Vaticano, Estado Del, IV. Arte. ARTE
Categoria:
Arte
La Ciudad del V. se extiende sobre la orilla derecha del Tíber y cubre casi toda la antigua área del Ager Vaticanus, donde se levantaba el Circo de Nerón, junto a los jardines en los que fueron martirizados muchos cristianos. En aquel lugar fue sepultado S. Pedro y, en el mismo sitio, sobre su tumba, hizo levantar una gran basílica el emperador Constantino. La primitiva iglesia de S. Pedro se encontraba fuera de la muralla Aureliana y, por ello, cuando en sus alrededores comenzaron a surgir capillas, conventos y otras edificaciones, el nuevo barrio tomó el nombre de Borgo. Después del terrible saqueo del a. 847, el papa León IV lo hizo rodear de muralla (la "muralla Leonina"), incluyendo el castillo de Sant?Angelo y transformando el Borgo en ciudad-fortaleza del Papado. El papa continuaba residiendo en el Palacio de Letrán, sede de los pontífices desde los tiempos más remotos. Sin embargo, cuando los papas regresaron a Roma en la segunda mitad del s. XIV, después del periodo de residencia en Avignon, encontraron inhabitable la antigua residencia abandonada y fijaron su nueva morada en el V., iniciando una obra de restauración y embellecimiento ininterrumpida a lo largo de los siglos.Plaza y Basílica de San Pedro. La plaza de S. Pedro, a la que se desemboca por la vía de la Conciliación, constituye la entrada monumental a la Ciudad del Vaticano. Hacia el fondo de la plaza, sobre el grandioso rectángulo sagrado, mira la fachada de la basílica, obra de C. Maderno (v.), dominada por la cúpula de Miguel Ángel. Los dos semicírculos elípticos de la columnata están constituidos por imponentes pórticos en cuádruple fila de columnas dóricas (284 columnas y 88 pilastras), mientras que la cornisa de la fachada se encuentra coronada por 140 estatuas de santos. En el centro de la plaza se levanta, entre dos fuentes, obras de C. Maderno y L. Bernini, un obelisco sin jeroglíficos, transportado a Roma desde Heliópolis, en el a. 37; su levantamiento, efectuado por D. Fontana según órdenes de Sixto V, el primero de los efectuados en época moderna, ha pasado a la leyenda. En su parte más alta contiene una reliquia de la Santa Cruz.
La actual basílica de S. Pedro ocupa la misma área que la antigua basílica constantiniana, cuyos restos se encuentran en las subterráneas grutas vaticanas. Fue el papa julio II quien decidió la total reconstrucción de la antigua basílica, rica en mosaicos y frescos, porque amenazaba derrumbarse. La reconstrucción fue confiada a Bramante, que se apresuró a demoler la antigua iglesia sin miramiento alguno por las tumbas y monumentos ilustres, hasta el punto de merecer el sobrenombre de "maestro arruinador". Los trabajos, iniciados en 1506 sobre el proyecto inicial del Bramante, que intentaba levantar el Panteón sobre la basílica de Constantino, fueron continuados sucesivamente por un gran número de geniales artistas, entre los que se encuentran Rafael, que ideó un majestuoso proyecto de cruz latina; Miguel Ángel, quien, inspirándose no en el Panteón, sino en la cúpula de Brunelleschi (v.), volvió a proponer la cruz griega; C. Maderno, que volvió a la cruz latina, añadiendo tres capillas por cada lado y adelantando las naves hasta la fachada actual, que terminó en 1614. A Maderno sucedió, en 1629, Bernini (v.); sin embargo, tres años antes Urbano VIII había consagrado el nuevo.templo, con ocasión del aniversario de la primera consagración.La basílica de S. Pedro es también, por sus dimensiones (211,50 m. de longitud), la iglesia católica más grande del mundo. Se entra a ella a través de cinco puertas, de las cuales la última de la derecha es la puerta santa, que abre y cierra el Papa en los años jubilares. La puerta central se adorna con las grandiosas hojás de bronce realizadas para la basílica antigua por