Veronés, Pablo
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Biografía GER
Pintor veneciano del s. XVI, una de las glorias máximas de esta escuela. Había nacido en Verona -de ahí el apelativo- en día ignorado de 1528, y, en realidad, se llamaba Paolo Caliari, el menor de los siete hijos que hubieron Gabriel y Catalina. A los 14 años, ingresa en el taller de su pariente Antonio Badile, oscuro pintor de Verona, al que, pese a su mediocridad, debemos agradecer la formación primera del gran artista. El primer encargo importante lo realiza, en compañía de su colega Gianbattista Farinatti en 1551, cuando ambos decoran al fresco la villa Soranzo, en Castelfranco, empresa deparada por el arquitecto San Michele, que profesaba gran afecto al que llamaba Paolino. Es posible que fuera dicho arquitecto quien comunicara al artista su gusto por las arquitecturas racionales y ostentosas. Esos frescos, arrancados, se guardan hoy en el Museo de Castelfranco, y se componen principalmente de figuras alegóricas, en verdad todavía lejos del verdadero Veronés. En 1552 recibe la comisión de un retablo para la catedral de Mantua, encomendado por el card. Ercole Gonzaga. Había de realizarlo en unión de sus colegas Paolo Farinati, Battista del Moro y Brusasorci. Lo realizado por nuestro hombre -y concluso en 1553- es una Tentación de S. Antonio, ahora en el Museo de Caen.Establecimiento definitivo en Venecia. En 1554 se establece definitivamente en Venecia, y la Orden de S. Jerónimo le encarga diversos trabajos para la iglesia de S. Sebastián. El más importante, el techo de la sacristía, concluso ellO nov. 1555, representa La Coronaci6n de la Virgen, y ya delata la plena madurez de Paolo. La comunidad, satisfecha con el trabajo, le encarga, el 1 dic. 1555, los tres grandes frescos de la bóveda del templo, con otras tantas historias del ciclo de Esther. Otros trabajos en el mismo edificio se prosiguen en 1558 y 1560. En 1556 acude a un concurso, con otros cinco colegas, para decorar la Bibl. de Venecia. Es elegido por jurado compuesto por Tiziano y Sansovino y recibe como premio una cadena de oro. Se galardonan los medallones El Canto, La Música y El Honor. Interrumpe sus trabajos en la iglesia de S. Sebastián en 1560 para pasar a decorar la villa Maser -posteriormente denominada villa Giacometti-, próxima a Treviso, por encargo de Danielle Barbaro, Patriarca de Aquiles, al que retrata en un penetrante lienzo, conservado en el palacio Pitti, de Florencia. Los planetas, los elementos, las estaciones y diversas encarnaciones mitológicas son los temas desplegados por V. en éste ya por ello preclaro edificio, y si bien la maestría es suya, no es posible olvidar la parte de adoctrinamiento que hay que atribuir al buen humanista Barbaro, del que mucho debió de aprender nuestro artista. Ello le serviría para dar un sentido más trascendente a su pintura de total esplendidez. Vuelto a Venecia, recibe un encargo importante, el de la gran tela Las bodas de Caná, para el refectorio del convento de S. Giorgio Maggiore. Lo contrata el 15 jun. 1562 y lo concluye el 8 sept. 1563, siendo la remuneración 324 ducados y -como regalo- un barril de vino. El enorme cuadro (6,60X9,90 m.), arramblado en 1799 por Napoleón y no restituido después, es una de las grandes fiestas visuales del museo del Louvre. Composición enmarcada por claras arquitecturas clásicas y rebosante de figuras, mantiene a Jesús en el centro, pero la mirada del espectador se siente atraída forzosamente a los comensales de la izquierda, donde aparecen arbitrariamente reunidos el marqués del Vasto, Vittoria Colonna, Carlos I de España, Francisco I de Francia, Leonor de Austria, María de Inglaterra y Solimán I de Turquía. El enorme y audaz interés de esta libertad iconográfica no resta ningún otro al bello e inmenso cuadro. En esta época de máximo prestigio ( 1564 ), V. contrae matrimonio con Elena Badile, hija de su pariente y primer maestro, de la que tiene cuatro hijos: Gabriel, Carlos, Horacio y Octavio. En 1565 da trazas para la colocación de nuevos mosaicos de la iglesia de S. Marcos, yen 1566 se emplea principalmente en la decoración de la Sala del Consejo de los Diez, en el palacio ducal, donde pinta hermosas alegorías.
