Van Dyck, Anton
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Biografía GER
Pintor flamenco. N. en Amberes el 22 mar. 1599, m. en Londres el 9 dic. 1641. Figura como discípulo de Hendrick Van Balen, pero poco debe a este maestro, condicionado aún por el romanismo del s. XVI, salvo la conciencia de un alto sentido del oficio. Artista precoz, independizado a los 14 años, pronto colabora con Jordaens y Rubens. Antes de tener contacto con el maestro, la personalidad del joven pintor está formada.En 1620 pasa a Inglaterra al servicio de Jacobo I; en 1621 visita Italia, Roma, Venecia, Mantua, Milán y Turín. En 1627 regresa a su patria, y de nuevo marcha a Inglaterra (1637), donde es el pintor más apreciado de la corte de Carlos I. Interrumpe su estancia allí en 1634 ya la muerte de Rubens en 1640. Muy posiblemente, la causa del regreso de V. D. en aquellos precisos momentos esté asociada a la muerte del maestro. El famoso discípulo ambiciona el lugar que Rubens ocupaba en la Corte de España, y ciertamente la misma idea estaba en el ánimo de D. Fernando y del rey. Las cartas del archiduque a su hermano son bien elocuentes de este hecho. La gestión no triunfa. El fallo es del pintor, que -según escribe el Cardenal Infante- "no tiene juicio ninguno". Vale reconocer, no obstante, que por momentos, pudo ocupar un lugar en la pintura española, como el mismo Rubens, Carducho o El Greco. Sin embargo, Felipe IV se consolaría, adquiriendo a la muerte de Rubens, muchas de las pinturas de la juventud, que el maestro conservó hasta su muerte, y hoy son parte de lo mejor suyo que guarda el Museo del Prado.
Los pintores de Amberes y Bruselas están de una manera u otra vinculados a Rubens. Por lo que respecta a V. D. y Jordaens, la medida de esa tutela es tema de revisión. En justicia, ambos pintores son dos figuras señeras de la pintura del s. XVII, aun bajo la sombra del maestro. V. D. es un pintor formado y con prestigio, como lo testimonian sus propias obras. Es un pintor de "vanguardia". En 1616, su ejecución libre, angulosa, abundante en materia y vigor, revela una fuerte personalidad, próxima a la de Jordaens. V. D. supera una primera etapa de indecisión, entre la galanura de Van Balen y una más directa visión de la realidad, que preocupa a los pintores más jóvenes. Su arte se nutre de sugestiones diversas que acopla y amolda a esquemas acordes con su sensibilidad. Mira a Italia ya la escultura antigua. Toma mucho de Tiziano y de Veronés, también de Leonardo, Rafael, Correggio y Caravaggio. Aunque su mayor producción la consagra al retrato, sus primeros años son fecundos en pinturas de historia y mitologías. La distinción es la médula de toda su obra, incluso allí donde lo dramático
del asunto parece incluir esta categoría del espíritu en la composición. También la profundidad es fundamental en su obra juvenil, aunque falta en la pro.ducción última. El gesto incisivo del guerrero que figura en la Coronación de Jesús y El Prendimiento tiene como fuente el guerrero de La Muerte de Durero. Una crítica más justa ve en V. D. hondura de espíritu y poesía. La tristeza de sus personajes siempre queda oculta bajo las formas bellas.
El retrato y su influencia. V. D. es un retratista por esencia; dota de elegancia y de seducción inigualable al retrato del s. XVII. La escuela inglesa debe al flamenco la brillante pléyade de retratistas del s. XVIII. V. D. pone los fundamentos al retrato de Reynolds y Gainsborough. Sus fórmulas se han repetido a lo largo de tres siglos. El pintor flamenco no busca en sus modelos, como fin primero, salvar al individuo, pero les dota de la poética melancolía de su forma de sentir. Une a esto un especial sentimiento aristocrático, la distinción, el énfasis del gesto, y una prodigiosa técnica, en que el color se asienta en la tradición flamenca. V. D. aúna la distinción de Italia y la suya propia al realismo flamenco. Siguiendo a Rubens, rompe con la reverente reserva del retrato del s. XVI; inclina la figura, acoplada a la diagonal; un brazo apoyado en la cadera, y otro en negligente abandono, es una fórmula. Sus retratos responden a los gustos de un estamento social determinado, aristócrata y castrense; valoran fundamentalmente el gesto, la dignidad, el orgullo y la gracia refinada. Hace retratos de medio cuerpo, de cuerpo entero, de grupo y muchos ecuestres. Unos marchan de frente, otros en corveta, otros hacia el espectador. .Todos según fórmulas que debe a Rubens.
