Triple Alianza HIST.
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Historia
Pacto militar defensivo, acordado en 1882 entre los Imperios de Alemania y Austria-Hungría y el reino de Italia. Forma parte del sistema de mancomunaciones propio de la época de la Paz Armada (1870-1914).Gestación. La victoria prusiana sobre Francia, en 1870, y la consiguiente proclamación del Imperio alemán deparaban a éste un papel director de la política europea. El canciller Bismarck (v.), prudentemente, se conformó con aquella hegemonía virtual, y renunció a nuevas expansiones, que hubieran concitado inevitablemente la enemiga de las restantes potencias europeas. Su máxima preocupación fue siempre evitar una alianza antialemana. Se imponía, ante todo, una continua vigilancia sobre laspotencias vencidas por el Reich, Austria y Francia -especialmente ésta-, y dejarlas perennemente aisladas en sus afanes revanchistas. La táctica de Bismarck era muy clara: evitar la formación de alianzas, y, en caso de que se constituyeran, lograr que Alemania entrase en ellas, y,’de ser posible, que las dirigiera.Cuando en 1871 la naciente III República francesa inició un significativo acercamiento a Austria, Berlín trató por todos los medios de ganarse las simpatías de Viena. Bismarck no podía ni soñar en atraerse a Francia, fuertemente resentida por la derrota, y movida por muy serias reivindicaciones antialemanas; pero el caso de Austria era distinto: en primer lugar, por el germanismo del emperador Francisco-José, y en segundo, porque el respaldo alemán era indispensable para la política de expansión danubiana y balcánica que el Imperio austrohúngaro se disponía entonces a emprender.Desde 1871, la alianza germano-austriaca era un hecho. Restaba, sin embargo, un peligro, aunque remoto: la posibilidad de que Francia y Rusia, pese a las grandes diferencias ideológicas que las separaban, llegasen a entenderse, y formaran un bloque rival. La diplomacia de París tenía ya tal proyecto en cartera, y el peligro era tanto mayor cuanto que Rusia no podía ver con buenos ojos la prevista expansión de Austria sobre los países eslavos. Por eso fue un gran éxito diplomático del canciller alemán la atracción del zar Alejandro II a la Liga de los Tres Emperadores, que quedó formulada en 1873. La idea central de aquella liga era la constitución de una especie de directorio continental europeo, basado en la dignidad imperial. Los tres Imperios -Alemania, Austria y Rusia- serían los guardianes de la paz en Occidente, y presidirían la mesa de las negociaciones internacionales. La liga era también la alianza de tres potencias monárquicas y autoritarias, que así podrían defenderse de los peligros demoliberales.El plan era una tentación para Alejandro II, que entró con gusto en la componenda. De todas formas, es preciso advertir que la Liga de los Tres Emperadores no llegó a ser nunca una alianza formal y articulada, y que hubo de tropezar con dificultades, por los celos de Rusia sobre la política austriaca. La guerra ruso-turca, con el consiguiente Congreso de Berlín (v.), de 1878, en que las potencias europeas, presididas por Alemania, cortaron el avance ruso hacia Constantinopla, puso en trance de muerte la Liga de los Tres Emperadores.Bismarck necesitaba desde entonces una alianza formal, que sustituyese al fenecido proyecto de directorio. En 1879 se firmaba un serio compromiso bilateral entre Berlín y Viena. Y desde 1881 se vio el deseo italiano de unirse a aquella alianza. Hasta entonces, Italia había mostrado motivos de agravio contra Austria, que detentaba todavía territorios italianos irredentos (Trieste y el Trentino); de suerte que Roma ansiaba constituir un eje con Berlín -que tanto había contribuido en 1866 a la unidad italiana-, pero sin que este eje pasara por Viena. Sin embargo, la postura de Bismarck a este respecto era inflexible: no admitía otra alianza que la triangular. La ocupación de Túnez por los franceses, en 1881, cambió espectacularmente aquel estado de cosas. Túnez era el sueño dorado de los italianos, que proyectaban iniciar por aquel territorio tan cercano a sus costas su expansión norteafricana. Italia llegó a un alto grado de tensión con Francia, y sólo entonces se decidió a entrar en la alianza tal como lo proponía Bismarck. En 1882 optó por dar un paso del que esperaba más ventajas