Vejez. II. Sociología. SOCIOL.
Categoria:
Sociología
La v., que tiene un contenido propio y estático en su faceta fisiológica y psicológica (v. I), presenta también un contenido de gran interés cuando la observamos como un fenómeno humano que forma parte de marcos más amplios con los que se relaciona y en los que ocupa un status, tiene unos roles preestablecidos y presenta una problemática específica dentro de cada marco cultural concreto. Realidades como sociedad, cultura, organización o instituciones son las que hacen de la v. un fenómeno sociológicamente interesante, aunque por su contenido intrínseco aislado carezca de valor para la Sociología. Dentro de estos límites podríamos definir la v. como una categoría que se interrelaciona con otras en función de peculiaridades propias de cada cultura y cuyos valores, usos y costumbres determinan su status y caracterizan su papel social. Consecuentemente, la v. no tiene para la Sociología unas características universalmente aceptables. Mejor podríamos hablar de v. cultura como binomio inseparable de todo intento de comprensión social de este fenómeno.Vejez y cultura. El ethos que constituye el núcleo característico de valores que son fundamentales e irrenunciables para una cultura nos da en cada caso el status y, consecuentemente, el papel que a la v. toca desempeñar en cada situación cultural. Las diferencias de aprecio por la v. como categoría. social presentan variaciones muy considerables que pueden ir desde la inutilidad para una buena parte de las culturas aborígenes del norte de América hasta el máximo prestigio que representaba la ancianidad para otras subculturas de entre los propios pieles rojas o para los habitantes de grandes complejos culturales del Extremo Oriente. En la cultura occidental parece que la v. tiende a ocupar un status intermedio cuyas características esenciales sean el respeto, el afecto y la protección, más influida por los valores cristianos y por el precepto explícito del cuarto mandamiento que por una clara conciencia de su utilidad intrínseca y objetiva. Podríamos hablar dentro de nuestra cultura de un status de la v. que nos lleva a un papel social pasivo pero sin conciencia positiva de su utilidad en sí mismo. Es en efecto típica de nuestra cultura la sensación de soledad e inutilidad que experimentan con frecuencia los ancianos al dejar sus actividades productivas por el fenómeno de la jubilación, hasta el extremo de precipitar en ocasiones la muerte a partir de esta situación marginal de jubilados.Dentro de una misma cultura pueden apreciarse dife. rencias, a veces profundas, entre las diferentes subculturas regionales, de clase social, de nivel cultural. Las propias diferencias subculturales que representan el campo y la gran ciudad suponen igualmente diferencias importantes en el status y en el papel social de la vejez. En cualquier caso, y a pesar de diferencias apreciables dentro de la cultura occidental, parece que tiende a imponerse lo que antes decíamos, y que se corre el riesgo de una abierta discriminación por la edad, que empieza a presentar los primeros síntomas en la misma medida que se resquebrajan para la gran masa los valores trascendentes de dicha cultura. La v. se encuentra en plena evolución de su status y, según todos los indicios, con un fuerte descenso de su papel social. Debe tenerse en cuenta que esa se debe no sólo a la pérdida de valores morales o del sentido de la vida, sino también a fenómenos como el ritmo del cambio cultural o la composición de la pirámide de edades, etc. Las tendencias actuales en todas las sociedades que forman parte de la cultura occidental presentan en suma matices nuevos e incluso inéditos por lo que se refiere a la interrelación entre v. y cultura. La aceleración creciente de la forma de vivir en las sociedades desarrolladas está ampliando por lo demás el fenómeno de v., que empieza a tener vigencia y ser tenido como tal en etapas de la vida humana que hasta hace bien poco se consideraban como edades maduras. El enfrentamiento de generaciones, facilitado y popularizado por los medios de comunicación de masas, puede convertir la estratificación social por razón de edad en dos únicas categorías contrapuestas: v. y juventud.Vejez y prestigio. En muchas culturas el prestigio ha constituido la nota distintiva, el valor máximo y el mayor aprecio que la sociedad ha concedido a la vejez. El prestigio basado en la presunción de una experiencia adquirida a través de su paso por todas las etapas de la vida humana y de unas opiniones