Vaticano II, Concilio HIST.
Categoria:
Historia de la Iglesia
El XXI de los Concilios ecuménicos, convocado por el papa Juan XXIII (v.) y celebrado en la Ciudad del Vaticano. Se inauguró el 11 oct. 1962 y fue clausurado el 8 dic. 1965.1. El anuncio y la preparación de los trabajos conciliares. 2. La convocatoria oficial. 3. El Reglamento de los trabajos conciliares. 4. La primera etapa. 5. La segunda etapa. 6. La tercera etapa. 7. La cuarta etapa. 8. Documentos del Concilio.1. El anuncio y la preparación de los trabajos conciliares (25 en. 1959 a 30 mayo 1960). El 25 en. 1959, fiesta de la Conversión de S. Pablo y día en que se clausura el octavario por la unidad de los cristianos, Juan XXIII, al final de una ceremonia en la basílica de San Pablo Extramuros, comunicó a los cardenales presentes en aquel acto su designio de convocar un Concilio ecuménico. Al mismo tiempo, Juan XXIII pedía a los cardenales todas las sugerencias que les pareciesen oportunas para llevar a la práctica ese proyecto. Los cardenales ausentes de Roma fueron informados de la iniciativa pontificia mediante una carta del card. Tardini, Secretario de Estado, fechada el 29 de enero. Prácticamente todos manifestaron su adhesión a los deseos del Romano Pontífice, expresándole su convencimiento de que el futuro Concilio sería de gran importancia para la vida de la Iglesia.El 17 mayo 1959 Juan XXIII constituyó la Pontificia Comisión Antepreparatoria del Concilio, presidida por el card. Tardini y compuesta por los Asesores y Secretarios de los Dicasterios de la Curia Romana. Aunque el Romano Pontífice podía haber señalado por sí mismo los temas que serían objeto de estudio, Juan XXIII quiso que la Comisión Antepreparatoria consultase a todos los obispos del mundo para conocer con más detalle qué argumentos convendría tratar. El 18 jun. 1959, el card. Tardíni envió una carta a todos los arzobispos, obispos, abades y superiores generales de las órdenes y Congregaciones religiosas de la Iglesia, pidiéndoles sugerencias. La misma invitación se extendió más tarde a las Universidades Católicas, Facultades de Teología y Dicasterios de la Curia romana.El 77% de los interpelados enviaron respuesta. Este material fue catalogado por la Comisión Antepreparatoria, que extractó varios millares de proposiciónes en las que se condensaban, en pocas palabras, las propuestas formuladas. El 30 mayo 1960, con el Motu Proprio Superno Dei nutu, el Papa creaba 10 Comisiones y 3 Secretariados encargados de la preparación inmediata del Concilio. Las Comisiones eran las siguientes: Teológica, Obispos y gobierno de la Iglesia, Disciplina del clero y del pueblo cristiano, Religiosos, Disciplina de los sacramentos, Sagrada Liturgia, Estudios y Seminarios, Iglesias orientales, Misiones, y Apostolado de los laicos. Los Secretariados eran: Administrativo, Prensa y espectáculo, Secretariado para la unión de los cristianos. Algunos meses después se sumó a estos organismos una undécima Comisión, la del Ceremonial. Cada una de estas Comisiones y Secretariados estaba integrada por un Cardenal como Presidente y cierto número de miembros, designados por el Papa entre los eclesiásticos más ilustres de todo el mundo. En el vértice de estos organismos preparatorios estaba la Comisión Central, cuya misión era coordinar y supervisar el trabajo que se iba realizando. Presidida directamente por el Papa, que asistió personalmente a varias de sus reuniones, la Comisión Central estaba integrada por 74 miembros.El comienzo oficial de los trabajos preparatorios lo dio Juan XXIII el 14 sept. 1960, en la audiencia concedida a los componentes de los organismos preparatorios. A lo largo de dos años de actividad, las Comisiones y Secretariados elaboraron 75 esquemas o guiones én torno a diversas cuestiones de naturaleza doctrinal o disciplinar, que constituirían el punto de partida para los trabajos del Concilio. Todos estos esquemas fueron estudiados previamente por la Comisión Central preparatoria, que se reunió en siete sesiones a lo largo de un año. En estas sesiones generales, a menudo presididas personalmente por el Papa, la Comisión Central estudió los esquemas elaborados e impartió las indicaciones pertinentes. Como muchos esquemas necesitaban correcciones a fondo, y se daba con frecuencia el caso de que un mismo tema fuese afrontado en diversos documentos, el Papa creó dos Subcomisiones -la de Enmiendas y la de Materias mixtas- encargadas de modificar, de acuerdo con los criterios señalados en la Comisión Central, los esquemas que se entregarían a los Padres conciliares.El 12 jun. 1962 la Comisión Central preparatoria abrió su séptima y última reunión bajo la presidencia del card. Tisserant, en representación del Papa. El día 20, Juan XXIII intervino en la sesión de clausura y pronunció un discurso en el que resumía las etapas de la preparación del Concilio. Durante el mes de julio, algunos esquemas ya aprobados por la Comisión Central fueron enviados a los obispos, para que pudieran examinarlos y enviar observaciones.Esta preparación técnico-organizativa había estado acompañada de la oración de la Iglesia entera. Ya el 27 abr. 1959, pocos meses después de que la idea del Concilio se abriera paso en su mente, Juan XXIII invitó a todos los católicos a rezar por el Concilio ecuménico. La misma exhortación la repetiría en discursos y audiencias. Con la llegada del año 1962, ante la inminente convocatoria, el Papa redobló sus invitaciones a la oración y a la penitencia. El 6 en. 1962, con la exhort. apost. Sacrae Laudis, invitaba a todos las sacerdotes a rezar el Oficio divino en unión con el Sumo Pontífice. Poco después, con la epístola apost. Oecumenicum Concilium (29 abr. 1962), solicitaba al episcopado católico y a todos los fieles que ofrecieran sus oraciones durante el mes de mayo por el éxito del Concilio. Más tarde, con la enc. Poenitentiam agere (1 jul. 1962), de nuevo pedía oraciones y sacrificios. Lo mismo solicitaba de los religiosos, al día siguiente, con la carta Il tempo massimo. El 11 sept., un mes antes de la solemne apertura, dirigió un mensaje