Toros, Fiesta de I. Descripción E Historia. HIST.
Categoria:
Historia
1. Orígenes. 2. El toreo a caballo. 3. El toreo a pie. 4. Reglamentación taurina. 5. Reanudación de la fiesta. 6. Los grandes toreros. 7. La edad de oro del toreo. 8. Los nuevos toros. 9. Suertes del toreo. 10. Los toros fuera de España. 11. La Iglesia ante las corridas de toros.El festejo se celebra en un recinto redondo, típicamente descubierto. La lidia se desarrolla en un terreno de arena fina llamado ruedo, al que bordea una barrera circular, que en los casos extremos utilizan los toreros para ponerse a salvo, cuando se encuentran indefensos. Tras un pasillo, denominado callejón, donde se colocan las asistencias, encargadas de servir a los toreros, se eleva una barrera de mayor altura, donde comienza el graderío, que se llama tendido, de 20 a 30 filas en las plazas importantes. Siguen las gradas cubiertas, de cinco a seis filas. Más arriba hay otro piso también cubierto, con las mismas filas que las gradas y que se conoce con el nombre de andanada. En las plazas de menor importancia se suprimen o reducen gradas y andanadas.La corrida la preside desde un palco (a la altura de la grada) un delegado gubernativo, asesorado por un ex torero. Las señales se hacen mediante un pañuelo blanco. Al sacar éste el presidente de la corrida, las cuadrillas hacen el paseíllo, que es un desfile muy vistoso, encabezado por dos alguacilillos a caballo, ataviados como en la época de Felipe IV, a quienes siguen los matadores (generalmente tres), alineados por orden de antigüedad: el más veterano a la izquierda y el más moderno en el centro. Tras ellos van los banderilleros (tres por matador) y los picadores a caballo (dos por espada); detrás desfilan los mozos de caballos, apodados "monosabios", y los mulilleros con sus correspondientes tiros de mulas, encargadas de arrastrar el toro después de muerto. Normalmente, los matadores visten de oro, en tanto que los subalternos combinan la seda con el azabache o la plata (trajes de luces). Al deshacerse el desfile, tras saludar a la presidencia, se ordena la salida del toro. Se suelen lidiar seis por corrida, aunque en casos especiales sean ocho. Cada matador estoquea dos. La lidia consta de tres tercios: el primero, de varas, quebranta la potencia del astado; el segundo, de banderillas, aviva el aplanamiento del toro; y el tercero y último, de la muerte, remata a la fiera.1. Orígenes. Todavía reina la confusión cuando se habla de los orígenes del toreo; no pocos historiadores afirman que son los musulmanes los introductores en España del arte de torear. Una de las causas de tal confusión es la obra de Ginés Pérez de Hita Las guerras civiles de Granada, cuyas páginas abundan en descripciones de sortijas, saraos, cañas y fiestas de toros. En la actualidad, la mayoría de los estudiosos rechazan el origen musulmán de las corridas. D. F. Armiento, en el s. XVIII, asegura no haber encontrado la prueba de que los festejos taurinos procedan de los mahometanos. También el P. Flórez consulta a eruditos conocedores de las costumbres africanas y orientales. Todos ellos estaban de acuerdo en que los musulmanes no eran aficionados a estas diversiones. José María de Cossío no niega que los moros celebrasen fiestas taurinas, pero las considera imitación de las cristianas (o. c. en bibl., IV,821).2. El toreo a caballo. En el s. XVI aparece ya en las plazas el toreo caballeresco con la suerte de la lanzada que, mediado el siglo, se sustituye por la del rejoneo, conocida también como del garrochón. La suerte de la lanzada o alancear a caballo se ejecutaba generalmente estando a la espera de la acometida del toro. Parece ser que comenzó a practicarla Pero Ponce de León, hijo del marqués de Zahara. Ponce de León tapaba los ojos del caballo con una cinta de terciopelo, para evitar que se asustara y saliera huyendo ante la acometida del astado. El caballero aguantaba sin moverse, en los mismos medios de la plaza, o sea, en el centro, hasta alancear al toro. Gonzalo Fernández de Oviedo, en sus Quincuagenas (1531), habla de Ponce de León como creador de la suerte de matar toros a caballo, "aunque bien podría ser que otro lo oviese hecho primero". Por los documentos, parece ser Pero Ponce de León