Urbano VIII, Papa
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Biografía GER
Protagonista del más largo de los pontificados del s. XVII (21 años) y quizá también del más decisivo por las determinaciones político-religiosas que adoptó. Maffeo Vincenzo Barberini, vástago de esta conocida familia de la nobleza romana, nacido en Florencia el 5 abr. 1568. Realizó sólidos estudios de Teología en Roma y de Derecho en Pisa. En 1604 fue nombrado nuncio en París, lo que le permitió adquirir un conocimiento directo de las grandes cuestiones de la política europea. Dos años después recibió la púrpura cardenalicia y el 6 ag. 1623, a la muerte de Gegorio XV, fue elegido Papa.Por necesidad y por vocación, la actividad política absorbió gran parte de las energías del Pontífice. Los tiempos eran difíciles; las potencias católicas invadían la jurisdicción eclesiástica, se atribuían el nombramiento de los obispos, exigían impuestos al clero, y la Santa Sede reaccionaba con amonestaciones y protestas. Pero mucho mayor era la amenaza protestante, agravada durante la Guerra de los Treinta Años, que, al derivar hacia fines más bien políticos que religiosos, colocó al Pontífice en la mayor dificultad, sobre todo al inclinarse del lado protestante Francia, con la que el antiguo nuncio en París no quería romper. Se llegó así a una situación que tenía cierta semejanza con la de medio siglo atrás, cuando el rey de España se declaraba escandalizado de que Sixto V , no lo apoyase incondicionalmente contra el rey de Francia, aliado de los herejes.
A este agudo contraste se llegó paulatinamente; en los primeros años de su pontificado, u. VIII tenía aún la confianza de Luis XIII de Francia , y Felipe IV de España ; ambos lo escogieron como árbitro en sus diferencias sobre la Valtelina, conjunto de valles de gran importancia estratégica en el este de Suiza. Su posición se hizo más difícil con motivo de la guerra por la sucesión de Mantua; el Papa favoreció al candidato francés, Carlos de Nevers, y durante dos años (1628-30) el norte de Italia fue asolado por la guerra entre las tropas francesas y las hispanoaustríacas. El Papa envió como mediador al que luego sería famoso político, Mazarino , que se entendió perfectamente con Richelieu , Se acordó un armisticio, pero los franceses se negaron a evacuar la fortaleza de Casal, que domina los pasos alpinos, y el Gobierno español protestó y empezó a sospechar del papa pro francés, cuya mediación había resultado una trampa.
U. VIII creyó que podría evitar a la vez el triunfo de los protestantes y de los Habsburgo en Alemania favoreciendo el acercamiento de Francia y Baviera. Las victorias fulminantes de Gustavo Adolfo pusieron fin a estas ilusiones; Baviera fue devastada, y la misma Italia pareció amenazada. Pensó entonces que Francia podría ser el dique que contuviese la avalancha; sin embargo, Luis XIII y Richelieu se limitaron a obtener del rey de Suecia la promesa, mal cumplida, de respetar el catolicismo en los territorios que conquistase. Llegó entonces ( 1632) a su ápice la discordia con Felipe IV, que no comprendía cómo el Papa se negaba a ponerse sin reservas al lado suyo y del Emperador. Dos cosas pedía sustancialmente el rey de España: que le ayudara con subsidios y que utilizara las armas espirituales contra Francia; en el primer punto, el Papa consintió en proporcionar cierta ayuda, pero en el segundo se negó en absoluto, tal vez temiendo que la desobediencia en Francia llegara hasta el cisma. Entonces se produjo el ruidoso episodio de la lectura en pleno consistorio por el cardenal Borja de una protesta del rey de España, descargando en el Papa la responsabilidad de los daños que sufriera la causa católica en Europa. Aunque no faltaran a Felipe IV motivos de queja, el medio escogido no fue util ni adecuado; la irritación del Pontífice contra los gobernantes españoles aumentó, y ni siquiera la entrada en guerra de Francia al lado de los protestantes (163.5) le hizo cambiar de actitud.
