Vivienda HIST.
Categoria:
Historia
I. Historia. Se entiende por v. el espacio cerrado o semicerrado adoptado por el hombre para aislarse del medio en que vive, junto con su familia, y realizar allí las funciones íntimas que a ésta le son propias: conyugales, descanso, comida, sueño, educación de los hijos, etc. Un texto de la ONU la define como la "unidad de habitación que satisface normas mínimas de construcción relacionadas con la seguridad, la higiene y la comodidad y disfrute de acceso fácil a los servicios residenciales conexos de calidad adecuada, incluso sistemas de suministro de agua y desagüe, suministro de electricidad, comunicaciones y transporte, tiendas y servicios culturales y recreativos". Esta definición, sin duda alguna ideal, no responde sin embargo, a lo que se considera v. en la mayor parte de los países. No obstante, cualquier otra definición no estaría exenta de críticas, pues supone englobar realidades tan dispares como la choza africana o los modernos apartamentos de los países desarrollados.El tema de la v. está en estrecha relación con los de arquitectura (v.), edificación (v.) y urbanismo (v.), todos ellos ampliamente tratados en esta Enciclopedia. Por ello aquí estudiamos la v. en cuanto tal, en sus perspectivas histórica, sociológica y administrativa, acabando con unas consideraciones de doctrina social cristiana. Para otros aspectos del tema, remitimos a las voces citadas. Así, p. ej., para los elementos y formas de construcción de la V. V. ARQUITECTURA III y EDIFICACIÓN; para el estudio de las agrupaciones humanas y lugares de habitación v. CIUDAD; para las normas artísticas, jurídicas, etcétera que han de tenerse presentes en la construcción de v. y ciudades v. URBANISMO.I. HISTORIA. La historia de la v. está en estrecha relación con la historia de la arquitectura (v. ARQUITECTURA II). Al principio el hombre utiliza las cuevas (v.) como v. natural, para protegerse de las inclemencias del tiempo y del medio hostil que le rodea; cuevas más o menos próximas, más o menos grandes, según las primeras organizaciones sociales rudimentarias, es decir, junto con el hombre y la sociedad surge la necesidad de un hábitat adecuado, y van apareciendo las primeras construcciones artificiales (casas, etc.).Para una mejor comprensión del desarrollo histórico de la habitación humana, distinguimos entre lo que se denomina v. rústica y v. urbana, aunque no siempre exista una separación neta entre ambos conceptos. Dentro de cada tipo se hace un estudio por tiempos históricos.1. Vivienda rústica. a) Edad antigua. Remitimos a ARQUITECTURA II, A, donde se estudia la v. de los pueblos antiguos: Egipto, Mesopotamia, Grecia, Roma, etc.b) Edad Media. Numerosos autores de la Alta Edad Media hacen alusión al fenómeno de despoblación de las ciudades por la huida hacia el campo de sus habitantes, impelidos por el miedo a las incursiones bárbaras. Florecen así en el Sur de Europa las villae tradicionales, modificadas por un nuevo elemento: su fortificación. De ellas deriva la torre fuerte (citada ya en la crónica de Idacio, confirmada por el Biclarense para Leovigildo, 568-586) y sus variantes: casa-torre, torre-monasterio, palacio (v.), castillo (v.) y capilla (ley franca del 398).La villa de influencia greco-romana está constituida por dos construcciones: la principal, del dueño, y las de los siervos, dependientes, etc. Cada una de ellas está formada por un patio (en las ricas peristilo) con habitaciones en derredor, en una, dos, y hasta tres plantas. Esta organización permanece en el Sur, dando origen al tipo mediterráneo de casa con patio central, que puede ampliarse hasta contener el corral o transformarse en jardín e incluso huerto, típica de una vida máxima al aire libre y mínima en el espacio cerrado. Sus materiales pueden ser: piedra, adobe, ladrillo, tapial, etc., y entramado de madera para los pisos altos, como en las ruinas de Herculano (v.), s. I a. C., uno de los restos más antiguos que conocemos.Pueden llegar a ser muy modestas, aisladas o agrupadas, como el cauto (coto) de que habla S. Isidoro, quien cita también los nombres siguientes: manso (casal, algún tiempo más tarde), grupo de casas rurales reunidas, hechas de barro, cañas, estacas y ramaje; cabannas, refugio de pastores y leñadores; tugurium y tescatum, cabañas mayores con estancias más o menos diferenciadas; y magalia, poco mejores que las anteriores, pero con habitaciones en dos niveles distintos, el bajo para establo y aperos, y el alto para v. de la familia. En la montaña es raro el ataque de bandas a pobres v. y abundan las aisladas; en el llano, más transitado, se agrupan para su defensa en vicus.Los fríos países del Norte