Antonio Averulino, llamado el Filarete. Constituyen el primer monumento del arte renacentista en Roma (1433-45). Al penetrar en el interior, la impresión que se obtiene suele ser inferior a la esperada: la iglesia parece pequeña, mas no debe olvidarse que el baldaquino del altar papal es, p. ej., tan alto como el Palacio Farnese (29 m.). Tal impresión se debe a una especie de efecto óptico causado por la perfecta armonía de la estructura arquitectónica.La nave central se presenta como una gran sala, estructura típica del tipo de iglesia jesuítica de la Contrarreforma. Un único orden de altísimos pilares corintios acoplados y adosados a fuertes pilastras, tras de los cuales se abren grandiosas arcadas que dan paso a las naves menores y a las capillas laterales. La enorme bóveda de cañón está artesonada con rica decoración en oro hecha construir por Pío VI (1780).Entre los monumentos que se encierran en S. Pedro, podemos recordar la Piedad, de Miguel Ángel, sobre el altar de la primera capilla de la nave de la derecha; la Columna Santa en la que, según la tradición, se apoyó Jesús en el Templo de Salomón; la Confesión, de Maderno, con la balaustrada que circunda la "Tumba de Pedro", delante de la cual se encuentra la estatua de Pío VI, orante arrodillado, obra de Canova (v.); la escenográfica cátedra de S. Pedro, en bronce dorado, triunfal fantasía barroca de Bernini; el único monumento transferido de la basílica antigua a la nueva: la tumba de Inocencio 111, esculpida en bronce parcialmente dorado por Antonio Pollaiolo (v.); en el centro, bajo la gran linterna de la cúpula, el altar papal, con el baldaquino de bronce, obra maestra de Bernini, para la fusión del cual se utilizaron los bronces sacados del pronaos del Panteón. A la basílica de S. Pedro se encuentra unida la sacristía, formada por un edificio independiente construido por C. Marchioni (1776-84). En ella se encuentra la Sala del Tesoro de S. Pedro, saqueado varias veces en el curso de la historia, desde los sarracenos hasta Napoleón, y reconstruido y enriquecido siempre inmediatamente después con huevas aportaciones.En el espacio que media entre el plano de la actual basílica y el de la primitiva basílica constantiniana se encuentran una serie de salas conocidas con el nombre de Sagradas Grutas Vaticanas. Las Grutas Nuevas, llamadas así no porque sean más recientes, sino porque fueron restauradas en época posterior, se desarrollan en semicírculo en torno a la capilla de S. Pedro, construida sobre el sepulcro del Apóstol, mientras que las Grutas Viejas, constituidas por tres naves rebajadas a veces sobre macizas pilastras, se extienden bajo la nave central de la actual basílica. En las salas de las Grutas se han recogido monumentos sepulcrales, altares, esculturas, mosaicos y frescos de la antigua iglesia de S. Pedro. Además, en las diez nuevas salas mandadas construir por Pío XII se han reunido todas las obras de arte del suprimido museo Petrino.Palacios Vaticanos. Modesta morada en tiempos del papa Limaco (4;98-514), el originario palacio Vaticano debía de ser ya digno de admirarse en los s. IX y X, hasta el punto de que los papas hospedaron en él a Carlomagno (a. 800) y a Otón I (a. 980). Pero la verdadera fortuna del V. comenzó con el retorno de Avignon de Gregorio XI (1377). Sus sucesores rivalizaron en la tarea de restaurar, engrandecer y embellecer el palacio. Dio comienzo a ello, en 1430, Nicolás V, quien tuvo el proyecto de realizar una grandiosa morada: un palacio cuadrado, con centro en el patio denominado del pappagallo y todos los otros fabricados con anterioridad. Sixto IV hizo levantar, en 1473, la famosa capilla que aún lleva su nombre: la Capilla Sixtina. Inocencio VIII mandó construir, en la parte más alta del Belvedere, un palacete incorporado en sucesivas construcciones. Alejandro VI