Venezuela. V. Lengua y Literatura. LIT.
Categoria:
Literatura
1. La lengua. Desde el punto de vista de la lengua, V. puede ser dividida en dos regiones: la de la costa y los llanos, y la andina. El español que se habla en la primera es parecido al que se habla en las Antillas y en la parte septentrional de Colombia; el de la región andina es más parecido al español que se habla en la costa occidental de Colombia, en Ecuador, Perú, Bolivia y norte de Chile. Las diferencias entre las dos zonas se deben principalmente a la proximidad de los habitantes de las costas y los llanos con los de las naciones antillanas, y la presencia de la influencia de las naciones andinas en el resto del país; además, el sustrato indígena es diferente: a la costa y los llanos corresponde la presencia del arauaco (v. ARAUACOS II), y a la región andina la del quechua (v. QUECHUAS II). Las diferencias entre las dos zonas, sin embargo, son menores. Una de ellas (por razones no asociadas a la presencia del sustrato indígena) es el predominio del voseo de la región andina y del tuteo en la región costera. El vos predomina entre el pueblo de todas las regiones, y el tú entre la clase ilustrada, si bien en las relaciones de superior a inferior el tratamiento es de vos; en la región andina el usted ha suplantado al tú. Con frecuencia, sobre todo entre el pueblo que usa el voseo, se nota alguna confusión en el uso de las formas verbales entre el singular y el plural (vos tenés, vos tenéis; vos sos, vos sois); el singular predomina en la zona andina.Lo rasgos fonéticos que distinguen al español de V. son los mismos que se encuentran en otras regiones de América: debilitación de la -d- intervocálica y pérdida de la -d final; la presencia, esporádica, de la h- inicial aspirada; la tendencia a pronunciar fricativa la r sencilla, que a veces se elimina en final de grupo; la confusión, como en las Antillas, entre r y l; la pronunciación de una s predorsal parecida a la andaluza; cuando la s es final, se aspira; el seseo y el yeísmo, como en toda América.En la morfología y la sintaxis el español de V. presenta las variantes comunes en América: la tendencia a formar, femeninos nuevos (diabla, parienta, médica, etc.); el uso del plural en frases como ponerse de pies, hace tiempos, etc.; el uso de adjetivos adverbializados: bailaba sabroso, miraba feo, etc.; el uso antepuesto del adjetivo posesivo: mis amigos; el uso del sufijo -azo para formar superlativos: amigazo, grandazo; el uso esporádico del pronombre personal de segunda persona con preposición en el caso sujeto: sobre yo, con yo, con tú; el predominio (en el uso- de los pronombres átonos) del loísmo, como en toda América; los enclíticos añaden la n del plural: váyanse, cállense; como en Argentina, es común el uso del pronombre átono al lado del propio nombre a que se refiere: lo he visto a Juan; el uso del futuro es menos frecuente que en España y se sustituye por el presente o por la paráfrasis haber de más infinitivo; la forma subjuntiva en -ra (tuviera, llegara, etc.) se usa con valor de ?había tenido?, ?había llegado?, etc.; son comunes las formas reflexivas de algunos verbos, desconocidas en España: enfermarse, tardarse, revolverse (por `volver’: de la mitad del camino me revolví); otros verbos, como mandar, dar, agarrar tienen valor auxiliar; en el habla popular es frecuente el uso de las formas impersonales de haber en plural: habían cinco hombres, hacen años; se conservan entre el pueblo los giros diz que, ir yendo, como ser (?por ejemplo?), es entonces que (?es por eso que?), etc.; algunas locuciones adverbiales de uso frecuente son a cada nada ?a cada rato?; hoy día ?hoy?; a la mejor ?a lo mejor?; no más ?solamente?, ?ahí mismo?, etc.; bastante común es el uso de recién sin participio y con valor temporal y equivalente ?ahora mismo?, ?apenaa?, ?en cuant?, etc.; como en otros países de América, se usa la preposición a con los verbos entrar e ingresar (entrar a la iglesia, ingresar al club), y la preposición entre por ?dentro de? (entre poco llega). Muy popular, como en toda América, es la expresión cómo no para significar ?