Tumor MEDICINA
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Medicina
En sentido amplio se considera t. a toda hinchazón localizada en algún territorio corporal. En el lenguaje médico habitual tiene un sentido más restringido. Según Willis: "un verdadero tumor es una masa anormal de tejido, cuyo crecimiento excede y es incoordinado conel del tejido normal, y persiste en la misma manera excesiva después de cesar el estímulo que evocó el cambio" (o.c. en bibl.). En este sentido, t. es sinónimo de neoplasia (del gr. neos, nuevo, y plasis, formación). Las características propias del crecimiento permiten diferenciar un t. de otras proliferaciones celulares anormales, tales como las que ocurren en los procesos inflamatorios y de reparación, en la hiperplasia y en las malformaciones. En estas proliferaciones se conoce la esencia de la reacción y el crecimiento está en estrecha relación con los fenónlenos vitales del organismo. En los t., el crecimiento es espontáneo, es decir, no se puede reconocer la razón del mismo en base al organismo; el t. crece sin un fundamento ordenado a la totalidad del organismo.Comportamiento de los tumores. Concepto de malignidad. Algunos t. crecen lentamente, no invaden los tejidos vecinos, que son rechazados en su crecimiento expansivo, se mantienen siempre localizados en el lugar de origen y generalmente no causan trastornos importantes. A causa del crecimiento, el tejido conjuntivo resulta rechazado y forma una cápsula en torno al tumor. Estos t. se denominan benignos. Por el contrario, otros t. crecen más rápidamente, invaden los tejidos vecinos, producen metástasis y terminan con la vida de los pacientes que los sufren. Estos t. se denominan malignos. La separación entre t. benigno y maligno no se puede hacer siempre con claridad. Además, algunos t., en principio benignos, pueden experimentar una transformación maligna, fenómeno conocido por malignización y que es poco frecuente.El concepto de benignidad o malignidad en los t. hace referencia a su forma de crecer, más que a la suerte que corra la vida del paciente. Los t. malignos, abandonados a su evolución natural, conducen indefectiblemente a la muerte. Pero también los t. benignos pueden ser causa de muerte ocasionalmente al alojarse en un órgano vital y producir una disminución funciona¡ del mismo por compresión, por originarse en una glándula endocrina y producir exceso de hormona, o por una complicación accidental. A pesar de ello, a estos t. no se les llama malignos. Como señala Letterer, al concepto de "maligno" corresponde un determinado comportamiento frente al tejido del huésped, en el sentido de un crecimiento infiltrante y destructor. Por tanto, un t. es clasificado como benigno o maligno según su patrón histológico.La causa más frecuente de muerte de los t. malignos es la caquexia, que se caracteriza por afectación del estado general con debilidad, pérdida de peso y agotamiento progresivo. No está esclarecido el mecanismo que conduce a este síndrome. Es posible que sea el resultado de muchos factores, entre otros: excesivo consumo de nutrientes por el t., hemorragias, necrosis con liberación a la sangre de sustancias nocivas y quizá alguna reacción inmunológica del tejido tumoral frente al huésped.Metástasis. Es el resultado del desarrollo de focos tumorales secundarios, más o menos separados del foco primitivo, sin que exista continuidad tumoral con él. Las metástasis dependen de que células tumorales se separen del nódulo primitivo e invadan vasos sanguíneos o linfáticos, o cavidades corporales y sean transportadas adistancia. Las metástasis muestran peculiar tendencia a localizarse en los ganglios linfáticos, en el hígado y en el pulmón. Menos frecuentemente se localizan en riñones, huesos, suprarrenales y cerebro.Clasificación histogenética. Aparte de la división en benignos y malignos según el comportamiento, los t. se clasifican de acuerdo con la naturaleza del tejido de donde se originan (v. tabla). Los t. benignos se designan con el nombre del tejido seguido de la terminación -oma. Así, el t. benigno de un tejido glandular se denomina adenoma (v.; del gr. aden, glándula); el del tejido conjuntivo fibroso, fibroma; el del músculo liso, leiomioma (del gr. leios, liso, y mios, músculo). Los t. malignos de origen epitelial se conocen como carcinomas. A los carcinomas de la piel se les suele llamar epiteliomas.Los t. malignos originados en el