el creador de esta suerte, pues cuando se habla de la lanzada sale a relucir su nombre. Fernán Chacón llama a esta suerte de "rostro a rostro" y la describe de la siguiente forma: "Pero Ponce de León le ponía la lanza por el pescuezo o para la aguja del toro, y metiendo la lanza desviando el caballo para la mano izquierda y el toro que llegaba al caballo tenía ya la lanza metida en el cuerpo y con el dolor desarmaba la lanza; y cuando llegaba al caballo ya estaba desatinado y aun muchas veces caía muerto; desta manera se lo vi yo hacer muchas veces" (J. M. de Cossío, o. c., IV,824).El tratadista Diego Ramírez de Haro no cree que Ponce de León fuera el inventor de la suerte, e incluso le censura "porque esa era una manera de proceder peligrosa e inútil". Personalmente nos inclinamos a admitir que de esta suerte, originaria del arte de torear, es un magnífico intérprete Ponce de León.El s. XVII se caracteriza por el ejercicio del arte de rejonear, aunque existiesen también toreros a pie, como se ha demostrado documentalmente. La jineta adquiere su gran esplendor. Persisten las costumbres de los juegos de cañas, que ocupan el lugar de las antiguas justas. Se empiezan a celebrar las grandes fiestas reales de toros, sobre las que se conserva numerosa bibliografía, y que se caracterizan por su lujo. Los cortesanos, principales intérpretes, se presentaban en la plaza pomposamente ataviados y con preciosas monturas, mientras sus criados lucían espectaculares libreas. Los reinados de Felipe IV y Carlos II marcan el periodo más brillante de este ejercicio, casi siempre a cargo de los nobles, cuya ansia de notoriedad rivalizaba con su valor para salir a la arena a enfrentarse a las fieras. Alcanzan fama: el duque de Pastrana; el marqués de Velada, al que dedican sonetos Góngora, Quevedo y López de Zárate; también el conde de Cantillana consigue renombre en la suerte de colocar el rejón por delante. Del auge de la f. de t. en el s. XVII nos pueden dar idea los festejos organizados en honor de Mariana de Neoburgo con motivo de su boda con Carlos II.Tras la guerra de Sucesión, y con la llegada de la dinastía borbónica, la aristocracia se aparta del toreo a caballo. Los cortesanos de Felipe V, franceses en su mayoría, repudian la fiesta nacional. Con Felipe V no se celebran apenas corridas de toros. Néstor Luján hace referencia al libro de Nicolás Rodrigo Novelli Cartilla del toreo a caballo, en el que presume de haber ejercido la equitación y el toreo a caballo, pero este último en pocas ocasiones "por lo poco que se dan este tipo de fiestas en la corte".3. El toreo a pie. Nicolás Fernández de Moratín, en su Carta histórica sobre el origen y progreso de las fiestas de toros en España (1777), explica cómo desaparecen las f. de t. a caballo. Es el momento en que empieza el rejoneo a pie, en contraste con el languidecimiento del toreo ecuestre. La plebe se ejercita en el arriesgado menester de estoquear astados a pie. Zaragoza, Granada y Sevilla, con sus respectivas maestranzas al frente, apoyan estas fiestas, que dejan de celebrarse en las plazas públicas. En Sevilla (1722), se levanta en un terreno próximo al Guadalquivir una plaza cuadrangular de madera. Por fin, Felipe V alienta la idea de construir otro coso, junto a la madrileña puerta de Alcalá, inaugurado el 22 jul. 1743. Toreros navarros, castellanos y andaluces recorren la geografía española. Todavía no hay reglas para la fiesta; se torea con capas y manteos, y se mata con estoques de hoja ancha. Además de las cuadrillas formales, había otras compuestas por indígenas de las provincias americanas, aventureros desahuciados y campesinos acuciados por el hambre. Se unían en grupos y recorrían los pueblos, ofreciendo un espectáculo sangriento y cruel. Se cuenta que a veces esperaban al animal agrupados. El cornúpeta arrollaba a todos los que podía en su ciega acometida. Este espectáculo satisfacía el gusto morboso de los espectadores.Todavía en la primera mitad del s. XVIII el toreo marcha con paso inseguro. En 1726 empiezan a distinguirse algunos nombres de toreros por su arte y destreza: Godoy el Extremeño, Potra de Talavera, Francisco Romero de Ronda y Juan Rodríguez de Sevilla, abuelo éste de Costillares.El toreo navarro y