al mundo entero. El 4 oct., Juan XXIII peregrinó a Loreto y a Asís, para poner en manos de la Virgen el acontecimiento que se avecinaba.2. La convocatoria oficial. Cuando los trabajos preparatorios comenzaban a dar fruto, Juan XXIII convocó oficialmente el Conc. Vaticano II. La bula Humanae salutis lleva fecha del 25 dic. 1961, fiesta de la Natividad del Señor; en ella el Papa traza un breve cuadro de la situación del mundo, envuelto en guerras y apartado de Dios, y de la vitalidad perenne de la Iglesia. Después de resumir las etapas preparatorias, Juan XXIII convocaba "para el próximo año 1962 él ecuménico y general Concilio, que se celebrará en la Basílica Vaticana, en días que serán fijados según la oportunidad que la Providencia nos hará conocer". La indecisión de la fecha obedecía a la desigual andadura de los trabajos preparatorios; algunas semanas más tarde, el 2 feb. 1962, con el Motu Proprio Concilium, se concretaría en el 11 de octubre, fiesta de la Maternidad divina de María.El Concilio llevaría el nombre de Vaticano II, como se había decidido ya en 1959. Al principio se discutió si sería una continuación del Vaticano I (v.), interrumpido a causa de la guerra franco-prusiana, en 1870, sin que el Romano Pontífice hubiera decretado formalmente su disolución, o si más bien constituiría un nuevo Concilio ecuménico. El 17 jul. 1959, en una conversación con los Decanos de las Facultades teológicas de Roma, el card. Tardini anunció en forma privada que el Papa había decidido llamarlo Vaticano II. Así fue confirmado públicamente por Juan XXIII, el 8 dic. 1959, durante una homilía pronunciada en la Basílica de los Doce Apóstoles. De este modo se proponía destacar más claramente la independencia del nuevo Concilio con respecto al anterior; independencia y distinción que se ponía claramente de manifiesto por la diversidad de sus objetivos.¿Cuáles eran estos objetivos? En la ene. Ad Petri Cathedram (29 jun. 1959), primera de su Pontificado, Juan XXIII indicaba ya los principales objetivos que se proponía alcanzar el Concilio: "promover el incremento de la fe católica y una saludable renovación de las costumbres del pueblo cristiano, y adaptar la disciplina eclesiástica a las condiciones de nuestro tiempo". Más adelante, en la citada bula Humanae salutis (25 dic. 1961), el Papa fijaba tres objetivos fundamentales: dar una demostración de la vitalidad de la Iglesia en los tiempos actuales, favorecer la unidad de los cristianos separados de Roma, y ofrecer al mundo una ocasión de alcanzar la paz. Ideas semejantes expresaba en el radiomensaje que dirigió, un mes antes de la apertura, a los fieles de todo el mundo.En el discurso de apertura (11 oct. 1962) se señalaba el siguiente objetivo fundamental: "lo que principalmente atañe al Concilio ecuménico es esto: que el sagrado depósito de la doctrina cristiana sea custodiado y enseñado en forma más eficaz". Y más adelante, en el mismo discurso, Juan XXIII afirmaba claramente la índole pastoral de esta Asamblea de obispos: "siempre se opuso la Iglesia a los errores, y frecuentemente los condenó con la máxima severidad. En nuestros tiempos, sin embargo, la Esposa de Cristo prefiere usar de la medicina de la misericordia más que de la severidad...". Este carácter tan propio del Vaticano II se refleja en todos sus documentos (no hay ninguna definición solemne), y fue luego reafirmado explícitamente por la Comisión teológica a la horade exponer la calificación de las constituciones, decretos y declaraciones emanados por el Concilio.
3. El Reglamento de los trabajos conciliares. El 6 ag. 1962, el Santo Padre promulgó el Reglamento del Concilio, conjunto de normas que regularían su desarrollo. Al mismo tiempo nombró el Consejo de Presidencia, formada por diez cardenales, supremo organismo encargado de moderar los trabajos de la Asamblea; designó otros tantos purpurados como Presidentes de las diez Comisiones conciliares, encargadas de redactar los documentos que se someterían a la aprobación de los Padres, y nombró a los que ocuparían los cargos de Secretario general del Concilio, Secretario para los asuntos extraordinarios y Presidente del Tribunal administrativo.El Reglamento se compone de tres partes: la primera trata de las personas que participan en el Concilio o prestan cualquier tipo de colaboración en sus tareas; la segunda fija las reglas que deben observarse durante las sesiones; la tercera indica el modo de proceder en los trabajos.a) Personas participantes en el Concilio. A norma del CIC (can. 223) fueron llamados a formar parte del Concilio ecuménico los Cardenales, Patriarcas, Primados, Arzobispos, Obispos residenciales, Abades, Prelados nullius y Superiores de órdenes y Congregaciones religiosas clericales exentas. Los Obispos titulares (aquéllos que no poseen jurisdicción sobre ninguna diócesis) también fueron invitados al Concilio -como se hizo en el Vaticano I-, y gozaron de los mismos derechos y obligaciones que los demás miembros. Además, por indicación expresa del papa Juan XXIII, fueron llamados a participar en el Concilio los Superiores de las Congregaciones religiosas no exentas. Todas estas personas que tenían voz y voto en el Concilio -con y bajo el Papa- eran 2.693 cuando dio comienzo el Vaticano II, aunque su número varió en una u otra sesión por fallecimientos, imposibilidad física o moral de asistir, nuevos nombramientos... El día de la inauguración solemne faltaban la mayor parte de los obispos y arzobispos de los países dominados por el comunismo; a ellos se refirió Juan XXIII en la sesión de apertura.Otras muchas personas prestaban su colaboración para la buena marcha del Concilio, aunque en rigor no formaran parte de la gran Asamblea y no tuvieran, por tanto, ni voz ni voto en las deliberaciones: Secretario general, subsecretarios, maestro de ceremonias, traductores, notarios, escrutadores... Especial relieve tuvieron los peritos, es decir, los teólogos, canonistas y expertos en varias disciplinas, que estaban al servicio de los Padres conciliares para facilitar su trabajo. Además de los doscientos nombrados