Vespucio, Américo
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Biografía GER
Mercader y navegante italiano, n. en Florencia el 19 mar. 1454. Pertenecía a una hidalga y culta familia vinculada a los Medici. Su padre, Stagio Vespucci, era notario; su madre, Elisabetta, era denominada familiarmente Monna Lisa (señora Lisa). Cabe también destacar entre sus familiares a dos tíos suyos: fray Giorgio Antonio Vespucci y Guido Antonio Vespucci. El primero de ellos, religioso dominico y humanista, influyó en gran manera en la formación cultural de Américo. Su otro familiar , político y diplomático, inició al sobrino en los negocios públicos. Cuando Lorenzo el Magnífico le nombró su embajador en París, con motívo de las diferencias entre Roma y Florencia, Américo formó parte de esta embajada, como agregado o secretario de su tío, lo que le permitió, por primera vez, salir de Italia y conocer Europa.Vocación marinera. Terminada aquella empresa se inició una nueva faceta en la vida de Vespucio. En 1484 pasó al servicio de Lorenzo Pier Francesco, uno de los Medici, rico y poderoso, quien le confió sus negocios como administrador-comerciante. Incluso residió en Florencia en la casa de su señor. De esa época cabe señalar que las negociaciones mercantiles le llevaron, por primera vez, a Sevilla, en 1489, para inspeccionar las cuentas y actividades de los agentes de Lorenzo Pier, y, concretamente, las operaciones de Gianotto Berardi, con quien más tarde trabajaría en la capital andaluza. Por otra parte, el cargo que desempeñaba le permitió frecuentar personalidades de alto nivel social y cultural en Florencia, entre las que se hallaban su tío Giorgio Antonio; artistas como Botticelli; poetas como Zenobio Acciauolo -que además de lírico era aficionado a la geografía y cartografía-, Marsilio Ficino, Angelo Policiano, etc. Todos ellos conocían y admiraban la obra de Toscaneli. Las circunstancias, casi insensiblemente, irían marcando su destino; V. creyó necesario en esa época adquirir una carta de navegar, realizada por el mallorquín Gabriel de Valesca, por la que pagó 130 ducados de oro. Un primer indicio de la naciente vocación.
En 1492, año crucial para los destinos de España, V. llegó a Sevilla, con una doble finalidad: atender los negocios de su señor y crearse una situación independiente como mercader. Ningún lugar español como la capital andaluza era entonces más indicado para despertar en el florentino la vocación marítima. Gianetto Berardi, con quien trabajaba, participó en la financiación de los viajes colombinos. Como mercader, V. conoció el riesgo económico de la aventura; como hombre interesado ya en los temas marítimos y geográficos, vivió muy de cerca las emociones del regreso de Colón, con las fantásticas noticias de su inaudito viaje, acompañado de unos hombres de raza desconocida. Se habían llevado a la práctica sueños y profecías seculares, realidades presentidas. El hombre y el medio se habían conjugado de tal forma, que el destino de V. parecía ya inevitable; s’egún sus propias expresiones, tras "cuatro años de negociar mercancías", creyó conveniente cambiar esta actividad para dedicarse a "cosas más laudables y firmes". Al mercader florentino le llamaba el Atlántico.
Las navegaciones. Los viajes de A. V. han constituido, y constituyen, una problemática en la historia de los descubrimientos. Las cartas o relatos de sus viajes son objeto de problemas historiográficos. En ambos casos no se ha dado una solución definitiva, pese a la abundante bibliografía sobre el tema. Desde su misma época, la actitud polémica y los intereses nacionalistas han predominado en las interpretaciones, en uno u otro sentido, negando o admitiendo la legitimidad de las fuentes y, con ello, las navegaciones realizadas por Vespucio. Si se aceptan como ciertos todos los viajes a él atribuidos, éstos son los siguientes;
Su primera navegación tuvo lugar en 1497 en una expedición al mando de Juan Díaz de Solís, compuesta por cuatro carabelas, que partió de Cádiz el 10 de mayo de dicho año. Tras hacer escala en Canarias, navegaron durante 37 días por el océano hasta llegar al mar Caribe y tocar lo que creyeron tierra firme. Se supone que este primer contacto tuvo lugar en el territorio de la actual Costa Rica, y de aquí, costeando, bordearon Yucatán y recorrieron el golfo de México, remontando por la Florida hasta la bahía de Chesapeake. El relato de este viaje está expuesto en la Lettera de Amerigo Vespucci, fechada el 4 sept. 1504 en Lisboa, la cual se supone dirigida al gonfaloniero Pier Soderini. La autenticidad de esta carta, y por consiguiente, la de la expedición referida, no se acepta en la historiografía española.