añadió al palacio de Nicolás V una torre, llamada Torre Borgia por el nombre de su familia.Bajo el pontificado de Julio II, Bramante unió el palacete de Inocencio VIII al palacio grande mediante elcorredor que constituye el lado oriental en el patio del Belvedere. León X hizo añadir a la parte oriental del palacio los tres cuerpos de galerías, llamadas Galerías de Rafael. Paulo III hizo levantar, por Antonio da Sangallo el joven, la capilla paulina y la Sala Regia; Sixto V hizo construir, por D. Fontana, los cuerpos que miran a la Plaza de San Pedro y el de la Biblioteca que divide en dos el patio del Belvedere. Urbano VIII comenzó la Scala Regia, según diseño de Bernini. Clemente XIV transformó el palacete de Inocencio VIII en un museo, engrandecido a continuación por Pío VI y denominado, por ello, Museo Pío-Clementino. Gregorio XVI fundó los museos egipcio y etrusco. Pío IX abrió la Scala Pía. León XIII hizo restaurar y abrir al público el Apartamento Borgia. Pío XI mandó construir el palacio del Gobernador, la estación de ferrocarril, el palacio de la Pinacoteca y la entrada a las hospederías vaticanas. Pío XII promovió la restauración de las Grutas vaticanas y las excavó en torno a la tumba de S. Pedro, cuyos restos han sido hallados recientemente. Juan XXIII y Paulo VI han enriquecido la Pinacoteca con una sección de Arte Contemporáneo, al mismo tiempo que han continuado la incesante obra de restauración.
Las construcciones vaticanas comprenden, en conjunto, 20 patios y 1.400 salas, capillas y cámaras. Las galerías y museos del V. son célebres en todo el mundo por la riqueza de las obras recogidas y por el suntuoso esplendor de los ambientes. En la Pinacoteca reunió Pío VI todas las pinturas de los museos de la Antigüedad y de la biblioteca. No obstante, las mejores obras fueron llevadas a Francia en el periodo napoleónico, siendo restituidas, después del Congreso de Viena, solamente 77, a pesar de los esfuerzos realizados por Canova. La Pinacoteca recoge, sin embargo, un patrimonio artístico de inmenso valor, desde el Giotto a De Chirico.Los Museos de Antigüedad del V. resultan todos de una colección que los papas del Renacimiento habían constituido en el patio del Belvedere, en cuyos ángulos, en pabellones especiales llamados gabinetti, se encuentran todavía esculturas de extraordinario valor. Recordemos entre ellas el famoso grupo del Laocolite, el Apolo del Belvedere, el Perseo de Canova, el Torso del Belvedere, el Hermes llamado antiguamente el Antiguo del Belvedere y, en medio de la sala de las Inscripciones, el Atleta Apoximenos. La colección del Belvedere, dispersa en gran parte, fue reordenada varias veces, sobre todo por obra de los papas del setecientos y el ochocientos. Así quedaron constituidos el Museo Pío-Clementino, el Museo Chiaramonti, el Museo del Braccio Nuovo, el Museo egipcio y el etrusco, el Museo profano de la Biblioteca y el Museo Sacro. A ellos se añaden los Museos Lateranenses (Museo profano, Museo cristiano y Museo etnológico misional), que tienen su sede en el Palacio de Letrán, obra de D. Fontana.Digamos, finalmente, que todo el complejo de la Ciudad del V. es, al mismo tiempo, Museo y Pinacoteca, sobre todo fuera de los lugares que llevan tales nombres. Los frescos de la Capilla Sixtina y los de las Stancie de Rafael, los frescos del Apartamento Borgia y los de la Biblioteca Vaticana (que recoge códices y manuscritos raros y preciosos), las galerías de Rafael y la capilla Paulina, el Cortile della Pigne y la Scala Regia, etc., hacen del V. un centro universal del arte.V. t.: ROMA VI.GIUSEPPE PALMIERI.
BIBL.: G. CECCHELLI, II Vaticano, la basílica, i palazzi ecc., Milán 1927; TOURING CLUB ITALIANO, Roma y sus alrededores, Milán 1950; G. B. DE TOTH, Grotte Vaticane, Roma 1955;
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