Verga, Giovanni
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Biografía GER
N. el 1 sept. 1840 en Catania y m. en la misma ciudad el 26 en. 1922. Encaminado por su padre a los estudios jurídicos, V. prefirió dedicarse, muy joven todavía, al periodismo patriótico. En 1861 una imprenta catanesa le publicó I carbonari della montagna, novela inspirada en sucesos y figuras del Risorgimento. En 1865, se trasladó a Florencia y, finalmente (en 1872), decidió mudarse a Milán, donde frecuentó los ambientes literarios de la ciudad. A Catania volvería en 1893, para quedarse prácticamente hasta su muerte. Durante la estancia florentina llegó a publicarse Una peccatrice ( 1866), seguida por una serie de novelas sentimentales, más bien mediocres. Fueron: Storia di una capinera (Historia de una curruca), 1871; Eva (1873), y Tigre reale (1873). Sorprendente, en cambio, resultó el boceto siciliano Nedda (1874), que puso de manifiesto en V. un inesperado desapego de los cofitenidos suaves y patéticos del romanticismo declinante. Al pronto, V. no creyó (o tal vez, no quiso comprender) que aquel relato siciliano podía renovar por completo la trasnochada narrativa del romanticismo. En cualquier caso, Nedda fue la señal reveladora de un talento artístico verdaderamente excepcional. se quedaron, sin embargo, ancladas en un romanticismo ya muy deslucido la novela Eros, publicada en 1875, y el libro de Primavera e altri racconti, del año siguiente. En una situación, finalmente, próxima a caer en una mera retórica sentimental, v. rápidamente se fue desviando de los temas y caracteres de su primera producción.No cesa aún de extrañar, en el curriculum de este escritor, la desigualdad de los resultados estéticos conseguidos. Las creaciones más altas de v. (las que, con pIeno derecho, le califican como el novelista más importante de la literatura italiana de la segunda mitad del siglo XIX) se agruparon entre 1880 y 1890 aprox. Las obras publicadas con antelación, o bien después de esas fechas, estuvieron lejos de igualar en lozanía el arte de Vita dei campi (1880) y de los cuentos recopilados en Novelte Rusticane (1883). Mas las dos novelas cumbre son I Malavoglia (Los malasangre), 1881, y Mastro don Gesualdo ( 1889), sin que los críticos concuerden en cuál es realmente su obra maestra. Por el contrario, representó una regresión hacia los temas de la juventud Il marito di Elena (1882), de forma que altibajos de genio y mediocridad caracterizaron incluso al v. más grande. Desafortunada resultó asimismo la colección de cuentos de ambiente milanés Per le vie ( 1883), cuya insipidez contrastaba casi violentamente con el robusto verismo siciliano de las Novelte Rusticane. Mientras tanto, pasaba el autor por los primeros éxitos y las primeras desilusiones teatrales: en 1884, La cavalteria rusticana, protagonizada por Eleonora Duse, triunfó en Turín, pero en 1885, otra comedia, In portineria (En la portería), fracasaría rotundamente en Milán. Consciente tal vez del valor secundario de sus experiencias como dramaturgo, v. no se alejó nunca gran cosa de su preeminente labor narrativa. En 1884 aparecieron Drammi intimi; tres años después se publicarían los cuentos reunidos bajo el título de Vagabondaggio. Más tarde, tras la gran novela Mastro don Gesualdo, vieron la luz I ricordi del capitano d’Arce (1891), y luego, en 1894, Don Candeloro e C. i.
Los bosquejos escénicos titulados La caccia al lupo y La caccia alta volpe, que, en 1902, siguieron de lejos a la publicación de los dramas La lupa e In portineria (ambos, editados en 1896), contenían síntomas indudables de decadencia. V. no pudo frenar el descenso ya inevitable con la refundición narrativa de la pieza teatral Dal tuo al mio (1903). Al volver a Catania, el escritor se apartó en un austero aislamiento. El largo silencio que sobrevino lo excavaron más profundamente los lutos familiares. Al final, quedaría sin realizar la idea de llevar a cabo un ciclo narrativo que, en las intenciones de V., hubiera debido articularse en la trilogía de La duchessa di Leyra, L ’onorevole Scipioni y L ’uomo di lusso. Relatan los biógrafos que en una ocasión, conversando con un amigo en Catania, V. le confió su incapacidad de ir más allá del primer capítulo de La duchessa di Leyra, porque francamente él no lograba ya situarse en el mundo de la aristocracia. Pese a ser "crispino" en política y poco simpatizante de la democracia, reconocía el propio V. que con mayor holgura se había encontrado imaginando ambientes humildes ( "la ’gintuzza’ sapevo farla parlare" ). Para evitar confusiones inoportunas entre el artista y el político, podemos, sin embargo, añadir que tanto I Malavoglia como Mastro don Gesualdo y los demás libros de cuentos sicilianos, respondieron a exi gencias esencialmente estéticas, nacidas en el ámbito cultural del positivismo. El ideal verista del arte consistió en señalar lo "verdadero" (en sentido objetivo y empírico) como fundamento de la creación literaria. La elimi. nación de todo residuo lírico o, de algún modo, subjetivo, aligel;ó las mejores novelas de v. del agobio analítico y del exceso de sentimientos personales. En la nueva literatura verista, el escritor debería hablar poco, para que, en su lugar, hablaran las cosas; y el dolor, como el llanto, fueran más bien lacrimae rerum.
El lenguaje de V ., sencillo y salpicado de elementos dialectales, fácilmente se prestó a ser interpretado como un retorno feliz a los cauces de la vida popular. Los prejuicios puristas que en I talia han sufrido comunmente la lengua vernácula o bien la literaria desprovista de atavíos retóricos, dieron lugar a polémicas contra V ., casi siempre parciales e incluso, a veces, sin consistencia real. El éxito de v. ha sido, en gran parte, póstumo, te. niendo con la renovación crítica de neo-idealismo de Croce ( v. ) y desarrollándose dentro del nuevo clima espiritual determinado en Italia por la I guerra mundial. Desde entonces, la bibliografía crítica de v. se ha enriquecido de sustanciosas investigaciones y la interpretación más atenta de I Malavoglia y Mastro don Gesualdo ha indicado en las novelas veristas de v. rasgos evidentes de un simbolismo intensamente poético.
MICHELE PALLOTTIN
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