En 1570, y sin duda por el éxito obtenido por Las bodas de Caná, pinta otras dos grandes escenas de banquetes bíblicos. Una, la Cena en casa de Simón el Fariseo. originariamente en el refectorio de los Servitas, es adquirida por la Señoría de Venecia, que la regala a Luis XIV en 1664, figurando, por consiguiente, en el Louvre (4,54X9,74 m.). El mismo tema es el dado por Paolo al refectorio de S. Sebastián, y el cuadro (2,75 X 7,10 m.) se conserva actualmente en la pinacoteca Brera, de Milán. y la cuarta escena de convivio bíblico, pintada para el refectorio dominico del monasterio de S. Juan y S. Pablo -sustituyendo a otra pintura, quemada, de Tiziano-, data de 1573. En este caso se trata de La cena en casa de Levi, y se conserva en el museo de la Acad. de Venecia. Es, acaso, la más famosa de las cuatro mencionadas, por varias razones. En primer lugar, es admirable el fondo arquitectónico, rigurosamente tripartito en tres grandes arcos renacentistas; en segundo, es por demás afortunada la figura de Levi invitando a cenar a los transeúntes; y, en fin, la pintura guarda el considerable interés de haber dado motivo a un proceso inquisitorial contra el artista por la innegable libertad que se tomó al añadir a la composición -en principio religiosa- figuras que el tribunal eclesiástico juzgaba impertinentes. Se ha conservado el interrogatorio al que V. fue sometido el 18 jul. 1573, y en el que se le pedían cuentas de haber introducido bufones con papagayos, lansquenetes alemanes y otras personas escasamente acordes con la tradición evangélica. V. se defendió con humildad, pero no sin aplomo y arrogancia, citando precedentes tan justificativos como el de Miguel Angel en la Capilla Sixtina. El proceso no pasó a mayores, y los jueces se contentaron con que el artista eliminase determinadas figuras. Ello acreditó la fama de Pablo, aumentando los encargos.
De hacia 1575 parece datar el hermosísimo retablo de Los desposorios de S. Catalina.. en la iglesia de la santa titular de Venecia, y por entonces comienza sus portentosas decoraciones en el palacio ducal. En la Sala del Colegio pinta una bella alegoría de La Victoria de Lepanto, en la que aparecen S. Marcos, S. Justina, el dogo Se bastián Veniero y el abanderado Agostino Barbarigo, trozo pictórico de indescriptible hermosura; y, en el techo, 11 pinturas de carácter alegórico, particularmente importante la que representa a Venecl’a entre la Justicia y la Paz, atrevida obra maestra de composición muy diagonal, llevando casi al límite la organización de Los desposorios de S. Catalina. En la sala del Anticolegio, la fresca, primaveral, maravillosa composición de El rapto de Europa, quizá lo más emblemático de toda la obra veronesiana. En la sala del Consejo de los Diez, Venus y Juno y Anciano y una ioven, dos piezas similarmente significativas de su maestría. En el techo de la sala del Consejo Mayor, una de esas apoteosis de complejísima maquinación que dejan entrever las glorias barrocas. Se trata del Triunfo de Venecia, gran óvalo en el que el pueblo, la milicia, un balcón rebosante de bellas burguesas, el Honor, la Libertad, Juno, Ceres, Mercurio y Hércules rinden pleitesía a la matrona en que se personifica la República Serenísima, composición perfectamente arbitraria, como las de los ágapes evangélicos, pero tanto más interesante y pródiga en seducciones, en escorzos difíciles, en multi- tud de fragmentos de óptima pintura.
