Uruguay. III. Historia. HIST.
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Historia
El proceso histórico que dio origen al Estado que se asiente en la margen izquierda del río U. y la septentrional del río de la Plata está específicamente vinculado, primeramente, a los descubrimientos paralelos de estos fundamentales cursos de agua y, posteriormente, adscrito a los Anales de Asunción del Paraguay, verdadera metrópoli de la cuenca platense, y de la posterior gobernación de Buenos Aires. El primer navegante español que reconoció sus costas y principales puntos fue Juan Díaz de Solís (v.), descubridor del Río de la Plata en 1516, en tanto que Juan Rodríguez Serrano, componente de la famosa expedición de Magallanes, fue el primer hombre blanco que entró en contacto con las aguas del río U. Los restantes expedicionarios de su siglo, algunos con intención de arraigar en sus costas, no tuvieron éxito. Por otra parte, los exploradores ibéricos, interesados en el pasaje interoceánico y en metales valiosos, consideraron el territorio como "tierras de ningún provecho", sólo útiles como apoyo y escala hacia aquellos lugares "argentinos". Por tanto, se desinteresaron de una conquista que estimaban inútil, y que la hostilidad indígena hacía ímproba. Pero la zona, dotada de límites especialísimos, poseía valores potenciales que definirían su fisonomía esencial.Primeros habitantes. Al arribo del hombre blanco, se estima su número en menos de 10.000 indios, distribuidos en colectividades tribales: charrúas, chanaes, güenoas, bohanes, yaros y arachanes; a los que se incorporaron más tarde minuanes y tapés-guaraníes (v. TUPÍGUARANÍES). Vivieron en estado nómada de cazadores, pescadores y recolectores. Los charrúas, que ocuparon el norte del Plata, fueron los más importantes y bravíos; nunca se sometieron, y fueron exterminados en 1832. En tanto que, con los chanaes se hicieron modestas experiencias sedentarias, y miles de tapes fueron incorporados por el español al proceso poblador del s. XVII, y su mano de obra fue básica en las principales fundaciones. En consecuencia, por su corto número, por su reacción bélica, o por su consustanciación gregaria, por su emigración, sólo ha quedado de ellos su sentido de libertad, un débil mestizaje, el recuerdo de su insuficiencia cultural y el registro de la toponimia geográfica de origen guaraní.Al cabo del primer siglo, las exploraciones españolas sólo habían intentado arraigar, en forma episódica, en contados lugares de su costa, sin éxito. Correspondió a Hernandarias, el primer gobernante criollo paraguayo, el ser su auténtico descubridor, el pionero de su interior, que puso de relieve la virtualidad de sus praderas, cuchillas, aguadas y rinconadas (1607). Le cupo asimismo introducir el ganado vacuno en la parte SO de la Banda Oriental que, conjuntamente con el de las vaquerías jesuíticas de las Misiones (norte del río Negro), se multiplicó en forma asombrosa al amparo de un hábitat inmejorable y transformó el solar en la mayor estancia rioplatense. Estaban echadas las bases determinantes de su proceso histórico hasta la época actual. Bovinos y equinos formalizaron la riqueza y significaron verdaderas minas de "cuero y sebo", que atrajeron a los hombres, ahora sí, en forma espontánea, hacia la actividad vaquera e incluso a su fijación definitiva. Cazadores, depredadores, contrabandistas, accioneros (cazadores legales de ganado vacuno) y faeneros, changadores y gauchos, forjaron una verdadera época o "edad del cuero", materia prima esencial de civilización primitiva, embrionaria del subsiguiente proceso poblador.Penetración lusitana. La incidencia brasileña del límite de las posesiones de España y Portugal fue, a través de los siglos, venero de conflictos. La actividad de bandeirantes (v.), estadistas y diplomáticos lusitanos, plasmó la ocupación y adelantó la frontera en detrimento de los territorios hispanos, en una extensión tres veces superior al Brasil primitivo. En esa pugna, la Banda Oriental ocupó el primer plano; sobre todo, cuando la valorización de su suelo encauzó la ambición portuguesa hacia el S para colmar pseudo-límites naturales en el Río de la Plata. M. de Lobo se estableció en la Nova Colonia do Sacramento, frente a Buenos Aires, en 1680. Este fuerte lusitano fue, durante un siglo, escenario de ingentes esfuerzos militares para su eliminación y tema obligado en los tratados que forjaron un "equivalente" compensatorio de pretendidos derechos adquiridos.Preámbulo revolucionario. Nunca se había dado oportunidad de adhesión más