no toleran el patio central abierto y lo sustituyen por un gran espacio, también central, pero cubierto con un entramado de madera; el hall. En un principio, la v. consistió únicamente en esta pieza, dotada de hogar en el centro. Pronto se apiñaron dependencias a su alrededor y el hogar ocupó uno de los muros testeros, con chimenea de campana. Se denomina este tipo con el calificativo de nórdico.El material fundamental que interviene en la construcción de la v. puede ser también un criterio de clasificación de la misma, dentro de la más amplia hecha anteriormente. Típicas formas de madera son: el chalet suizo, el hall escandinavo y la casa rural de tres naves de la Selva Negra, países todos de grandes bosques. En España, los tipos primitivos están representados por el caserío vasco-navarro, las pallazas de la alta Galicia y las barracas valencianas y murcianas, las dos últimas más de paja, caña y ramaje que de madera.La pallaza es de planta oval, muros muy bajos de piedra y barro, cubierta en cono de ramaje y paja, e interior dividido en horizontal a diversas alturas, siendo la más baja establo, cocina la intermedia, y la última una serie de camas arrimadas a las paredes inclinadas. No es necesario buscarle parentesco con las casas celtas citadas por Estrabón, con los cottage ingleses ni con las casas rurales chinas, de planta rectangular y análoga disposición. En realidad, es la solución más simple a la que se llega con un mínimo de elementos. Fenómeno análogo ocurre con la barraca, en un clima que permite la vida al aire libre, reduciendo la v. a lo indispensable. La planta es rectangular, y la cubierta, muy pendiente, arranca casi del suelo; un pasillo central sirve de estancia común, con un hornillo casi siempre fuera de la puerta; a ambos lados y longitudinalmente, los dormitorios. Unas tablas horizontales forman un techo, dejando encima un espacio prismático-triangular, la andana (desván), en el que se almacenan los frutos y los gusanos de seda. Puede comunicar con otra destinada a establo. Existían ya en el s. XIII y las hubo en zonas urbanas.El caserío, de origen pastoril, llega hasta nosotros ya evolucionado: planta rectangular, piso único de piedra y desván de tablas; cubierta de dos vertientes poco inclinadas, sin salida de humos para mejor conservar la madera. Los más lujosos intercalan un piso de vigas de madera y relleno de mampostería y ladrillo. No es rara la piedra armera (escudo) en la portada. Pronto se extienden por Santander y Huesca, siendo en la Baja Edad Media usuales, en su programa más complejo, en todo el Norte de España: portalón abierto con despacho (recibidor) a un lado, zaguán (estragal en Santander, patio en Aragón y Cataluña), cocina con horno fuera de muros y chimenea exterior, establo y bodegas, todo en la planta primera; en el primer piso, sala y dormitorios; termina con un desván, almacén de frutos, si éstos no permanecen aislados como en Galicia, Asturias y algunos lugares del país vasco-navarro, en hárreos y paneras. La escalera puede arrancar del porche, del zaguán o de la cocina.c) Renacimiento. Organizaciones más complicadas, pero siguiendo este esquema, pueblan toda España hasta el s. XVI o XVII,. y son consecuencia, entre otras cosas, de la transformación del siervo (v.) en arrendatario y del couto en señorío, con los tipos regionales de masía, caserío, granja, alquería y cortijo. En general en la zona Norte, encima del Ebro y del Duero (exceptuando Teruel), no tienen patio, siendo éste sustituido por una cocina común. En cambio, la mediterránea dispone sus construcciones alrededor de uno o más patios, muchas veces desarrollando el programa en una sola planta. En todos los casos se diferencia siempre la planta noble (del dueño) de las v. de los colonos. Las masías ricas del llano catalán agregan la escalera descubierta en un pequeño patio, siendo ésta también exterior en el Bierzo, Orense y Pontevedra, y muy frecuente en Europa. El vano de ingreso tiene forma de arco en el Pirineo, doble arco en Santander, y está formado por una viga en Asturias y Galicia. La cocina puede desdoblarse en hogar y sala. Variantes de las anteriores son: la casa ganadera con corral y locales para el esquileo y tratamiento de la lana; el molino de agua o de viento, casi siempre con v. mínima; y aquellas propias del cultivo de la viña o el olivar, con lagares y bodegas o complejos molinos de aceite (almazara en Levante y Andalucía, almunia en Aragón).2. Vivienda urbana. a) Edad Media. Un precedente de la prehistoria que llega hasta la Edad Media son los poblados de cuevas, conocidos por Viollet-le-Duc en el valle del Sena, Sur de Italia y casi toda Europa, y en España considerados