Utopia. II. Sociologia. SOCIOL.
Categoria:
Sociología
1. Caracterización del pensamiento utópico. Si bien lo utópico hace referencia a lo que "no está en lugar alguno", no debe pensarse que sea algo extra-mundano: lo utópico siempre ha estado -ya desde Platón- referido a la inmediatez de la vida social.. Por otro lado, los proyectos utópicos arrancan casi siempre de .una inquietud existente en un momento y lugar histórico: son los signos, en cierta forma, de la crisis álgida de la vida social. Por eso, las grandes u. aparecen en momentos históricos decisivos en los que se producen cambios en la vida social y cultural: la crisis de la polis griega, el Renacimiento, la revolución burguesa, los albores del industrialismo, etc. (v. 1, 2).Las u. tienen en común el ser cuadros imaginarios, como ha destacado M. Buber. Pero quizá les sea más adecuado el definirlas como modelos, en la medida que son, a la vez que retratos, invitaciones a su realización. Yace en el concepto de u. una vocación a la praxis, a la acción. Han sido objeto de consideraciones peyorativas, en parte por su tendencia a la idealización irreal, en parte por chocar con posiciones interesadas. Así, lo utópico ha cobrado, al menos, un significado ingenuo. Pero el pensamiento utópico no es sólo una propuesta, sino una crítica. En toda u. se hace referencia de una forma invisible y solapada al presente al que la u. quiere reemplazar. Su propio estilo literario lo indica; a veces se escriben u. meramente de carácter sarcástico, en las que se exageran las tendencias ya presentes en la vida social, en un mundo hipotético situado históricamente en otro momento, y que no son un modelo a imitar con una crítica indirecta de lo actual, sino una crítica directa de algo ya actual que acaso indirectamente propone o apunta algún otro modelo. La conocida novela de A. Huxley Un mundo feliz o 1984 de G. Orwell, o la más reciente Fahrenheit 451, de Ray Brandburg, son algunas de las más conocidas muestras de esta literatura que encierran un carácter negativo en la caricaturización de lo existente hasta el límite de lo grotesco. También en las u. cuyo contenido tiene un talante especulativo y descriptivo hay una implícita referencia al presente que puede rastrearse incluso en su mismo contenido: la acción narrativa sucede en un lugar lejano, pero contemporáneo.Tanto en estas últimas u. como en las anteriores o negativas, subyace en su contenido, junto al carácter irreal de lo referenciado, que sólo existe en el pensamiento y en la imaginación, un componente intencional. El objeta de las u. no son los hechos o realidades, sino los deseos. En cierta forma, se puede decir que lo utópico no puede darse más que en contraposición a lo dado y, en este sentido, la u. está vinculada con la esperanza. De ahí que, como necesidad y desde el viejo mito a la ideología, pasando incluso por este tipo de discurso que llamamos racional, están presentes elementos utópicos en mayor o menor grado, en la medida en que la u. es un fenómeno genuinamente humano, tan antiguo como la Humanidad misma.2. Vida social y fenómeno utópico. Las diversas u. hacen referencia a la organización social: plantean una nueva forma de vivir, que se presenta como perfecta y definitiva. De ahí que muchas u. hayan influido en las mismas Constituciones de los Estados modernos; es, por ej., notable el influjo de las ideas de Oceana de Harrington en muchos de los textos fundamentales de algunos de los estados miembros de los EE. UU. Pero si las u. han influido en la vida social e incluso en textos legales, nacen, de otra parte, de esa vida social misma. Más aún, en la medida en que son la manifestación de un deseo, traslucen la existencia de una deficiencia. En el sustrato histórico dé cualquier u. está la inquietante presencia de un grave problema social, de situaciones de crisis o conflictos espirituales; de modo que la literatura utópica florece sobre todo en épocas de conmoción social. Así las grandes u. del Renacimiento (v.) reflejan la crisis de la sociedad feudal y el tránsito hacia la burguesía, expresando en muchos casos la reacción de quienes ven que, en la naciente economía moderna, la ganancia se convierte en rueda motriz de la historia quebrando el espíritu propio del cristianismo, como se manifiesta en la Utopía, de Moro, e incluso de forma más desfigurada en la imaginaria Ciudad del Sol, de Campanella.La implantación definitiva de la sociedad burguesa, primero en Inglaterra, más tarde en Francia y resto de Europa, y los problemas a que da lugar se traduce en la Nueva Atlántida de Bacon (v.), y después en el gobierno de los industriales propuesto por Saint Simon (v.). Las diferencias de acento entre unas y otras obras son notables: si la característica de los utopistas del Renacimiento (v.) es la consideración de la organización social como una ordenación sometida a la justicia y al amor, la de los precursores de la Ilustración (v.) es el advenimiento de la razón positiva, que es entendida como el esfuerzo humano desplegado para dominar la naturaleza. El punto central de las narraciones utópicas ya no es la comunidad, sino el individuo y su nuevo prototipo: el burgués.El aire nuevo de la gente emprendedora, viajera e imaginativa del s. XVIII queda reflejado en el personaje de D. De Foe (v.) Robinson Crusoe, cuyo genio y pasión para nuevas empresas contrasta con aquel otro personaje de la novela Los viajes de Gulliver de J. Swift (v.), que persigue, en el rechazo amargo de la nueva época implícitamente criticada, la búsqueda del mundo perdido. En el fondo, ambos libros son algo más que unas aventuras que recuerdan las viejas novelas de caballerías; expresan unos valores deseados. Unos están por llegar, otros están perdiendo su eficacia histórica. Pero ambas u. contienen la presencia de una fantasía que relata lo irreal con el firme deseo de actualizarlo y en su expresión testimonian, sin duda, el hervidero