Verona, Congreso de HIST.
Categoria:
Historia
Se conoce con este nombre la reunión de gobernantes y plenipotenciarios que en esta ciudad italiana, y en el otoño de 1822, decidieron el derrocamiento del régimen liberal español, implantado por la revolución de 1820. Fue un acto más -el último- de la llamada "Europa de los Congresos", nacida en el Congreso de Viena (v.; 1815), principalmente por iniciativa del príncipe de Metternich (v.). Dos principios pretendían por entonces mantener el orden europeo consagrado a raíz de la caída de Napoleón: a) el concepto de Directorio, como mancomunación de las principales potencias europeas, para decidir el destino general del continente. Más que la "Santa Alianza" -que, de acuerdo con las investigaciones de Bertier de Sauvigny no dejó de ser nunca un papel mojado-, la base del Directorio fue la Cuádruple Alianza (Austria, Rusia, Prusia e Inglaterra), y, desde el Congreso de Aquisgrán, en 1818, la Pentarquía, con la inclusión de Francia; y b) el principio de intervención, como arma defensiva de las potencias del Antiguo Régimen frente a la revolución liberal. De acuerdo con este principio, una revolución en cualquier país de Europa constituye una amenaza contra el orden establecido en todos los demás, y faculta al Directorio para intervenir, a fin de restablecer la autoridad soberana.Ya en el congreso de Troppau (octubre 1820) se iba a tratar la cuestión española; pero los graves sucesos de Nápoles distrajeron la atención de aquella conferencia hacia los problemas italianos. En el congreso de Laybach (enero 1821) se decidió, finalmente, la intervención de las potencias en Nápoles y Piamonte, donde fue restablecido por las fuerzas austriacas el régimen absoluto. Los asuntos de España fueron relegados para otro congreso del más alto nivel, a celebrar con posterioridad. Este congreso se reunió, finalmente, en la ciudad italiana de Verona el 20 oct. 1822. A 61 acudieron el zar de Rusia, el emperador de Austria y los reyes de Prusia y Cerdeña. Las negociaciones se desarrollaron principalmente por obra de los ministros: Metternich, por parte de Austria; Nesselrode, por Rusia; Wellington, por Inglaterra; Montmorency y Chateaubriand, por Francia, y Hardenberg y el conde Bernsterf, por Prusia. Si los soberanos se dedicaron más que nada a estrechar sus buenas relaciones personales en banquetes, fiestas, paseos en barca por el lago de Garda y bellos espectáculos, los diplomáticos alternaban las diversiones con las sesiones de trabajo. Rossini compuso especialmente para aquella memorable ocasión una ópera: La Madonna del lago. Así se explica que el congreso, destinado en principio a durar una semana, se prolongase por más de un mes. Durante aquellos días, V. fue la capital de Europa.Cinco puntos constituían el orden del día: 1) la supresión de la trata de negros; 2) las posesiones españolas en América; 3) el conflicto ruso-turco; 4) la situación en Italia, y 5) los peligros de la revolución española en relación con la paz europea. Éste era en realidad el punto principal. Los plenipotenciarios fueron resbalando rápidamente sobre las cuestiones anteriores, ante la falta casi absoluta de criterios coincidentes. Inglaterra se opuso rotundamente a cualquier intervención en las emancipadas colonias españolas, arguyendo que la nueva situación en nada alteraba la tranquilidad de Europa. A cambio de ello, Wellington transigió en la intervención en España, pese a que no encontraba "motivos de agravio" por parte del régimen liberal español.Decidida la intervención, era preciso acordar qué fuerzas se encargarían de ella. Austria tenía a sus tropas ocupadas en Italia. Rusia ofreció sus ejércitos, con la consiguiente alarma de las potencias centroeuropeas, que no podían ver con gusto a las tropas del zar atravesando sus territorios. Francia era el miembro más reciente y menos seguro de la Alianza, pero los argumentos de Chateaubriand convencieron a los demás. Los franceses quedaban así definitivamente insertos en el seno del Directorio europeo. El acuerdo final se logró el 22 de noviembre. En sus cláusulas públicas, las potencias se limitaban a una exhortación al orden en España. Las cláusulas secretas decidían la intervención armada de un ejército francés, en nombre de la Pentarquía. Este ejército -llamado comúnmente "los Cien mil hijos de San Luis"- penetraría en España en abril de 1823, y restablecería a Fernando VII (v.) en la plenitud de su soberanía.J. L. COMELLAS GARCÍA-LLERA.
BIBL.: R. DE CHATEAUBRIAND, Guerra de España, Congreso de Verona, Buenos Aires 1943; MARQUÉS DE VILLAURRUTIA, Fernando VII, rey constitucional, Madrid 1943; J. L. COMELLAS, Los realistas en el trienio constitucional, Pamplona 1958.
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