Vischer, Peter
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Biografía GER
Escultor alemán de la Escuela de Nuremberg, en donde n. en 1455 y m. en 1529. Trabajó exclusivamente en bronce y fue la más destacada figura de una importante dinastía de artistas, típicamente gremial. Se le conoce habitualmente con el nombre de v. el Vieio, para no confundirle con uno de sus hijos de idéntico nombre y dedicación, conocido como v. el Joven. Los V. gozaron de enorme prestigio en Nuremberg. El fundador de la fundición fue Hermann o Hans, padre y maestro de v. el V ieio. El taller estuvo activo desde mediados del siglo hasta 1549, pero después de la muerte de v. el Vieio permaneció en manos de los discípulos, ya que dos hijos de este último -V. el Joven y Hermann, y tal vez también un tercer hijo llamado Hans, fallecieron antes que su padre.En la historia de esta importante industria de fundición, que llenó un siglo largo de la vida artística de Nuremberg, hubo dos etapas bastante definidas. Durante la primera -en vida del abuelo Hermann, el fundador de la dinastía- V. el Vieio; igual que había hecho anteriormente su padre, se mantuvo fiel al espíritu del último gótico y se limitó, la mayor parte de las veces, a reproducir en bronce los dibujos de inspiración medieval que le facilitaban sus clientes. Dada esta fuente de inspiración, fácil es comprender que los v. no realizaban en esta etapa obras de bulto entero, sino planchas en bajorrelieve, trabajadas con una mentalidad más pictórica que escultórica. Este sistema de trabajo no les impidió fabricar gran cantidad de sepulturas, que exportaban a todas las ciudades de Alemania y cuyos lados recubrían con las citadas chapas de bronce. La única excepción a esta regla la constituyó, en esta etapa, la sepultura del obispo Ernest de Saxe, en Magdebourg, obra de bulto entero y notable valentía expresiva.
En 1508, la orientación estética de la fundición de los v. sufrió un cambio bastante radical. Fue la fecha en la que v. el Vieio inició su obra maestra, el Arca de S. Sebaldo, impresionante conjunto trabajado con minuciosidad de orfebre, que le ocupó durante una docena de años y que no dio por terminado hasta 1519. En dicha segunda etapa, los v. aceptaron abiertamente las nuevas maneras renacentistas y se desprendieron de los recuerdos medievales que habían condicionado hasta entonces sus creaciones. Es posible que este cambio de actitud se debiera a dos razones confluentes. La primera que los hijos de v. el Vieio -Peter y Hermann- habían aceptado con pasión las nuevas ideas y acabaron por convencer al resto de la familia ya sus abundantes discípulos y aprendices. La segunda es que, aunque el pueblo llano de Nuremberg seguía siendo enteramente medieval en sus gustos artísticos, la nueva burguesía comercial, que dirigía la ciudad y que era posiblemente la más opulenta de Alemania, mantenía un permanente contacto comercial con Venecia y Milán, y prefería ya las obras renacentistas. El mercado de arte de Nuremberg, el más brillante de Alemania, se mantenía casi exclusivamente gracias a los encargos de estos burgueses acaudalados, de ahí que la oferta tuviera que adaptarse a los nuevos gustos de la demanda. El nuevo orden de cosas fue, a la larga, beneficioso para la creación artística y les permitió además a los V. crear entre 1508 y 1549, dentro de un estilo lombardo-veneciano, algunas de las obras más importantes que salieron de su fundición familiar. La especialización en sepulturas siguió siendo la habitual y cabe destacar a este respecto la del emperador Maximiliano, en Innsbruck.
La concepción gótica, perceptible en la ordenación del espacio en el Arca de s. Sebaldo y que contradecía la delicada soltura renacentista de los bajorrelieves y de las abundantes figurillas exentas, desapareció casi por entero en obras posteriores. En el arca -una sepultura sostenida en el aire, en la que V. el Joven colaboró con su padre- el baldaquino es todavía gótico flamígero. En el sepulcro de Maximiliano, que data de 1513 y en el que colaboraron también padre e hijos, la perfección renacentista de las estatuas de los reyes Teodorico y Arturo es extremada. Poco más tarde la prodigiosa Virgen de Nuremberg, realizada primero en madera, para ser luego fundida en bronce, nos ofrece una de las más altas cimas de la escultura alemana. En ella todo es armonioso y exacto, tanto la talla como la expresíón, tanto los ojos iluminados como la actitud general. La característica más habitual en el taller de los V. fue la elegancia; y esta Virgen, tan venerada todavía por el pueblo de Nuremberg, constituye la más clara prueba de dicha virtud.
CARLOS AREÁN.
BIBL.: E. MALE, L’Art allemand et l’art fran9ais du Mayen Áge, París 1917; L. REAU, Peter Vischer et l’écale francanienne du XIV et XV siecl~s, París 1909; H. THODE, Die Malerschule van Nürnberg in 14 und 15 lahrhundert, Francfort 1891.
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