Velasco Ibarra, José María
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Biografía GER
Escritor, catedrático y político, cinco veces presidente de la República del Ecuador, por lo que constituye caso singular no sólo en la historia de su país sino en la de Hispanoamérica. N. en Quito el 19 mayo 1893, cursó estudios en el Seminario y en el Colegio S. Gabriel de los jesuitas, habiéndose graduado de abogado en la Univ. Central de su ciudad. Luego de desempeñar cargos secundarios, se dedicó en la segunda década de este siglo al periodismo en el diario El Comercio, escribiendo sesudos artículos bajo el seudónimo de Labriole, que llamaron poderosamente la atención por su fuerza y fondo filosófico. Esta labor le mereció el ingreso en la Acad. Ecuatoriana de la Lengua, correspondiente de la Real Española. Nunca había tomado parte en la política, pero aparecía como independiente que propugnaba un retorno a las libertades conculcadas por el partido liberal radical, imperan te en el país desde la turbulenta época del general Alfaro. Al comenzar los a. 30, viajó a Europa, para realizar estudios y observaciones sobre la realidad educacional de Francia. Siguió cursos en algunos institutos de la Sorbona, y allí se encontraba cuando fue llamado al país por varios amigos que habían lanzado su candidatura a la diputación, haciéndole triunfar. Su palabra electrizó al Congreso Nacional; su oratoria vibrante y llena de imprecaciones, puesta de relieve al segundo año en la presidencia de la Cámara de diputados, se caracterizó por promover no sólo la caída de varios Gabinetes ministeriales, sino la del propio presidente Martinez Mera, al que fulminó con implacables dicterios.Con el apoyo del partido conservador con8iguió su primera presidencia en las elecciones de diciembre de 1933, venciendo a dos opositores de extrema izquierda. Como presidente electo realizó un histórico viaje al Perú, Bolivia, Chile y Argentina, en donde fue ovacionado por el pueblo y cordialmente recibido por los Gobiernos. Pese a su popularidad, no pudo gobetnar sino un año, pues en 1935, según él mismo diría luego, "se precipitó sobre las bayonetas" al pretender declararse dictador y no ser apoyado por el Ejército. En 1939 fue presentada nuevamente su candidatura bajo signo socialista, pero fue vencido por Carlos Alberto Arroyo del Río, al que la opinión señaló como fruto de nuevo fraude electoral. La oposición realizada bajo los auspicios de v. I., que desde el exilio dirigía sus dardos contra el presidente Arroyo del Río, originó el turbulento derrocamiento de éste, acusado de no haber logrado afrontar debidamente el grave conflicto armado con el Perú en 1941 y la suscripción en 1942 del protocolo de Río de Janeiro, que redujo notablemente el territorio ecuatoriano. V. I. regresó al país aclamado por el pueblo, como nadie lo había sido hasta entonces. Su gobierno, inicialmente bajo el signo de la extrema izquierda, se prolongó hasta 1947 bajo orientación derechista. No culminó su periodo cuadrienal, nuevamente derrocado, esta vez por su ministro de Defensa. En 1952 se presentó también como candidato y triunfó, en oposición a dos contendientes, uno apoyado por la izquerda y otro por la derecha. Este fue el único periodo que logró terminar, gracias al apoyo que después del triunfo le dio el partido conservador y el dirigente derechista Camilo Ponce Enríquez, su ministro de Gobierno y sucesor en 1956, con quien luego se distanció y al que sucedió, a su vez, en 1960, cuando fue elegido multitudinariamente para una cuarta administración. Pero también en esta vez fue derrocado, en 1961, por su nuevo lugarteniente, el líder izquierdista Carlos Julio Arosemena, al cual había hecho elegir vicepresidente de la República.
En 1968 se presentó otra vez, la sexta, como candidato, y volvió a triunfar, por quinta ocasión, sobre dos rivales, ambos ex presidentes, Ponce Enríquez y Córdova Nieto; comenzó a gobernar esta vez en alianza con su implacable y tradicional adversario el partido liberal radical. La anarquía izquierdista le obligó a clausurar el congreso y asumir poderes absolutos (21 jun. 1970). También tuvo que reprimir la sublevación militar de 31 mar . 1971. En 1972 fue derrocado por el general Guillermo Rodríguez Lara, que le sustituyó en la presidencia, exiliándose V.I. a Argentina. En las cuatro ocasiones anteriores que dejó la presidencia de la República fue exiliado del país, compulsiva o voluntariamente, y ha llevado una vida ascética como catedrático universitario en Colombia, Venezuela, Chile y Uruguay, pero sobre todo en Argentina. Sus campañas electorales han sido violentas, a veces regadas con sangre por sus opositores o por la característica "furia velasquista" de sus partidarios, y siempre agitadas por su oratoria fulminante, llena de apocalípticos denuestos, sobre todo contra quienes han ejercido la presidencia, es decir, sucesivamente, contra Martínez Mera, Córdova Nieto, Arroyo del Río, Plaza Lasso, Ponce Enríquez, Yerovi y Arosemena Gómez.
Todas sus presidencias se han caracterizado por su temperamento agresivo y maquiavélico; descontento de las leyes que le parecen insoportable freno, pero poseído de una capacidad de acción que ha contrastado sobre todo con la indolencia de los regímenes liberales; deseoso de instaurar efectivamente todas las libertades menos cuando éstas sirven a sus opoitores; rodeado siempre de una aureola de popularidad tumultuaria; enemigo acérrimo de las directivas de los partidos políticos para los que ha tenido acres censuras, pero cuyo apoyo ha buscado volublemente; preocupado, en fin, de las angustias del pueblo y de la búsqueda de mejores condiciones de vida para los desposeídos. Ha sabido imprimir en todas esas ocasiones una dinámica acción creadora en el Ecuador, manifestada en carreteras, puentes, edificios escolares, entidades de promoción y regadíos. A pesar de ello, el país ha vivido, bajo sus gobiernos, periodos de terrible túrbulencia, en parte causada por la beligerancia incontenible del propio presidente, pero sobre todo por la oposición de los sectores privilegiados. La parte más positiva en la acción de V. I. es la restauración de las libertades de sufragio, educación y culto; la abolición de la discriminación administrativa por ideas políticas y religiosas; el fortalecimiento del sentimiento nacional venido a menos a raíz del tratado de Río de Janeiro, cuya nulidad fue proclamada por V. I. en 1960; el respeto y protección a la Iglesia católica, y la fundación de centenares de escuelas, decenas de colegios, la Politécnica y la Univ. Católica de Quito. V. I. es una de las más sobresalientes figuras de la vida cultural del Ecuador y quizá la más controvertida personalidad política de la historia contemporánea de ese país.
Como pensador, ensayista, internacionalista, catedrático y polemista, en sus numerosos libros, escritos y discursos se halla un poderoso fondo de doctrina filosófica de inspiración cristiana, de acendrados sentimientos hispánicos, latinos e hispanoamericanistas, de humano sentido trascendente, que contrasta en forma notable con los avatares y la versatilidad de su actuación y simpatías políticas. Sólo Juan José Flores, García Moreno y Eloy Alfaro han gobernado más tiempo que él en Ecuador; los tres completaron diez años. La historia tardará en pronunciar su fallo sobre este ilustre hombre público, por la complejidad de los acontecimientos que ha protagonizado y por lo tempestuoso de su cambiante temperamento.
I. SALVADOR LARA.
BIBL. : G. I. BLANKSTEN, Ecuador: Constitutions and Caudillos, 2 ed. Nueva York 1964; R. ESTUARDO CORNEJO, Velasco, o el proceso de una revolución, Lima 1969.
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