vascongado de la ribera de la Rioja es el más importante de la primera mitad del s. XVIII. Consiste principalmente en ejercicios atléticos, que rayan en lo circense. Con anterioridad a los toreros navarros, el Licenciado de Falces hace locuras con los cornúpetas. Luján, en el primer capítulo de su Historia del toreo, recurre a numerosas citas para demostrar la habilidad de aquel diestro, inmortalizado por Goya. José de la Tixera dice de él: "Fue imponderablemente diestro, con singularidad en hacer recortes o cuarteos a los toros, sin desembarazarse de la capa. Con ella en la mano ejecutó suertes difíciles y primorosas al estilo de su país. Saltaba a los toros en la más rápida carrera con mucha facilidad".También goza de fama una dinastía de toreros, los Apiñan¡, considerados como navarros, aunque sean naturales de Calahorra. Es posible que torearan en Madrid, pero lo cierto es que actúan en la Rioja, Navarra y Aragón. Uno de los toreros más famosos de aquella época es Martincho, realmente llamado Martín Barcaistegui, cuya popularidad se debe principalmente a los aguafuertes de Goya. En esta época, caracterizada por la desolación del campo y el ocio agrícola, los aficionados terratenientes se dedican a la cría del toro. Así surgen los hierros, después famosos, de Gijón, Vázquez, Salvatierra, Peñaranda, Villahermosa, Guendulain, Freire y Marín.Entonces, cada región tiene su tipo peculiar de t. (v. II). Hoy día las ganaderías se encuentran muy mezcladas de sangres (v. III). Los cruces, en busca de la bravura ideal, han conseguido una uniformidad en el toro de lidia. Sin embargo, en esta época, que Néstor Luján denomina caótica, cada región tiene su personalidad en este aspecto taurino. Así, el toro navarro es pequeño, nervioso, de mucho temperamento y agilidad, con unas patas durísimas, mientras el toro de Castilla se caracteriza por su mayor lentitud, con sentido y probón en la embestida. Andalucía siempre ha dado el tipo de toro mejor por su bravura, nobleza y preciosa lámina. La fiesta, pese a las características cada vez más definidas de las ganaderías, era un juego muy arriesgado, rayano en lo cruel, sin unas reglas que pusieran en orden el alborotado espectáculo.4. Reglamentación taurina. En el reinado de Carlos III (1759-88) comienza a regirse la fiesta por unas normas que regulan el anterior desbarajuste y sustituyen al valor alocado por la destreza y el garbo. En esos momentos aparecen toreros cuya fama aún perdura: El Africano, los Palomo, los Romero de Ronda, los Rodríguez Costillares de Sevilla, Melchor Calderón de Medina Sidonia, y el Chclanero José Cándido. De Félix Palomo se dice que estoqueaba citando con un chambergo de mucho vuelo. Manuel Palomo toreó durante nueve años (1763-72) por Sevilla y su provincia. Según Luis Toro Buiza, se sospecha que fuera Manuel Bellón el Africano, nacido en Sevilla según la leyenda y que tuvo gran acogida entre la aristocracia. Del andaluz Melchor Calderón, José Daza dice que "fue el monstruo de la arrogancia y destreza en todos manejos".La dinastía que aporta al toreo un sentido técnico de la lidia con una visión aproximada a lo que hoy entendemos por corrida de toros es la de los Romero. Al primero, Francisco, carpintero de oficio en su natal Ronda, se debe la suerte de recibir, que toma y perfecciona de los toreros navarros. Mata durante 30 años y se retira sin un rasguño. Su hijo Juan (ca. 1722-ca. 1824) organiza la lidia, da categoría a los matadores y establece el orden y la jerarquía en la corrida. Con anterioridad a él, las empresas contrataban individualmente a los toreros y luego, en la arena, cada cual ejecutaba las suertes o lances para los que tenía mejor habilidad. A partir de Juan Romero, el matador manda sobre toda su cuadrilla, tal y como ocurre en nuestro tiempo, y organiza la corrida de la siguiente manera: primero salen los picadores de vara larga; luego se banderillea por pareja de peones, llamados entonces chulos; después, tras un breve trasteo, el matador entra a matar. Su hijo Pedro Romero (v.) fue uno de los toreros más grandes de todos los tiempos.En 1761 aparecen los carteles anunciadores de las corridas de toros. El más antañón conservado es el de la inauguración de la temporada sevillana de 