Zubiri, Xavier
Categoria:
Biografía GER
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Primer cardenal de Westminster cuando se restableció la jerarquía católica en Inglaterra en 1850. N. en Sevilla (España), el 2 ag. 1802, de padres irlandeses, pero se educó en el seminario de Ushaw (Durham) en el norte de Inglaterra y más tarde en el Colegio Inglés de Roma; allí se doctoró en Teología en 1824, siendo ordenado sacerdote al año siguiente. En una primera etapa, su vida se centró sobre todo en Roma, en la investigación y enseñanza de la S. E. y de las lenguas semíticas, ocupando el cargo de Rector del Colegio Inglés desde 1828. Su actividad cultural le permitió ponerse en contacto con eminentes personajes de esta rama del saber especialmente en Inglaterra y Alemania. Su cargo oficial en Roma le brindó la ocasión de tratar a personas de importancia en Inglaterra como Gladstone, Newman y Macaulay. Su obra Ho rae Syriacae se publicó en 1827 y, en 1830, sus conferencias sobre las relaciones entre Ciencia y Religión Revelada tuvieron gran eco en Francia y Alemania. Fue a partir entonces cuando W. mostró un ’gran interés por el fenómeno de renovación religiosa que apuntaba en Europa y en el Movimiento de Oxford. Mantuvo correspondencia con Ozanam y Lacordaire en Francia, Dollinger en Alemania y Manzoni en Italia. En 1835 pasó una temporada en Inglaterra, pero quedó algo desilusionado por el poco progreso que los católicos habían hecho desde 1829, año en que se había proclamado la ley de Emancipación católica. De todas formas, la serie de conferencias que W. dio aquel año han sido consideradas como la base de una nueva vida del catolicismo en Inglaterra, y antes de volver a Roma recibiría a varios conversos, entre ellos al famoso arquitecto Pugin. Fue también por entonces cuando se publicó su libro Lectures on the Blessed Sacrament (Conferencias sobre la Sagrada Eucaristía).
Aunque W. permaneció en Roma hasta 1840, su corazón estaba en las Islas Británicas, donde se empezaba a sentir un marcado renacimiento del catolicismo. En el verano de 1839 viajó de nuevo a Inglaterra, dando conferencias y predicando en las nuevas iglesias que iban apareciendo por toda la isla. Fue entonces cuando publicó en la "Dublin Review", su artículo sobre S. Agustín y los donatistas, que tanto influyó en Newman y sus seguidores anglicanos. En el verano de 1840 fue nombrado obispo y presidente del Colegio de Ascott, desde donde se dedicó a atraer a los anglicanos. A partir de 1841 mantuvo correspondencia con J. H. Newman, y el 1 nov. 1845 tuvo la gran satisfacción de administrarle el sacrersal como en la filosofía clásica. Cada realidad específica tiene su unidad y actualidad talitativa (unidad y actualidad férrea, argéntica...), que en "función trascendental" determinan la unidad y la actualidad trascendentales (no talitativa ni específica), que compete a todo lo real en tanto que real. Esta realidad "una" y "en acto" posee sus propiedades "de suyo", pues si el hierro no fuera "de suyo" duro, no sería realmente duro, sólo lo sería aparentemente. De idéntico modo, si no existiese "de suyo" , no sería realmente existente, sólo lo sería aparentemente. La razón formal de la realidad según Z. no es, pues, la existencia, sino este carácter de ser "de suyo".
El mundo y el ser. Cada realidad individual es lo que es, respectivamente a la constitución talitativa de todas las demás realidades, formando así una unidad cósmica. Esta unidad talitativa cósmica determina en "función trascendental" la unidad de todas las realidades en tanto que reales. que es lo que z. denomina "Mundo". Toda realidad es trascendentalmente "de suyo" de dos modos: "en y por sí misma" y "mundanalmente", es decir, respectivamente a todas las demás realidades.
A esta dualidad de momentos del "de suyo" corresponde una doble actualidad: cada realidad es actualmente real "en y por sí misma" y "respectivamente a todas las demás realidades". El "ser" es para Z. justamente este segundo momento de la actualidad de lo reaL en respectividad, momento que se fun~amenta en la actualidad de lo real en y por sí misma. Lo que Z. llama "ser" no posee entonces una actualidad primaria y subsistente, sino una actualidad y una unidad meramente respectivas fundadas en la primaria actualidad de la realidad individual en y por sí misma (v. SER; ACTO).
El "Mundo" es, según Z., el fundamento de los otros trascendentales: la perspectiva de cada realidad del mundo respecto a las otras determinará que cada una sea "otra" respecto a las demás, y la respectividad de las realidades respecto a la realidad humana determinará, como veremos inmediatamente, la verdad y el bien de esas realidades.