¡claro!?, ?sin duda?, ?naturalmente?’, etc.A las peculiaridades fonéticas y sintácticas anotadas, que dan al español de V. una nota característica, hay que añadir las relativas al léxico. Las voces indígenas que se usan son relativamente pocas; del cumanagoto sobreviven: choto ?hombre?, coroto ?cosa inútil?, conoto ?ave de color negro?, arepa ?maíz maduro?, chocorí ?maíz tierno?, cachapa ?bollo de maíz tierno?, cunaguaro ?tigrillo’, guaricha ?india soltera?, mapanare ?culebra venenosa?, moriche ?palma?, píritu ?palmera mediana?, etc.; del chaima: cuaima ?culebra negra, venenosa?; del caquetío: poporo ’porra?, ?chichón?; del tamanaco: turpial ’ave cantora’; del muisca: guadua ’bambú de tallo arbóreo’. Más comunes son las voces que proceden de las lenguas de los indios arauacos, taínos y caribes, comunes a V. y las Antillas; cabe mencionar algunas, como yuca, camur ’banana’, guacharaca ’ave parecida a la gallina’, guamo ’árbol ramoso’, guayuco ?taparrabo?. Del quechua proceden las palabras ñapa o yapa ?propina?, ’ganancia’; guano ’llovizna’, etc. Característicos del léxico venezolano son también los cambios sufridos por los sustantivos españoles, que a veces denotan una nueva formación; populares entre el pueblo, y aun en el periodismo, son las variantes contesta ?contestación?, desespero ’desesperación’, cuido ’cuidado’, conversa ’conversación’, salpique ’salpicadura’, etc. Otros venezolanismos comunes son: araguato ’mono’, bochar ’dar calabazas’, capacho ’planta nativa’, chorote ’pasta de cacao’, chucuto ’mono’, garrasí ’calzón del llanero’, guachafita ’desorden’, manero ’junto de rodillas’, yacabó ’ave agorera’, raspar ’irse’ ’fugarse’, gafo ’tonto’, provocar ’apetecer’, etc. Ángel Rosenblat ha escrito: "En Venezuela se habla una variedad digna del castellano. A cada paso sorprende, en el habla familiar, la extraordinaria riqueza de giros, de comparaciones ingeniosas, de expresiones pintorescas ... un castellano que ha dado una nota muy alta y muy original, en el cuento, en la novela y en la poesía".2. La literatura. a. Época colonial. La literatura virreinal en V. presenta un desarrollo paralelo al de otros países sudamericanos. Las primeras manifestaciones literarias son los crónicas, relaciones, cartas y diarios escritos por conquistadores y los misioneros. Hay que tener presente que hasta 1777 no se forma la Capitanía de V., que .gobierna el territorio que antes había estado bajo la jurisdicción sucesiva de Santo Domingo, Lima y Bogotá, y que la imprenta no llega a Caracas hasta 1808. "Venezuela (dice Mariano Picón Salas) no tuvo una literatura colonial que pueda compararse pálidamente, por lo menos en su volumen, con la de México, Perú o Nuevo Reino de Granada". Entre los pocos cronistas cabe mencionar a fray Pedro de Aguado (m. d. de 1589), quien hacia 1560, en Bogotá, transcribió las noticias que le dieron los exploradores y conquistadores y las incorporó en su Historia de Santa María y Nuevo Reino de Granada. Son de interés, por el valor que tienen para el estudio de la tiranía en América, las noticias que nos da sobre Lope de Aguirre en Margarita. Si bien el poeta Juan de Castellanos (1522-1607) no pertenece a la literatura venezolana, en sus prolijas Elegías de varones ilustres de Indias (1589) hay descripciones del paisaje que son de gran interés para los venezolanos, como la que hace de la isla de Margarita (donde vivió) y del lago de Maracaibo. Aunque español de nacimiento, Castellanos se sentía criollo y no perdía, ocasión de elogiar la vida americana; en _el estilo, su americanismo se refleja en el uso de palabras nativas, hoy comunes en V. y las Antillas. La visión que del mundo nos dejó Castellanos, aunque en verso, es realista; en cambio, fray Pedro Simón (1574-ca. 1630) en las Noticias historiales (escritas entre 1604 y 1630), en prosa, habla no de lo observado, sino de lo imaginado, como son los hombres cuyas orejas "les arrastran hasta el suelo y debajo de una de ellas caben cinco o seis hombres"; de los indios que "duermen debajo del agua"; los habitantes que "se sustentan con oler flores, frutas y yerbas que