como islámicos por varias legislaciones en el s. xii (fuero de Daroca, morería de Calatayud, de Zaragoza, etc.). Madoz recoge 57 nombres de poblados con la raíz cavas o cobas. En estos poblados medievales, mejor que de cuevas debe hablarse de v. talladas en la roca, con una fachada breve que contiene la puerta y alguna ventana, muchas veces construida de piedra, ladrillo, adobe o tapial. En el interior, como pieza central, la cocina, de amplia chimenea que ventila todo el ambiente, si no posee alguna otra con este fin. El resto de las habitaciones, en su derredor: establo, aperos, bodega, dormitorios, éstos muchas veces con montante o ventana. Todavía perduran las andaluzas y las que se extienden en las cuencas del jalón y del Ebro hasta Logroño y Navarra.Agrupaciones de casas del mismo tipo que las rústicas descritas anteriormente originan poblados abiertos o amurallados, este último caso el más frecuente, con las restricciones de suelo consiguientes, originadas al crecer el número de habitantes y no el recinto ciudadano. Por necesidad de aprovechamiento y adaptación del espacio, aparecen las casas de planta rectangular muy alargada, de fachada estrecha (hasta solo con una o dos ventanas), y fondo de tres crujías. Pueden agruparse en torno a un patio de manzana, que suele entonces contener la escalera, descubierta en Cataluña e Italia, interior en el resto de Europa, de caracol frecuentemente en Francia y, Flandes. El número de pisos no suele pasar de tres. Como excepción notable puede citarse Cuenca con más, y Albarracín, construida en una ladera muy pendiente, con casas de fachadas a dos calles de distinta altura que permite que por una se penetre en la planta de servicios (cuadra, bodega, etc.) y por otra a la de v., casi siempre la superior.La distribución de la casa urbana se separa pronto de la rural. Suelen poseer sótano abovedado, bajo dedicado a tienda, taller, o útiles y faenas caseras relacionadas con la labranza, y cocina, si cabe en esta planta. Si no es así, pasa a la segunda, junto con los dormitorios, que ocupan esta planta y la tercera, o sólo la tercera si el solar es muy pequeño. Respecto a los materiales con que se construyen, éstos son los propios de cada región. Los pisos se arman en general con entramado de madera, tanto el suelo como las paredes. El maderamen de las últimas aparece visto al exterior en las ciudades edificadas en las laderas de media sierra (La Alberca, Cepeda, Cuenca, etc.), y se cubren con enlucido de yeso, cal, o barro amasado con paja (el trullado de la Tierra de Campos). Pueden ser frecuentes los voladizos en todos los pisos, y el deseo de alejar la lluvia del muro crea los grandes aleros, cuyo vuelo pronto se reglamenta en Ordenanzas, obligándole casi siempre a no sobrepasar el tercio de la calle. Se conservan pocas casas urbanas en los s. XII y XIII en Europa, más abundantes las de los s. XIV y XV, y también más cómodas en general, y con la aparición, cada vez más frecuente, del patio central.b) Renacimiento. El s. XVI presencia el auge del patio en España, con dos de sus lados porticados (musulmanes), tres de ellos o los cuatro. En Inglaterra persiste el hall de complicadas armaduras de madera, y es típico el balcón saliente, cerrado por tracerías y vidrieras o bay-tivindoiv. En Francia prolifera el hotel, dentro de un recinto cerrado por una tapia, portería a la calle y jardín detrás. En España, Aragón y Navarra adoptan la escalera de grandes dimensiones, en algún caso abierta (Sangüesa), o cerrada por bóvedas musulmanas de ojo central o artesonados. En Sevilla y Córdoba, la escalera se sustituye por un patio pequeño porticado, muchas veces con columnillas de mármol de Génova, traídas por los barcos como lastre; en general permanece en toda Andalucía y Levante, conservando el tipo musulmán. Las más pobres llegan a ser pequeñísimas, pero siempre con patio, que puede transformarse en corral o huerto, a veces mínimo, blanco como la fachada y con una escalera que comunica con la terreza. No hay cocina, basta con un anofre transportable que puede llevarse a las pequeñas plazas cerradas o a las callejuelas en fondo de saco, máximo exponente de la vida a cielo raso.Esta organización coexiste evolucionando hacia las casas que comprenden v. para varias familias, los corrales o corralas sevillanos: un patio común rodeado de v. mínimas, cada una de dos o tres habitaciones, sin cocina. Más adelante fueron imitadas, desarrollándose en altura, por las casas de corredor madrileñas: un patio central rodeado de edificación de hasta cinco o seis pisos, divididos en v. de dos o tres habitaciones con acceso a través de un balcón corrido (corredor), que circunda el