oficialmente, cada Padre conciliar podía recurrir a otros expertos de su confianza.b) Organismos. Como se ha dicho, la dirección del Concilio -bajo la suprema autoridad del Papa- estaba encomendada a un Consejo de Presidencia. Durante la primera etapa conciliar, este Consejo de Presidencia estaba formado por 10 cardenales, de diversas nacionalidades. Tras la muerte de uno de ellos, el card. Plá y Deniel, fueron incorporados tres más al Consejo de Presidencia, que quedó así compuesto por doce miembros. En la primera etapa del Concilio, este organismo tenía el encargo de presidir y moderar las Congregaciones generales, sucediéndose por riguroso turno cada uno de sus componentes en la dirección de las reuniones. Este encargo cesó con el segundo periodo del Concilio, cuando el nuevo Pontífice, Paulo VI, modificó el Reglamento introduciendo una nueva figura, la de los cuatro Cardenales Delegados o Moderadores -Agagianian, Lercaro, Doepfner y Suenensque regularon las tres últimas etapas del Concilio. El Consejo de Presidencia quedó entonces encargado de vigilar para que fueran observadas las normas establecidas en el Reglamento.Las reuniones de los Padres conciliares se escalonaban en, tres niveles distintos: a) Sesiones públicas, las más solemnes, presididas por el Papa, en las que los Padres expresaban su voto sobre los decretos previamente discutidos y aprobados en las Congregaciones generales. En total se celebraron diez sesiones públicas a lo largo del Concilio; b) Congregaciones generales, en las que los Padres examinaban y debatían juntos los textos o esquemas presentados por las respectivas Comisiones, hasta llegar a una formulación definitiva que se presentaba a aprobación en las Sesiones públicas. En total se celebraron 168 Congregaciones generales; c) Comisiones conciliares, encargadas de preparar o enmendar, según el parecer expresado por los Padres en las Congregaciones generales, los esquemas de los decretos o constituciones. Hubo diez Comisiones conciliares -con los mismos nombres y competencias que las anteriores Comisiones preparatorias-, que se reunían en sesiones de trabajo (ya plenarias, ya en forma de subcomisión) tantas veces como era necesario para redactar y enmendar los documentos. Al frente de cada Comisión había un Cardenal nombrado por el Papa, ayudado por uno o dos vicepresidentes, un secretario (elegido por el Presidente de la Comisión entre los peritos del Concilio) y un número variable de miembros (generalmente 25) y consultores. Los miembros (todos Padres conciliares) eran elegidos por el Concilio en sus dos terceras partes, mientras que el tercio restante era designado directamente por el Romano Pontífice.Al terminar la Primera Sesión o etapa, Juan XXIII promulgó unas normas que regulaban el trabajo de las Comisiones conciliares durante el periodo que iba a mediar entre la primera y segunda etapa del Concilio. Con el fin de asegurar que el trabajo de las Comisiones se desarrollara adecuadamente, el Sumo Pontífice instituyó una Comisión Coordinadora, que tuvo mucha importancia en el desarrollo posterior del Concilio ecuménico, pues logró acelerar notablemente el curso de los trabajos.c) Los observadores acatólicos. Los Concilios ecuménicos son una manifestación de la vida interna de la Iglesia, y por eso no pueden participar en ellos quienes viven fuera de la comunión católica. Pero un Concilio es una ocasión especial para invitar a la unidad a quienes se han separado de ella. Así, Pío IX, cuando convocó el primer Conc. Vaticano, invitó a los orientales y protestantes a acudir a él para volver a la unidad. Juan XXIII realizó un gesto parecido invitando como observadores a los representantes de las confesiones cristianas separadas de Roma. No tomaban, pues, parte activa en el Concilio, sino que eran, como queda dicho, observadores. En el Reglamento se especificaba que podían asistir a las Sesiones públicas y a las Congregaciones generales, pero que no tenían derecho ni a voz ni a voto. Tampoco podían asistir a las reuniones de las Comisiones conciliares sin el consentimiento de la legítima autoridad; y aunque podían referir a sus comunidades sobre el desarrollo de los trabajos conciliares, adquirían la obligación de guardar secreto con las demás personas.La invitación fue plenamente acogida por las diversas confesiones protestantes, que enviaron en seguida sus observadores, y encontró escaso eco entre las comunidades ortodoxas. En el primer periodo, sólo hubo representantes de la Ortodoxia rusa, copta y armenia; en los años siguientes, otras comunidades ortodoxas enviaron sus observadores al Concilio.d) Normas por las que se regulaban los trabajos del Concilio. Señalemos sólo las principales. La segunda parte del Reglamento establece que el latín es la lengua oficial del Concilio; sólo en el seno de las Comisiones se puede utilizar otro idioma, aunque sus conclusiones deben traducirse inmediatamente a la lengua latina. En cuanto al orden que debía seguirse en los trabajos del Concilio, se determina que cada esquema o proyecto de decreto es presentado ante la Congregación general por un relator designado por el Presidente de la Comisión que lo ha elaborado; los Padres que quieran dar su opinión lo harán por turno, en discursos breves, después de solicitarlo por escrito. Al final se votan las propuestas de enmienda; si son aceptadas, el esquema vuelve a la Comisión para ser corregido o rehecho, y ser sometido de nuevo al juicio de los Padres; si entonces tampoco es aprobado, deberá recorrer de nuevo el mismo camino. En cuanto a las fórmulas usadas en las votaciones, se establecen las siguientes: en las Sesiones públicas, en presencia del Sumo Pontífice, puede votarse placet (sí) o non placet (no); en las Congregaciones generales y en las Comisiones cabe una tercera modalidad, placet iuxta modum (sí, pero con modificaciones), y en este caso deberá explicarse por escrito el motivo de los cambios sugeridos. Por fin se establece que son necesarios los dos tercios de los sufragios para que un documento sea aprobado, salva siempre cualquier disposición del