guisan sólo para eso", y de hombres "no más altos que de un codo". Entre las noticias históricas son de interés, como en Aguado, las que consigna sobre Lope de Aguirre.Para que aparezca la historia escrita con criterio objetivo hay que esperar hasta la primera mitad del s. XVIII. En 1723 el erudito José de Oviedo y Baños (1671-1738), bogotano residente en Caracas, publica en Madrid la Historia de la conquista y población de la provincia de Venezuela, obra que puede ser considerada como la primera de mérito, tanto por el estilo, que es agradable, como por la información, que es fiel. Para escribir esta historia, que va desde el descubrimiento hasta fines del s. XVI, utilizó las crónicas existentes y los documentos que encontró en los archivos de Caracas. Su prosa, barroca, es considerada como la de mayor mérito literario durante el periodo virreinal. Buen ejemplo de su estilo es la elogiada descripción que hace de Caracas, ciudad donde el autor pasó la mayor parte de su vida. Durante las últimas décadas del s. XVIII predominan en las letras losenciclo-pedistas, que preparan el terreno a los libertadores. Destacan durante este periodo neoclásico los nombres de- Francisco Miranda (1750-1816), quien en sus cartas ya propone la independencia de los países americanos; Miguel José Sanz (1754-1814), jurisconsulto, redactor de las ordenanzas municipales de Caracas y propugnador de un sistema de educación popular, y Simón Rodríguez (m. 1854), humanista, maestro de Bolívar.b. La literatura nacional. Con el establecimiento de la imprenta en 1808 aparece el periodismo, que había de ser arma poderosa en la lucha por la independencia. En la Gaceta de Caracas comienzan a aparecer tanto noticias de la hora como artículos políticos (en los que se critican las instituciones sociales) y ensayos literarios. Pronto aparecen otros periódicos como el Semanario de Caracas, redactado por Miguel José Sanz; El patriota venezolano, El publicista venezolano y El Mercurio venezolano. En Inglaterra, Andrés Bello (1781-1865; v.), la figura de mayor importancia en la Literatura venezolana del s. XIX, también había de publicar dos revistas literarias, la Biblioteca americana (1823) y el Repertorio americano (1826-28). En la primera publicó la famosa silva Alocución a la poesía, y en la segunda la no menos conocida Silva a la agricultura de la zona tórrida; en ambas expresa Bello el deseo de que América hispana obtenga también la independencia intelectual, así como había obtenido ya la política. Bello nunca abandonó el neoclasicismo, como tampoco lo hicieron José Luis Ramos (1785-1849), pedagogo, humanista, redactor de El Correo de Orinoco, y autor de varias silvas, entre otras una en. elogio de las matemáticas; Fermín Toro (1807-65), autor de las poesías A la ninfa de Anauco, Oda a la zona tórrida y Canto a la conquista, lo mismo que de las novelas La viuda de Corinto, Los mártires (1842) y La sibila de los Andes y los cuadros Costumbres de Barullópolis; Rafael María Baralt (1810-60), recordado por el importante Resumen de la historia antigua y moderna de Venezuela (1841) y el conocido Diccionario de galicismos (1855).c. Romanticismo. Si bien encontramos ya algunos rasgos en las numerosas cartas de Simón Bolívar (17831830; v.), toma impulso con las prosas de Juan Vicente González (1811-66), historiador apasionado, autor de una Alesenianas (elegías en prosa poética) y, en la misma línea del Facundo de Sarmiento (v.), de una Biografía de José Félix Ribas. La obra de González la continúa Félix Larrazábal (1817-73), recordado por haber escrito la primera biografía del Libertador (Vida de Bolívar, 1865). Representan la poesía romántica, durante la primera etapa del movimiento, José Antonio Maitín (1814-74), Abigail Lozano (1821-66) y Cecilio Acosta (181888), éste más estimado como maestro y pensador; durante la segunda, jacinto Gutiérrez Coll (1836-1903), Miguel Sánchez Pesquera (1851-1920) y Antonio Pérez Bonalde (1846-92; v.). Los libros de éste (Estrofas, 1877; Ritmos, 1880) representan el punto culminante de la poesía venezolana de esta época. Entre los narradores románticos