Aunque la lucha en el centro de Europa atrajese su atención preferente, no descuidó los intereses del catolicismo en otros países. Puso muchas esperanzas en un posible retorno de Inglaterra a la antigua fe. Carlos I de Inglaterra, después de haber intentado contraer matrimonio con María, hermana de Felipe IV, casó con Enriqueta de Francia. U. VIII autorizó este enlace mediante ciertas condiciones y envió a Inglaterra a los legados Ponzani y Rosetti ,con instrucciones para trabajar por una restauración católica o, al menos, para mejorar la situación de los católicos; pero la actitud moderada de Carlos I hacia éstos sólo sirvió para desencadenar el odio de los anglicanos.U. VIII desplegó notable actividad en el campo misional; amplió la congregación De Propaganda Fide, creada por su antecesor, fundó el Collegium Urbanum para la formación de misioneros, erigió un obispado en Bagdad, dio impulso a la evangelización del Extremo Oriente, que conoció momentos de esplendor en China, mientras la cristiandad japonesa sucumbía, víctima de la más cruel persecución. Los decretos de reforma del Concilio de Trento , recibieron nuevas aplicaciones, ya urgiendo a los obispos el deber de residencia, ya alentando la fundación de seminarios, ya con la reforma del Breviario y de la música sacra. La querella jansenista se inicia en los años finales de este pontificado con la condena del Augustinus, pero no adquiere gravedad y resonancia hasta más tarde.A pesar de todo, la Roma del s. XVII estaba aún llena de lujo y mundanidad; se era más tolerante con las costumbres que con las ideas, y el nepotismo , de U. Vlll, aunque tuviera amplios precedentes, no podía ser un modelo de edificación; su hermano Carlos fue nombrado general, dos sobrinos investidos de la púrpura cardenalicia, y uno de ellos, además, recibió el ducado de Urbino y la prefectura de Roma. En general, toda la familia Barberini recibió honores y riquezas, conforme a la costumbre de las grandes familias italianas de aprovechar el pontificado de uno de sus miembros para su engrandecimiento colectivo. La dirección temporalista de U. VIll se manifestó también en sus esfuerzos por crear un ejército eficiente; impulsó las manufacturas de armas, fortificó la frontera del Bolonesado y amplió el puerto de Civitavechia. Logró la incorporación pacífica del ducado de Urbino a los Estados pontificios, pero fracasó en sus últimos años cuando quiso hacer lo mismo con el feudo de Castro, que formaba un enclave molesto. La guerra de Castro, emprendida sin razón suficiente, reveló su debilidad militar y su aislamiento diplomático, pues los Estados vecinos se coligaron contra él. Tal desengaño apresuró su muerte, ocurrida el 29 jul. 1644.
Lo más discutido de su pontificado ha sido su actitud política durante la Guerra de, los Treinta Años. Pastor y Leman lo disculpan, y sin duda tienen razón al negar la acusación hecha por Ranke y Gregorovius de haber abrigado una secreta simpatía hacia Gustavo Adolfo; pero no puede negarse su hispanofobia, que contribuyó indirectamente al triunfo del protestantismo en Westfalia.
U. VIII continuó la línea reformista recomendando al clero el uso del hábito clerical y la abstención del empleo de coches. Fueron muchas las peticiones de canonización que se le dirigieron, pero en este punto mostró gran sobriedad. Incluso declaró. por una Constitución de 5 jul. 1634, que sólo a la Santa Sede correspondía incoar estos procesos. Sin embargo, realizó algunas beatíficaciones, como las de S. Francisco de Borja , .S. Juan de Dios ,S. Isabel de Portugal y S. María Magdalena de Pazzi.
Tiene un puesto destacado entre los mecenas que embellecieron Roma; le honra la amistad y protección que dispensó a Bernini ,el cual ejecutó bajo su pontificado sus obras más famosas, entre ellas el baldaquino de S. Pedro, la iglesia de S. Andrea della Valle, el palacio Barberini y varias fuentes públicas. U. VIII Fue poeta fecundo en italiano, latín y griego; enriqueció la Biblioteca Vaticana y fomentó los estudios históricos.
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