tejido conjuntivo y muscular son los sarcomas. La denominación concreta de cada tipo de sarcoma se hace añadiendo al nombre del tejido afectado la terminación -sarcoma. Así, fibrosarcoma o t. maligno del tejido conjuntivo fibroso, osteosarcoma (o sarcoma osteogénico) del tejido óseo, y linfosarcoma del tejido linfoide (V. LINFA). El linfosarcoma se acompaña a veces del paso de gran cantidad de células tumorales a la sangre, cuadro que se conoce como leucemia linfoide. Esta condición se da más frecuentemente sin existencia de tumoración propiamente dicha, hecho fácil de comprender si se tiene en cuenta que en los órganos hemopoyéticos se forman normalmente los linfocitos que luego han de pasar a la sangre. Por la misma razón, la transformación tumoral de las células que generan los leucocitos en la médula ósea no suele manifestarse tampoco por tumoración, sino por leucemia (v.), que en este caso se denomina mieloide. En la médula ósea se da otra enfermedad, mielomatosis, que cursa generalmente con tumoraciones múltiples, cuyas células muestran rasgos de células plasmáticas. Más raro es el plasmocitoma solitario, que se presenta como un t. único y está constituido por células de clara estirpe plasmocciular.Patología tumoral. Etiopatogenia. Hoy se acepta que la mayoría de los t. se originan por multiplicación continuada de células del propio organismo, las cuales presentan una morfología normal antes de iniciarse la neoplasia. En circunstancias normales, las células suelen responder con divisiones (mitosis; v.) a determinados estímulos, cuando han sido destruidas otras del mismo tipo, restituyendo así la integridad del tejido. Cuando una célula o grupo de células es asiento de una transformación tumoral, se alteran genéticamente y responden a los controles normales de la multiplicación celular con más divisiones que las células normales (Temin).Las células transformadas se diferencian, tanto morfológica como fisiológicamente, de las células normales de las que proceden. Este cambio, anaplasia, suele estar en relación con la malignidad del tumor. Los t. más malignos, de evolución más rápida, son los más anaplásicos. Si las células se dividen con un ritmo muy rápido, los espacios intermitóticos son muy cortos y no hay tiempo para la diferenciación celular. Las células adquieren entonces rasgos de células indiferenciadas, sin que tengan nada que ver con las células embrionarias.Cabe preguntarse: ¿cómo y por qué una célula normal se transforma en tumoral? ¿Es una transformación de la célula misma o le viene de fuera? No hay una respuesta segura para estas cuestiones y son varias las teorías que intentan explicar el fenómeno. De todas, la vira] es la más generalmente admitida, al menos en cancerología experimenta]. Según esta teoría, la transformación maligna se produce por la infección con un virus tumorígeno. Formulada por primera vez por Borre¡ en 1903, no tuvo entre 1930 y 1950 prácticamente más defensor que el español Durán-Reynals. Hoy se conocen unos 80 virus oncógenos diferentes, aislados a partir de t. de animales, predominantemente vertebrados; la mayor parte de los trabajos recientes de cancerología experimental están inspirados en la teoría viral. Especial importancia tienen los virus ARN, que pueden estar en relación con leucemias y sarcomas. Estos virus ARN -por medio de un enzima, la transcriptasa inversa- son capaces de transcribir ADN, el cual se incorpora al ADN de la célula huésped, del que no se puede separar. Este ADN viral se transmite indefinidamente a través de ge,neraciones celulares, sin llegar a formar partículas virales detectables. No obstante, puede manifestarse esporádicamente al activarse uno o varios genes virales, los cuales sintetizan proteínas extrañas para la célula (antígenos T). Esta activación puede ser causada por agentes muy diversos, entre ellos sustancias químicas que han demostrado ser eficaces agentes cancerígenos. Cada día cobran mayor importancia también los virus tipo Herpes, a los que se responsabiliza con gran probabilidad de un linfoma maligno de los negros: el t. de Burkitt. VirusTUMOR - TICÍNELESde este tipo se consideran también implicados en la génesis del carcinoma del cuello uterino.Forma general de los tumores. Es muy variable, de acuerdo con la localización, el tipo de crecimiento y el posible remodelado de estructuras vecinas. Cuando el t. se origina en una superficie corporal (externa o interna), puede