encontramos a José Ramóri Yepes (1822-81), introductor del indigenismo con Anaida (1860).d. Realismo y naturalismo. La narrativa venezolana obtiene madurez con las obras El sargento Felipe (1889), novela histórica de Gonzalo Picón Febres (1860-1918), y Peonía (1890), novela de costumbres venezolanas, de Manuel Vicente Romero García (1865-1917). El uso de motivos románticos y realistas lo encontramos en Todo un pueblo (1899) de Miguel Eduardo Pardo (1868-1905), mas no en Julián (1888), ¿Idilio? y Pasiones (1895) de José Gil Fortoul (1861-1943), obras representativas de la novela naturalista, que había sido introducida en 1884 por Tomás Michelena con Débora. Otros novelistas son: Nicanor Bolet Peraza (1838-1906); Eduardo Blanco (18391912), más recordado por las prosas de Venezuela heroica que por la novela Zárate (1882), y Tulio Febres Cordero (1860-1938). Representan el teatro realista Simón Barceló (1873-1938) y Leopoldo Ayala Michelena (n. 1897).e. El modernismo. Sus precursores en V. son los poetas Gabriel E. Muñoz (1864-1908) y Andrés Mata (1870-1931); la culminación del movimiento llega con la llamada generación del 95, formada, entre otros, por los prosistas Pedro Emilio Coll (1877-1947), Luis Manuel Urbaneja Achelpohl (1873-1937), Manuel Díaz Rodríguez (1871-1927) y Rufino Blanco-Fombona (1874-1944; v.), cuyas obras aparecen en dos prestigiosas revistas, El Cojo Ilustrado (1802-1915) y Cosmópolis (1894-98). Díaz Rodríguez es el más importante modernista venezolano. Sus cuentos, novelas, crónicas,y ensayos, con los cuales la prosa en V. obtiene un alto nivel artístico, fueron recogidos en los libros Sensaciones de viaje (1896), Confidencias de Psiquis (cuentos y divagaciones, 1896), De mis romerías (1898), Cuentos de color (1899), ídolos rotos (novela, 1901), Sangre patricia (novela, 1902), Camino de perfección (ensayos, 1907), Sermones líricos (1908), Motivos de meditación (1918) y Peregrina (novela corta, 1922); el último contiene los cuentos Las ovejas y las rosas del padre Serafín, Égloga de verano y Música bárbara. Díaz Rodríguez, que tenía el título de doctor en Medicina, no ejerció la profesión; se dedicó a la Literatura y a la política; pasó largos años de su juventud en Europa; de vuelta a su patria, ocupó la secretaría de Relaciones Exteriores y las presidencias de los Estados de Nueva Esparta y Sucre; fue también ministro de V. en Italia. Tanto en las novelas como en los cuentos de Díaz Rodríguez encontramos los rasgos típicos de la narrativa modernista: el personaje aristocrático desarraigado, como en el caso de Alberto Solís, el joven escultor que vive en París (en la novela ídolos rotos), los estados de ánimo de los personajes al borde de la neurastenia, como en el caso de Tulio, el protagonista de Sangre patricia; el estilo elegante, laboriosamente trabajado, poético, rítmico, cuajado sde imágenes cromáticas; el escaso interés en el enredo, cuyo desarrollo es lento; el limitado diálogo, y el predominio de lo psicológico sobre lo dramático. Como autor ade crónicas y ensayos se distingue Díaz Rodríguez por la delicadeza y sensibilidad con que desarrolla los temas, lo mismo que las agudas observaciones que hace en torno a los problemas literarios y de arte en general.f. Posmodernismo y vanguardismo. En V. los posmodernistas no rompen por completo con la generación anterior; se conforman con suavizar los excesos del estilo modernista y con la introducción de nuevos temas, a veces de inspiración criollista o realista. Durante este periodo de transición entre el modernismo y el vanguardismo los escritores buscan con sinceridad la esencia venezolana, como es el caso de Rómulo Gallegos (18841969; v.), quien se inició como narrador en las páginas de la rev. La Alborada (1909) y cuya primera colección a de cuentos aparece en 1913; José Rafael Pocaterra (1889-1955), el autor de los Cuentos grotescos (1922); el poeta Andrés Eloy Blanco (1897-1955; v.); el ensayista y crítico Mariano Picón Salas (1901-65; v.), y los novelistas Teresa de la Parra (1890-1936) -autora de Las memorias de Mamá Blanca (1929), en las que pinta con simpatía la