Vaca. Ii. Religiones No Cristianas. REL. NO CRIST.
Categoria:
Religión No Cristiana
La v. o sus representaciones ocupa desde tiempos que se pierden en la prehistoria un lugar de cierto interés en el pensamiento religioso de los pueblos o en alguna de sus expresiones. Es posible que su simbología religiosa o cultos relacionados con ella se hallen en el Neolítico y en los primeros horizontes agrarios y ganaderos hacia el VI milenio, como símbolo de fecundidad. Hacia el IV milenio, en el Próximo Oriente, símbolo o manifestación zoomórfica de la diosa lunar es una v., lo que explica quizá el gran número de diosas cornudas que encontramos en las primeras mitologías del Creciente Fértil, Mediterráneo antiguo e Indostán; el mito de la metamorfosis de lo en v. y cierto epíteto homérico dado a Hera (Bóupis), da certeza de un culto arcaico en el Mediterráneo pre-helénico vinculado a deidades femeninas y a ideas religiosas matrilocales (V. TIERRA V; LUNA II; FERTILIDAD II; DIOSA 11, 2).En Egipto, y en la época más zoolátrica y con ciertos rasgos de totemismo (v.) nacidos en los nomos o demarcaciones territoriales tribales, es posible que surjan deidades como la diosa Isis o la misma v. Hathor, como representaciones de la Gran Madre celeste (Noüit), que con el tiempo se convertirá en una gran v. en virtud de una adaptación de los sabios heliopolitanos, al mismo tiempo que coexistiría más o menos todo ello con una idea ética de un dios universal (v. EGIPTO VII). La v. Hathor viene así a constituir una de las características figuras del panteón egipcio dinástico, aun cuando la asociación del nombre de la diosa con el animal sagrado no parece remontarse a una alta antigüedad. El pueblo verá en la v. un símbolo de fecundidad, de maternidad y, por derivación, la imagen del cielo, del gran misterio de la resurrección. En los textos de las Pirámides donde las características de la v. "divina" aparecen claramente, según ha demostrado G. Jequier, la v. no porta todavía su nombre, pero es designada por el término Semat (388, 389, 729, 1370, 1566, 2003) que tras su etimología debe haber señalado en su origen, al menos según ErmanGrapow, un animal de consumo cárnico. Se encuentra igualmente la palabra "hembra" acompañando a un adjetivo hemit shent, origen del nombre de la v. de Abydos (568); se encuentra también la expresión mehit ourt (289, 506, 1131) que, de acuerdo con Lanzone, será más tarde un nombre propio designando ya su función de Océano primordial. No es imposible, sin embargo, que la asimilación de la v. con Hathor no date de esta época ya, pues en una de las raras representaciones de divinidades del Imperio Antiguo encontramos a la diosa portando sobre su tocado el emblema corniforme, una especie de corona formada por ambos cuernos vacunos con el disco solar entre ambos. Así se presenta también, después, en sus dos santuarios de Deir-El-Bahari, con su túnica roja sembrada de florones verdes, discos solares y dos plumas de avestruz entre los cuernos, así como la escotadura adornada de la menat. Hathor aparece bajo su forma vacuna en la región tebana como "Dama de. Occidente", "Señora de la Montaña Santa" en la entrada del Reino de los Muertos, donde acoge a los difuntos. El faraón que toma bajo su protección a veces se le representa arrodillado y mamando directamente de su ubre (como, p. ej., se puede observar en Deir-El-Bahari con la reina Hatshepsut). Tal representación bovina se hace familiar en el Valle de los Reyes, sobre los muros de los hipogeos, sobre los sarcófagos, sobre los papiros, o, siempre saliendo a medio cuerpo de la Montaña de Occidente, pasando la cabeza a través de una brazada de papiros de una marisma bordeando la punta rocosa para recibir al difunto y hacerle penetrar en el cielo misterioso donde tendrá lugar su resurrección. Otras divinidades del mismo orden la acompañan generalmente para asistirle en su papel.Desde Egipto el culto a la v. y al ganado vacuno pasaría en la Antigüedad a Creta (cfr., p. ej., la leyenda de Pasiphae y el rey Minos) e incluso hasta nuestro tiempo, dando lugar en el África occidental y entre los bantúes a curiosos ritos de fertilidad. Como epifanía de Isis la v. le es consagrada en la fiesta osiriana. Por otro lado en el folklore europeo, la v. puede constituir en el momento de la cosecha una personificación del espíritu de la vegetación, al igual que el toro, el caballo o el buey, dando origen a curiosos rituales agrarios que en la Península Ibérica se vinculan a otros palingenésicos de los que es protagonista el toro (capeas, toro de fuego, etc.), todo lo cual puede tener alguna relación con ritos folklóricos como el encierro de las vaquillas, becerradas, etc.En general, se puede decir que la simbología religiosa atribuida a la v. y sus cultos, cuando se dan (pues muchas veces no se trata de zoolatría ni de divinizar al animal, sino de considerarle símbolo de algo sagrado, o de algo como el poder, la fertilidad, ec.), están en relación con los del toro. Así parece ocurrir en Egipto, y también en la India (V. TORO II). En los Vedas (v.) y en el vedismo no hay zoolatría; sin embargo, en el hinduismo (v.) posterior sí hay ya ciertos animales míticos; así en la India se adora a la v. a causa de su identificación metafórica con la diosa Sarasvati, con la Tierra o el Sol, identificaciones que tienen un concreto sentido ritualístico en la teoría de las equivalencias del brahmanismo (v.).V. t.: ANIMAL IV; TORO II.J. M. GÓMEZ-TABANERA.
BIBL.: M. ELIADE, Manuel d?Histoire des religions, Madrid 1956; A. DE GUBERNATIS, Mythologie zoologique ou Les Legendes animales, París 1874, vol. I, cap. I.
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