Toscanini, Arturo
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Biografía GER
Director de orquesta italiano; n. en Parma el 25 mar. 1867; m. en Nueva York el 16 en. 1957. Su padre era sastre, sin afición musical. Ello no impidió una fuerte vocación en el pequeño Arturo, quien a los dos años de estudiar en el Conservatorio de Parma obtenía una beca para la clase de violoncello del prof. Carini, y a los 18 se graduaba cum laude para iniciarse como profesor de orquesta.Su cortísima vista, que de año en año se reducía en forma alarmante, constituyó una aparente desventaja que al cabo iba a convertirse en la determinante de su fabulosa carrera. Para prevenir cualquier fallo visual, memorizaba (tenía una memoria excepcional) las partituras que debía ejecutar. Acababa de cumplir los 19 años cuando el 15 jun. 1886, la Compañía de ópera de Claudio Rossi, de cuya orquesta formaba parte, actuando en Río de Janeiro se encontró con que, cuando iba a comenzar una representación de Aida, el público se negó a admitir la presencia del director titular, quien sustituía al brasileño Míguez, rechazado, por inseguro, por los cantantes. Ante la amenaza de ruina para la compañía, y a instancias de sus compañeros, T. subió al podio y dirigió con enorme éxito. Desde esa fecha, su carrera como director siguió una trayectoria triunfal. Pronto estaba al frente del Teatro Alla Scala de Milán y, en 1908, del Metropolitan Opera de Nueva York y había sido aplaudido en todos los grandes teatros líricos de Europa y Sudamérica.Retornó a Italia en 1915 y siguió triunfando. En 1920 y 1926 regresó a USA, la segunda vez para dirigir, como invitado, la Filarmónica de Nueva York, cuya dirección titular desempeñaría luego hasta 1936. Famoso por la perfección y el excepcional ajuste de sus interpretaciones de todo el repertorio clásico, romántico y contemporáneo (hasta Shostakovich), tanto operístico como sinfónico, sobresalía asimismo como intérprete del teatro wagneriano.En 1930 Cósima Wagner le invitó a dirigir en Bayreuth, siendo la suya la primera actuación de un director no germánico en el Teatro de los Festivales. En 1931 efectuó una histórica visita a Europa al frente de su orquesta neoyorquina y en 1934 inició una serie de periódicas actuaciones en el Festival de Salzburgo. En 1937, la National Broadcasting Co. constituyó una formidable orquesta, a base de contratar a los mejores instrumentistas disponibles en los Estados Unidos, y la puso a disposición de T., quien la dirigió regularmente hasta 1955, cuando se produjo su dramático retiro (a raíz de un fallo de su antaño prodigiosa memoria, que le flaqueó en plena actuación ante el público en el auditorio de la NBC).Convertido, a menos de 20 años de su muerte, en una auténtica leyenda musical, T. ha pasado a la historia de este arte como uno de los más extraordinarios directores de todos los tiempos, tan notable por el rigor y la precisión de su batuta como por su fidelidad a los textos musicales que dirigía -y que conocía profundamente y su infalible sentimiento del estilo. Casi tan temido como admirado y hasta adorado por sus instrumentistas y cuantos artistas actuaron con él, dejó gran número de grabaciones, entre ellas ocho óperas completas: Otello y Falstaf f (técnicamente, las mejor logradas), La Bohéme, La Traviata, Fidelio, Un bailo in maschera y Aida, así como también cierto número de memorables fragmentos wagnerianos, y el prólogo de Mefistófeles, de Boito. Entre los de muchos otros títulos hoy olvidados, T. tuvo a su cargo los estrenos absolutos de La Bohéme (1896), La fanciulla del West (1910) y Turandot (1926), de Puccini; Madame Sans-Géne (1913), La cena delle Bef fe (1925) e II Re (1929), de Giordano, y Nerone, de Boito.BiBL.: T. NicoTRA, Arturo Toscanini, Nueva York 1929; H. TAUBMAN, Toscanini, Londres 1951; R. CH. MARSH, Toscanini and the Art of Orchestral Performance, Lippincott, Philadelphia 1955; A. DELLA CORTE, Toscanini visto da un critico, Turín 1958.**AUJUAN MANUEL PUENTE.
