Turgueniev, Iván Sergueievich
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Biografía GER
Escritor ruso, n. en Oriol el 9 nov. 1818. Vivió una infancia triste en el ambiente lujoso de Spasskoye, finca de su despótica madre. Aunque era el hijo preferido, le "daban fuerte, por cada pecadillo, casi todos los días". Testigo de muchas injusticias y crueldades para con los siervos, concibió una hostilidad tenaz hacia la servidumbre como institución. En sus obras, ciertos episodios están calcados de la realidad: en Mumú vemos a su madre; en El campesino libre OvsYanikov, a su abuelo materno, etc. La primera instrucción la recibió en casa, con preceptores e institutrices extranjeros. Pero en la literatura rusa se inició a escondidas, con un camarero siervo (retratado en Punim y Baburin). En 1827, la familia se traslada a Moscú; de una pensión privada Iván pasa al Inst. LazarevskIy y termina por estudiar en casa con un estudiante, KIlúshrtikov. A los 15 años ingresa en la Universidad, matriculándose en Letras. Impresión imborrable de su ambiente, reproducido en varias obras juntocon tipos de universitarios. En 1834 se traslada con su familia a San Petersburgo, en cuya Universidad acaba la carrera en 1837.Comienzos literarios. Durante sus estudios empieza ya su actividad literaria, con poesías románticas y un drama fantástico muy torpe, Stenio, imitación del Manfred de Byron; el prof. Pletnov lo criticó severamente, notando, sin embargo, que el joven autor "tenía algo", y escogió dos poesías para su rev. El contemporáneo (1838). Ese mismo año T. va a la Univ. de Berlín para completar su formación en Historia, Filología clásica y Filosofía (dominada todavía por el hegelianismo). Con Stankevich, Granovski y otros jóvenes rusos, T. forma allí una tertulia filosófica con alto ideal humanístico. Se precisan sus opiniones: "me arrojé, cabeza abajo, al mar alemán, que iba a purificar y regenerarme y, cuando, por fin, salí de sus olas, se me había pegado, sin embargo, el ser occidentalista y lo quedé para siempre", lo que no le mermará un profundo amor a Rusia y su pueblo. A pesar de algunos episodios amorosos, T. no llegó a casarse: Primer amor, quizá también Asya y Aguas primaverales son ecos de los mismos. Vuelto a su país en 1841, T. quiere ser profesor de Universidad, pero, sin dinero, a causa de una riña con su madre, ingresa como funcionario en el Ministerio de Asuntos Interiores. Dimite en 1843.T. escribe poemas, Parasha, Conversación, y relatos, Andrey Kolosov, El duelista, Tres retratos, donde se nota la influencia de Lermontov (v.). Parasha (1843) logra una buena crítica de Bielinski y da comienzo a una amistad entre ambos (descrita en Recuerdos). Siguen relatos como Petushkov, El parásito, El diario de un hombre superfluo, inspirados en el "naturalismo sentimental" de El capote, de Gogol. Pero T. tenía demasiada salud para quedarse en las "figuras de hospital" y llegó pronto, tras Pushkin y Gogol (de Almas muertas), al realismo. Su primera obra de genio propio, for y Kalinych (1847), retrato de dos labradores, tuvo gran éxito de crítica y público, animándole a seguir con este género. Escribe El mayordomo en Salzbrünn, acompañando a Bielinski, cuya influencia se nota en la descripción de abusos indignantes del derecho de servidumbre. Luego va a París, donde se queda en situación precaria. Publica Yermolay y la molinera, El labrador libre Ovsyanikov, La oficina, La muerte, El lobo, Los cantores, etc. De estos relatos del terruño, dos o tres suenan también a acusatorios, pero los demás obedecen a un puro propósito artístico. Sin embargo, T. será para la opinión pública el campeón de la causa campesina. Vuelve T. a Rusia a finales de 1850 por una grave enfermedad de su madre, que muere antes de su llegada. En posesión de la herencia, libera a los criados y mejora la situación de los labradores.Popularidad de Turgueniev. En 1852, reedita en un solo volumen todos los relatos rurales bajo el título de Apuntes de un cazador. Reunidos, hacen resaltar con mayor fuerza la incompatibilidad entre servidumbre y dignidad humana. En el mismo año, con