El segundo viaje de v. tuvo lugar en 1499-1500, en una expedición al mando de Alonso de Ojeda y en compañía de Juan de la Cosa, que partió del Puerto de Santa María el 18 mayo 1499. Tras hacer escala en el cabo Aguer y en la isla de la Gomera, arribaron a territorios de América a la altura del Orinoco. Continuaron su recorrido por las islas de Trinidad, Margarita, costa de las Perlas, Curasao y península de la Guajira, para terminar en La Española, pese a que tenían prohibido tocar en este último lugar. La expedición costó vidas humanas y no reportó beneficios económicos.
V. dio a conocer este viaje a Lorenzo Pier de Medici, en una carta enviada desde Sevilla (18 jul. 1500), que se admite universalmente como auténtica, aunque no la totalidad de su contenido. La relación de V. lleva a los expedicionarios a reconocer el extremo oriental del Brasil, en las inmediaciones de San Roque, lo que no coincide con las noticias que sobre el mismo viaje expusieron sus compañeros, con motivo de la pesquisa contra Alonso de Ojeda, efectuada en 1500 en La Española. Ante la dificultad planteada por ambas fuentes, los defensores de v. se pronuncian por una bifurcación de la armada y así puede explicarse que Américo tocase tierras brasileñas, lo que no realizó Ojeda. La solución no es definitiva ni la admiten todos. En su relato, el florentino dio a conocer sus impresiones sobre los habitantes de aquellas tierras, así como otros aspectos físicos y climatológicos, y expresó su admiración ante novedades de tipo sideral.
En 1501, ya casado con la andaluza María Cerezo, v. pasó al servicio del rey de Portugal, tomando parte en una expedición lusitana dirigida por el portugués Gonzalo Coelho. Bajo el punto de vista geográfico fue muy interesante este viaje, en el que se recorrió casi toda la costa oriental de Sudamérica, desde el cabo de San Roque hasta la Patagonia. El interés que mostró el rey lusitano por los servicios del florentino indican que, por esas fechas, estaba considerado como una autoridad en este tipo de empresas. Incluso se produjeron recelos patrióticos por parte de los marinos portugueses. Se inició el periplo partiendo de Lisboa (mayo 1501), y en Dakar tuvo lugar la primera escala, donde se encontraron con las naves de Cabral, que regresaban de la India. Un interesante encuentro del que v. trató de sacar provecho, procurando informaciones de un tripulante judío llamado Gaspar, noticias que transmitió a Lorenzo Pier de Medici.
Más interesantes fueron sus conocimientos personales adquiridos en los descubrimientos verificados en las costas atlánticas de América del Sur, comunicados juntamente al mismo corresponsal (Lisboa 1502). En esta expedición portuguesa adquiere ya conciencia de hallarse ante un Mundo Nuevo. En el viaje realizado con Ojeda, aún tenía la idea colombina de estar explorando territorios asiáticos; ahora desecha ya esta idea y tiene la seguridad de hallarse ante un continente distinto: la Quarta Pars, la Terra Incognita de los clásicos, una masa territorial diferente, en cuyo extremo meridional debería existir un paso hacia la India. Sus observaciones y descripciones de tipo antropológico y botánico, así como las relativas a la climatología y astronomía, son de gran interés. En septiembre de 1502 la expedición ponía punto final en Lisboa.
El último viaje de V. tuvo también lugal: bajo pabellón portugués y al mando de Gonzalo Coelho, en 1503-04. Su descripción se halla en la discutida Lettera de Amerigo Vespucci y, por consiguiente, no es admitida por la generalidad de los autores. Según el supuesto escrito del florentino, esta expedición contó con seis naves, y fue realizada con una doble finalidad: por una parte se trataba de hallar el paso hacia la India; por otra, llegar a la especiería, apoderarse del territorio para colonizar. lo y establecer una factoría. En este viaje, que se jnició en Lisboa (mayo 1503), figuraba V. como capitán de una de las naves. Los expedicionarios, dejando atrás las islas Canarias y las de Cabo Verde, hicieron escala en Sierra Leona. De aquí cruzaron el Atlántico, hallando en su camino una pequeña y despoblada isla, "verdadera mara. villa de la naturaleza", en la que el agua dulce, las aves marinas y terrestres y las plantas se daban en abundancia. En este inesperado paraíso -posiblemente la isla de Fernando Noronha- se intensificaron las diferencias ya iniciadas en Sierra Leona, entre el capitán de la ex. pedición y V ., llegando a separarse. Este último continuó con su nave hasta Brasil, bahía de Todos los Santos, y recorrió parte de la costa brasileña hasta San Vicente. La escasez de medios y el temor de la tripulación aconsejaron no prolongar más el viaje. En junio de 1504 V. regresaba a Lisboa. Las naves que se separaron en Fernando Noronha se perdieron definitivamente.