vida en una hacienda cerca de Caracasy Antonio Arraiz (1902-64), quien se inspira en el folklore y escribe cuentos como Tío Tigre y Tío Conejo (1945); su estilo es lírico (fue también poeta) en la novela Dámaso Velázquez (1943), reeditada bajo el título El mar es como un potro.Una generación intermedia entre los poetas posmodernistas y los vanguardistas es la generación del 18, a la cual pertenecieron Enrique Planchart (1894-1953), jacinto Fombona Pachano (1901-51) y José Ramón Heredia (n. 1900). Hacia 1925 surgen nuevas preocupaciones entre los escritores jóvenes, quienes rechazan la estética de sus precursores. A esta generación vanguardista renovadora de las letras pertenecen Arturo Uslar Pietri (n. 1906; v.); Miguel Otero Silva (n. 1908), poeta y novelista, autor de Casas muertas (1955), novela señera en el desarrollo de la nueva narrativa venezolana; Julián Padrón (1910-54), quien dio preferencia a las novelas de ambiente rural como Clamor campesino (1944), y Guillermo Meneses (n. 1911), novelista y cuentista de temas sociales en obras como El mestizo José Vargas (1942) y El falso cuaderno de Narciso Espejo (1952). Cultivaron con preferencia la poesía vanguardista los poetas del "Grupo Viernes", fundado por José Miguel Ferrer (n. 1906), y entre quienes se encontraban Luis Fernández Álvarez (1901-51), Pablo Rojas Guardia (n. 1909), Otto D’Sola (n. 1910), Oscar Rojas Jiménez (n. 1910) y Vicente Gervasi (n. 1913). Otra corriente poética, la nativista, la representan Alberto Arvelo Torrealba (n. 1904), Manuel Rodríguez Cárdenas (n. 1912), Arístides Parra (n. 1914) y Ernesto Luis Rodríguez (n. 1916). Cultivaron el teatro Ramón Díaz Sánchez (n. 1903), Lucila Palacios (n. 1902) y Luis Peraza (n. 1908).g. últimas promociones. Los poetas y narradores posvanguardistas, como en otros países hispanoamericanos, buscan una expresión de mayor alcance universal. Esta tendencia, que se manifiesta a partir de 1950, la encontramos tanto en el teatro y el ensayo como en la poesía y la narrativa. Las obras teatrales de Aquiles Certad (n. 1914), César Rengifo (n. 1916), Román Chalbaud (n. 1924), Rafael Pineda (n. 1926) e Isaac Chocrón (n. 1932) son representativas de esta nueva manifestación. Rengifo, en Manuelote (1954), trata el tema de la ambivalencia moral; Chalbaud, en Réquiem para un eclipse (1958), examina el problema de la desviación sexual; Chocrón, en Mónica y el florentino (1959), da expresión al tema de la soledad, tema que aparece también en la poesía de Ernesto Jérez Valero n. 1923), autor de La soledad del hombre (1956). Están también llenas de elementos nuevos las poesías de Luis Pastori (n. 1921), Alarico Gómez (n. 1922), Benito Raúl Losada (n. 1923) y José Ramón Medina (n. 1921). Éste publicó su primer libro, Edad de la esperanza, en 1947 y desde ese año su producción ha sido constante y de alto nivel poético (Textos sobre el tiempo, 1953; La voz profunda, 1954; En la reciente orilla, 1956; Memorias y elegías, 1960). Entre los ensayistas y críticos destacan los nombres de Juan Liscano (n. 1915), Pedro Díaz Seijas (n. 1921), Orlando Araujo (n. 1930) y Armando Navarro (n. 1942); entre los novelistas y cuentistas los de Oscar Guaramato (n. 1916), autor de relatos de realismo mágico (Biografía de un escarabajo, 1949; La niña vegetal y otros cuentos, 1956); Gustavo Díaz Solís (n. 1920), cuentista del grupo de la rev. Fantoches (1942) y autor de Cuentos en dos tiempos (1950) y Cinco cuentos (1963); Alfredo Armas Alfonzo (n. 1921), quien ya ha publicado cinco colecciones de cuentos, entre las que destacan Tramojo (1953) y Como el polvo (1967); Oswaldo Trejo (n. 1928), cuentista y novelista (Los cuatro pies 1948; Cuentos de la primera esquina, 1952; Depósito de seres, 1965); Salvador Garmendía,(n. 1928), fundador del grupo "Sardio", autor de las novelas Los pequeños seres (1959), Los habitantes (1961), Día de ceniza (1964) y La mala vida (1968), lo mismo que de los cuentos Doble fondo (1965); Adriano González León (n. 1931), autor de País portátil, premio Biblioteca Breve 1968.L. LEAL MARTINEZ.
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