Veracidad
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Varios
En sentido amplio consiste en el amor a la verdad (v.). Más concretamente, la virtud de la v. designa la verdad en las palabras, la conformidad de éstas y de todos los gestos equivalentes con el pensamiento, con la convicción interior. La v. inclina, pues, a manifestar fielmente la verdad interiormente conocida y a exteriorizar con palabras y obras la propia convicción sobre una cosa (cfr. Sum. Th. 2-2 8109 al).Exposición histórica. Sagrada Escritura. En el A. T. la rectitud y la verdad en las palabras forman parte de la pedagogía divina, que educa a Israel en el sentido de la justicia (v. VERDAD II). La v. se relaciona, de este modo, con dos aspectos de la Revelación bíblica: la manifestación del conocimiento de Dios y las obligaciones que conlleva y el perfeccionamiento del sentido de fa justicia. Semejante conexión resplandece, particularmente, en la promulgación del Decálogo (v.), uno de cuyos preceptos, el 8°, dice: "No levantarás falso testimonio contra tu prójimo" (Ex 20,16; Dt 5,20). Dentro del esquema social en el que el ejercicio de la justicia sé basa en la declaración de dos testigos (Dt 15,15), se percibe la importancia de la v. del testigo (v. TESTIMONIO), confirmado y protegido por el juramento, que tiene una doble fuerza: preservar el derecho del "prójimo" y respetar el Nombre divino (Ex 20,7; Lev 19,12).Bajo esa doble inspiración religiosa y social, la v. es inculcada de manera universal (Lev 19,11; Prv 6,17-19...) y la mentira (v.) es estigmatizada, aunque textos como Gen 12,10-20; 20,1-18; 26,7-12; 27,1-35, y otros similares, constituyen, a la vez que una manifestación de la paciente pedagogía de la Revelación divina, testimonio de una conciencia oscilante entre las exigencias de la v. y las complejidades de su aplicación en la vida cotidiana.El N. T. presenta a Jesucristo como la plena realización de la verdad de Dios, por ser perfecto revelador del Padre y ejecutor de las promesas de la Alianza, expresión definitiva de la Fidelidad divina (cfr. 2 Cor 1,17-20) donde la fidelidad de Dios, realizada en Cristo, se presenta como el modelo para el Apóstol (Apc 1,5; 3,7,14...). La v. pura y simple, aun sin necesidad de recurrir al juramento, debe caracterizar la palabra del discípulo de la Nueva Alianza: "sea vuestra palabra: sí, sí, no, no; todo lo que pasa de esto de mal procede" (Mt 5,37). Tal comportamiento, que excluye toda mentira, define al "hombre nuevo" "creada por Dios" a semejanza de Jesucristo, así como la solidaridad que conviene a los "miembros" del Cuerpo de Cristo: "renunciando a la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo, porque somos miembros los unos de los otros" (Eph 4,25; cfr. Col 3,9; 1 Pet 2,1). En el N. T. esa exigencia de verdad total es como una consecuencia de la perfección definitiva inaugurada por la Nueva Alianza moral (v. VERDAD II).Elaboración teológica. La verdad en lo íntimo del corazón, en los comportamientos y palabras es realzada en la tradición patrística como el corolario moral de la V. divina, que resplandece en la Revelación, confirmando y elevando las exigencias de la ética natural. Los primeros esbozos de elaboración sistemática se hallan ya en el Pedagogo de Clemente de Alejandría (lib. I, cap. 5), en el Pastor de Hermas (Mand. Ill), etc. Tema desarrollado por los Padres y que tendrá su expresión acabada en S. Agustín (cfr. De Trinitate, cap. 11: PL 42,1072-1073), que en sus escritos morales De mendacio y Contra mendacium lleva a las últimas consecuencias el imperativo absoluto de la v. evangélica, que proscribe como intrínsecamente mala toda mentira.La teología medieval representa una etapa de la evolución doctrinal sobre la v., en la que sobresale la síntesis de S. Tomás, que, siguiendo el análisis ético de inspiración aristotélica, describe la v. como una virtud moral en conexión con la justicia. Se puede hablar de un postrer periodo de elaboración teológica, que se caracteriza por la preocupación práctica de conciliar las exigencias absolutas de la verdad con la resolución de situaciones embarazosas de la vida concreta; surge, entre otras, la problemática de la restricción mental (v.). Síntesis doctrinal. Los filósofos griegos consideran el problema de la v. en la integralidad de sus elementos. Por un lado, afirman el carácter imperativo de la verdad en las relaciones humanas, particularmente en el plano de la justicia, pero por otro lado dudan en proscribir universalmente la mentira oficiosa, sobre todo cuando presenta ciertas ventajas en el plano social. En Aristóteles la v. se distingue con más nitidez del dominio de la justicia: el hombre "verídico" profiere la verdad, no sólo para evitar un perjuicio a otro o por respeto a sus derechos, sino por amor a la verdad, en virtud de la honestidad, de la belleza moral que se une a la veracidad. La originalidad de Aristóteles consiste sobre todo en esta perspectiva