Romano Pontífice.4. La primera etapa (11 oct. 1962 a 8 dic. 1962). a) La solemne apertura. Tuvo lugar en la mañana del 11 oct. 1962, festividad de la Maternidad divina de María, en la basílica de San Pedro, y pudo ser seguida en cualquier lugar de la Tierra gracias a la televisión y a la radio. Junto a los dos mil Padres conciliares, estaban presentes muchas otras personas (cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, representaciones oficiales de casi todos los países del mundo, observadores acatólicos...). Ante la presencia del Papa, el card. Tisserant, Decano del Sacro Colegio, celebró una Misa de pontifical para invocar la asistencia del Espíritu Santo. Al final, el Santo Padre pronunció el discurso de apertura, con el que daba a los trabajos del Concilio.b) Las primeras reuniones. La primera Congregación general tuvo lugar el sábado 13 oct., y estaba consagrada a la elección de los miembros de las diez Comisiones conciliares. Se había previsto que una reunión bastaría, pero no fue así. El card. Liénart, arzobispo de Lille, tomó la palabra en nombre del episcopado francés pidiendo un retraso en la votación, para que los miembros de las diversas Conferencias episcopales pudieran consultarse entre sí antes de la elección. Diversos Padres conciliares se adhirieron, en vista de lo cual el Consejo de Presidencia levantó la sesión. El martes 15 octubre se reanudó la elección; en la Congregación general del 20 oct. se supo al fin quiénes eran los 160 Padres elegidos. En esa misma reunión se aprobó un Mensaje del Concilio al mundo, inspirado en el discurso de apertura pronunciado por Juan XXIII y en el que los Padres conciliares recordaban el amor de Dios por los hombres y la constante preocupación de la Iglesia frente a las necesidades humanas.c) El trabajo de la primera etapa. Si en un primer momento alguien pensó que el Concilio despacharía su trabajo en pocos meses, la marcha de la primera sesión cambió en seguida tales optimismos. En efecto, de los 69 esquemas preparados anteriormente y aprobados en línea de principio por la Comisión Central, sólo cinco (Liturgia, Revelación, medios de comunicación social, unidad de los cristianos, Iglesia) llegaron a estudiarse en sede de Congregación general, y ninguno había sido aprobado al finalizar la primera etapa del Concilio. Los Padres no se limitaron a dar el visto bueno a lo que se les presentaba: estudiaron los temas, los modificaron a veces radicalmente, rechazaron otros que no parecían convenientes, etc.Al esquema sobre la liturgia (v.) fueron consagradas quince Congregaciones generales. Fue el que los Padres estudiaron más a fondo, sobre todo el capítulo primero, que es el más importante. Después de la discusión general y de haber sido reelaborado, este capítulo primero fue sometido a votación definitiva en la última Congregación general (7 dic. 1962) y obtuvo una aprobación casi unánime.El esquema sobre las fuentes de la Revelación comenzó a estudiarse el 13 de noviembre. Tuvo una vida breve, pues el día 20 el Papa decidió retirarlo y confiarlo al estudio de una Comisión mixta, para que lo reelaborase y lo presentara en la siguiente sesión. Se había levantado contra este esquema una dura oposición; se le tachaba de ser demasiado escolástico y de haber sido redactado en clave apologética, olvidando el aspecto pastoral. Algunos obispos centroeuropeos hicieron incluso circular un nuevo esquema con la pretensión de que sustituyera al que había sido preparado oficialmente. Aun sin negar la validez de algunas de las observaciones críticas que contra ese esquema se hacían, hay que reconocer que detrás de ellas se escondía en ocasiones el designio de provocar un giro poco claro en el desarrollo de la teología católica.El esquema sobre los medios de comunicación (v.) social (prensa, radio, televisión, cine, espectáculos) se estudió en tres días. En sus intervenciones, los Padres insistieron en que los medios de comunicación son campo especialmente apto para el apostolado de los seglares y en que deben aprovecharse para evangelizar a la sociedad. Al final, se aprobó sustancialmente el esquema propuesto y se pedía al Santo Padre la institución de una Comisión permanente para los medios de comunicación social.El cuarto esquema tratado fue el de la unidad de los cristianos. Bajo el título Ut omnes unum sint, se había redactado un guión que se refería exclusivamente a las relaciones con las comunidadgs cristianas ortodoxas; no se mencionaban las confesiones nacidas de la reforma protestante. Los Padres conciliares decidieron que este esquema se redactase de nuevo, formando un solo documento con otro proyecto que estaba previsto sobre el ecumenismo y con el capítulo sobre el mismo tema que estaba previsto en el esquema de la constitución dogmática sobre la Iglesia.El 30 nov. comenzó el estudio del esquema sobre la Iglesia, que sería el documento más importante del Vaticano II. Constaba de once capítulos con un total de 122 páginas, en los que se estudiaba la naturaleza y miembros de la Iglesia militante, el episcopado, los llamados estados de perfección, los laicos, el magisterio y el gobierno en la Iglesia, las relaciones entre la Iglesia y el Estado, la evangelización y el ecumenismo. A nadie se le ocultó que, dado el poco tiempo disponible, era imposible llegar a un voto definitivo; se trataba más bien de recoger orientaciones precisas de los Padres, con vistas a una nueva redacción. En la mente de muchos, la tarea del Vaticano II debía ser fundamentalmente eclesiológica, y debería completar lo que el Vaticano I dejó sin terminar por causas ajenas a la voluntad de los Padres, es decir, completar la doctrina sobre el Primado e infalibilidad del Romano Pontífice, ya definida en 1870, con el estudio del episcopado y de la naturaleza íntima de la Iglesia. Las intervenciones de los Padres pusieron de relieve varios puntos que deberían ser destacados más claramente: aspecto espiritual y místico de la Iglesia, misión respectiva de los sacerdotes y de los laicos, relaciones de la Iglesia con el mundo, primado del Romano Pontífice y