Violonchelo MÚSICA
Categoria:
Música
Organología. Instrumento de cuerdas frotadas por un arco, de la familia del violín, cuya estructura conserva en líneas generales, aunque agrandada. Sin embargo, y a diferencia de la viola, el v. no guarda las proporciones exactas que tendría un violín de su tamaño: su mango es notablemente más corto, y sus aros o paredes laterales son mucho más altas (12 ó 13 cm. aproximadamente). Asimismo, el instrumento actual dispone de una clavija adicional, móvil, que atraviesa el botón del cordal, donde se apoya, y permite sostener el v. en el suelo. Describir sus numerosas partes sería volver a repetir lo dicho para el violín (v.), aun cuando sus dimensiones varíen, y, como hemos dicho, no sean exactas sus proporciones. El arco es más fuerte que el del violín, y más corto. Dispone el v. de cuatro cuerdas, afinadas por quintas sucesivas, que dan al aire las notas do, sol, re, la, a una octava más baja que la vida, la cual a su vez está afinada a una quinta más baja que el violín.El gran salto que representa la diferencia de una octava entre viola y v. se explica históricamente por la desaparición de un instrumento de la misma familia, el violín tenor, que cubría ese vacío. Pero el paso de la escritura contrapuntística de cinco partes a la de cuatro hizo innecesario el instrumento (Pincherle), que fue suplido a base de bajar la afinación de la viola y subir ligeramente la del violonchelo. El instrumento cubre un campo de tres octavas y media, pero los grandes solistas pueden ampliarlo notablemente en los agudos, gracias sobre todo a los armónicos, más potentes y fáciles de obtener que en el violín. Se toca siempre sentado, el instrumento entre las rodillas del intérprete, y el arco en la misma posición que en el violín. Su sonido, cálido, sabe hacerse noblemente patético, pero es extremadamente delicado en sus tesituras más agudas, donde el sonido se empobrece si se le fuerza demasiado.La música para el v. está escrita generalmente en clave de fa en cuarta, pero no es raro que cambie a do en tercera, la clave de las violas, e incluso a la de sol en segunda del violín (v. SOLFEO). Esto nos indica la gran variedad de recursos y funciones que tiene y puede asumir, ya sea haciendo el bajo en el cuarteto de cuerdas, o cantando él mismo la melodía. Naturalmente, no puede alcanzar el virtuosismo del violín, ni aun el de la viola, a la mayor extensión de su batidor y las dificultades erentes a su mano izquierda, e igualmente es más limitado su juego en las cuerdas dobles. La más interesante novedad técnica del v. con respecto a los instrumentos de su familia es la utilización del pulgar como cejilla móvil, mientras los otros dedos emplean una digitación similar a la del violín. Esta técnica, completamente nueva en instrumentos de su clase, fue ideada por J. L. Duport, a fines del s. XVIII, en su obra Essai sur le doigté et la conduite de Parche du violoncelle, y significó el triunfo del instrumento como solista, ya que le abrió unas posibilidades de mecanismo, sobre todo en sus posiciones más agudas, que no tenían sus antecesores, las violas da gamba. En la actualidad, aunque mejorada, sigue utilizándose la misma técnica.Historia. El v. nace en el s. XVI, como el violín, de manos italianas. Los v. de Amati, Gasparo da Salo y Maggchini eran un poco más grandes que los actuales, siendo Stradivarius (v.) quien les dio la forma actual. Al igual que el violín, cuyas vicisitudes históricas siguió siempre, tuvo que reñir una enconada lucha con la sonoridad suave y blanda de las violas da gamba, quienes, durante más de dos siglos, compiten con la nueva familia, y a veces victoriosamente. Las gambas, en su más corriente forma, disponían de seis cuerdas, afinadas por cuartas a excepción de la tercera y cuarta cuerdas, distanciadas por un intervalo de tercera. El mango, más grueso, estaba dividido por los trastes para concretar el sitio exacto de cada nata, y las, cuerdas estaban menos tensas. La gamba, como instrumento acompañante, era insuperable, pero como solista tenía un sonido débil y tierno que no se avenía bien con las nuevas formas musicales ni con la necesidad expresiva de la era clásica. El v. comienza a escalar su posición en Italia, donde en las orquestas de ópera dobla al