típicamente moral en que se sitúa la v., en contraste con la postura utilitarista de Heródoto: "Si es necesario mentir, mintamos. Quien miente y quien dice verdad tienden a un mismo objetivo: el propio provecho" (trad. resumida de Hist. 111,72). Tema persistente en la mentalidad helenística, como testimonia Heliodoro (s. III después de J. C.): "Mentira es cosa honesta cuando aprovecha a quien la profiere sin perjudicar a quien escucha" (Etiópicas, 1,26,6). Aristóteles, de todos modos, parece admitir que el bien público o personal puede cohonestar la mentira (v.); sin embargo, señalando a la v. un objeto propio y exaltando la belleza moral que existe en decir la verdad por puro amor a la verdad, se acerca a la virtud cristiana de la v. y prepara de algún modo los instrumentos conceptuales para una, formulación teológica.S. Tomás, partiendo de la Revelación, y continuando la tradición patrística, a la vez que desarrolla los datos aristotélicos, definirá la v. como la virtud que lleva a decir siempre la verdad y a manifestarnos exteriormente con palabras y hechos tal como somos (cfr. Sum. Th. ql09 a1 y a3 ad3). Considera la v. como parte potencial de la justicia (v.), es decir, que encierra elementos comunes con la justicia, como su carácter de obligatoriedad en las relaciones para con los otros, sin comportar, sin embargo, un deber estrictamente determinable por una ley positiva (deber de "honestidad" humana, no deber "legal"). Existe, en efecto, una exigencia de honestidad, fundada en la propia naturaleza de la palabra como señal del pensamiento y reclamada por las condiciones de comunicación entre los hombres. En virtud de tal exigencia, la señal debe corresponder a su significado, la palabra debe expresar la convicción interior de quien habla. La v. se funda en la naturaleza de la palabra, en su dimensión personal y social, es decir, en cuanto es exteriorización de la persona, su manifestación (el hombre debe mostrarse tal cual es). Como medio de intercambio entre individuos y grupos, sin la v. la vida social se vuelve imposible.Íntimamente relacionados con la v. se hallan las virtudes de la sinceridad y de la fidelidad, así como la obligación de guardar el secreto. El vicio opuesto es la mentira. Todos estos temas han sido extensamente tratados en otras voces de esta Enciclopedia, a las que remitimos (V. SINCERIDAD; SENCILLEZ; AUTENTICIDAD; FIDELIDAD; DISCRECIÓN; SECRETO; MENTIRA; RESTRICCIÓN MENTAL). Nos limitamos a exponer a continuación algunas consideraciones especiales en relación con la importancia que en la moderna civilización técnica ha alcanzado la difusión de la palabra escrita u oral.Veracidad y medios de comunicación social. El desempeño de cualquier tarea humana supone una actitud de v., de amor a la verdad. Entre los profesionales que tienen el deber de ser testigo de la verdad se encuentran especialmente aquellos que actúan en los medios de comunicación social, muy concretamente los periodistas (v. COMUNICACIÓN SOCIAL II). En su amor por la verdad, el periodista ha de luchar contra la ignorancia, la mentira, el bulo, la agresión a la intimidad de las personas, etc., procurando, por el contrario, informar con veracidad. El Magisterio de la Iglesia se ha ocupado repetidas veces de la moral del periodista. Véanse, p. ej., los discursos de Pío XII sobre la responsabilidad del periodismo respecto al bien común (24 mar. 1952); sobre la libertad de prensa (11 jul. 1946); sobre el derecho a la verdad y la responsabilidad en la prensa (23 en. 1950); el discurso de Juan XXIII de 4 dic. 1960; el Decr. Inter mirifica del Conc. Vaticano II; de este documento son las siguientes palabras: "e1 recto ejercicio del derecho de información exige que en cuanto a su objeto, ésta sea siempre verdadera y, salvados la justicia y la caridad, íntegra; además, en cuanto al modo, ha de ser honesta y conveniente, es decir, debe respetar escrupulosamente las leyes morales y los legítimos derechos y dignidad del hombre" (n° 5). Para más datos sobre la tarea y misión del periodista, V. PERIODISMO y PRENSA I.V. t.: VERDAD I y II.C. J. PINTO DE OLIVEIRA.
BIBL.: S. TOMAS DE AQUINO, Sum. Th. 2-2 8109-111; L. THOMASSIN, Tr. de vérité et du mensonge, París 1961; CAYETANO, Comment. in 2-2 109-113; G. DEL VECCHIO, La veritá nella morale e nel diritto, Roma 1952; A. J. MC. SWEENEY, The social role of truth according to St. Thomas Aquinas, Washington 1943; K. HOERMANN, Wahrheit und Lüge, Herold 1953; A. MICHEL, Vérité et véracité, en DTC XIV,2675-2687; D. CAPONE, In torno alla veritá morale, Nápoles 1951; J. ORLANDIS, El espíritu de la verdad, Madrid 1961; J. DANIÉLOU, Scandaleuse vérité París 1971. En relación con la moral del periodista: J. LOAUTO, Ética y responsabilidad del periodista, Quito 1966; L. BRAJNOVIC, Deontología periodística, Pamplona 1969; T. IRIBARREN, El derecho a la verdad, Madrid 1968 (documentos pontificios).
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