terminante a la madre patria. Mas en el altivo rechazo, en la actitud heroica de enfrentamiento a los ingleses y en la defensa fraterna, por extraña paradoja, estaba involucrada la decisión separatista. En forma simultánea se resquebrajó la estructura política y se minaron los fundamentos espirituales. En aras de autodefensa, se reiteraron prácticas de autodeterminación, crítica y comparación de regímenes y métodos. Antes de un año el complejo napoleónico sacudió el mundo ibérico y obró de trampolín definitorio. La invasión francesa de la Península alertó contra una dominación similar en el Nuevo Mundo. Los montevideanos de 1808 se apresuraron a ejercer el autogobierno que preservara de la funesta eventualidad. Formaron la primera junta de Gobierno rioplatense, que, emanada del Cabildo Abierto del 21 de septiembre, se confió a la presidencia de su sustituido gobernador Elío. Tomó como inspiración los mismos modelos contemporáneos de las provincias españolas, defendidos con tenacidad, y se mantuvo ocho meses, hasta que las autoridades metropolitanas ordenaron su disolución. Fue valiosísima experiencia de desvinculación del centro político de Buenos Aires. A la vez que sirvió de fórmula ejemplar para la Junta que en esa ciudad se formó, en sustitución del subrogado virrey Cisneros, el 25 mayo 1810, que habría de sumar la virtualidad revolucionaria y emancipadora en el desenvolvimiento natural de su dinámica. Contó ésta con la adhesión inicial de la mayor parte de los pueblos de la Banda Oriental en razón de que privó el factor jerárquico reverencial, ante la presunta evidencia del cataclismo ibérico que podría alcanzarlos. Los propios montevideanos estuvieron a punto de aunarse a su causa. Mas los jefes navales y militares asumieron una actitud condicionada para el reconocimiento de la junta de Mayo que configuró su rechazo y enfrentamiento. Sus habitantes, al igual que los restantes pueblos de la Banda Oriental, excepto Belén, se vieron obligados a compartir la actitud de los jerarcas de Montevideo hasta el estallido del Grito de Asencio. Gauchos y hacendados, religiosos y civiles, emigrados de la capital, emprendieron la "admirable alarma" revolucionaria.
"Patria Vieja". Recibe esa denominación el periodo correspondiente a la segunda decena del s. XIX, durante el cual se puso fin a la dominación española y se concretaron los destinos provinciales bajo la dirección de Artigas (v.), su caudillo indiscutido. Las Piedras y el primer sitio de Montevideo, donde se mantuvo hasta 1814 el gobierno españolista, fueron pilares de triunfo en la rebeldía primigenia. Mas fue precisa una coyuntura dolorosa para la cohesión de los habitantes de las dos docenas de poblaciones de la época. La campaña revolucionaria había sido realizada hasta entonces con la colaboración de fuerzas de Buenos Aires, que en octubre de 1811 suscribieron, a espaldas de los orientales, un armisticio con el virrey Elío, sitiado en Montevideo. Este acto se estimó por los interesados como el desconocimiento de sus victorias y esfuerzos y una verdadera derrota diplomática. Por ello, ante el convencimiento de que no les sería posible conseguir por sí mismos la libertad del terruño decidieron la emigración hacia el Ayuí. En la derrota y en el peregrinaje se adoptó la actitud que, a la postre, formalizó la nacionalidad.Al regreso, tardó en dilucidarse la cuestión entre la libertad y el despotismo, y en pro de las soberanías particulares de los pueblos, planteamiento esgrimido y sostenido en concepción autonomista, que no configuró la separación nacional de las Provincias Unidas del Río de la Plata (P.U.R.P.), por más que se empeñó en su consecución el "viejo" Artigas, inclaudicable en su posición. La imera de sus postulaciones esenciales fue la declaración e independencia (Instrucciones XIII) desvinculatoria de la madre patria.En el periodo se gestaron los partidos tradicionales blanco (hoy nacional) y colorado (1836).Crisis. Sobrevino una compleja etapa de inestabilidad en la que gobernantes y partidos se vieron envueltos en conflictos bélicos e internacionales. Se llegó a la conexión de los partidos uruguayos con los argentinos y brasileños e incluso a la intervención anglo-francesa en favor de una solución de la "cuestión platense" que fuera favorable a sus intereses. Correspondieron las siguientes jefaturas políticas: dictadura y segunda presidencia de Rivera (1838-43); dualismo político del "Sitio Grande" (la "Guerra Grande" fue el principal conflicto de la época y se desarrolló en escenarios argentinos y uruguayos); Suárez