de problemas de la realidad histórica de la sociedad inglesa moderna. Con el definitivo triunfo de la burguesía y el apogeo de la revolución industrial aparecen también los primeros síntomas de la contradicción de la razón y pensamiento dominadores que los ideólogos habían implantado con tanto ardor. El propio Rousseau (v.), repitiendo lo que los utópicos renacentistas habían entrevisto ya, señalaba cuál era, para él, el origen de la infelicidad: la desigualdad, cuya verdadera razón de ser radicaba en la propiedad y el egoísmo que corrompían a los hombres que en un principio habían sido buenos por naturaleza (Discurso sobre la desigualdad entre los hombres). Herederas de este espíritu, surgen las u. del XIX como expresión del sentimiento de frustración ante las definiciones de orden nuevo instaurado por la Revolución.El propio Fourier (v.) señalaba al examinar las aportaciones de la civilización que "todos están de acuerdo en que el mundo social no ha alcanzado en modo alguno su objetivo, y que el progreso de la industria sólo constituye una trampa para las masas" y proponía la creación de pequeñas ciudades -los falansterios- fundadas en un nuevo tipo de relaciones sociales y organización del trabajo y la propiedad y en esa línea se moverían los socialistas utópicos, desde la Nueva armonía de Owen, hasta las afirmaciones de Cabet -el fundador de Icaria- y la imagen de la nueva sociedad, que describe Morris en sus famosas Noticias de ninguna parte. El resurgir del pensamiento utópico, y la atención prestada a los socialistas románticos, en los años 1960 y siguientes, es también reflejo de un descontento social: la reacción frente a una sociedad de consumo (v.) carente de idealismo.3. Influjo social de las utopías. La trascendencia que la u. tiene para la vida social no es ilusoria. En buena medida se anticipa a sucesos que están por llegar. Víctor Hugo decía al respecto: "la utopía de hoy es la verdad del mañana", frase que la misma historia ha corroborado en algunos casos. En cierta forma, el carácter de fantasía que tiene le acerca al pensamiento ideológico (v. IDEOLOGÍA) en la medida en que expresan, tanto la ideología como la u., una cierta abstracción de las condiciones históricas. En este sentido, Mannheim (v.), en su célebre ensayo Ideología y utopía, las condujo a un mismo tipo de construcciones intelectuales, afirmando además que el término utópico se puede utilizar para designar todos aquellos procesos mentales que no reciben sus impulsos directamente de la realidad social, sino que los perciben de imágenes, manifestadas en símbolos, fantasías, sueños, ideas y similares, que en el sentido más amplio de la palabra no-existen.Sin embargo, el pensamiento utópico tiene consecuencias peculiares, a dos niveles básicamente. En primer lugar respecto al grupo que comparte un sistema de representaciones utópicas, en el que crea lazos de unión y relaciones comunitarias muy estrechas. En segundo lugar con respecto a la misma sociedad global, ya que incide sobre el cambio social y afecta al sistema de valores operante en una sociedad. Desde este punto de vista las u. pueden ser clasificadas como coherentes cuando el programa enunciado por ellas propone metas conseguibles a partir del sistema de valores vigente, pero que en el momento son irrealizables; o bien, desviadas, cuando subvierten este sistema ya anticipando otro nuevo e incompatible con el vigente o reinstaurando otro anterior igualmente incompatible. También los medios propuestos para la consecución de la u. tienen relevancia por las consecuencias sociales que implican; pues, mientras unas u., las más, establecen estrategias reformistas por medio de la educación, la propaganda, etc., otras postulan medios de transformación radicales y revolucionarios. Digamos, finalmente, que aunque la u. suele estar alejada de la realidad -es más una teoría que una praxis- no por ello deja de tener influencias en la vida social: la intención utópica está vinculada con la esperanza, como ha puesto de manifiesto E. Bloch (cfr. Geist der Utopie, Francfort 1964), y no cabe duda que ésta es un motor que mueve a los hombres.4. Formas de considerar las utopías. Hay tres maneras de considerar lo utópico desde un punto de vista sintético, cada una de las cuales deja traslucir unos diversos supuestos desde los que se sitúa el enfoque científico. La primera, y más formal, reconduce el concepto de u. a una serie de características formales o estilísticas; siguen, pues, un enfoque literario, más atento a las formas y estilos del lenguaje utópico que a sus contenidos. La segunda define lo utópico como un tipo de pensamiento desajustado históricamente a una comprensión científica y real de la vida social; corresponde a las perspectivas historicistas de análisis del pensamiento y de la ideología. Finalmente, la tercera considera la u. desde el punto de la intencionalidad; es utópico, dice, aquel pensamiento que expresa intenciones relacionadas con la organización de la vida social.Con este último enfoque, lo utópico deja de ser considerado como un objeto histórico cuyo interés radica o bien en la forma estilística o bien en su contenido -medio científico, medio ilusorio-, para pasar a una perspectiva más sociológica: lo utópico es visto como un fenómeno social cuya esencia es la intención presente de maneras distintas en los sujetos sociales y en las clases y grupos de un contexto determinado. Por este último camino circulan las tendencias actuales de la teoría de la u., recobrando con ello un marco sociológico del que no puede separarse si se pretende comprender desde una perspectiva totalizadora el fenómeno de la mentalidad utópica.E. SABATÉ MURO.
BIBL.: M. BUBER, Caminos de Utopía, México s. f.; G. DUVEAU, Sociologie de l?Utopie, París 1961; K. MANNHEIM, Ideología y Utopía, Madrid 1966; A. NEUSÜSS, Utopía, Barcelona 1971.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.