**MEDTOSFERINA
Enfermedad infecto-contagiosa, propia de la edad infantil, descrita por De Baillon en 1578, que se caracteriza por la aparición de unos accesos típicos de tos, tras un periodo de síntomas de catarro respiratorio inespecífico. Es conocida también por otros nombres: coqueluche, pertussis, catarro, tos convulsiva.
Agente causal. Está producida por una bacteria aislada por Bordet y Gengou en 1906, denominada Bordetella Pertussis, caracterizada por ser un bacilo inmóvil, gram negativo, cultivable en medios que contengan patata, glicerina y sangre, cuyo único reservorio en la Naturaleza es el hombre. Las toxinas que produce (endotoxinas) son las principales responsables del cuadro clínico.Epidemiología. La t. se halla extendida por todo el mundo, pero es menos frecuente y más benigna en zonas cálidas. La receptibilidad es similar para todas las razas, aunque se ha observado una mortalidad mayor entre los individuos de raza negra. Se presenta en forma de epidemias, en cualquier época del año, más acentuadas en invierno y primavera. A diferencia de otras enfermedades infecciosas, es más frecuente y más grave en mujeres que en varones. La edad no modifica la receptividad natural, pero por la inmunidad duradera que confiere y por su contagiosidad es más frecuente en la infancia. Según Krugmany Ward, el 68% de los pacientes son menores de siete años, y el 10% menores de uno.El recién nacido no vacunado es susceptible de padecerla, aunque su madre haya sido inmunizada por una infección o vacuna previa, pues los anticuerpos contra la t. no atraviesan la barrera placentaria. El mecanismo de transmisión parece reducirse al contagio directo a través de estornudos o por la tos. Los pacientes pueden contagiar la enfermedad durante un periodo que abarca desde siete días después de haber sido contagiados hasta tres semanas después de haber comenzado con la típica tos paroxística, pero especialmente durante el periodo catarral.Cuadro clínico. Cuando un individuo susceptible es contagiado por un paciente, en general a través de las secreciones nasofaríngeas emitidas por estornudos o accesos de tos, los gérmenes permanecen en su mucosa respiratoria sin producir síntomas por espacio de 7-15 días (periodo de incubación). A continuación se inicia un cuadro similar al catarro (v.) común, con síntomas inespecíficos tales como secreción nasal, tos ligera y febrícula -periodo catarral-, que suele durar entre una y dos semanas. Alfinal del mismo se acentúa progresivamente la tos, que, con un predominio nocturno, adopta la forma de accesos hasta dar paso a los típicos paroxismos o "quintas de tos", que proporcionan un sello inconfundible a la enfermedad. Con ellos se inicia el periodo paroxístico.El paroxismo, que puede ser desencadenado por estímulos físicos (comer, beber, presión sobre la tráquea, actividad, etc.) o psíquicos, se caracteriza por una inspiración profunda seguida de múltiples golpes de tos rápidos que, tras "agotar" con mayor o menor intensidad la espiración, se continúan con una nueva inspiración espasmódica (la cual emite un ruido agudo denominado "gallo"). Los paroxismos pueden repetirse varias veces, expulsando al final de los mismos, en forma de esputo o vómito, un moco extraordinariamente viscoso. El aumento de la presión venosa y la falta de oxígeno provocada por el paroxismo es la causa de que, durante el mismo, el paciente presente una facies congestiva, cianótica, con una expresión de ansiedad e incluso, en ocasiones, hemorragias conjuntivales o nasales. Es frecuente la ulceración del frenillo de la lengua. Después de la crisis, el paciente muestra gran sensación de agotamiento. Los ataques, más abundantes por la noche, varían en intensidad y frecuencia, hasta más de 40 por día.En