiene reservas morales en sus tradiciones que sustentan la perspectiva de lo colectivo y persuaden motivaciones en la línea de la solidaridad. Esa es su contribución para una reflexión ética mundial. Una bioética con rostro latinoamericano no puede olvidar este hecho, por eso es importante tener presente las representaciones culturales y morales del pueblo en la respuesta a los dilemas éticos de las biotecnologías. El desafío del contexto latinoamericano es cómo conjugar los dos caminos –del consenso y de la persuasión– al afrontar las cuestiones morales de la bioética.
Referencias
Z. Bauman, Ética pósmoderna, São Paulo, Paulus, 1997. - Jürgen Habermas, Consciência moral e agir comunicativo, Rio de Janeiro: Tempo Brasileiro, 1989. - Jürgen Habermas, El futuro de la naturaleza humana. ¿Hacia una eugenesia liberal?, Buenos Aires, Paidós, 2002. - Edgar Morin, O Método 6. Ética. Porto Alegre, Ed. Sulina, 2005. - J. B. Rauzy, “Conflito e consenso”, en M. Canto-Sperber, Dicionário de Ética e Filosofia Moral, São Leopoldo, Ed. Unisinos, 2003, vol. 1, pp. 303-309. - John Rawls, Uma teoria da justiça. São Paulo, Martins Fontes, 1997. - Charles Taylor, The Ethics of Authenticity, Cambridge (Ms.), Harvard University Press, 1991.
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