presidió el gobierno colorado de la "Defensa" del Montevideo sitiado, en tanto que Oribe fue presidente del gobierno sitiador del Cerrito; tras la paz de 1851 "sin vencidos ni vencedores" y diversos fracasados intentos fusionistas, presidencia Giró-triunvirato (Lavalleja-Rivera-general Flores) y complementaria de Flores (1852-56); sucesivas presidencias de Pereira y Berro e interinato de Aguirre (1856-65); dictadura de Flores (1865-68). La influencia del imperio de Brasil (1851-61) y el intervencionismo bonaerensebrasileño le llevaron a participar en la Guerra de la Triple Alianza (v.) contra Paraguay (1865-70).Consolidación. En medio, de nuevos conflictos civiles y de liberación paulatina de las presiones externas, el proceso político que sobrevino se caracterizó en su continuidad por: a) la transición del régimen dictatorial al legalismo en la presidencia del general Lorenzo Batlle (1868-72); b) la institución fallida del legalismo principista bajo la presidencia del Dr. Ellauri (1872-75); c) el militarismo implantado durante los gobiernos de Varela y del coronel Latorre (dictadura, presidencia y renuncia sucesivamente, 1875-80), y las presidencias sucesivas del Dr. Vidal, del general Santos, Vidal e interinidad de Santos nuevamente (1886); d) transición del militarismo al civilismo bajo la presidencia del general Tajes (1886-90); e) etapa civilista bajo las presidencias sucesivas de Herrera y Obes, Idiarte Borda (1890-97) y la interinidad, dictadura y presidencias sucesivas de Cuestas (1897-1903). La consolidación institucional quedó entonces establecida y se consagró el acceso a la modernidad.Es indudable la trascendencia del legado del s. XIX. En lo político, dejó formas limitadas de ejercitación democrática, en vías de perfectibilidad. En lo económico, plasmó una transformación de las técnicas productivas, que valorizó y dio salida a la riqueza de carnes, cueros, lanas, al tiempo que abrió y dio agilidad a la comunicación interior y exterior, y obró de nexo con nuevos mercados (el plantel animal en 1900 fue de siete millones de bovinos, 19 millones de cabezas de ganado lanar y medio millón de equinos, en proceso de mejoramiento de ganadería cualitativa); advino el capitalismo financiero que impulsó el progreso material (servicios públicos, comunicaciones, etc.) en adecuación al ritmo evolutivo europeo, y trajo el riesgo de su influencia internacional. En lo social, aparte del cambio campesino y obrero correspondiente a las modificaciones económicas, se aceleró el proceso demográfico por la continua inmigración europea (vascos -franceses e hispanos-, gallegos, canarios, italianos, etc.), de excepcional asimilación; la población alcanzó en 1900 a 915.000 hab., de los cuales 268.000 en Montevideo, sin tensiones raciales y en rápido proceso de integración cultural. El Estado uruguayo adoptó por otra parte una orientación laicista que se evidencia en la concepción filosófica, programas, objetivos y métodos de educación popular impulsada desde 1887 por la importante reforma escolar de J. P. Varela y en la asunción por el Estado de una política de secularización de cementerios, matrimonio civil obligatorio (ley de 22 mayo 1885), dificultades a los religiosos (Ley de Conventos de 13 julio 1885), etc.Intelectualmente el s. XIX puso las bases de la "generación del 900": Herrera y Reissig (v.), Sánchez, Rodó (v.), Quiroga (v.), Reyles, Vaz Ferreira (v.), núcleo de escritores de repercusión americana, sembradores de ideales, inquietudes y valores.El siglo XX. El hecho histórico esencial fue la Reforma institucional neoliberal, democrático-independentista, operada durante el primer tercio del siglo bajo la orientación de J. Batlle y Ordóñez (v.) y el partido colorado (PC), y la fiscalización del partido nacional (PN) desde el poder legislativo y los atrios electorales, en ejemplar clima de orden y civismo, poco común en Iberoamérica.En líneas generales, aseguró en lo político la más auténtica expresión popular a través de la institucionalidad democrática proyectada hacia los restantes planos; en lo económico, pugnó por el proteccionismo, la nacionalización de los servicios públicos y la creación de entes autónomos, que, fuera de su cometido estricto, y la eliminación de monopolios perjudiciales, beneficiara a los menos favorecidos; en lo social, tendió al mejoramiento del nivel de vida y salud, la seguridad jubilatoria, la intervención del Estado en la relación laboral, a los efectos de equilibrar y compensar la problemática conflictual entre el capital y el trabajo, el incremento de