violín y tiene ocasionalmente un discreto papel melódico. Al mismo tiempo, y también en Italia, es el acompañante perfecto de las sonatas para violín y continuo. A veces, este cometido lo hace solo, improvisando sobre el texto, y otras dobla al instrumento de tecla, generalmente un clave (v.), que realiza el bajo cifrado, por lo que los dúos, tríos, etc., tienen en realidad un instrumento más que el indicado en el título.Literatura. Pero muy pronto, al mismo tiempo que asegura su puesto entre las cuerdas de la orquesta clásica, comienza el v. a recibir música especialmente compuesta para él: los Gabrieli en Venecia, B. Marcello, Vivaldi y Bocherini en el resto de Italia. En Alemania, aunque la aparición del v. es más tardía, va a recibir el legado maestro de toda su literatura: las seis Suites para v. solo de J. S. Bach, donde sus no muy florecientes posibilidades polifónicas son explotadas al máximo. A partir de entonces, y en contra de lo que comúnmente se cree, el v. recibe una literatura rica y abundante, en la que son joyas esplendorosas las cinco Sonatas de Beethoven, la sonata arpeggione de Schubert (el arpeggione, para quien se escribió la sonata originalmente, es un antecedente desaparecido del v.), las dos Sonatas de Mendelssohn, el Adagio y Allegro op. 70 de Schumann, las dos Sonatas de Brahms, las de Fauré, la espléndida de Debussy, y otras de Reger, Strauss, Rachmaninof, Shostakowich y hasta del mismísimo Chopin. Para el v. solo, además de Bach, han escrito Max Reger y Kodaly, y para el v. y la orquesta han escrito conciertos Haydn, Schumann, SaintSaéns, Dvorak, Delius, Dohnanyi, Elgar, Honegger, Moor, Martinu, Hartmann, además del triple concierta de Beethoven (violín, v. y piano), y el doble (violín y v.) de Brahms. En estas páginas, a las que en rigor debe añadirse casi toda la música de cámara desde los clásicos, y algunas aportaciones brillantes en el dominio sinfónico (el Don Quijote de Strauss, p. ej.), el v. tiene una misión muy distinta a la del antiguo traductor del bajo cifrado, sin personalidad propia más que en ciertos momentos descriptivos (los trémolos que subrayan la muerte de Jesús en las Pasiones de Bach) o en el acompañamiento de algún aria. En ellas, el v., además de proporcionar el soporte armónico, asume momentos de protagonista realmente bellos.Entre los virtuosos del v., debemos citar al célebre Berteau, quien, con J. L. Duport, alcanza una gran notoriedad y reconquista en Francia el tiempo perdido en admirar las antiguas gambas. Hoy en día, una vez internacionalizada su técnica, dos tendencias principales se reparten el favor de los públicos. La primera, que puede simbolizarse en el formidable virtuoso ruso G. Piatigorsky, da primacía a un virtuosismo brillante y espectacular, mientras que la segunda, la que capitaneaba Pablo Casals (v.), apoyándose en una técnica perfecta, la subordina a una más severa concepción estética.El contrabajo. En la orquesta sinfónica, sobre todo desde Beethoven en adelante, suele doblar la partitura del v. otro instrumento, el contrabajo, que, en rigor, ya no pertenece completamente a la familia. Dispone también de cuatro cuerdas (mi, la, re, sol), y a veces de cinco (hasta el do grave). Estructuralmente es un instrumento híbrido, con detalles de las antiguas gambas (dorso plano, hombros caídos, arco cogido por debajo...) y sonoridad perteneciente a la familia del violín, del que ha tomado otros detalles, como el número de cuerdas y el batidor sin trastes. Suena a la octava baja del v., aunque en la partitura común ambos tienen las mismas notas. Son particularmente bellos sus pizzicatos, que dan un soporte profundo y eficaz a todo el entramado armónico. En la música de nuestro siglo ha ido desgajándose poco a poco del v., y a veces encuentra papeles de solista, aun cuando su mecanismo sea extremadamente dificultoso. En el jazz, como soporte rítmico o coma solista (casi siempre pellizcando la cuerda), el contrabajo es insustituible.V. t.: ORGANOLOGÍA.A. GALLEGO GALLEGO.
BIBL.:C. LIÉGEOIS-E. NOGUÉ, Le violoncelle, París s. f.; L. FORINO, Il violoncello, Milán 1930; M. VADDING, Das Violoncello und seine Literatur, Leipzig 1920; M. PINCHERLE, Les instruments du quatuor, París 1959.
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