1763. En él están impresos los nombres de las ganaderías de las reses que habían de lidiarse. A finales del s. XVIII compitenPedro Romero, del más puro estilo rondeño, y PepeHillo (v.), de la salerosa escuela sevillana. También Costillares (Joaquín Rodríguez, 1729-1800), sevillano, es una de las grandes figuras de esa época; está considerado como el inventor de la verónica y del volapié, aunque él sólo perfeccionó esas suertes (v. 9). También se debe a Costillares el manejo distinto de la muleta, según la lidia que se pretenda. Hasta él, la flámula no había pasado de ser un instrumento para retener a los toros cuando estaban desparramados, pero Costillares la convierte en colaborador para las faenas de trasteo y con ello coloca la primera piedra de lo que posteriormente, máxime en nuestros días, sería el fundamento de la lidia: el toreo de muleta. Hizo numerosas reformas en la ropa de torear y quitó importancia a los picadores, encauzando hacia el matador la atención que todavía perdura.Con la muerte de Pepe-Hillo (1801) decae el empuje de la brillante época goyesca; este proceso culmina con la supresión de la fiesta nacional en 1805. Eran los momentos de la privanza de Godoy, el cual, sabiendo que la f. de t. obraba como un excitante del pueblo, quiso acabar con ella, para lo cual se valió de Campomanes, quien alegó, para suprimir las corridas, que eran un espectáculo nada conforme con la religión, la política y las buenas costumbres, promoviendo la Real Cédula de 20 feb. 1805 en la cual se prohiben las corridas porque "al paso que resultan poco favorables a la humanidad que caracteriza a los españoles, causan un conocido perjuicio a la agricultura, por el escollo que ponen al fomento de la ganadería vacuna y caballar y el atraso de la industria por el lastimoso desperdicio de tiempo que ocasionan en días que deben ocupar los artesanos en sus labores". La supresión se mantuvo entre 1805 y 1808.5. Reanudación de la fiesta. José I Bonaparte, para hacerse popular, permite las corridas de toros, que se reanudan primeramente en Madrid, pudiéndose presenciar incluso gratis. Aparecen nuevas figuras, como el gaditano jerónimo José Cándido (1770-1839), profesor de la escuela de tauromaquia de Sevilla, y su rival de la escuela rondeña, Curro Guillén (Francisco Herrera Rodríguez, 1775-1820). Un tipo pintoresco, que alcanza desorbitada fama, es José Ulloa Tragabuches, que comienza apuntando condiciones para ser un gran matador de toros y acaba formando parte de la cuadrilla de los Siete Niños de Écija, en la que destaca como uno de los bandidos más temidos. Con Paquiro (v.) empieza una nueva etapa en la historia del toreo. El s. XIX recibe la f. de t. con la huella que en el siglo anterior dejaron en ella los Romero, y es ahora cuando sufre una de las transformaciones más importantes gracias a ese torero excepcional de Chiclana que introduce un nuevo sentido de la lidia, además de interpretar él mismo las suertes con un gran garbo y un asombroso dominio de las querencias y los terrenos.Cuando se inicia el declive de Paquiro surge la competencia entre Cúchares (v.) y El Chiclanero (José Redondo Rodríguez, 1818-51). Cúchares divertía con su estilo variado y saleroso, mientras El Chiclanero era una lidiador más sobrio y eficaz, más puro en la interpretación de las suertes, y, sobre todo, un colosal banderillero. Los públicos, al igual que ocurrió con Pepe-Hillo y Pedro Romero, prefirieron inclinarse por el más vistoso. El buen aficionado, empero, valoraba sobremanera el bien hacer de El Chiclanero.A mediados del s. XIX el toreo experimenta un giro muy notable, al que precede una situación monótona y anodina, pese a que hubiera grandes toreros: Antonio Carmona el Gordito (n. 1838), que destaca en las banderillas al quiebro y se retira sin haber sufrido ni un puntazo, después de haber actuado en 910 corridas y matado 2.830 toros; Antonio Sánchez el Tato (1831-95), yerno de Cúchares; José Rodríguez Pepete, con el que se inicia la trágica leyenda miureña; Cayetano Sanz, de Madrid, y Manuel Domínguez Desperdicios (1816-86). Algo menos importante es Julián Casas el Salamanquino, natural de Béjar. Manuel Díaz Lavi es un gitano a cuyo árbol genealógico, con el tiempo, habrían de pertenecer