general, los síntomas se intensifican en las dos primeras semanas del periodo paroxístico, para permanecer estacionarios durante 1-3 semanas y decrecer luego lentamente, hasta llegar al periodo de convalecencia, caracterizado por una tos similar a la de una bronquitis.La t. dura unas 6-8 semanas, pero a veces puede prolongarse; no debe confundirse, sin embargo, con un retraso de la curación la "ferinoide" de origen psicológico, que a veces presenten durante largas temporadas algunos niños particularmente nerviosos. El estado general es aceptable cuando no surgen complicaciones. El diagnóstico de la t. es relativamente fácil cuando se observan los típicos paroxismos. Al comienzo de la enfermedad o en formas atenuadas puede confundirse con un resfriado común; en cualquier caso, la confirmación diagnóstica puede establecerse mediante el cultivo de las secreciones nasofaríngeas.Complicaciones. Las más frecuentes afectan al aparato respiratorio (V. PULMÓN Y APARATO RESPIRATORIO). En la fase aguda pueden presentarse neumonías; tardíamente puede dar lugar a la aparición de bronquiectasias; también puede afectarse el sistema nervioso central y producirse convulsiones, en general debidas a la acción de las toxinas del germen, a la asfixia o a microhemorragias. Otras complicaciones derivan de la malnutrición a que, en algunos casos, conducen los vómitos.Pronóstico. La t. es una enfermedad cuya gravedad es mayor de lo que en general se supone, especialmente cuando se da en menores de un año. La mortalidad global es aproximadamente del orden de 10%o, con tendencia a disminuir en los últimos años. índice de la importancia en los lactantes es el hecho de que el 40% del total de fallecimientos corresponden a niños menores de cinco meses.Profilaxis y tratamiento. Como se desprende de las cifras citadas, se debe prestar especial atención a la prevención y tratamiento de la enfermedad en niños pequeños. En cuanto al primer aspecto, es indudable la aportación que ha supuesto la aplicación de las vacunas, cuya administración no debe demorarse más allá de los tres meses de vida; en algunos centros es administrada ya poco después de nacer. El aislamiento del lactante no vacunado de posibles focos de contagio es obligado; cuando se sospecha la eventualidad de haber sido ya contagiado, es prudente un tratamiento preventivo con antibióticos y gammaglobulina, siempre bajo vigilancia médica. Si la enfermedad ya se ha establecido, en muchos casos estará indicada la hospitalización.En niños mayores, los problemas suelen ser menos acuciantes, salvo complicaciones. En general, es preferible el tratamiento en casa, procurando mantenerlos en cama mientras persista la fiebre. La primera preocupación debe centrarse en que el niño esté bien alimentado. Se darán alimentos pastosos y, en caso de vomitar, conviene repetir la toma. Se procurará que la habitación tenga buena ventilación y que, en cuanto sea posible, haga vida al aire libre. Dado el notable componente psicológico de la tos, conviene que los padres no se compadezcan demasiado del niño y que, incluso, le estimulen a que se reprima la tos. El tratamiento farmacológico (antibióticos, antitusígenos), a menudo poco eficaz, deberá ser siempre dirigido por el médico.En los últimos años se asiste con frecuencia a casos de t. en niños vacunados o que ya la padecieron una vez. Ello cabe interpretarlo en el sentido de que, además de los gérmenes habituales, existen también otros capaces de producir el mismo cuadro clínico.J. ARGEMÍ RENOM.
BIBL.: M. CRUZ, Pediatría y Puericultura, Barcelona 1972; S. KRUGMAN y R. WARD, Enfermedades infecciosas de la infancia, México 1965; H. OriTz y F. SCHMID, Enciclopedia pediátrica, V, Madrid 1967.
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