Cualidades de su obra. Mediante tales trabajos, el palacio de los Dogos se convertía en una especie de museo ideal y vivo de las obras del eximio artista. Era el momento de su máxima gloria, y bien podía, abrazado a ella, seguir viviendo un siglo, como Tiziano. No fue así. Casi inopinadamente, falleció el 19 abr. 1588 y fue sepultado en la iglesia de S. Sebastián. Contaba 60 años, y para entender bien su portentosa actividad en menos de 40 de los mismos, recordemos que había comenzado su carrera más bien tarde, hacia los 23. Pero, por otra parte, las pinturas hasta aquí mencionadas, por considerarse inseparables de la biografía, representan una parte -cierto que la más famosa y ostentosa- de su labor . Quedan por citar numerosos cuadros religiosos, uno de los primeros el retablo de s. Francesco de/la Vigna, de 1551, cuyas líneas directrices repetiría II años más tarde en el de la iglesia de s. Zacarías; quedan por citar muchísimos cuadros de caballete con retratos, temas históricos, religiosos, simbólicos, etc. No es posible una relación de todos ellos ni sería justa ninguna antología de los mismos, ya que siempre quedarían olvidadas insignes bellezas. Pero, en V ., uno y otro método sobran, porque basta con estar familiarizado con su talante creador -y a falta de Venecia, bueno es para el caso el museo del Prado, con más de una docena de sus obras maestras- para dictaminar sobre su estilo. ¿Cuál es éste? El de un pintor perpetuamente enamorado de la gracia, de la juventud, de todos los bienes de la Tierra, a la que considera en perpetuo triunfo primaveral.
La clave primera del arte de V. reside en la belleza femenina, tema por otra parte común a toda la pintura. Pero la característica de Paolo Caliari -en oposición a Tiziano y aun a Tintoretto- es que raras veces presenta a sus féminas totalmente desnudas; prefíere vestirlas lujosa y aparatosamente, no obstante lo cual, portando indumentarias tantas veces prolijas y pesadas, la hermosura de estas mujeres -como la Europa raptada por el toro, del palacio ducal- resplandece como una joya y es que el artista no ha tenido sino que ser fiel a las mil modelos vivas de su ciudad adoptiva. Otro tanto le ha ocurrido con la luz veneciana, la magnífica luminosidad que esmalta todos sus colores, sin tener que recurrir, como el Tintoret.to, a sabios trucos. En fin, el color, el centelleante color veronesiano, sorprendiendo toda la gentileza de la ciudad de las lagunas, ya fue cantado por Boschini (Descrizione di tutte le pitture della cittá di Venezia) en términos difícilmente superables y por demás precisos: "Se puol dir che’l pitor, per lar sti aleti, / oro l’habia impasta, perla e rubini, / e smeraldi, e salili piu che lini, /e diamanti purissimi e perleti". Es cierto. Se trata de una pintura ante todo espléndida, en la que las arquitecturas, las sedas, la carne, sin perder su calidad, parecen obtener otra suplementaria, la de un centelleo de perlas y piedras preciosas. V. ha sido uno de los más grandes y joyantes coloristas de todos los tiempos, y nada discrepa en este don el vario tamaño de sus obras, desde la gran apoteosis de Venecia, en el palacio ducal, o desde los grandes cuadros de los banquetes hasta esa menuda maravilla que es el Moisés salvado de las aguas, del Prado, con su exigua proporción de 0,50X X 0,43 m. En lo grande y en lo pequeño, en lo mitológico y en lo religioso, V. es siempre el mismo, el artista de la suntuosidad y de la belleza, el cantor de la gracia y de la primavera sin término.
J. A. GAYA NUÑO.
BIBL. : A. BASCHET, Paul Véronese devant le Saint-Ottice, Orleáns 1880; P. CALIARI, Paolo Veronese, Roma 1888; CH. YRIARTE, Paul Véronese, París 1888; A. BELL, Paolo Veronese, Londres 1905; R. MEISSNER, Paolo Veronese, Bielefeld 1897; R. PALLUCCHINI, Veronese, Berna 1941; F. ZAVA, El Veronés, Buenos Aires 1965.
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