Unidad FIL.
Categoria:
Filosofía
El término u. posee gran variedad de aspectos y sentidos: puede aplicarse a cada uno de los miembros de un conjunto, al número uno, a la magnitud que se adopta como base para medir otras magnitudes, al ser Uno como principio de toda existencia y todo pensamiento, etc. Todas estas acepciones están íntimamente emparentadas con las del término uno, cuyas significaciones son numerosas. De hecho, toda la gama de significados de ambos vocablos (que a veces se emplean como sinónimos) aparecen, de manera más o menos inmediata, cuando hacemos un estudio plenamente filosófico, metafísico, de la unidad.1. La unidad del ente. En el nivel más profundo y general, propio de la Metafísica, descubrimos una estrecha conexión entre u. y ente, que ya atrajo la atención de los primeros pensadores jónicos y que se afirmó decididamente como una de las preocupaciones más apasionantes de los pitagóricos y de los eleatas, sobre todo de Parménides (v.); posteriormente, el problema de la conciliación de lo uno con lo múltiple ha cruzado toda la historia de la filosofía, hasta el punto de que se ha llegado a decir que "el problema del ser es el problema de lo uno y de lo múltiple" (Raeymaeker).Sistemáticamente, debemos partir de la naturaleza misma del ente, cuya estructura de esencia y acto de ser (esse) se nos presenta realizada, bajo formas y proporciones variadísimas, en los entes concretos de nuestra experiencia (v. SER). Supuesta dicha estructura, y reconocida tmabién la alalogía (v.) del ente, descubrimos almismo tiempo las nociones trascendentales (v.), modos que acompañan a todo ente, pero que no le añaden nada real, sino sólo una consideración de razón, consistente en explicitar o aclarar algún aspecto implícitamente contenido en el concepto mismo de ente. Una de esas nociones -que, además, tiene rango de propiedad o pasiones la u. (el unum, en terminología escolástica), que expresa la identidad o coherencia del ser consigo mismo, y que tradicionalmente viene definiéndose como aquello que es indiviso en sí mismo y está dividido de lo demás; por consiguiente, tiene u. cada ente que es él mismo y no otro. Esta u. ofrece varias facetas:
a) Es trascendental, acompaña a todo ente. Como todos los trascendentales, implica identidad formal y diversidad conceptual con respecto al ente, y asimismo es perfectamente convertible con él: unum et ens convertuntur. Ello significa que todo ente es uno y que todo uno es ente. Lo primero se demuestra por una inducción, que ya Plotino (v.) había desarrollado (Enéadas, VI,9,1) y que S. Tomás expone así: "Uno no añade a ente más que la negación de división, pues uno no significa otra cosa que ente indiviso. Por eso se comprende que uno se convierte con ente. Todo ente, en efecto, o es simple. o es compuesto. Si es simple, es de hecho indiviso y, además, indivisible. Si es compuesto, no tiene ser mientras sus componentes estén separados, sino cuando, unidos, constituyen el compuesto. De donde resulta que el ser de cada cosa consiste en la indivisión, y por eso las cosas ponen el mismo empeño en conservar su ser que su unidad" (Sum. Th., 1 q11 al).
Cabe intentar una demostración más reflexiva partiendo de la afirmación insoslayable: el ser es. En cuanto afirmación, eliminará la negación contraria, el no-ser; y, por lo mismo, excluirá la división, Aplicando el razonamiento a los seres compuestos que nos ofrece la experiencia: las partes componentes de un todo (v.) se excluyen en cuanto partes (cada una no es la otra); entonces, si el ser naciera de todas esas partes, que bajo el aspecto de partes se niegan recíprocamente, nacería de la negación y, en último extremo, del no-ser. Se nos revela entonces la u., no como algo añadido extrínsecamente a cada ente, sino como una fuerza interna del ente mismo que, en virtud de su afirmación, establece su identidad, su coherencia consigo mismo. Y si esta afirmación del ser es absoluta, si conviene a todo ente, también la u. será absoluta o, lo que es igual, trascendental. Ello se confirma desde la otra perspectiva anunciada. todo uno es ente; la afirmación absoluta del ser así lo exige, al excluir al mismo tiempo y bajo el mismo aspecto absolutamente su opuesto, el no-ser; si lo uno no es ente, será nada. Y lo mismo resulta si volvemos a considerar que la u. consiste en la indivisión del ente; ¿cómo, entonces, será posible algo indiviso que no sea ente?b) Es propiedad del ente. Como toda propiedad trascendental (v.), la u. debe ser realmente idéntica y conceptualmente distinta del ente. Por su carácter trascendental, la u., que se convierte con el ente, se identifica con él. La distinción conceptual se advierte con el mero análisis de los términos: si ente significa lo que existe y uno expresa lo que es indiviso, nos encontramos ante significaciones claramente distintas; por consiguiente, la unión de esos términos -ente uno- no implica tautología, como algunos autores han pretendido.
