Vienne, Concilio de HIST.
Categoria:
Historia
El 15º de los Concilios ecuménicos, y el último celebrada durante la Edad Media.Convocación e de los trabajos. La lucha entre el rey de Francia Felipe IV el Hermoso (v.) y el papa Bonifacio VIII (v.) había terminado con una relativa derrota del papado. Después del atentado de Anagni, Bonifacio VIII, herido mortalmente en su salud y en su dignidad, fue reemplazado, después del breve pontificado de Benedicto XI (22 oct. 1303-7 jul. 1304) por el francés Bertrand de Got, que tomó el nombre de Clemente V. Con él comienza lo que los historiadores acostumbran a designar con el nombre de papado de Aviñón (v.). La elección de Clemente V se había producido gracias a la influencia del card. Napoleón Orsini y de los prelados del partido francés. Pero la situación en Italia le impidió ir a Roma para hacerse coronar. Clemente V, enfermo, prefirió recibir las insignias pontificias en Lyon. Por otra parte, no deseaba abandonar Francia y fijó su residencia en Aviñón en 1309. La ciudad no formaba parte del reino de Francia, pero la influencia de Felipe el Hermosa era preponderante.En estas condiciones, el Papa decidió convocar un Concilio ecuménico. La ciudad francesa de Vienne (o Viena de Francia) fue la ciudad escogida para su celebración. Tres fines propuso al Concilio Clemente V: arreglar el asunto de los templarios (v.), socorrer Tierra Santa y reformar la Iglesia. Contra toda costumbre, parece que no fueron invitados todos los obispos de la cristiandad occidental: de acuerdo con el rey de Francia -a cuya voluntad Clemente V no siempre supo resistir con la debida firmeza- se hizo una selección a la hora de invitar a los prelados, quedando reducidos éstos a poco más de 200 arzobispos y obispos. En la composición del Concilio dominaban las delegaciones francesa e italiana. También estaban presentes los arzobispos de Tarragona, de Braga y de Compostela, lo que constituía una notable delegación de la península Ibérica. El sacro Imperio estaba representado por los arzobispos de Colonia, de Magdeburgo y de Hamburgo-Brema y Gran Bretaña e Irlanda por los arzobispos de Armagh y de Dublín. En este Concilio fue considerable el número de delegados de los obispos. En total, el Concilio pudo alcanzar la cifra de 300 participantes.El 16 oct. 1311 se abrió la primera sesión del Concilio. Como señala justamente H. Jedin, parece que fue entonces cuando el ceremonial litúrgico de la apertura de los Concilios ecuménicos se fijó en sus grandes líneas. El Sumo Pontífice entró en la catedral, en donde ya habían ocupado -sus sitios los patriarcas, los cardenales, los obispos, colocados en la nave central. Impartió entonces su bendición y el coro entonó una antífona. El Papa se volvió hacia la asamblea y recitó la oración al Espíritu Santo: "Estamos aquí, Señor, reunidos en tu nombre. Ven a nosotros y permanece con nosotros". A continuación se cantaron las letanías de los santos con una segunda oración pontificia. El card. diácono Napoleón Orsini cantó el Evangelio del envío en misión de los discípulos, el mismo que dos siglos más tarde abrirá el Conc. de Trento. Por fin, el Papa entonó el Veni Creator y la asamblea en coro volvió a empezarlo. Después Clemente V dirigió una alocución en la que examinó el programa de los trabajos de la asamblea.Decisiones conciliares. En dos cuestiones la voluntad de Felipe el Hermoso pesó fuertemente sobre las deliberaciones: la aprobación de una crítica retroactiva a Bonifacio VIII y la condena de la orden de los templarios. Sobre esos puntos volveremos luego. Digamos ahora que el Concilio consiguió superar la presión del rey francés y ocuparse de algunas cuestiones dogmáticas y disciplinares de interés universal. No conocemos el desarrollo de los trabajos -las actas se han perdido- pero sí los resultados. Con la constitución Fidei catholicae condenó algunos errores, definiendo diversos puntos sobre las dos naturalezas de Cristo, la