Verdi, Giuseppe
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Biografía GER
Vida y obra. Compositor italiano, heredero de las más nobles tradiciones del bel canto y el más representativo autor de óperas del s. XIX. N. en una pobre casa de Le Roncole di Busseto, en la provincia de Parma, el 10 oct. 1813, de padres humildes, que tenían una tienda de géneros diversos. El padre se llamaba Carlo; la madre, Luigia Utini. La vocación musical floreció rápidamente en el pequeño Giuseppe, lo cual indujo al padre a comprarle una espineta. Comenzó a tomar lecciones de música del viejo organista Baistrocchi y a los 12 años le podía ya sustituir en la iglesia del pueblo, recibiendo en compensación 40 liras anuales. Con estas liras se pagó la escuela en Busseto, donde conoció a Antonio Barezzi, presidente de la Sociedad Filarmónica local y musicófilo, además de comerciante y proveedor de la tienda de Carlo Verdi. O. V. escribiría más tarde: "He conocido mucha gente, pero a nadie mejor que Barezzi. Me amó como a un hijo y yo le quise como a un padre". Barezi le empleó consigo, admitiéndole en su casa, donde se daban cita los aficionados a la música de todo el pueblo y donde V. pudo tratar a los miembros de la banda local dirigida por Ferdi Provesi, conociendo de cerca los instrumentos de viento, que fueron los preferidos en sus obras teatrales. A los 18 años marchó a Milán, con una beca de estudios que le procuró Barezzi. No admitido en el Conservatorio por no tener la edad reglamentaria, tomó lecciones de armonía, contrapunto y fuga con Vincenzo Lavigna durante dos años, hasta que en 1833, muerto Provesi, fue nombrado en Busseto Maestro di musica del Comune e del Monte di Pietá.En 1836 se casó con Margherita, hija de Barezzi, de cuya unión nacieron Virginia y Carlo. En el 1839, finalizado el contrato con el Ayuntamiento de Busseto, V. y su familia se establecieron en Milán. En el mismo año consiguió que le representaran en la Scala su primera ópera, Oberto, con te di S. Bonifacio. El éxito fue clamoroso, lo que decidió al empresario del teatro, Bartolomeo Merelli, a ofrecer al joven maestro un contrato para otras tres nuevas obras. Pero tal éxito llegó acompañado de la desgracia familiar .En 1840 murieron sus dos hijos y la mujer. Abatido por el dolor, fue sostenido por Merelli; ya más repuesto, pudo producir nuevos trabajos: en 1842, Nabucco; en 1843, Ilombardi alla prima crociata; en 1844, I due Foscari y Ernani. Era el periodo en el que los italianos aspiraban a la independencia y manifestaban de cualquier modo su aversión contra el opresor austriaco. Se portó V. como fervoroso patriota y escribió con gran éxito melodramas de significación histórica (desde La battaglia di Legnano a Il corsaro). Después de tales triunfos se ocupó de los trabajos de la factoría que había comprado en Santa Agata, junto a Busseto, y se interesó por la poesía y la filosofía. En 1859 contrajo matrimonio con la cantante Giuseppina Strepponi, que fue para él la mujer ideal, en los años en que había llegado a ser más famoso que nunca por Rigoletto, Il trovatore y La traviata. En el 59, su tierra entraba a formar parte del reino de Italia. V. llegó a ser un auténtico héroe popular. Gritar entonces "Viva Verdi" quería decir "Viva Vittorio Emanuele Re d’Italia". Fue nombrado miembro del Parlamento. Pero, en verdad, se ocupó muy poco de política y alternaba sus estancias en Milán, durante el invierno, con las de Génova en primavera y otoño y las de Santa Agata en verano. En diez años, entre 1857 y 1867, compuso cuatro obras maestras: Simón Boccanegra, Un ballo in maschera, La forza del destino y Don Carlo. Más tarde le atrajo el libreto de Antonio Ghislanzoni, Aida. Sobre ello compuso la música para una ópera en cuatro actos que habría de representarse en El Cairo en la inauguración del canal de Suez en 1871. Conmemoró después la muerte de Alessandro Manzoni con el famoso Requiem ( 1873). A continuación, por mucho tiempo, dejó de escribir música: prefería ir a los mercados de Parma y Cremona a tratar personalmente la compra del ganado.
Volvió a coger la pluma a los 73 años para componer Otello ya los 80 para Falstaff. Cinco años después, en 1898, perdió a su segunda esposa. Su salud se resintió. El médico le prohibió hacer esfuerzos, pero V. le desobedeció, yéndose a Milán por las fiestas navideñas de 1900. M. en esta ciudad el 27 de enero siguiente, víctima de un ataque cardíaco.