c) Naturaleza de la unidad. Para penetrar más en ella, sigamos a S. Tomás en la ordenación progresiva de los conceptos que ahora nos interesan: lo primero que entendemos es el ente; después, la negación del ente; en tercer lugar, la división resultante de esa negación; en cuarto lugar, al negar dicha división alcanzamos la idea de unidad; por último, al conocer varias unidades, cada una de las cuales está dividida con respecto a las demás, obtenemos la noción de multitud (Q. de Pot., q9 a7; In IV Metaph., lect. 3, ed. Cathala n° 560). Así, la indivisión en que consiste la u. es una negación de división o, lo que es igual, una división negada; pero, como la división ya supone la negación, la u. será una negación de negación. Mas no se trata de una negación pura o absoluta, sino con respecto a un sujeto, lo cual le da cierta afinidad con la privación (v.); sin embargo, tampoco es privación en sentido propio y riguroso, ya que ésta niega del sujeto una cualidad que le conviene, mientras que la u. niega del ente la división que de ninguna manera le corresponde ni puede encontrarse en él. Digamos entonces que es a manera de privación: aunque parece significar la privación, tal apariencia no traduce exactamente la realidad, sino que es más bien un esquema lógico.Pero conviene no separar demasiado ambas nociones. La u. trascendental ni es la entidad sola ni la sola indivisión, sino la entidad indivisa; es uno cada ente en cuanto fundamenta la negación de división. Por eso, el elemento de mayor rango, el fundamental, es el ente, ya que, tratándose de una propiedad trascendental, el sujeto pertenece a la esencia de dicha propiedad. En consecuencia, la u. expresa de manera principal y directa la entidad, que es su sujeto, mientras que la propiedad misma -la indivisión- viene significada de modo secundario e indirecto. Así se comprende que lo que denominamos ente uno no sea la indivisión que se concreta en el ente, sino el ente determinado por la indivisión.2. Clases de unidad. Como el ente, con el que realmente se identifica, la u. posee analogía (v.), es decir, es un término que se aplica a diversas realidades de diferentes formas y en distintos grados; encontramos ya aquí una referencia a la multiplicidad, que pronto consideraremos. Una distinción fundamental y primera es la de u. trascendental (la del ente en cuanto ente, considerado en absoluto) y no trascendental (la de un ente en cuanto tal ente, considerado con alguna determinación). La primera, en la que cabe distinguir varios grados de indivisión, puede ser u. de simplicidad (cuando el ente uno carece de partes y, por tanto, además de indiviso es indivisible) o u. de composición (si el ente está compuesto de partes que actualmente forman un solo todo); en ésta se puede distinguir todavía la u. trascendental esencial o per se, es decir, la del ente que posee una sola esencia y una sola existencia, y la u. trascendental accidental o per accidens, o sea, la del "ente" compuesto por varias esencias y varias existencias; en este caso se trata propiamente de una multiplicidad de entes unidos accidentalmente, ya sea por yuxtaposición (u. de agregación), ya sea por causalidad extrínseca -eficiente o final-, ya sea por información (v. t. TODO). Es importante señalar que en la u. trascendental tiene su fundamento inmediato uno de los primeros principios (v.): el de identidad (v.).La u. no trascendental, por su parte, será: de razón (si sólo conviene al ente en cuanto es tal por abstracción) o real (cuando compete al ente que es tal ente en la realidad); esta última puede ser formal, si los entes se consideran atendiendo a su propia naturaleza, o material, si sólo se atiende a los individuos, en los cuales aún cabe diferenciar la u. sustancial y la