Vazquez de Mella y Fanjul, Juan
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Biografía GER
Político y pensador español. Vida. N. en Cangas de Onís (Asturias) en 1861 y m. en Madrid el 26 feb. 1928. Se inicia en la vida pública después de la segunda guerra carlista Afiliado al carlismo, milita en él durante periodos importantes de su historia. Hace sus primeras armas (1887-90) en El Pensamiento Galaico, de Santiago de Compostela. Fundado en Madrid El Correo Español, se le llama a participar en este nuevo periódico, siendo elegido casi al mismo tiempo, cuando cuenta 29 años de edad, diputado a Cortes por Navarra, e iniciando así su carrera política propiamente dicha. Desarrolló desde entonces una intensa actividad parlamentaria, destacando siempre por su profundo pensamiento y por sus dotes oratorias. Su papel histórico fue, en este orden, el de renovar el carlismo, muy maltrecho desde el fracaso de 1876 y en manos de la corriente integrista. Con V. de M. el carlismo recobró prestigio, no sólo por su personalidad, sino también porque supo introducir aire fresco, sin desviarse de lo esencial. Así bajo la influencia de Balmes y de Donoso Cortés e inspirado especialmente por el francés Albert de Mun y las encíclicas de León XIII renovó el pensamiento carlista y le dio acentos sociales nuevos. Gracias a él se gestó la superación de los elementos integristas y la evolución del carlismo hacia puntos de vista políticos y sociales acordes con las realidades de su época. Actividad política. Destacó V. de M. no sólo como orador, sino como persona de dotes políticas, aunque rehusó dos veces sendas carteras ministeriales. Antes del desastre del 98 había criticado duramente la inmoralidad administrativa de Ultramar. Fomentó un sentimiento nacional de inspiración religiosa, como el único medio capaz de prestar algún aliento y posibilitar cierta moralidad pública en medio del pesimismo de la Restauración. Durante la I Guerra mundial, adoptó una posición germanófila, que contribuyó a equilibrar las opiniones contrarias, haciendo posible, de este modo, la neutralidad española; debe añadirse, dejando aparte las preferencias ideológicas, que su Rostura se inspiraba también en la consideración de los intereses nacionales. Tuyo asimismo una clara comprensión sociológica de la realidad del país, de modo que muchas de sus ideas -que podrían, a primera vista, parecer negativas- tenían su origen en aquélla. Así, p. ej., su crítica del sufragio universal: "un sufragio universal que produce un Parlamento al revés, es un sufragio completamente pervertido; es, más que un derecho, un entuerto, todo lo contrario del derecho". Denunció repetidas veces los procedimientos caciquiles típicos del sistema canovista, cuyo convencionalismo, inautentícidad y falsedad puso de relieve. Pensamiento político. Sin ser original, renueva el tradicionalismo , que presenta, no como un deseo reaccionario de restaurar el pasado y detener la historia, sino como la atención debida al peso de los usos, de las costumbres, de las creencias colectivas vivas, como el respeto a la vida social ya sus instituciones -asociaciones y gremios, municipios, familia, universidades- que fluyen espontáneamente y no como emanación de un Estado todopoderoso. Formula y desarrolla la doctrina de los "poderes intermedios". Se opone al Estado liberal de inspiración francesa y rousseauniana, que, dice, ha aniquilado todas esas instancias al convertirlas, si es que las conserva, en una prolongación suya. De ahí el absolutismo y la inestabilidad consustanciales, afirma, a ese Estado; a falta de los poderes naturales, el Estado liberal, dice, es corroído internamente por las apetencias de todos los grupos. De ahí el problema social: los débiles no pueden asociarse libremente para defenderse.No tiene V. de M. una clara conciencia del fenómeno del industrialismo teniendo a la vista más bien un organicismo corporativo propio de sociedad preindustrial, pero, como Donoso Cortés, advierte la gran revolución social que se está gestando al faltarle al pueblo cauces adecuados para su expresión. Afirma V. de M. que al Estado le corresponde la soberanía política, pero sostiene que ésta deriva de la soberanía social, es decir, de las entidades intermedias en las que realmente viven inmersos los individuos. Como estas sociedades intermedias son producto de la historia -a la que v. de M. concede gran importancia- su soberanía es la de la tradición. Tales son los ingredientes de lo que él llamó "sociedalismo". Su pensamiento, próximo al del liberalismo inglés al estilo de E. Burke (sus semejanzas profundas con J. H. p . Belloc, v ., resultan sorprendentes), está aún poco estudiado, pero puede constituir todavía una fuente de sugerencias teóricas y prácticas.
O. NEGRO PAVÓN.
BIBL. : Obras completas, 30 vol.. Madrid-Barcelona 1931-47 (con prólogos dedicados a glosar diversos aspectos de su ideario y actividad); Textos (selección de R. GAMBRA). Madrid 1953; Regionalismo y Monarquía (selección de S. GALINDO), Madrid 1956; R. GARCfA y GARCfA DE CASTRO, Vázquez de Mella. Sus ideas. Su persona, Granada 1940; CÁTEDRA VÁZQUEZ DE MELLA, Conferencias (textos de L. LEGAZ, E. FERNÁNDEZ ALMUZARA, R. BUIDE). Santiago de Compostela 1945; L. AGUIRRE PRADO, Vázquez de Mella, 2 ed. Madrid 1959; I. CA~MAÑO, Ver traditionalistische Staat bei Vázquez de Mella, "Archiv für Rechts und Socialphilosophie" 41 (1954-55) 247 55. ; I. M. VALIENTE, En el centenario de Vázquez de Mella, "Rev. de Estudios Políticos" 120 (1961) 55 55.; M. RODRÍGUEZ CARRAJO, Mella y su pensamiento social, "Estudios" XXVII (1971) 355-378.
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