colegialidad episcopal... Los grandes temas que serían afrontados en las sesiones sucesivas estaban ya sobre el tapete.5. La segunda etapa (29 sept. 1963 a 4 dic. 1963). a) El periodo de ínter-sesión. Los meses que transcurrieron entre la primera y segunda eapa son importantes por dos motivos: la ya mencionada creación de una Comisión Coordinadora y el fallecimiento de Juan XXIII el 6 jun. 1963. Un grave interrogante se planteaba: ¿continuaría el Concilio? El 21 jun., el Cónclave eligió como Papa al card. Montini, arzobispo de Milán, que tomó el nombre de Paulo VI. Al día siguiente, en su primer radiomensaje al mundo, el nuevo Papa desvanecía todas las dudas: "la parte preeminente de nuestro Pontificado estará ocupada por la continuación del Concilio ecuménico", declaró. Con la carta Horum tempora signa (14 sept. 1963), convocó a los Padres conciliares en Roma para el 29 del mismo mes, fecha en que se reanudarían los trabajos. En la carta Quod apostolici muneris (12 sept. 1963), dirigida al card. Tisserant, el Papa hacía públicas algunas modificaciones al Reglamento (la más importante la ya mencionada creación de los cuatro Cardenales Moderatores), al tiempo que anunciaba la disminución del número de esquemas: los 69 elaborados por las Comisiones preparatorias habían quedado reducidos a 17 y fueron redactados de nuevo totalmente, según el siguiente criterio: exponer los principios generales, dejar aparte las cuestiones más detalladas y tener en cuenta el carácter pastoral del Vaticano II.b) El trabajo de la segunda etapa. Sólo dos documentos llegaron a ser promulgados en el curso de esta etapa: la Const. sobre la Sagrada Liturgia, cuyo capítulo 1° ya había sido aprobado en el periodo anterior, y el Decreto sobre los medios de comunicación social, que fue muy combatido y recibió mayor número de votos contrarios que cualquier otro documento del Concilio. Los dos fueron promulgados por Paulo VI en la III Sesión pública, el 4 de diciembre, fecha de la clausura de la segunda etapa.Todo el mes de octubre se dedicó al estudio del esquema sobre la Iglesia. Por escasa mayoría, los Padres decidieron que a él se incorporara el esquema sobre la Virgen María, que también había sido preparado. Las discusiones se estancaron en el capítulo 3°, dedicado a la estructura jerárquica de la Iglesia y especialmente al episcopado. Ante la presencia de dos tendencias netamente contrastantes en torno a la colegialidad episcopal y a la conveniencia de restaurar el diaconado, la Comisión correspondiente decidió elaborar cinco preguntas concretas y las sometió a votación el 30 de oct., a fin de obtener así unos criterios claros que sirvieran de orientación para redactar de nuevo ese capítulo.La primera quincena de noviembre se dedicó al estudio del proyecto de Decreto sobre los Obispos y el gobierno de las diócesis, que los Padres habían recibido el 22 de abril. Hubo muchas intervenciones y enmiendas, que indicaban claramente la necesidad de reelaborar el esquema. La Comisión Coordinadora indicó que debería sintetizarse y fundir con el esquema sobre la cura de almas, que ya había sido redactado.La segunda parte de noviembre se centró en torno al tema del ecumenismo. Una Comisión mixta había preparado un esquema en cinco capítulos que agrupaba tres proyectos anteriores preparados por tres Comisiones distintas. El Concilio estudió sólo los tres primeros capítulos; los otros dos, distribuidos en la vigilia de la apertura, se estudiarían más tarde por separado, dando origen a las declaraciones sobre la libertad religiosa y las religiones no cristianas. Pero tampoco el decreto sobre el ecumenismo llegó a puerto en esta etapa. Hubo una aprobación genérica del texto: serviría como base de trabajo para una nueva elaboración, que habría de hacerse teniendo en cuenta las numerosas observaciones de los Padres.Otros proyectos fueron presentados en el Aula, pero no fue posible estudiarlos en esta segunda etapa: el decreto sobre el apostolado de los seglares y las dos declaraciones desglosadas del esquema sobre el ecumenismo.6. La tercera etapa (14 sept. 1964 a 21 nov. 1964). a) El periodo de inter-sesión. En el discurso de clausura de la segunda etapa, Paulo VI enumeró los trabajos que esperaban al Concilio en el periodo siguiente. A mediados de enero 1964, la Comisión Coordinadora decidió reducir siete de los esquemas previstos a la categoría de simples proposiciones, destinadas a ser votadas por el Concilio sin previa discusión, e impartió a las Comisiones interesadas las indicaciones pertinentes. Muchos vieron en esta decisión la señal de que el Concilio debería terminar con la tercera etapa, pues se alargaba demasiado. Pero el Papa, en su discurso a la Conferencia episcopal italiana (14 abr.), no convalidó esta opinión: "se ha querido activar y hacer más eficaces los trabajos del Concilio -dijo-, sin imponerle límites ni decisiones".En mayo, Paulo VI anunció la creación de un Secretariado para los no cristianos y en agosto publicaba la encíclica Ecclesiam suam, sobre las vías que debe seguir la Iglesia en el cumplimiento de su misión; así se marcaba el rumbo al esquema sobre la Iglesia, que el Concilio estaba discutiendo desde sus primeros momentos. Aunque no se fijaba límite de tiempo, el programa de este periodo se había concebido de manera que pudiese ser el último. La agenda de trabajo estaba ocupada por trece esquemas: algunos ya habían sido bastante tratados en las sesiones anteriores (la Iglesia, la Revelación, la función de los obispos, el ecumenismo); otros, siguiendo las precisas indicaciones de la Comisión Coordinadora, habían sido reducidos a pocas proposiciones que podrían votarse sin discusión (Iglesias católicas orientales, misiones, religiosos, sacerdotes, apostolado de los laicos, formación sacerdotal, escuelas católicas). Había también un texto sobre el matrimonio, que se pasaría a la Comisión para la reforma del Código de derecho canónico, y un proyecto de constitución (esquema XIII, por el puesto que ocupaba en esta nueva lista) sobre la misión de la Iglesia en el mundo actual, que era el resultado