la clase media, la constitucionalización integral del proceso laicista, metas todas ellas logradas; en lo cultural, su acción se hizo extensiva a todas las categorías de la enseñanza, en ampliación y accesibilidad a todos los sectores -realización impar en su época-, lo que permitió la elevación de los núcleos menos dotados y auspició igualación de oportunidades.La institucionalidad democrática del primer tercio. La base estructural se formalizó bajo las presidencias de J. Batlle (1903-7), Williman (1907-11), reelección de J. Batlle (1911-15), y Viera (1915-19), a la par de°la gestión presidencial de Brum (1919-23), Serrato (1923-27), Campistegui (1927-31), y Terra (1931-33), ya correspondientes a la serie ejecutivo-colegiada reformista. Se perfeccionaron las formas para hacer viables la universalidad del sufragio y la libertad comicial. Se levantaron las limitaciones a la ciudadanía masculina (extendida a partir de los 18 años) y se llegó a posibilitar el voto femenino, se crearon registros electorales, se implantó el voto secreto, el directo del Presidente, se dio cabida a la iniciativa popular y se concretó la representación proporcional integral. Aunque se mantuvo la orientación laicista (cfr. la ley de abril 1909 que prohibía la enseñanza religiosa en las escuelas estatales), esa política permitió el surgimiento y afirmación de nuevas tendencias, entre ellas algunas de orientación católica, y otras de tipo socialista, ruralista, etc., que desde entonces actúan junto a las corrientes tradicionales (PC y PN), en la canalización de la opinión pública. La generalidad de ellas promovió organizaciones de carácter popular y formuló programas de gobierno. Por su repercusión en el resto del siglo, debe señalarse el surgimiento de la idea colegialista de gobierno, a iniciativa de Batlle (segunda presidencia), como fórmula sustitutiva ’capaz de cohonestar los defectos e influencia omnipotente del poder ejecutivo unipersonal. Si bien no suscitó de inmediato las preferencias de la ciudadanía cuando se planteó la reforma de la carta de 1830, en los comicios para la Asamblea Constituyente (1916) se elaboró una nueva fórmula transaccional entre las fuerzas políticas dominantes, de alcance técnico muy especial, que se convirtió en realidad política en la segunda Constitución de 1919.Bajo el rubro de "Ejecutivo Colegiado", creó dos ramas, una, unipersonal, el Presidente, que tenía a su cargo las carteras del Interior, Guerra y Relaciones, y la pluripersonal del nuevo órgano creado, el Consejo Nacional de Administración (CNA), con los restantes ministerios, y compuesto de nueve miembros, seis del lema partidario mayor, y los tres restantes del que lo siguiera en votos, todos electos en forma directa. La reforma fue similar en lo municipal, en beneficio de la mayor participación popular. La evolución reseñada, en el marco de aplicación de la mayor parte de los adelantos técnicos universales a la realidad nacional, impulsó el desarrollo material. La I Guerra Mundial fue factor fundamental en su consecución (se adoptó una posición neutral para romper finalmente con Alemania), pues aumentó las exportaciones de la producción ganadera (tecnificada altamente, p. ej., a través de la industria frigorífica implantada desde la primera década). A la vez que la retracción de los mercados mundiales, al producirse su cese, produjo la reducción de esos renglones básicos, fenómeno que habría de repetirse posteriormente. Se finalizó el periodo con dos millones de hab., en medio de acusado éxodo rural hacia los centros urbanos (660.000 hab.) y la declinación del proceso inmigratorio, que luego de repuntar (1945), quedará estacionario.El segundo tercio del siglo XX. Sobrevino un periodo de crisis y subsiguiente recuperación, situado entre dos golpes de Estado (1933-42), cuyo origen puede establecerse en dos acontecimientos de fines de octubre de 1929: la muerte de J. Batlle y Ordóñez, orientador y regulador de la estabilidad y equilibrio político del partido gobernante; y la quiebra bursátil de Wall Street, de repercusión mundial por el abatimiento de los precios. El descenso de las exportaciones, la desocupación, las medidas de control de cambios, régimen de "divisa", reducción de sueldos y gastos públicos, tomaron trascendencia política y produjeron escisiones singulares en los partidos tradicionales. El presidente Terra formó frente con colorados anticolegialistas y con Luis Alberto de Herrera, jefe mayoritario del PN, y efectuó intensa campaña contra el régimen imperante, a cuyo fracaso atribuyó la crisis