accidental; dentro de esta última se encuentra la u. de la cantidad, llamada propiamente u. predicamental.Aparte de esta división principal de la u., pueden hacerse otras bajo aspectos distintos, que tienen su base en la analogía de lo uno y su manifestación en la experiencia, y que una metafísica sanamente existencial no puede perder de vista. Ciertamente, lo uno en sentido pleno es lo que existe por sí, lo que posee un acto de ser o esse propio, el sujeto concreto individual. Pero, dentro de la variadísima gama de existentes concretos, todavía pueden descubrirse varios tipos de u., jerarquizados en una escala cuyos grados van superándose progresivamente.Encontramos una unidad mínima en el nivel más bajo del mundo material, donde, sin embargo, ya está en crisis la noción de entes o seres elementales o simples cuya actividad no exige diferenciación de partes, porque incluso descendiendo a niveles atómicos e inferiores (v. ÁTOMO; PARTÍCULAS ELEMENTALES) ya se descubre cierta diversidad, al menos cualitativa, lo cual va inclinando a los científicos a desechar la noción tradicional de continuo (v.) perfectamente homogéneo. Siguiendo la escala ascendente de los entes o seres, éstos se van "complicando" cada vez más en sus actividades y, consiguientemente, en la organización de sus distintas partes, que por aparente paradoja- manifiestan mayor unidad cuanto más numerosas son. En un nivel superior, los seres espirituales, carentes de órganos, poseen una u. más perfecta, en la que hay varios grados. Atendiendo a las diversas formas en que el espíritu se manifiesta o vive, también descubrimos muchos tipos de u., más o menos ricos, más o menos logrados, según que la afirmación que cada ente o ser -y ahora nos referimos especialmente al hombre- hace de sí mismo a través de su conducta sea más o menos fuerte y, en consecuencia, lo acerque o aleje más o menos de la totalidad del ser en la que está inserto o de la que participa (v. PARTICIPACIÓN).Aparece así una nueva división, o mejor, un doble aspecto de la u. del ente: ésta puede considerarse o bien en cuanto cada uno de los seres o entes es en sí mismo indiviso y forma un solo todo (v.), o bien en cuanto la multiplicidad de los seres constituye el todo del ser. Y aparece también un aspecto importantísimo de la u.: su dinamismo; las diversas formas de realización de la u., los diferentes grados en que ésta se logra en cada uno de los seres, la cooperación de las partes al mantenimiento y perfeccionamiento del todo, etc., son otras tantas manifestaciones de ese dinamismo profundo de la u., que, por su parte, no hace sino reflejar el dinamismo, todavía más profundo, del ente entendido como estructura de esencia y acto de ser (esse). Y, como el ser lo abarca todo, dicho dinamismo se manifestará en todo tipo de seres (en el material, en el viviente y en el espiritual) y en toda clase de actividades (naturales y artificiales, técnicas, artísticas, culturales; sociales, políticas; morales y religiosas; etc.). En definitiva, el grado de u. de cada ente o ser revelará el puesto que dicho ente ocupa en la jerarquía total de los entes.3. La multiplicidad. Ya hemos advertido que en el seno de la u. se alberga la multiplicidad. Este término, que se contrapone y es correlativo al de u., designa el carácter de aquello que está integrado por elementos separables o distinguibles. A la noción de multiplicidad se llega pasando por la de alteridad: si consideramos un ser uno, concederemos que, por serlo, es indiviso en sí y está dividido de los demás (aunque éstos también sean, por su parte, unos); de ahí que los demás seres sean otros con respecto a aquel del que partimos; incluso cuando pensamos, establecemos esta alteridad entre objeto (v.) y sujeto (v.), alteridad