Estilo. V. había nacido en el campo. Descendiente de campesinos, le era difícil, aun en plena celebridad, olvidar el caserío de Le Roncole, el mesón paterno o el adyacente negociejó de comestibles y recordó siempre con alegría sus primeros tiempos de compositor, en los que, sin que nadie hablara de él, se presentaba al público "sin preparativos, sin influencia de clase y dispuesto a recibr los escopetazos", felicísimo si podía "llegar a suscitar alguna impresión favorable" .Sus primeras obras no contenían ningún elevado mensaje estético, pues fueron -podría decirse- simples trabajos repentinos, dictados por un sentido instintivo del teatro. Más tarde, sin embargo, sobre la escena, a través de las voces de sus personajes y de la psicología de sus dramas, realizó las obras maestras de la lírica del s. XIX. Sin duda, la aspiración a la independencia nacional se reflejó, con color y calor, en su música. Pero ésta hubiera sido poca cosa si v. no la hubiera enriquecido con pasiones más fuertes, con sentimientos más elevados, con una mayor comprensión del espíritu humano. Su trabajo fue en definitiva seguir paralelamente el pensamiento de Shakespeare, hecho accesible y popular por su aguda sensibilidad melódica. De las melodías, por tanto, más que de las comunes y tradicionales armonías o de los más elementales contrapuntos (Falstaff es clamorosa excepción) brotó su arte, cálido e inconfundible.
Admiró V. el mastodóntico mundo wagneriano, si bien, para el desarrollo de la ópera italiana, consideró dañosas las teorías del maestro alemán. En un punto, sobre todo, divergen las óperas de los dos músicos: Wagner perseguía alcanzar todas las posibilidades de la orquesta; V ., las de la voz humana. Para V. no había medio más potente de expresión que ésta y por ello fue por lo que cerró pacíficamente el melodramatismo italiano del s. XIX; mientras Wagner alcanzaba conclusiones más audaces y de mayor influencia para el futuro.
a) Obras teatrales: Además de las citadas anterior- mente deben mencionarse Oberto, conte di San Bonifa- ciD (1839); Un giorno di regno (1840); Nabucodonosor (1842); Giovanna d’Arco (1845); Alzira (1845); Attila (1846); Macbeth (1847); I Masnadieri (1847); Jerusa- lem (1847); Luisa Miller (1849); Stiffelio (1850); Les vépres siciliennes ( 1855); Giovanna de Guzman ( 1855); Siman Boccanegra (1857); Aroldo (1857); Macbeth, versión francesa ( 1865); Don Carlos, versión italiana en cuatro actos (1884); Otello (1887); Falstaff (1893). b) Composiciones religiosas: Tamium ergo (1835); Misa de Requiem (1874); Pater noster (1879); Ave María (1880); Cuatro piezas sagradas (1886-89). c) Obras líricas para canto y piano: Seis romanzas ( 1838); L ’esule (1839); La seduzione (1839); Chi i bei dí m’adduce ancora (1842); Album de seis romanzas (1845); Il poveret to (1847); L’abandonnée (1849); Fiorellin che sorge ap- pena (1850); Fiorara (1853); La preghiera del poeta (1858); II Brigidin ( 1863); Stornello ( 1869); Pietá Sig- nar (1894). d) Composiciones profanas diversas: lo la vidi, escena lírica ( 1833) ; Guarda che bianca luna, nocturno (1839); Suona la tromba, himno (1848); Himno de las naciones ( 1862). e) Música de Cámara: Cuarteto en mi menor, para cuerda ( 1873).
LULGI FAIT.
BIBL. : A. BASEVI, Studio su/le opere di G. Verdi, Florencia 1859; C. BELLAIGUE, Verdi, París 1912; G. RONCAGLIA, Giuseppe Verdi, Nápoles 1914; E. GASCO-CONTELL, Verdi, su vida y sus obras París 1928; M. MILA, II melodramma di Verdi, Bari 1933; A. DELLA CORTE, Verdi, Turín 1939; I. PIZZETTI, La religiositá di Verdi, "Nueva Antología", 1941; C. GATTI, Verd¡ nelle immagini Milán 1941; F. ABBIATI, Giuseppe Verdi, 4 vol., Milán 1959; F: WALKER, The Man Verdi, Londres 1962; G. MAR- TfN, Verdi, his music, lile and times, Nueva York 1963.
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