Vieira, Antonio de
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Biografía GER
Jesuita portugués, misionero en el Brasil, diplomático y uno de los mayores oradores sagrados de su tiempo. N. en Lisboa el 6 feb. 1608. Contaba seis años cuando fue llevado a Bahía (Brasil). Hizo sus primeros estudios en el colegio de los jesuitas del Salvador; a los 15 años abandonó furtivamente la casa paterna para entrar en la Compañía de Jesús. Las dotes de su espíritu, que ya le habían hecho destacar en Bahía, atraen las atenciones de sus superiores, que le encargan en 1624 la redacción de la Carta Anua, documento que, metódicamente, pero con el entusiasmo de un ejercicio a’cadémico, recoge las vicisitudes de la guerra hispanoportuguesa contra los holandeses. Se le confía la cátedra de Retórica en el colegio de Olinda y la catequesis de los indios. En 1638 es nombrado profesor de Teología en el Colegio del Salvador, donde había estudiado. En esta ciudad comienza su asombrosa carrera de predicador y de hombre de acción y cuando en 1638 predica su célebre Sermao pela victoria das nossas armas contra a Holanda ya es un orador sagrado consumado. A partir de entonces va multiplicaiíiJo sus sermones (dejará más de 200), donde entre los más variados asuntos destaca el tema de la defensa de los esclavos. O sermáo do Rosario marca uno de los más altos momentos de tal defensa, que se reviste, como siempre, de un tono que oscila entre la crítica a los poderosos y el consejo a las víctimas de la prepotencia y las ganancias.En 1640 viaja hasta Lisboa en la embajada que va a jurar fidelidad al nuevo rey portugués Juan IV. Predica frecuentemente en la capital; en 1642 la corte queda asombrada por su elocuencia. En 1642, en el Sermao dos bons anos, V. hace la apología de la Restauración de Portugal, desarrollando algunos puntos de su profetismo sebastianista (el movimiento que esperaba el regreso del Encubierto, o sea el rey don Sebastián, muerto en Alcazarquivir, y que V. identificaba ideológicamente con Juan IV), y justificando algunos puntos de la administración real. Su amistad con el rey queda asegurada. El propio monarca le envía como embajador a Holanda y Francia, donde intenta proteger a los cristianos nuevos y judíos e interesarlos en la financiación de Portugal. En Lisboa sus esfuerzos se canalizan hacia la fundación de una Compañía de las Indias Occidentales en 1649. Desencantado de la corte, regresa a Brasil en 1652, animoso por "recomenzar" su carrera de sacerdote. Permanece en el Maranh8o durante nueve años, donde su labor en defensa de los indios y de los esclavos es constante. A ella obedece el Sermiio de Santo Antonio aos p8ixes, en 1654, una violenta sátira alegórica, aportando como pruebas las cartas a Juan IV y Alfonso VI sobre el mismo asunto.
Vuelve a Lisboa. Predica. Pero los tiempos no son los mismos: en 1656 ha muerto su rey protector y el nuevo gobierno no le es favorable. Le acusan de herejía: sus sueños proféticos, desarrollados en Es:peranfos de Portugal, quinto Imperio do Mundo, primeiro e segunda vida de El Rei de Joáo IV (manuscrito), y su antigua protección e interés por cristianos nuevos y judíos son las bases de la acusación. En su defensa explica sus puntos de vista, y sólo los abandona cuando es condenado a prisión en una casa de la Compañía ya la prohibición de predicar. Puesto en libertad en 1667 y desengañado de la política portuguesa, marcha a .Roma, en 1669, donde sus sermones al Papa ya Cristina. de Suecia, que desea hacerle su predicador, hacen que obtenga la revisión de su proceso. Regresa a Portugal en 1675, donde tenía buenos motivos para esperar que fuesen oídos sus consejos y aprovechadas sus experiencias. Pero el regente del reino, el futuro Pedro 11, le mantiene alejado de la política. Se establece en Brasil en 1681. Predica y lee a Santa Teresa de Jesús. Prepara la edición de sus Sermones, trabaja en la Clavis profetarum y mantiene asidua correspondencia con sus amigos. M. el 18 jul. 1697.
Su obra refleja, en gran parte, su actividad de misionero y político, y su intento de conjugar tan vastos y dispares ideales. La mayoría de sus sermones y de sus cartas, que muchas veces los complementan, se refieren a circunstancias históricas muy concretas, hecho que aumenta su interés. Sin embargo, no hay que minimizar sus sermones de carácter estrictamente religioso, como el Sermáo do Santissimo Nome de Maria o el Sermiio do Mandato, de 1645. Escritos en un lenguaje que es modelo de prosa portuguesa, en todos ellos procura sorprender, atraer al oyente o futuro lector a su causa, por la aplicación atrevida de un texto bíblico a una realidad del momento, por la revelación de cualquier "admirable secreto" surgido, p. ej., del desarrollo de una metáfora inédita, expuestos con el sumo placer de quien ayuda a descubrir un juego.
I. ADRIANO DE CARVALHO.
BIBL. : A. DE VIEIRA, Obras escolhidas, 12 vol.. Lisboa 1951-54; R. CANTEL, Les Sermons de Vieira. Étude du style, París 1959.
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