patio en cada planta y al que abren puertas y ventanas; en el centro de uno de sus lados o en una esquina, la escalera; y en los cuatro vértices de cada corredor, el mínimo servicio higiénico.Las fachadas se distinguen por una serie de variantes regionales: en el Ebro terminan con galerías de ladrillo en lo alto y grandes aleros; lo mismo en Castilla, pero esta vez con galería de piedra; en Santander y Asturias, solanas profundas y balconadas entre salientes volados de piedra (almanques); balcones volados sin ellos en Cuenca y Albarracín; tejados con piñón a la calle en Vascongadas, Navarra y Huesca.En todas las regiones aparecen también las casas-fuerte y las casas-torre, en ambas la puerta protegida por el matacán (balcón sin suelo para poder verter agua hirviendo, aceite, etc.), las últimas con almenas (Santillana, Segovia, Salamanca, Oviedo, Cáceres, Ávila, etc., y en Italia el pintoresco S. Gimignano, casi únicamente compuesto por ellas); las casonas montañesas y pazos gallegos, mitad rurales, mitad urbanas, con tapia, portada y gran escudo; fachadas pintadas, por influencia italiana, en Barcelona y Valencia. Las ricas portadas y las rejas, hoy características del Sur, no son anteriores al s. XVI. En cambio, pierden en él las casas el retrete (en el sentido que hoy damos a esta palabra), que nunca faltó en las v. musulmanas del Sur de España y Norte de África hasta la India, y aparecen las camas empotradas en nichos del muro, algunas con puertas. Todas estas formas pasan a la América virreinal, como los tipos ingleses y franceses lo harán más adelante al Norte americano.c) Época moderna. Los s. XVII y XVIII no aportan ninguna forma que pueda calificarse de nueva, si bien proliferan en toda Europa los palacios y casas-palacios de influencia cortesana. Es hallazgo hasta cierto punto del s. XIX (del XVIII en algún lugar europeo), la edificación que hoy llamamos casa de pisos, esto es, v. completas y absolutamente independientes, encerradas en un mismo inmueble, con una única zona común, la escalera y el portal (al que se añade, en su caso, el ascensor).No puede hablarse en ellas de un patio común, pues en realidad es sólo un espacio libre que permite proporcionar más fachadas al edificio. Se inicia al partir horizontal y verticalmente las ya existentes de tipo palacio, desalojadas por sus dueños, que no pueden mantenerlas, y encuentran así, alquilando algunas zonas, una nueva fuente de ingresos. En su origen se alquila primero la planta baja, a veces semisótano (que recibe por ello el nombre de entresuelo, aunque en rigor no lo sea), para tiendas, almacenes, pequeños talleres, etc. Sigue la planta principal, de v. única, muchas veces reservada para el dueño. A continuación la primera, segunda, etc., en general con más de una v. por planta, y por último la bohardilla, de peor habitabilidad y, por tanto, de menor renta.Tales adaptaciones originaron, en gran parte, el programa de edificios construidos de nueva planta, pero ya con este fin de alojar varias v., primero arrendadas y más tarde vendidas, pasando así el inquilino a ser propietario, con los problemas jurídicos correspondientes (comunidad de propietarios, Ley de propiedad horizontal, etc.). Se busca cada vez más el hacer compatibles la comodidad de la v. con el aprovechamiento del solar: instalación de servicios higiénicos, calefacción y agua caliente central, etc.; y a la vez, reducción de altura de techos y de número de habitaciones (estar-comedor, muebles-cama, etc.), chimeneas de ventilación para aseos, etcétera. Le Corbusier define esta casa como "máquina para vivir", y Frank Lloyd Wright la amplía a "función máquina, con personalidad y decoro propios, en relación estrecha con el suelo y el clima".La ciudad (v.) toma un nuevo aspecto, en vez de calles estrechas y casas relativamente bajas, aparecen grandes bloques entre jardines y patios abiertos (v. uRBANisMo I). Esta solución no es plenamente satisfactoria, y así, los países del Norte abogan por la casa unifamiliar (Inglaterra, Holanda, etc.), mientras los del Sur aceptan los grandes bloques, si bien en convivencia con las zonas de chalet en las afueras (ciudad en extensión y ciudad en altura).J. A. IÑIGUEZ HERRERO.
BIBL.: V. LAMPÉREZ, Las ciudades españolas y su arquitectura municipal al finalizar la Edad Media, Madrid 1917; ÍD, Arquitectura civil española desde el siglo I al XVIII, Madrid 1922; E. VIOLLET-LE-DUC, Dictionaire raisonné de L’architecture, París s. a.; B. FLETCHER, A History of Architecture, Londres 1928; R. DEL ARCO, La casa alto-aragonesa, "Rev. Arquitectura" (1918); J. E. HAVEL, Hábitat y vivienda, Buenos Aires 1961.
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