de la unificación de varios esquemas elaborados anteriormente.b) Los trabajos de la tercera etapa. Este periodo fue uno de los más vivaces de todo el Concilio, aunque al final sólo tres nuevos documentos llegaran a ser promulgados. En los primeros días se acabaron de estudiar los dos últimos capítulos del esquema sobre la Iglesia, e inmediatamente comenzaron las votaciones. De nuevo se encendió la discusión a propósito de la colegialidad (v.) episcopal y del posible acceso al diaconado de hombres casados. El 21 de septiembre hablaron dos oradores exponiendo las razones en favor de cada opinión ante la Asamblea de los Padres. El 16 de noviembre, la Secretaría General comunicó al Concilio, "de parte de la Autoridad Superior", tres notificaciones: 1) garantía de que el Reglamento había sido plenamente respetado; 2) calificación teológica del esquema sobre la Iglesia; 3) nota explicativa previa, que se incorporaba al texto de este esquema de Constitución, sobre el sentido exacto de las palabras y la doctrina contenida en el capítulo III. Los Padres deberían dar su voto definitivo a la luz de esta notificación, Tres días después, el esquema sobre la Iglesia fue aprobado.A mediados de octubre se estudió el esquema sobre las Iglesias orientales católicas, aprobado en noviembre después de algunas reformas en su segunda parte. Por las mismas fechas se procedió a la votación del nuevo texto sobre el ecumenismo, elaborado de acuerdo con las observaciones hechas el año anterior. Poco antes de la votación definitiva se introdujeron 19 enmiendas, añadidas por mandato de la Autoridad Superior para mayor precisión del texto.Los demás esquemas previstos en la agenda del Concilio no pudieron llegar a puerto en esta etapa. El decreto sobre los obispos recibió muchas nuevas sugerencias de mejora en las votaciones, que hacían necesaria una nueva redacción. El esquema sobre los religiosos, presentado por vez primera en el Concilio, recibió un verdadero alud de modos o enmiendas razonadas: unos catorce mil; también debería redactarse de nuevo. Algo parecido sucedió con los proyectos sobre la formación sacerdotal, la educación cristiana, el apostolado de los laicos, las misiones y las religiones no cristianas. La misma suerte tocó al esquema sobre los presbíteros: a los Padres conciliares no les gustó que hubiese sido reducido, por mandato de la Comisión Coordinadora, a sólo diez breves proposiciones, y solicitaron que fuera más ampliamente desarrollado el tema de la vida y el ministerio de los sacerdotes. La Cómisión correspondiente agradeció la petición, reelaborá y amplió el esquema, y pudo distribuirlo ya a los Padres en la víspera de la clausura, el 20 nov., para que pudiesen estudiarlo a fondo en el periodo de inter-sesión.El esquema sobre la Revelación, que se había discutido ampliamente en la primera etapa y que no fue presentado en Aula durante la segunda, hizo por fin su aparición pública. En el seno de la Comisión mixta que redactó el nuevo texto se había producido una profunda división de opiniones en torno al tema de las fuentes de la revelación, de capital importancia en vistas del ambiente ecuménico que había ido tomando el Concilio. Por esto, hubo dos relaciones introductorias: una por parte de la mayoría y otra de la minoría. La discusión se prolongó durante la primera semana de octubre. Al final de este periodo estaba listo el nuevo texto enmendado, pero ya no fue posible examinarlo.Uno de los debates más movidos fue el relacionado con el esquema acerca de la libertad religiosa, que se había desglosado del primitivo proyecto sobre el ecumenismo. En el curso de las discusiones, se manifestó una clara divergencia de pareceres entre los Padres de países de mayoría católica y los demás. El documento debería ser, por tanto, redactado de nuevo. Por deseo del Papa, lo reelaboraría una Comisión mixta formada por miembros del Secretariado para la unión de los cristianos y de la Comisión sobre la doctrina de fe y costumbres. El nuevo texto fue distribuido el 17 de nov., anunciándose la votación para dos días más tarde. Bastantes Padres recurrieron en contra, alegando que se trataba de una redacción totalmente distinta de la anterior y que, por tanto, antes de proceder a las votaciones debería discutirse de nuevo. El Consejo de Presidencia aprobó esta propuesta, a tenor del Reglamento, aunque algunos cientos de Padres elevaron una súplica al Romano Pontífice pidiéndole que autorizase la inmediata votación del documento. El Papa confirmó la decisión del Consejo de Presidencia, señalando además la necesidad de respetar la libertad de los Padres, que no debían pronunciarse en asunto tan delicado sin antes haber estudiado bien el texto.El último documento estudiado en esta etapa fue el esquema sobre la Iglesia en el mundo actual. Elaborado por una Comisión mixta desde 1963, después de sucesivas reformas fue distribuido a los Padres en jul. de 1964 y discutido en el Aula casi al final de la tercera sesión. Ya estaba claro que el Concilio debería reunirse una vez más, y también este documento quedó para el siguiente periodo. El 21 nov. Paulo VI clausuraba la tercera etapa del Concilio. En la V Sesión pública, celebrada con este motivo, fueron promulgados los tres documentos aprobados por los Padres: la constitución dogmática sobre la Iglesia y los decretos sobre las Iglesias orientales católicas y el ecumenismo.7. La cuarta etapa (14 sept. 1965 a 8 dic. 1965). En el discurso de apertura, Paulo VI se refirió al Concilio como triple acto de amor: hacia Dios, hacia la Iglesia y hacia el mundo. Al día siguiente, con el Motu proprio Apostolica sollicitudo, instituía el Sínodo de Obispos, nuevo organismo de colaboración de los obispos en la función primacial del Romano Pontífice, que había sido solicitado por algunos Padres conciliares. La agenda de trabajo estaba muy cargada; así se explica el ritmo de esta cuarta etapa, que conoció momentos de grave tensión ante la imposibilidad casi física de redactar definitivamente algunos textos.En la VII Sesión pública (28 oct. 1965) fueron promulgados cinco nuevos