general, y propició su reforma. Fue el punto de partida de una serie de ilusionadas expectativas reformisas que se repetirían periódicamente, en la confianza o pretexto de cambios sustanciales que obrarían de paliativo por ese procedimiento constituyente.La corriente opositora de colorados del batllismo y de blancos del nacionalismo independiente y los partidos menores fue imponente para contrarrestar el golpe de Estado y la dictadura implantada el 31 mar. 1933, que provocó la interrupción de la normalidad institucional. En 1934 se convocó a elecciones de Constituyente, que elaboró la tercera Constitución, que abolió el CNA, reimpuso la presidencia (Terra fue elegido para 193438), y estructuró un régimen semiparlamentario y de coparticipación de los núcleos comprometidos. El gobierno concedió la plena ciudadanía a la mujer, constitucionalizó los más importantes principios de la legislación social, reconoció el derecho gremial de huelga, acentuó la intervención del Estado en las cuestiones sociales, etc. Los partidos opositores no participaron, excepto la Unión Cívica (coalición de partidos de inspiración católica) y el partido comunista. El clima de tensión derivó en franca oposición del batllismo y PN independiente, que no concurrieron tampoco a las elecciones que elevaron a la presidencia al candidato gubernamental general Baldomir (1938-42). El anhelo colectivo, exteriorizado públicamente, le determinó a promover una actuación de transición hacia el reencauce democrático, que fue apoyado por quienes habían manifestado su resistencia cívica al dictadura. En su seno surgieron las fuerzasmorales que mantuvieron el enfentamiento a los regímenes fascistas y dictatoriales de la época. El procedimiento consistió en un golpe de Estado (21 de feb. 1942) y breve dictadura no discutida por la generalidad (excepto el PN herretista), durante la cual se echaron las bases reformistas de tendencia parlamentaria, y apertura del Senado a la representación proporcional, que feron plebiscitadas afirmativamente con el concurso de todos los partidos, en forma simultánea con la elección de nuevos gobernantes, y consagró la cuarta Constitución.En el ínterin transcurrió la II Guerra Mundial, hacia cuyo desenlace se declaró la guerra al Eje. El acontecmiento repercutió en forma intensa en el proceso económic-social. Como la anterior, determinó la valorización de la riqueza tradicional ganadera, posibilitó otras agrícolas, y la producción de industrias de sustitución que aumentaron significativamente el número de empresas y obreros. En consecuencia, prosiguió la elevaci´n del nivel de vida amparada por la legislación social, se incentivó y extendió el proceso educativo-cultural popular, y se experimentó la la distorsión demográfica de atracción urbana por parte de los habitantes del interior. En este periodo sucedieron las presidencias de Amézaga (1943-47), Berreta, fallecido en los primeros meses de su mandato y siendo sustituído por el vicepresidente, Luis Batlle (1947-51) y Martínez Trueba (1951-529, último presidente de la serie. En la evolución partidista debe señalarse el incremento electoral del batallismo y del herrerismo sobr los sectores restantes del PC y PN respectivamente; en tanto que los tres minoritarios sólo alcanzaon el 9% del electorado, cifra válida hasta nuestros días. Privó la conducción política de Luis Batlle (sobrino J. Batlle Ordóñez), dirrigente de una fracción entonces mayoritaria del PC, que atendió los postulados valederos de su tendencia en adecuación progresiva y gestión de peculiar dinámica. La extensión industrial del Estado, la nacionalización de las empresas de servicios públicos, la protección del trabajo y de las industrias nacionales, la promoción intensiva de la justicia social, la sistemática y descentralización de la enseñanza, la afrimación de la autonomía docente, fueron en fin sus objetivos.Sobrevino un planteamiento político sorprea al inicirse la presidencia de Martínez Trueba, pues éste bregó por la reinstauración del colegiado (que había sido plebiscitado en forma negativa en 1946), aspiración programática batllista. Contó con el apoyo del batllismo conservador (lista 14) y del blancoacevedismo, y del PN herrerista, que presentaron ley constitucional que, plebiscitada, se convirtió en la quinta Constitución de 1952. Instituyó el poder ejecutivo colegiado del Consejo Nacional de Gobierno (CNG), compuesto de nueve miembros (seis mayoría y tres minoría), y de los gobiernos municipales, dotados de amplia autonomía, al igual que los numerosos entes autónomos (EA), e incluyó los "nuevos derechos" ya asentados en la realidad nacional; estableció además un reparto olítico expreso de la dirección de la administración autónoma (tres para la mayoría y dos para la minoría). El primer CNG fue presidido por Martínez Trueba (1952-55); el segundo fue encabezado por Luis Batlle (1955-59) y participó Luis Alberto de herrera, que había sido presidente del CNA en 1926, por la minoría del PN. La guerra de Corea repitió la coyuntura favorable a la economía del país de las conflagaciones mundiales. A su cese sxe inició la gran crisis que alcanza la época actual. Para mantener el apreciable nivel de vida de sus habitantes, el gobierno subsidió el consumo, fijó precios mínimos a la producción agrícola, estableció tipos diferenciales de importación, otorgó estímulos a las exportaciones no tradicionales, buscó limitar las ganancas excesivas de la producción básica, etc. Pero sobrevino el descenso mundial de precios, la menor demanda de las exportaciones clásicas, y, en consecuecia, su estancamiento, la paralizaxción industrialde sustitución ante la insuficiencia de su absorción por el pequeño mercado interno.La situación económica inflacionaria promovió intensa agitación social, aprovechada políticamente por el PN, que reagrupó bajo su lema las diversas tendencias que lo habían dividido. El sector herrerista del PN obtuvo el apoyo de la Liga Federal de Acción Ruralista (LFAR), que se había mantenido al margen hasta entonces, y ahora sumó sus votos al PNH. La coalición resultó triunfante en 1958. Se interrumpió así una hegemonía nominal del PC que durante 93 años había prevalecido en la dirección política del Estado. El tercer CNG estuvo encabezado por Etchegoyen (PNH) y Nardone (LFAR) en el periodo 1959-63. Un nuevo reagrupamiento electoral concedió otro triunfo al PN en fórmula a cuyo frente estuvieron Fernández Crespo, Giannatasio, Beltrán y Heber, que formaron el cuarto CNG por la mayoría, en tanto que Vasconcellos, Abdala ("15"), y Gestido (U Batllista), actuaron por la minoría, en 1963-67. La política general, de libre empresa, asistencia del Fondo Monetario Internacional (FMI), supresión inicial de subsidios, devaluación, agravó el prolongado proceso crítico, en medio de una desmesurada inflación. La crisis trascendió a lo político, e incluso fue de confianza en la virtud de las instituciones y los dirigentes. Se debe señalar que los fallecimientos de Luis Alberto Herrera y Luis Batlle fueron decisivos en la desorientación y escisión de sus partidos, aunque el mismo fenómeno se registró en los demás. El exceso deliberativo y la inoperancia del CNG para arbitrar medios e instrumental de reestructuración, superar el deterioro y promover la puesta en marcha hacia un nuevo e imprescindible desarrollo, impuso una nueva reforma, aceptada mediante plebiscito.Sexta Constitución. Su filosofía se inspira en la afirmación de las instituciones y la fe democrática. Eliminó el CNG y reimpuso el régimen presidencial adecuado a la necesidad de fortalecer sus facultades de órgano coordinador de la economía nacional y la responsabilidad política, para acelerar la tramitación parlamentaria y ejercer fiscalización más severa de los entes autónomos (eliminación del régimen de cargos por sistema de reparto), dando participación a los interesados en la dirección de determinados organismos, aumentó y redistribuyó Ministerios, creó organismos de planeamiento y presupuesto, etc. Se produjo una nueva rotación de los partidos al vencer el PC con la fórmula Gestido-Pacheco para el periodo 1967-72. El presidente Gestido falleció en el mes de diciembre de 1967 en pleno intento de recuperación nacional, y el vicepresidente Jorge Pacheco Areco pasó a desempeñar el alto cargo, desde el cual hubo de hacer frente a la guerrilla de los "tupamaros". En 1971, ganó las elecciones el candidato "colorado" José María Bordaberry, quien en diciembre de 1972 hubo de aceptar un plan de gobierno impuesto por los militares, quienes, en junio de 1973, disolvieron el Parlamento y la Confederación Nacional de Trabajadores. En el terreno económico se intenta implantar un liberalismo engarzado en un extenso plan económico y social. Los partidos políticos marxistas y paramarxistas han sido prohibidos. Actualmente el gobierno rige al país mediante decreto. Un Consejo de Estado, creado en diciembre de 1973, sustituye, en algún modo, al Parlamento y tiene, como una de sus principales, la función de preparar una reforma constitucional.FLAVIO A. GARCÍA.
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