desapasionadas como consecuencia de una edad desinteresada, han permitido a la v. ejercer una autoridad de consejo, en algunos casos con un fuerte contenido de poder, que ha sido considerado beneficioso en alto grado para el equilibrio entre integración y cambio y para el sentimiento de seguridad colectivo. Como contrapartida, la v. ha significado, en muchos casos, un freno a los cambios y a la evolución necesarios, evitando fenómenos de difusión cultural. Esta característica de la v. como categoría social es la que deteriora su status y aminora su papel en sociedades fuertemente evolutivas como las que actualmente se nos presentan en las naciones que forman parte de la cultura occidental. La mayor parte de ellas ven en valores como progreso, cambio y desarrollo el ethas de una cultura. Este hecho supone para la v. una pérdida del prestigio que ha tenido en otras formas de vida, pérdida de prestigio que llega a su grado máximo en quienes la consideran como soporte de una tradición que se hace necesario superar y vencer para la imposición del cambio como forma permanente de progreso y vida. Los puntos fuertes y las cualidades por las que tiene prestigio la v. dejan de tener valor para una cultura que ponga sus ideales y sus fines sola, única y exclusivamente en lo nuevo, lo cambiante, lo intuitivo, lo inacabado, dando la espalda a los valores de tradición, estabilidad y prudencia política.Vejez y autonomía. El hecho de una autonomía no es propia a la v. que, por el contrario, requiere una necesidad de mayor apoyo y protección. Sin embargo, ha sido privilegio de la v., en la mayor parte de las sociedades avanzadas, el derecho a una cierta autonomía como pago por las aportaciones realizadas durante los años de actividad, de ejercicio de la autoridad (política, social, familiar, etc.), de responsabilidad socioeconómica y de rentabilidad social para la comunidad donde han vivido sus años de mayor energía y esfuerzo. Era normalmente la familia, especialmente en las sociedades con valores éticos fuertemente arraigados, la que garantizaba esta autonomía de la vejez. Este fenómeno social, aceptado, querido y mantenido durante muchos siglos, ha experimentado en los últimos tiempos un cambio radical en cuanto a su justificación y al responsable de su mantenimiento. El sostenimiento del anciano, que corría a cargo de la propia sociedad (especialmente en el marco de una familia extensiva), tiende a ser transferido a grandes instituciones dependientes o protegidas por el propio Estado. El garantizar la autonomía de la v. ha pasado a formar parte de la acción previsora del Estado. Esta realidad social de nuestro tiempo es resultado en parte del deteriora que sufre la sociedad civil cuando en lugar de hacer frente a sus propias y específicas responsabilidades - de acuerdo con un sano principio de subsidiariedad (v.) las abandona en manos del Estado. La familia ya no sabe o no quiere tomar sobre sus espaldas el costo económica y especialmente ’de sacrificio que supone garantizar por ella misma la autonomía de sus mayores. De aquí nace el nuevo fenómeno de una v. que debe, en gran parte, su autonomía a la acción tutelar, previsora y recaudadora del Estado.Conclusión y expectativas. La v. como categoría social tiene unos valores y unas características que dependen de su entorno cultural, de la necesidad que sienta una sociedad de sus aportaciones y de los valores predominantes. V. cultura es el binomio que permite su comprensión. La relación de la v. con el prestigio, la autonomía y otros conceptos sociológicos (anomía, cambio, integración) son determinantes del status y del papel que le sean confiados o exigidos en cada estadio cultural.En el cuadro actual de la cultura occidental, en gran parte consumista y utilitaria, la v. tiende a no ser valorada, ya que no se solicitan de ella aquellas aportaciones que puede ofrecer a la sociedad. El predominio de la "familia atómica" deja en muchos casos al Estado la atención de la vejez. Dada la evolución de toda cultura y la celeridad conseguida en los últimos tiempos para los cambios y deterioros culturales, tal vez no resulte demasiado arriesgado suponer que los valores de la v. volverán a tener un peso social importante, acrecentado por la longevidad creciente, en las próximas décadas, cuando pasen los movimientos de cambio y se dé paso a una nueva época de cohesión cultural.J. M. RUIZ ASENSIO.
BIBL.: H. BOUR, M. AUMONT, Le troisiéme áge, París 1969; v. también la bibl. de I.
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