unión entre el alma y el cuerpo humanos, y la eficacia del Bautismo de los niños, que no sólo remite el pecado original, sino que también confiere la gracia (Denz.Sch. 900-904). Volvió a poner en vigor un texto anterior de Bonifacio VIII, permitiendo a las órdenes mendicantes predicar y confesar, renovando de esa forma un canon del II Conc. de Lyon (v.). Prohibió las beguinas (v.), asociaciones de mujeres piadosas que vivían en comunidad, cuya fe y género de vida había sido contaminados algunas veces por la herejía, y condenó de una manera general los errores, de los que eran culpables beguinas y begardos, a propósito de algunos dogmas católicos (Denz.Sch. 891-899; V. LIBRE ESPÍRITU, SECTAS DEL). Aprobó un canon, llamado el canon de las lenguas, que es particularmente interesante para la historia del desarrollo de los estudios religiosos: para facilitar que se llegara a un mejor conocimiento de la S. E. imponía la creación de cátedras de hebreo, árabe y caldeo en París, Oxford, Bolonia y Salamanca. En otro canon ordenó a los príncipes cristianos que prohibieran el culto público y las peregrinaciones a los musulmanes de sus Estados. Por fin, la constitución Exivi de paradiso reglamentó en un sentido estricto el derecho de propiedad y el uso de los bienes entre los franciscanos (v.), resolviendo así algunos puntos de la tensión entre los Espirituales y los Conventuales.La cuestión de los templarios. Volviendo ahora a los dos puntos con respecto a los cuales presionaba Felipe el Hermoso, digamos que, por lo que respecta a la condena de la memoria de Bonifacio VIII, el rey francés no consiguió lo que pretendía, y, por lo que se refiere a los templarios, se adoptó una solución que en parte acogía sus pretensiones, aunque no por entero. Durante el desarrollo del Concilio se creó una comisión limitada a la que se confió el estudio del expediente sobre la orden de los templarios. En diciembre de 1311 concluyó esta comisión sus trabajos con un voto favorable a la orden. El 20 mar. 1312, Felipe el Hermosa llegaba a Vienne con una tropa numerosa, para insistir al Sumo Pontífice sobre la necesidad de la condenación de los templarios. El 22 mar. 1312 Clemente V comunicó en consistorio secreto el texto de la Bula Vox clamantis, por la que suprimía la orden. Esta bula fue leída el 3 abr. 1312, en la segunda sesión solemne-, en presencia de Felipe el Hermoso y de sus tres hijos. De este modo, el Sumo Pontífice siguió una vía media: no condenaba la orden, pero la declaraba abolida. Por la bula Ad providam del 2 mayo 1312, los bienes del Temple eran asignados a la orden de los hospitalarios, excepto en España. En la tercera sesión del 6 mayo 1312, el Papa hizo proclamar la bula Ad certitudinem, en la que reservaba el juicio de Jacques de Molay y de algunos altos dignatarios del Temple. Los otros debían ser juzgados por los sínodos provinciales de su país. Los templarios contumaces serían excomulgados y al cabo de un año deberían ser tratados como herejes. Poco después, el 11 de mayo, Clemente V abandonó Vienne: el Concilio había terminado.Como resumen puede decirse que este Concilio, a pesar de la actitud ambigua de Clemente V a propósito de los templarios, por su cuidado en combatir’ y eliminar los errores doctrinales que se manifestaban en la época y en precisar la disciplina, completaba los esfuerzos de los Concilios romanos precedentes, con los que estaba en estrecha solidaridad, y elevaba sus frutos a la condición de decisiones ecuménicas..JEAN CHELINI.
BIBL.: Fuentes: MANSI, Sacrorum conciliorum omnium nova et amplissima collectio, 50 vol., Lyon 1889-1927; Conciliorum Oecumenicorum Decreta (ed. del Istituto per le Scienze Religiose), Bolonia 1973, 333-402. El análisis de las decisiones está hecho en C. J. HEFELE, Conciliengeschichte, 2 ed. 1873, traducida al francés y anotada por H. LEcCLERCQ y P. RICHARD, París 1907-38, VI, 643-719.
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