Vascongadas. VIII. Etnografía y Folklore.
Categoria:
Geología
Casa. Región de clima suave y húmedo, tiene buenos bosques de robles, castaños, hayas, abedules, fresnos, así como legumbres y frutas, en pequeños valles, lo que explica su gran densidad de población, que se reparte por el campo en casas aisladas: los caseríos. Casi todos tienen las aristas de los muros, jambas, dinteles y cercos de ventana de sillería relleno con mampostería, siendo de ladrillo el triángulo que en la fachada forma la cubierta a dos vertientes. Otros caseríos tienen el armazón de madera, dando lugar a tallas geométricas en vigas y aleros. En Vizcaya aparece el hierro en puertas, cerrojos, veletas y verjas. Los caseríos se orientan buscando el sol hacia mediodía y levante. Se entra a ellos por el portalón situado en el centro de la fachada o en el ángulo sudeste, para aprovechar mejor el calor solar; en ellos guardan los aperos y hacen la vida familiar en el buen tiempo. Estos caseríos muchas veces son para dos familias, con el portalón siempre común. El invierno, la vida se hace en la cocina, con hogar en el suelo rodeado de un cincho de hierro, con gran campana; un banco de madera de respaldo alto les protege del frío de la puerta; el asiento es como un arca donde guardan objetos o ropas; no falta la mesa abatible, un armario y arcas talladas. El horno para el pan está en la cocina o en un pequeño edificio independiente. Al fondo está la cuadra; sobre ella, el pajar que la protege del frío. En el centro de la fachada, la sala que sirve de comedor en las ocasiones solemnes. En ambos pisos están las alcobas de vigas al descubierto que contrastan con las enlucidas paredes. El caserío vasco ha llegado a formar parte del paisaje.El traje. Sencillo, de lana y de lino tejidos por ellos; se ha conservado el que llaman de casera, que es la mujer que vive en los caseríos. Es un traje de percal azul oscuro con pintas blancas; consta de blusa de manga larga y saya de vuelo; debajo, como en todo el Norte, otra saya, ésta de bayeta con alguna tira de terciopelo; delantal de percal estampado o listado de tonos claros para las jóvenes, pañuelo a la cabeza y pañoleta.Lo que mejor se ha conservado, porque resulta muy útil, es el calzado de medias de lana o borra tejidas por las mujeres y corizas de piel de oveja sujetas por cordones negros; el hombre calza igual que la mujer; ambos, en verano, usan alpargatas. Él se toca con boina hoy muy generalizada, pero no muy antigua.Alimentación. Al vasco le gusta comer bien, tanto que en San Sebastián hay sociedades de hombres cuyo objeto es comer lo que ellos mismos guisan. La gente del pueblo, como en todo el Norte, hace tortas de harina de maíz a las que llaman talo. Legumbre preferida son las judías rojas o rodones. Hay varios platos que tienen fama, como el bacalo a la vizcaína, los chipirones, besugo al horno, la merluza de Bermeo. Tampoco faltan buenos quesos frescos y curados, como el de Idiazábal. Región muy productora de manzanas, además de tomarlas como fruta, hacen sidra que beben en gran cantidad a medio fermentar, sidra natural, con sardinas asadas.Arte popular. Se manifiesta esencialmente en tres materias: la madera, el hierro y la piedra. Las buenas maderas de sus bosques les proporcionan elemento en la construcción de las casas y para hacer muebles que decoran con motivos geométricos distribuidos en masas simétricas. Llegan a nuestros días círculos radiados, antigua imagen de los astros protectores de la agricultura: el sol para- germinar y hacer crecer las plantas, la luna en creciente beneficia las labores agrícolas; hoy se repiten como elemento decorativo; su misión protectora la tiene hoy la cruz. Los muebles los hacían los labradores en los días de invierno. El más representativo es la kutxa, arca para guardar el grano y el pan. Interesante es la arguizaiola, tablilla para enroscar el cerillo que sobre un paño bordado ponen en la Iglesia como ofrenda a sus difuntos; presentan bellas tallas. También adornan con tallas los yugos. Se trabaja el hierro forjado terminado a cincel, clavos para puertas, aldabones, morillos para la lumbre, veletas. En piedra tienen interés las estelas discoidales de los cementerios y los escudos en algunas casas.Fiestas y juegos. Elemento destacado de las fiestas vascas son los juegos; unos se hacen como pura diversión: los bolos y la pelota, a la que todos juegan desde chicos, en sus formas de: a lo largo sin pared; el rebote contra una pared y el trinquete, para el que se necesita más fuerza que el blé o cesto actual. Otros juegos derivan del trabajo, como los aizkoljobu o cortadores de leña, apuestas de bueyes arrastrando pesos, levantadores de pesos, y las regatas que se celebran en forma de competición desde Galicia al Bidasoa. Música que no falta en ninguna fiesta es el chistu, a base de flautas, y los que bailan, spartadanzaris, que ejecutan múltiples danzas representativas realizadas por hombres solos donde demuestran gran fuerza y agilidad.N. DE HOYOS SANCHO.
BIBL.: P. M. DE ARTIÑANO, El Arte popular en las Vascongadas, "Arte Español" 8 (1931) 211; J. CARO BAROJA, Los vascos. Etnología, San Sebastián 1949; R. GALLOP, Los Vascos, 1948; P. MUGURUZA, La casa rural en el País Vasco, "Rev. de Arquitectura", 17 (1919) 244; L. PEÑA SANTIAGO, La Arguizaiola Vasca: Creencias, ritos y costumbres relacionadas con la misma, San Sebastián 1964.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.