motivo de la muerte de Gogol, T. escribe un artículo, rechazado por la censura de San Petersburgo, pero admitido por la de Moscú y publicado en La Gaceta moscovita. Esta vez se colmó la medida; el escritor será castigado por "desobediencia a las autoridades": un mes en la Comisaría (escribe Mumú) y luego destierro en su finca. Escribe obras cortas como La posada, Dos amigos, Bonanza; su atención pasa del campo al mundo intelectual. En 1854, gracias a una súplica al futuro zar Alejandro II, T. sale de su finca. Con fecundidad, talento maduro y fama, dará una serie de grandes novelas. La primera, Rudin (1856), es el retrato de un hombre inteligente, elocuente, con impulsos generosos, pero inepto en la práctica. Mucha gente se reconoció en él. En el mismo año T. traslada su domicilio al extranjero, Baden-Baden y París, para vivir en la vecindad del matrimonio Viardot (ella la gran cantante Pautinc García, hermana de La Malibrán), que conoció en Rusia; colaboración literaria con él, amistad amorosa con ella. Cada año pasa una temporada en Rusia.Igual éxito acogió, en 1859, a Un nido de gentilhombres, cuadro de la vida de los terratenientes, con la figura sublime de la mujer rusa en Liza. Sigue En vísperas (1860), con el búlgaro Insarov, tipo de patriota-hombre de acción. La liberación de los siervos, decretada en 1861 por el zar libertador Alejandro II, aumenta la popularidad de T., como un éxito personal suyo. Sin embargo, con la novela Padres e hijos (1862), que dibuja el antagonismo entre los idealistas refinados de los a. 40 y los rudos materialistas radicales de los 60, la mayoría de los críticos y parte de la juventud se volcaron contra T., interpretando falsamente el personaje de Bazarov como una caricatura. Los ataques hirieron a T. hasta el punto que pensó en dejar toda actividad literaria; su pesimismo, visible ya en Un viaje a Pollesye (1857), se acentuó en los relatos cortos Fantasmas (1863) y Basta (1864), y luego en la novela Humo (1867), donde se retrata con cierta ironía la sociedad rusa y la pugna entre occidentalistas y eslavófilos. El pesimismo reaparecerá en algunas Poesías en prosa (1878-83). Pero, de momento, T. reacciona en su última gran novela, Tierras vírgenes (1876), describiendo, quizá con menor brillantez, el movimiento populista, que fracasa, y un personaje positivo, Solomin, moderado, con voluntad firme y respeto hacia el pueblo trabajador.El hotelito de T. en Baden-Baden fue un centro artístico. En 1871 T. se traslada a París con los Viardot, donde pasará sus últimos 12 años. Tiene amistad con Flaubert, los Goncourt, George Sand, A. Daudet, Zola, Maupassant. Sus obras de esta época se limitan al análisis psicológico; así: Una historia extraña (1869), El rey Lear de la estepa, Aguas primaverales, ’El reloj (1875), etcétera. A veces se añade un elemento místico, fantástico o simbólico, como en Un sueño (1876), El cuento del padre Alejo (1877), El canto del amor triunfante (1881) o Klara Milich (1882). Mientras los críticos, ávidos de problemas políticos y sociales, mantenían su hostilidad hacia T., la popularidad del escritor aumentaba, sobre todo entre la juventud, por los sentimientos elevados que él expresaba. Sus últimos viajes a Rusia fueron apoteósicos, en especial en 1880, cuando pronunció un magnífico discurso en la inauguración del monumento a Pushkin en Moscú. En París, T. añoraba su tierra, se quejaba de aislamiento, pero le faltó la energía de trasladar su domicilio a Rusia. En 1881 enfermó de podagra y murió en Bougival, cerca de París, el 3 sept. 1883. Su entierro en Rusia fue una manifestación grandiosa de luto nacional.Análisis de su obra. T. es uno de los más grandes escritores rusos y, por ser prosista, de los mejor conocidos en el extranjero. Su obra constituye un vasto panorama de la vida rusa de los a. 1840-70, con retratos de labradores, terratenientes, idealistas abúlicos, hombres de acción, eslavófilos, occidentalistas, conservadores, nihilistas y una galería de delicadas imágenes femeninas, desde Liza o Lukerya, una santa, hasta la heroína sensual de Aguas primaverales, pasando por la