La influencia de V. D. es decisiva en la Europa de su tiempo, incluyendo Italia. España también acusa la huella de su estilo en los más significados de sus pintores. Los antiguos tratadistas son conscientes de ello, y el elogio al famoso discípulo de Rubens se hace sentir en fecha temprana. Carducho, tan fiel a Italia, opina sobre el flamenco, antes de 1633: "dicen que las pinturas de Van Dyck son excelentes y de mucha estima", y el P. Santos, quizá siguiendo a Velázquez, ve la "mucha excelencia" de su arte, y "lo grande de su talento". Palomino, años después, reconoce la notable superioridad de V. D. y Rubens en el color; incluso sobre Italia "se alzaron con el aplauso popular", escribe. Las atribuciones a V. D, de obras de Mateo Cerezo son frecuentes en los antiguos tratadistas. Carreño, Coello y Murillo utilizan frecuentemente grabados del flamenco, aunque no la factura, que sigue fiel a Venecia, en el caso de los maestros madrileños, acogiendo los colores fríos, fundamentalmente azules y ocres, trhtándose de Murillo. Los pintores españoles desdeñan el color saturado y la valoración del príncipio de la luz interíor, que aún retiene V. D. de la tradición flamenca. Son muchas las noticias de su huella en Palomino, resumidas y estudiadas luego por Maeterlinck y Gué Trapier. También cabe ver la sugestión de V. D. en el retrato ecuestre del conde-duque de Olivares, a través de un grabado de Pieter de Baillin del retrato de Alberto de Ligne de la col. Leicester. El esquema es extraño a la manera de sentir del pintor español; fue una imposición del poderoso ministro, muy dispuesto a la espectacularidad del retrato flamenco.
Entre las pinturas de historia y mitología de los prímeros años destacan: Los apóstoles de la galería de Dresde, La caída de Jesús de la iglesia de S. Pablo de Amberes, Sansón y Dalila, dos versiones de Viena y Dulwich College; La serpiente de metal del Prado, S. Jerónimo de Estocolmo, S. Sebastián del Museo de Oporto, S. Martín de la iglesia de Saventhem, Jesús y los penitentes de la Acad. de S. Fernando, las versiones de Jesús coronado de espinas del Prado y Kaiser Friedrich-Museum de Berlín, Prendimiento del Prado y Santos Juanes del Kaiser Friedrich-Museum. Entre 1624 y 1632 destacan: Madonna del Rosario de Palermo, Virgen con donantes del Louvre, S. Agustín en éxtasis de los Agustinos de Amberes, Descendimiento del Museo de Amberes y Pinacoteca de Munich, S. Rosalía y la Virgen de Viena, Crucifixión del Museo de Amberes, Reinizldo y Arminda y Venus y Vulcano del Louvre, y Jesús llorado por la Virgen y ángeles del Museo de Amberes. Jalonan los retratos de la primera época, los del pintor Jean de Wael de la Pinacoteca de Munich, e Isabel Brant del Ermitage; en Italia, y entre 1622 y 1627, Brignole-Sale del Palacio Rosso, Paola Ador. no, Polixena Spinola del Prado, Guido Bentivoglio de la Galería Pitti; entre 1629 y 1632, Henri vand den Bergh y Martin Rijckaert del Prado, María Luisa de Tassis de la Galería Liechtenstein; desde 1633, son numerosos los re. tratos de Carlos I (Windsor, Louvre, National Gallery de Londres). Otros del Cardenal Infante del Prado, Moncada del Louvre, Tomás de Saboya de Turín, Massau-Siegen de Viena, lord John y lord Bernard Stuart, Thomas Arundel, y el conde de Bristol son obras representativas de los últimos años del pintor .
M. DÍAZ PADRÓN.
BIBL. : E. TORMO, Van Dyck en la patria de Velázquez, "Bol. de la Soc. Española de ExcursionesD (1941) 147; E. GuÉ TRAPIER, The School of Madrid and Van Dyck, "The Burlington Magazine" (1957) 265; M. DfAZ PADRÓN, Dos pinturas inéditas de Van Dyck en colecciones madrileñas, "Archivo Español de ArteD (1970); iD, Dos nuevas pinturas de Rubens y Van Dyck identificadas en España, ib. (1972) 335; iD, Una Piedad de Van Dyck, atribuida a Rubens, en el Museo del Prado, ib. (1974); I. MULLER, Van Dyck, Buenos Aires 1967; D. PIPER, Van Dyck, México 1969.
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