El nombre de América. Si los escritos y navegaciones de V. fueron, y siguen siendo, objeto de controversias a ello contribuyó en gran manera un acontecimiento en el que el florentino no tuvo parte: el habérsele dado el nombre de América a las tierras halladas por Cristóbal Colón. Un grupo de sabios reunidos en el monasterio galo de Saint-Dié fueron los responsables de tan grave como ya irreparable injusticia histórica. Mientras preparaban la publicación de los Ocho libros de la Geografía de Tolomeo y, como prólogo de esta obra, la Cosmografía lntroductio de Waldseemüller, llegó a sus manos la relación de los viajes vespucianos en su carta a Pier Soderini. La novedad del escrito, con noticias que trastocaban las ideas geográficas de Tolomeo, los llenó de entusiasmo y se decidieron a publicarlo, ocurriéndoseles, además, dar el nombre del florentino a las nuevas tierras. Fue el P. Las Casas, quien, con su innegable espíritu de justicia y su habitual violencia, reaccionó primeramente contra tan manifiesto desafuero. Con él se inició la polémica, aún no terminada, sobre los escritos y viajes de Vespucio. Incluso en el ámbito cartográfico prevaleció la injusticia, sin tener en cuenta mapas como el realizado en 1500 por el español Juan de la Cosa.
Entre las muchas explicaciones que podrían darse sobre este hecho inexplicable, podría señalarse los antecedentes y relaciones de V. con Florencia. Contaba con unos corresponsales de gran valía, interesados especulativa y pragmáticamente en las novedades geográficas y sus consecuencias comerciales. Suponían, en este aspecto, el antisecreto en relación con los españoles y portugueses. Los escritos de V ., auténticos o no, dispusieron de mag. níficos medios de difusión en relación con la época. De sus cartas se hicieron copias manuscritas, más o menos modificadas; se tradujeron al latín ya otros idiomas europeos, y se imprimieron circulando ampliamente; maravillaron y suscitaron polémicas sus noticias.
En 1505 volvió V. a España, donde tuvo ocasión de entrevistarse con Colón, y el rey Fernando lo llamó a la Corte. Allí se planeó una nueva expedición con Vicente Yáñez, que, ’por varias causas, quedó sólo en proyecto. Se hizo ciudadano de Castilla Y. gozó del título y sueldo de capitán hasta 1508, en que fue nombrado piloto mayor de la Casa de la Contratación, cargo que desempeñó hasta su muerte, ocurrida el 21 feb. 1512. Su labor como piloto mayor fue múltiple: cuidaba de la instrucción de los navegantes, informó al cardenal Cisneros sobre la política fiscal en las posesiones americanas, se preocupó de las construcciones navales, participó económicamente en expediciones; fue, en definitiva, una labor sedentaria, pero vinculada con América. Las aspiraciones de V. se vieron colmadas; sus deseos de bienes "laudables y firmes" fueron premiados más allá de lo que podía imaginar. Todo un continente recordará siempre su nombre. Eso sí, fue una gloria que no se había propuesto ni la había merecido.
I. GIL-BERMEJO.
BIBL. : R. LEVILLIER, Américo Vespucio, Madrid 1966; ID, América la bien llamada, 2 vol., Buenos Aires 1948; F. MORALES PADRÓN, Historia del descubrimiento y conquista de América, Madrid 1963; ID, Historia de América, en Manual de Historia Universal, Y, Madrid 1962, 211-220; C. SANZ, El nombre de América. Libros y mapas que lo impusieron, Madrid 1959; G. ARCINIEGAS, Amerigo y el Nuevo Mundo, México 1955; C. SECO, Algunos datos definitivos sobre el viaje Hojeda-Vespucio, Rey de Indias 59, Madrid enero-marzo 1955.
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