coqueta Irina y la fanática Elena, sin olvidar tampoco a los niños. Según el autor mismo, necesitaba siempre un modelo de carne y hueso y, en la mayoría de los casos, experimentaba por él un sentimiento de simpatía, aun viendo sus defectos. Frecuentemente, un personaje bastante pálido expresa, como el coro en la tragedia griega, el punto de vista del escritor. Con inteligencia y agudo don de observación, T. sabe admirablemente "coger el instante", o sea, captar los estados de ánimo de la sociedad en cada momento; sus personajes adquieren así el valor clásico de tipos humanos, portadores de las ideas y aspiraciones presentes. De ahí que varias obras maestras de T. sigan la misma evolución cronológica que la sociedad: las almas sensibles anhelan la liberación de los siervos --entre los intelectuales abundan los "hombres superfluos"-, oradores entusiastas hacen propaganda contra los males del siglo, tal propaganda da frutos: surgen hombres de acción y materialistas-nihilistas; por fin, fracasada la subversión, se nota una reacción con la firme resolución de trabajar simplemente por el bien del pueblo. La preocupación de T. es esencialmente de orden artístico. El fermento sociopolítico se desvaneció con la muerte de Bielinski (1848). El deseo de la liberación de los siervos fue colmado por la reforma del Zar. Sólo le quedan una fuerte aversión al duelo y un gran interés por el problema de la voluntad, habiendo pasado T. de hegeliano a partidario de Schopenhauer. Liberal por temperamento, con formación occidentalista, se inclinó, por amor a todo lo ruso, hacia el pensamiento eslavófilo, encontrando entre las dos tendencias un equilibrio inestable y negando que fuesen antagónicas (Memorias).El ritmo de la narración en T. nos parece lento hoy día. Describe con muchos pormenores concretos los paisajes, el aspecto físico de los personajes, su biografía. Hace uso frecuente de contrastes entre distintas personas, entre luz y penumbra, entre sonidos y silencios. Gran sencillez y claridad del estilo, que suena, según L. Tolstoi, "como la profunda música de Beethoven". Es único en evocar una atmósfera, despertar la imaginación del lector, ya armonizando con el estado de ánimo de la persona el paisaje que la rodea, ya proyectando los hechos hacia el futuro o el pasado: esperanzas y recuerdos. Con esto, su prosa adquiere un encanto poético inigualable, y nuestro autor merece ser definido corho el poeta en prosa por antonomasia.RURIK DE KOTZEBUE.
BIBL.: Obras: en ruso: Pólnoye sobrániye sochiiiéniy, 10 Vol., 7 ed. San Petersburgo 1915 (obras completas); Obras completas, dir. M. P. ALEKSEYEV, 14 vol. más 14 vol. de cartas, Moscú 196368.-En español: numerosas obras sueltas-Estudios: R. FREEBORN, Tur.gueniev, the Novelist’s Novelist. A study, Oxford 1963; A. YARNIOLINSKY, Turgueniev: the Man, his Art and his Age, Nueva York 1959; D. MAGARSHACK, Turgueniev, a Lile, Nueva York 1954; H. GRANDJARD, luan Tourguémet, et les courants politiques et sociaux de son temps, París 1954; CH. MORGAN, Imágenes en un espejo, Barcelona 1947; S. MONTERo Dí.4z, Cervantes en Turgueniev y Dostoierski, Madrid 1946; R. TRAUTMANN, Zu Form und Gestalt der Norellen Turgenjeu,s, Leipzig 1942; A. RÉNuzov, Tourguéniev, poéte du réve, París 1933; E. Sí.NINOFF, La vie douloureuse d’lvan Tourguéneff, París 1933; A. MAUROis, T)i4i-ghénei,, París 1931 ; E. DAMI.ANI, Ivan Tinghenief, Roma-Turín 1930; A. MAZON, Manuscrits parisiens d’li,anNotes et extraits, París 1930; ío, L’¿laboration Xua ronian de Tourgh¿niei,, "Rev. des Études slaves", V, 1-4 (1925); U. HUBER-NOODT, Uoccidentalisnie d7ran Tourghéniev, París 1922; F. LosINI, Ivan Turghieniel`, Roma 1918; W. LEONHARDi, Tzii~geiiieffsroiiiapie. Ein Beitrag zur Kenntnis der Geschichte des russischen Ronians um die Mitte des XIX lahrhunderts, Lcipzig 1909; E. HAUMANT, Ivan Tourghénief. La vie et l’oeuvre, París 1906; E. HALPÉRINE-KAMINSKY, Ivan Tourguéneff d’aprés sa correspondance avec ses amis franeais, París 1901; E. DíEZ CANEDO, Turgenef en sus "Conversaciones literarias", Madrid s. f.
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