que se cumple hasta en el caso de que seamos nosotros mismos, o nuestros actos, el objeto de nuestro pensamiento. La noción de alteridad implica cierta negación y, por consiguiente, cierta limitación, que, en cuanto tal, habrá de cargarse del lado de la esencia, mientras que la u. propiamente dicha, la indivisión en sí, procede más bien del acto de ser o esse (también llamado existencia). La correlación entre ambas nociones es tan fuerte que podría decirse, al menos en cierto sentido, que "así como no hay un existir que no sea el existir de una esencia, tampoco hay una que no sea otro" (De Finance).El conjunto de seres o entes dotados de u. en sí mismos, pero divididos -o, al menos, divisibles- entre sí constituye lo múltiple, también llamado multitud (aunque actualmente se tiende a polarizar este término en sentido exclusivamente social). La oposición entre lo uno y lo múltiple atraviesa toda la historia de la filosofía. Las soluciones han sido numerosas y a veces opuestas; podrían sintetizarse en dos grandes concepciones metafísicas: la de lo uno, iniciada por Parménides- (v.), seguida por Platón (v.), acentuada por Plotino (v.) y continuada por los pensadores que de alguna manera se pueden adscribir al platonismo, y la del ser, iniciada por Aristóteles (v.), continuada por los escolásticos, perfeccionada por S. Tomás (v.) y vigente en numerosos filósofos, especialmente realistas. Puede señalarse, como matiz algo diferente, la concepción de aquellos que, siguiendo a Kant (v.) y al idealismo (v.), establecen la u. en el pensamiento y conciben (así, Meyerson, o. C. en bibl.) lo múltiple y diverso como irracional, abocando, como el platonismo en general, a un panteísmo (v.) más o menos acentuado.No obstante, la conciliación de lo múltiple -empíricamente evidente- con lo uno -consecuencia insoslayable de la afirmación absoluta del ser, es decir, de que todo ente es- puede ponerse de relieve considerando de nuevo el ser en un doble aspecto: Todo ente, en cuanto ente, es, y es absolutamente uno, y, en este sentido, único. Pero hay múltiples entes; y cada uno de ellos es; es decir, pertenecen todos al orden del ser, teniendo cada uno una u. correlativa. Estas unidades correlativas forman todas ellas coma una unidad sobre la base de que cada una es. La u. de un todo (v.) es relativa, puesto que implica multiplicidad; por su parte, toda multiplicidad es relativa, puesto que forma un solo todo, el todo de los entes o todo del ser. Toda multiplicidad supone un principio de unidad, un elemento que reúne los diferentes términos. En el caso de la multiplicidad de los entes, ese principio que los unifica relativamente es el hecho de que todos son, participan del ser, cada uno a su modo. El ser aparece así claramente como análoga, como algo realizado en cada ente de distinta manera; la idea analógica del ser indica el principio de u. fundamental, puesto que permite reducir todas las cosas a una síntesis única (v. SER; ANALOGÍA).Tenemos así que hay una u. transcendental de todos los entes en el ser; u. que es de la que hemos llamado trascendental accidental, y que es una u. por causalidad extrínseca, en cuanto que todo ente tiene ser, pero no es el ser; su acto de ser, limitado, participa del Ser, es un acto de ser recibido (v. CREACIÓN). La creación es el fundamento (v.), origen (v.) y causa (v.) de esa participación (v.) en el ser y a su vez da una finalidad al ser (v. FIN; TELEOLOGÍA); de manera que todos los entes están unidos en el Ser por excelencia, o Ser puro (v. DIOS IV), que los ha creado y dirige con su providencia (v.). La aceptación realista de la multiplicidad de los entes (v. PLURALISMO; REALISMO) y de la estructura de cada ente en esencia y acto de ser (v. SER) evita así los equívocos de