que inconvenientes.Cláusulas y finalidades. La T. A. era un pacto de no agresión y buena voluntad entre las potencias signatarias, y preveía, sobre todo, la mutua ayuda militar. El ataque de dos o más potencias --o de una, si ésta era Franciacontra alguna de ellas sería considerado como un ataque contra las tres. La alianza se estipulaba por un plazo de cinco años, y era renovable a su término, en nuevos plazos de igual duración, de forma indefinida. Los firmantes se esforzaron en dejar en claro su carácter puramente defensivo, y su falta de otra intencionalidad concreta; aunque la cláusula en que se hacía mención de Francia no dejaba de ser significativa.La T. A. fue así el primer convenio formal y expreso entre varias potencias en la época de la Paz Armada y concuerda admirablemente con su espíritu. Su finalidad oficial -e incluso su finalidad real- fue la preservación de la paz europea, aun cuando, en el caso de Italia, figurase la posibilidad de una revancha sobre Francia por la cuestión de Túnez. Austria, por su parte, veía en el pacto un apoyo indirecto de sus planes en la cuenca del Danubio; en tanto para Alemania lo que garantizaba aquel acuerdo era, ante todo, el aislamiento diplomático de Francia, y la imposibilidad de una coalición antigermana. La subida al trono de los zares de Alejandro III (1881) permitió renovar, siquiera momentáneamente, la Liga de los Tres Emperadores. Alemania se veía así presidiendo dos coaliciones complementarias, que englobaban a cuatro de las seis primeras potencias de Europa. De las dos restantes, Francia quedaba aislada a la fuerza, y la Gran Bretaña por su propio designio, en virtud de su política oceánica desviada de los asuntos continentales (splendid isolation) de la segunda mitad del s. XIX.De este modo pudo imaginar Bismarck garantizada la paz europea y la suave hegemonía alemana, sin posibilidad de una grave alteración. El principio sobre el que se basaba la T. A. era el que pudiéramos llamar positivismo político, tan propio de la época, y que recurría mucho más a la fuerza de los hechos que a los postulados de la ética o del espíritu de comprensión. Se buscó una fórmula de fuerza que hiciese imposible la guerra, y la fórmula prosperó en tanto’ no cambiaran las circunstancias. La idea de la Paz Armada, en que se declara el servicio militar obligatorio, se utiliza la revolución técnica para hacer más mortíferos los armamentos, y se lanzan al mar los primeros acorazados, participa de esa misma concepción de la fuerza como salvaguardia de la paz.La T. A. se renovó, con mutuas protestas de amistad entre sus signatarios, en 1887, y las renovaciones se sucedieron ininterrumpidamente -aunque con decreciente adhesión por parte de Italia- hasta 1913. El eje Berlín-Viena se reforzó de año en año, en tanto tendía a debilitarse el ramal hacia Roma, y ello porque la política paneslavista de Rusia hacía confluir los intereses de los dos imperios germanos, mientras Italia veía pasar el tiempo sin que obtuviese ninguna ventaja del pacto, a costa de renunciar sine die a sus reivindicaciones alpinas y adriáticas. Aun así, la T.A. pudo parecer más un elemento de paz que de contienda, durante muchos años, incluso después de disuelta en 1890 la Liga de los Tres Emperadores, y de formalizada, un par de años más tarde, la inevitable entente franco-rusa. Ya en el s. XX, el abandono del aislacionismo por parte de Inglaterra, y la progresiva defección de Italia -que acabaría militando en el bando de los aliados- provocarían la inversión del sistema de alianzas en contra de Alemania, que acabaría sintiéndose acorralada (el "cerco hostil" a que aludía el kaiser Guillermo II). Este fallo funcional de la T.A. y su inmediata consecuencia, el aislamiento de Alemania, son premisas que hay que tener necesariamente en cuenta al estudiar la génesis de la I Guerra mundial.V. t.: BiSMARCK.J. L. COMELLAS GARCÍA-LLERA.
BIBL.: B. SCHMITT, Triple Entente and Triple Alliance, Nueva York 1934; P. RENOUVIN, G. HARDY y E. PRECLIN, L’époque contemporaine, II, La paix armée et la grande guerre, París 1960; W. WINDELBAND, Bismarck und die Europüischen Müchte, 1879-85, Essen 1942; G. VOLPE, VItalia nella Triplice Alleanza, 1882-1915, Milán 1939; J. R. DF SALIS, Historia del mundo contemporáneo, Madrid 1967.
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