documentos ya aprobados por los Padres en las semanas anteriores: decretos sobre los obispos, religiosos y la formación sacerdotal, y declaraciones sobre la educación y las religiones no cristianas. En la VIII Sesión pública (18 nov. 1965) recibieron la aprobación definitiva otros dos esquemas: apostolado de los laicos y Revelación. Quedaban aún cuatro documentos, y el Concilio se aproximaba hacia su fin, fijado para el 8 de diciembre.El esquema sobre las misiones obtuvo la aprobación general el 30 nov., después de haber sido estudiado y votado durante los dos meses anteriores. El esquema sobre la libertad religiosa, que tanto revuelo levantó en la sesión anterior, fue el primero que se comenzó a estudiar en este periodo (15 a 22 sept.), pero otra vez originó una gran división de pareceres: unos subrayaban el buen servicio que esta declaración prestaría a la tarea ecuménica, y deseaban que se aprobara a toda costa; otros estaban más preocupados por la salvaguardia de la doctrina católica sobre la verdadera religión, que veían comprometida en algunos puntos del proyecto. Así se llegó a un punto muerto. Gracias a la intervención personal del Papa, el 21 oct. se sometió a votación el entero esquema, como "base de la definitiva declaración, que habrá de perfeccionarse ulteriormente, de acuerdo con la doctrina católica sobre la verdadera religión, y según las enmiendas propuestas por los Padres". La votación fue positiva, y la Comisión mixta procedió a elaborarlo de nuevo. Es significativo que, a partir de este momento, se añadieron unas palabras al subtítulo de esta declaración (señaladas aquí en cursiva), que delimitaban el campo de la libertad religiosa: "De iure personae et communitatum ad libertatem socialem et cívilem in re religiosa". El nuevo texto fue votado a finales de octubre, y aun entonces recibió numerosas enmiendas. Por fin fue aprobado el 19 de noviembre.El esquema sobre los sacerdotes fue estudiado en el Aula conciliar durante la segunda quincena de octubre, después de haber atendido a las numerosas observaciones de los Padres llegadas durante el año anterior, y a las sugerencias dadas por párrocos y expertos a los que la Comisión correspondiente había pedido su parecer. Antes de que comenzara a estudiarse en Aula el esquema, corrió la voz de que -contra la opinión de la inmensa mayoría de los Padres, que habían solicitado por escrito a la. Comisión que fuese claramente reafirmado el valor del celibato sacerdotal- algunos pensaban tocar este tema de manera polémica, para realizar así una cierta presión psicológica a través de la prensa; pero el 10 oct. intervino el Papa, haciendo saber que "no es oportuno un debate público sobre este tema, que exige suma prudencia y es de tan grande importancia"; al tiempo que manifestaba su propósito de conservar y reforzar en la Iglesia latina la observancia de esta antigua ley eclesiástica. El 12 nov. se presentó el texto enmendado del esquema, y a primeros de diciembre obtuvo la aprobación de los Padres.Quedaba sólo el esquema XIII, sobre la Iglesia en el mundo actual. Teniendo en cuenta las mimerosísimas observancias orales y escritas expresadas por los Padres en la tercera sesión y en los meses siguientes, la Comisión mixta encargada de elaborarlo se dio de lleno a la tarea. Pidió la ayuda de otros Padres y solicitó la cooperación de peritos laicos. El texto presentado en el Aula era totalmente distinto al anterior y mucho más largo. El debate fue vivacísimo, por la escasez de tiempo y por la actualidad de los temas: el matrimonio, la familia, la comunidad política, el ateísmo, el hambre en el mundo, la guerra... Por esos días tuvo lugar la visita del Papa a las Naciones Unidas (4 oct.), donde leyó un discurso -recogido luego entre las Actas del Concilio- que trataba bastantes de los mismos temas del esquema conciliar. El estudio del esquema en el Aula se prolongó hasta el 8 de oct., y las votaciones hasta el 17 de nov. El Papa se reservó la facultad de decidir por sí mismo en algunas cuestiones, como las relacionadas con el matrimonio y la natalidad, después de escuchar las opiniones de una especial comisión de estudio que se instituiría al efecto.Tras una agotadora lucha contra el tiempo, la Comisión mixta pudo presentar a los Padres el texto definitivo del esquema XIII, después de haber examinado y respondido a los numerosos modos presentados. El 6 dic., última Congregación general, se aprobó la constitución sobre la misión de la Iglesia en el mundo actual.Al día siguiente,, 7 dic., se celebró la IX Sesión pública, bajo la presidencia del Santo Padre, en la que fueron definitivamente aprobados y promulgados los cuatro últimos documentos emanados por el Concilio: decretos sobre la actividad misional de la Iglesia y sobre el ministerio y vida de los presbíteros, declaración sobre la libertad religiosa y constitución pastoral sobre la Iglesia en el mundo moderno. Antes de la Misa se leyó una declaración común, en la que Paulo VI y el Patriarca Atenágoras de Constantinopla consagraban al olvido los acontecimientos que culminaron en el año 1054 con el cisma griego.La ceremonia de clausura del Vaticano II tuvo lugar en la mañana del 8 de dic., festividad de la Inmaculada Concepción, con una solemne Misa celebrada por el Papa en la Plaza de San Pedro. Después fueron leídos los mensajes del Concilio a diversas categorías de personas. El acto terminó con la lectura del breve In Spiritu Sancto, con el que se clausuraba el Concilio ecuménico Vaticano II.8. Documentos del Concilio. a) Naturaleza. La finalidad pastoral del Concilio, expresada ya por Juan XXIII en la encíclica Ad Petri cathedram, puso un interrogante sobre la calificación teológica de la doctrina expuesta en sus diferentes documentos. La notificación de la Secretaría general del Concilio antes de proceder a la votación definitiva de la Constitución sobre la Iglesia aclaró este tema. "Como salta a la vista -se dice- el texto del Concilio debe interpretarse siempre de acuerdo con las normas generales de todos conocidas"; es decir, "solamente han de mantenerse como