los enfoques racionalistas o idealistas (v. RACIONALISMO; IDEALISMO) y del monismo (v.) consiguiente, que se ven abocados a los errores panteístas o materialistas (v. PANTEÍSMO; MATERIALISMO I). Hay una u. en el mundo, una u. real de los entes, pero una u. dentro de una multiplicidad o pluralismo también real.La multitud es posterior a la u. y se opone a ella. Esta oposición no es contradictoria (pues, en tal caso, uno de los términos sería la nada), ni tampoco relativa (porque uno y múltiple son denominaciones absolutas); es una oposición de contrariedad, aunque sus extremos no pertenecen al mismo género; pero la u. trascendental los rebasa a todos, encontrándose en el conjunto analógico del ser.La multiplicidad más asequible a nuestra observación directa es aquella que está vinculada a la cantidad (v.) en cuanto tal y que, por consiguiente, tiene como base la materia (v.); pero también es concebible una multiplicidad no material, de puras formas (v.), ya sea en cuanto realmente existentes, ya sea en cuanto inmaterializadas por la abstracción. Esto da pie para dividir la multitud en trascendental, que se da en todos los estratos del ser, y predicamental, que sólo conviene a los seres pertenecientes al predicamento de cantidad, y que tiene su origen en la división del continuo; gracias a esa división pueden multiplicarse las especies del mismo género, los individuos de la misma especie, etc.Para terminar, deshagamos la objeción de que la u. forma parte de la multitud y, por tanto, no puede oponerse a ella. Puede considerarse la u. de dos maneras: "como algo perfecto en si mismo y poseyendo una especie, se opone a la multitud... pero si se considera como algo no completo según su especie y su forma, entonces no se opone a la multitud, sino que forma parte de ella" (S. Tomás, In X Metaph., 1 lect. 4, ed. Cathala, n° 1994).V. t.: TRASCENDENTALES; IDENTIDAD; SER; TODO; ORDEN; CANTIDAD; FÍSICA NUEVA, IDEAS FILOSÓFICAS EN LA, 6. Para la u. y unicidad de Dios, v. Dios IV, 7.S. CABALLERO SÁNCHEZ.
BIBL.: Para el estudio general y metafísico de la u., pueden verse los tratados de Ontología, citados en la Bibl. de los arts. METAFÍSICA, SER y TRASCENDENTALES, COMO: P. B. GRENET, Ontología, 3 ed. Barcelona 1973; H. D. GARDEIL, Métaphysique, 2 ed. París 1966; 1. RASSAM, La Métaphysique de Saint Thomas, París 1968; A. GONZÁLEZ ÁLVAREZ, Ontología, Madrid 1967; B. LAKEBRINK, Klassische Metaphysik, Friburgo 1967; I. DE FINANCE, Connaissance de l?être, Traité d?Ontologie, París-Brujas 1966; A. MARC, Dialéctica de la afirmación, Madrid 1964; É. GILSON, El ser y la esencia, Buenos Aires 1951; C. FABRO, Partecipazione e causalitá, Turín 1960; etc. Para la consideración realista o idealista del ser y, por tanto, de la u.: C. CARDONA, Metafísica de la opción intelectual, 2 ed. Madrid 1973; É. GILSON, La unidad de la experiencia filosófica, 3 ed. Madrid 1973; ÍD, El realismo metódico, 4 ed. Madrid 1974; y lo mismo en el caso del hombre: C. CARDONA, La situazione metafísica dell?uomo, "Divus Thomas" 75 (1972) 30-55. Sobre la trascendencia de lo uno: L. OEING-HANHOFF, Ens et unum convertuntur, Münster 1953. Sobre lo uno y lo múltiple: G. GALLI, L?uno e i molti, 2 ed. 1944; J. JALABERT, L?un et le multiple, De la critique à l?ontologie, París 1955; J. MARÉCHAL, El punto de partida de la metafísica, I, Madrid 1957 (estudia lo uno y lo múltiple en la filosofía antigua y medieval). Sobre la u. numérica, v. la bibl. de los arts. CANTIDAD; MEDIDA; NÚMERO. Sobre el carácter dinámico de la u. en los vivientes: J. CABLES, Unité et Vie, París 1946. Sobre la u. en las ciencias naturales y en relación con el principio de identidad: É. MEYERSON, Identité et réalité, París 1924.
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