crecer hacia afuera, sobresaliendo respecto a la superficie, t. exofítico; o crecer desde un principio en profundidad, t. endofítico. El primero puede tomar la forma de nódulo aplanado, si afecta en su origen a una superficie amplia, o de nódulo redondeado con un pedículo de unión a la superficie de origen, cuando ésta es pequeña (pólipo). El t. endofítico, cuando tiene un crecimiento infiltrante, tiende a tomar la forma de la fig. 1-H. Cuando el t. se origina en el seno de un tejido sólido la forma queda determinada por el tipo de crecimiento, la extensión del campo de origen y el remodelado de estructuras vecinas. En la fig. 1 se representan esquemáticamente las formas más frecuentes.El quiste es una cavidad de contenido líquido; constituye un fenómeno que acompaña a menudo al crecimiento tumoral. Puede presentarse como alteración regresiva, por licuefacción autolítica, o puede ser un componente primario como ocurre en t. de glándulas exocrinas y frecuentemente en el ovario. En este caso. los productos segregados por las células tumorales (suero, moco) se coleccionan en cavidades que se establecen en pleno tumor. Existen también quistes que no son de naturaleza tumoral, como ocurre con los originados en algunas parasitosis, tales como el quiste hidatídico,Microscópica mente, los t. están constituidos, como los tejidos normales, de células y sustancia intercelular. Todo t. consta de parénquima, constituido por las células propiamente neoplásicas, y estroma, compuesto por tejido conjuntivo no neoplásico y vasos sanguíneos que dan al t. soporte y nutrición.Clínica y diagnóstico. El cuadro clínico de un t. varía mucho según sea el órgano en que asienta, su naturaleza benigna o maligna y la posible capacidad de elaborar sustancias, tales como hormonas.El diagnóstico se basa en el estudio histológico. El método más generalizado es la biopsia, consistente en la excisión de una pequefia porción tumoral que es estudiada por el patólogo. Para reducir exploraciones y evitar los riesgos que la manipulación de un t. maligno representa para su posible diseminación, en muchos t. se recurre a la biopsia intraoperatoria, cuyo resultado condiciona la conducta a seguir por el cirujano.Se ha revelado también como método de gran utilidad el -estudio de la citología exfoliativa, introducido por Papanicolau. Esta técnica se basa en los cambios morfológicos que experimentan las células transformadas (anaplasia). Por otra parte, las células de los t. malignos tienen menos cohesión entre sí y se descaman con facilidad, lo que supone una ventaja para cosechar células tumorales a partir de t. que asientan en órganos huecos. La citología exfoliativa tiene especial importancia en el diagnóstico del cáncer de cuello uterino. En todo caso, el diagnóstico citológico requiere la confirmación por medio de la biopsia. Es muy importante el diagnóstico precoz (v. CÁNCER).Tratamiento. Va encaminado a la eliminación del tejido neoplásico. El medio más seguro es la exéresis quirúrgica completa, cuando la lesión está localizada. Si la exéresis no es completa, el t. reaparece (recidiva). Cuando el t. no puede ser extirpado, la Cirugía (v.) puede ser útil como paliativa de situaciones extremas, lo que puede permitir alargar la vida del paciente. La radioterapia (v.) es otro método muy valioso, bien como tratamiento único o en combinación con la cirugía; su uso se funda en que las células tumorales son más sensibles a la radiación que las normales. No obstante, la radiación también afecta a los tejidos normales, pudiendo ocasionar serios trastornos. La susceptibilidad a la radiación es muy variable de unos t. a otros, por lo que su uso se limita a los t. claramente sensibles. Finalmente, la quimioterapia (v.) se basa en la capacidad que tienen ciertas sustancias químicas, administradas paren teralmen te, para localizarse en las células que se dividen frecuentemente, y destruirlas. Es útil en casos de t. generalizado, en la enfermedad de Hodgkin y en las leucemias. Entraña riesgos por los efectos secundarios, especialmente sobre el tubo digestivo y tejidos hemopoyéticos.V. t.: CÁNCER.VÁZQUEZ GARCÍA.
BIBL.: S. L. ROBBINS, Patología, 3 ed. Madrid 1968, 81-121; R. A. WILLIS, Pathology of tumours, 4 ed. Londres 1967; S. OCHOA, Viruses and cancer: comments and surnrnary, en W. M. STANLEY Y OTROS, Virus y cáncer, Barcelona 1971, 407-413.
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