materia de fe o costumbres aquellas cosas que él declara manifiestamente como tales. Todo lo demás que el Santo Sínodo propone, por ser doctrina del Magisterio supremo de la Iglesia, debe ser recibido y aceptado por todos y cada uno de los fieles de acuerdo con la mente del Santo Sínodo, la cual se conoce bien por el tema tratado, bien por el tenor de la expresión verbal, de acuerdo con las reglas de la interpretación teológica".No habiendo en los textos del Vaticano II ninguna definición dogmática (pues no era su intención proponer ninguna nueva verdad de fe), sus enseñanzas no bstán revestidas de la prerrogativa de la infalibilidad. Sin embargo, constituyen actos del magisterio solemne y exigen de todos los fieles una adhesión interna y externa. Ese obsequio admite diversos grados según la importancia atribuida por el Concilio a cada uno de sus documentos. Las Constituciones dogmáticas ocupan el vértice de esa escala; en ellas se exponen principios de carácter dogmático, que en muchas ocasiones han sido ya propuestos infaliblemente por la Iglesia, o se enuncia una doctrina firmemente arraigada. Los Decretos se orientan sobre todo a poner en práctica los principios generales asentados en las Constituciones (gobierno de las diócesis, vida y ministerio de los sacerdotes, renovación de la vida religiosa, apostolado de los seglares, etc.). Las Declaraciones pretenden sólo iluminar desde el punto de vista de la doctrina cristiana algunas cuestiones de especial actualidad. La Constitución pastoral Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, constituye un tipo de documento intermedio entre las Constituciones dogmáticas y los Decretos.b) Breve descripción. La Const. dogm. Lumen gentium es el documento más importante emanado por el Concilio, y enlaza con la exposición doctrinal sobre la Iglesia (v.) iniciada por el Vaticano I en la Const. Pastor aeternus. Tras exponer el carácter íntimo del misterio de la Iglesia (cap. 1), aborda el tema de los miembros de la Iglesia (cap. 2) enseñando la igualdad radical de todos los fieles, que por el Bautismo son incorporados al Cuerpo Místico de Cristo. Se detiene luego en la exposición de la doctrina sobre la constitución jerárquica de la Iglesia y particularmente sobre el oficio de los obispos (cap. 3), esclareciendo la doctrina sobre la sacramentalidad del episcopado, su potestad y función en el seno de la Iglesia, y las características del Colegio episcopal (v. OBIspos). Luego trata de esa gran porción del Pueblo de Dios que son los laicos (cap. 4), señalando su misión específica en la Iglesia, y enseña que todos los fieles están llamados a alcanzar la santidad (v.), en lo cual consiste la perfección de la vida cristiana (cap. 5). Los siguientes capítulos tratan de los religiosos (cap. 6), la índole escatológica de la Iglesia peregrina y su unión con la triunfante (cap. 7), y el lugar de la Virgen Santísima en la Iglesia (cap. 8). Este documento mariológico, el más amplio emanado por el Magisterio solemne, señala la misión de la Madre de Dios en la economía de la salvación. Al promulgar solemnemente esta Constitución, Paulo VI quiso proclamar a María Madre de la Iglesia.La Const. dogm. Dei Verbum, sobre la divina revelación, consta de un proemio y seis capítulos en los que se trata de la Revelación (v.) en sí misma y su transmisión, la inspiración de la S. E., su interpretación, las características del A. y N. T. y el papel de la Biblia en la vida de la Iglesia. La principal aportación de este documento es subrayar la estrecha unidad que existe entre Escritura, Tradición y Magisterio de la Iglesia.La Const. Sacrosanctum Concilium, sobre la Liturgia (v.), dicta los principios generales en que se debe basar toda renovación litúrgica; en ella han tenido su origen las reformas realizadas en estos últimos años, a veces más profundas -aunque quizá no más prudentes- de lo que el mismo Concilio autorizaba.La Const. past. Gaudium et spes, sobre la Iglesia en el mundo actual, consta de dos partes. La primera es una exposición de la doctrina católica sobre la dignidad de la persona, la colectividad humana, el trabajo y la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo. En la segunda parte se enuncian los principios que deben regir algunas cuestiones concretas: dignidad del matrimonio y de la familia, la cultura, la vida económico-social, la comunidad política y la promoción de la paz.Los demás documentos conciliares -a excepción del Decreto Inter mirifica sobre los medios de comunicación social, que enlaza con la Gaudium et spes- desarrollan la doctrina de la Lumen gentium en algunos puntos particulares: el Decr. Christus Dominus, sobre el oficio pastoral de los Obispos; el Presbyterorum ordinis, sobre el ministerio y vida de los presbíteros; el Optatam totius, sobre la formación sacerdotal; el Perfectae caritatis, sobre la renovación de la vida religiosa; el Apostolicam actuositatem, sobre el apostolado -de los laicos; el Orientalium Ecclesiarum, sobre las Iglesias orientales católicas; el Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia; el Unitatis redintegratio, sobre el ecumenismo; la Declaración Dignitatis humanae, sobre el derecho de la persona y de las comunidades a la libertad social y civil en materia religiosa; la Gravissimum educationis, sobre la educación cristiana de la juventud, y la Nostra aetate, sobre las relaciones de la Iglesia con las religiones no cristianas.JOSÉ ANTONIO LOARTE, J. E. MIRALBELL. GUERÍN.
BIBL.: Fuentes: Sacrosanctum Oecumenicum Concilium Vaticanum 11. Constitutiones. Decreta. Declarationes (edición típica), Ciudad del Vaticano 1966; Acta Synodalia S. Concilii Oecumenici Vaticani II, Ciudad del Vaticano, 1970 (en curso de publicación). Los documentos del Vaticano II han sido traducidos a numerosos idiomas; en castellano pueden mencionarse las traducciones realizadas por la Editorial Católica (en la B.A.C.), Ed. Apostolado de la Prensa, Ed. Palabra. Ed. Sal Terrae, Ed. Regina, etc.; en catalán han sido publicados por las Ed. Estela y Nova Terra.
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