La verdad. En virtud de su específica constitución psicofísica, al hombre se le actualiza intelectivamente la realidad en su carácter "de suyo", y en tanto que posee tal carácter como algo "previo" a la misma actualización en que se me actualiza. Lo inteligido no es lo que se me presenta o 10 que encuentro en tanto que se me presenta o encuentro, pues lo intelijo justamente como "previo" a su encuentro y presentación. La actua- lización intelectiva de una realidad me remite justamente a la realidad que se me está actualizando, la cual queda, por tanto, ratificada o reactualizada intelectivamente. Esta reactualización intelectiva de la realidad consigo misma es lo que constituye la verdad real. Para Z. la verdad no se constituye en la correspondencia con el concepto o con la esencia universal, ni éstos pueden "medir" la realidad; en la verdad no hay dos términos, sino uno solo: la realidad "medida" intelectiva mente consigo misma.
La persona y la religación. No todas las realidades poseen la misma estructura. Así, la sustantividad biológica se caracteriza por una "combinación funcional" que no da origen a nuevas propiedades como la combinación química, sino sólo a un nuevo funcionamiento del organismo. En razón de este nuevo funcionamiento, la sustantividad biológica del animal se autocontrola a sí misma y se autodesarrolla, es decir, se autoposee biológicamente a sí misma. El hombre también se auto posee a sí mismo, pero, en tanto que es una realidad psicofísica, la actualización física de su realidad comportará la actualización psicofísica (intelecto-sentiente) de su carácter autoposesivo. Puesto que la inteligencia sentiente actualiza la realidad en tanto que realidad (según lo que Z. llama realidad), la actualización intelectivo-sentiente de la realidad humana comportará la actualización de una realidad autoposesiva en tanto que realidad, es decir. la actualización de una realidad que se autoposee en tanto que realidad. En la actualización intelectivo-sentiente de. su realidad autoposesiva en tanto que realidad, la realidad humana queda intelectivamente actualizada como una realidad "suya". En virtud de este carácter "suyo", esta realidad humana se expresa en actos que poseen el carácter de "me" , "mi", "yo".
Para Z.. el "ser" es la actualidad de una realidad en respectividad; por esto el "yo" en tanto que actualidad intelectiva de una realidad autoposesiva -en respectividad a sí misma- es el ser de la realidad humana. La persona ., en tanto que actualidad de la realidad autoposesiva, en tanto que realidad, posee una unidad autoposesiva absoluta, en virtud de la cual -a la inversa del animal, que se encuentra en un medio específico formando parte de él- queda absolutamente separada y enfrentada al Mundo, al Todo de lo Real. En los actos específicos que va ejecutando, el hombre se autoposee como persona de una manera igualmente específica y determinada, y así forma la figura de su ser. Aunque el hombre se hace a sí mismo la figura de su ser, no se la puede hacer "por" sí mismo. Para poder configurar su ser, el hombre necesita apoyarse en la realidad de las realidades en que está, la cual constituye su "apoyo último". Por otra parte, las posibilidades que el hombre necesita proyectar para forjar la figura de su ser están fundadas en las propiedades de lo real. La realidad es así realidad posibilitante para configurar el ser del hombre.
Así como el hombre actualiza intelectiva mente los estímulos del sentir en tanto que realidades, de la misma manera actualiza intelectivamente la impelencia de las fuerzas estimulantes como impelencia del poder de la realidad que le impele a configurar su ser. La realidad, en tanto que apoyo último, posibilitante e impelente, constituye ?1 fundamento, apoyado en el cual el hombre puede configurar su ser, realizarse como persona. En resumen: el hombre se re¡¡liza a sí mismo, pero no "por" sí mismo, sino por el Poc’er de lo Real, que le capacita para poder ser como quiere. La realidad, en tanto que fundamento por el cual el hombre puede realizar su ser personal es lo que z. denomina la "religación".
ALBERTO DEL CAMPO.
BIBL. : A. LÓPEZ QUINTÁS, Filosofía española contemporánea, Madrid 1970, 196-272 (con bib1. hasta 1970 en p. 268-272) ; además, cfr. : VARIOS, Homenaje a Zubiri, Madrid 1970; y "Rea1itasl) I, Seminario de X. Zubiri (con trabajos de I. E11acurfa, A. del Campo, C. Baciero, C. Fernández Casado, D. Gracia Guil1én, M. Riaza, A. López Quintás y Montero Moliner), Madrid 1974.
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