Joselito y su hermano, el impar Rafael el Gallo, y más tarde Rafael Ortega Gallito y su hermano José Ortega Gallito chico, banderillero de la cuadrilla de Antoñete, dinastía taurina que tanta gloria dio a la fiesta de los toros.6. Los grandes toreros. La fiesta, a finales del s. xix, se convierte en un espectáculo más. La corrida de toros no pierde su belleza, sino que la aumenta por un mayor sentido estético del arte de torear, que recibe de Rafael Molina Lagartijo (v.), autor material del paso más importante para convertir la lucha con el toro en un menester estético y artístico, rompiendo con los viejos moldes de flamenquería y apostura un tanto chulesca. La elegancia, el talento, la destreza de un Lagartijo es lo opuesto al choque violento, desigual y morboso en que consistía el toreo de un Manuel Domínguez Desperdicios.Junto a Lagartijo hay otro torero completamente distinto de estilo y concepción del toreo, Salvador Sánchez Frascuelo (v.), cuya interpretación del arte es tosca y poco delicada, pero de un valor increíble. Ambos toreros, que llenan una época del toreo, tienen que subir en alguna ocasión al palco presidencial, para ser amonestados por la autoridad por los excesos de arrojo cometidos en la arena. Frascuelo llega a matar en tres días consecutivos 24 toros (ocho por tarde). Manolo Hermosilla no tiene la resonancia de Lagartijo y Frascuelo, pero realiza cosas importantes. Hace más de 20 viajes a América. Otro torero de renombre en esa época es Cara-Ancha (José Sánchez del Campo, 1848-1945), algecireño.Con Fernando Gómez Gallito (1847-97), de Sevilla, empieza la historia de la dinastía más importante en la f. de t., que da figuras de la talla de Rafael Gámez el Gallo y su hermano José Gómez Gallito, más conocido por Joselito. Fernando Gómez, que inventa el cambio de rodillas con el capote, mata 1.306 toros en 559 corridas; su toreo es alegre, variado y muy sevillano. Se retira en 1896. La distinción de don Luis Mazzantini y Eguía (18561926), de Elgóibar (Guipúzcoa), con el don inseparable de su nombre, causa sensación en una época en que los toreros apenas sabían leer y escribir. Mazzantini no es un torero de vocación; torea para ganar fama y dinero. De figura más bien obesa y poco torera, destaca en el volapié. Al retirarse ocupa varios cargos políticos, entre ellos el de gobernador civil de Guadalajara.Manuel García el Espartero (1865-94), de Sevilla, toma la alternativa el 13 sept. 1885; suple su escaso arte con un valor desmedido, que le vale la muerte ante un Miura. Guerrita (v.) y Reverte ponen broche de oro al s. XIX en materia taurina. El primero es uno de los lidiadores más grandes, auténtico sabio del toreo y primerísima figura durante 15 años, durante los cuales mata 2.238 toros. Reverte (Antonio Reverte Jiménez, 1870-1903) es un torero de leyenda, de copla y romance, que hace realidad el sueño de rebeldía del jornalero frente al señorito de entonces. Expulsado de la finca donde presta sus servicios, cumple su juramento de volver para ser propietario de la misma. Aporta al arte de torear su facilidad para el recorte capote al brazo, que nadie como él ha ejecutado con tanta destreza como buen conocimiento de losterrenos más propicios. Es un tipo pintoresco, encuadrado en la línea del torero de aquel tiempo: mujeriego, aficionado a las alhajas y a los caballos; es el primer torero dueño de un coche.Torero también importante es julio Aparici Fabrilo, al que mata un toro en su Valencia natal. En el mismo tiempo destaca Enrique Vargas Minuto, torero alegre, buen banderillero. El sevillano Antonio Fuentes (18691938) es el verdadero sucesor de Guerrita, el Petronio de los toreros, como se le conoce por su elegancia; maestro en el toreo a la verónica, suerte que ejecutaba con armonioso juego de brazos y leve giro de cintura; único en su tiempo en el tercio de banderillas. José García el AIgabeño (1875-1947) llega a tener más ambiente como persona caballerosa que como lidiador; durante 17 años mata 1.261 toros. El sevillano Antonio Montes practica un toreo puro, sin efectismos. Muere en México a consecuencia de una cornada (1906). Ricardo Torres Bombita (1879-1936), sevillano de Tomares, y Rafael González Machaquito (1880-1955), cordobés, llenan otro periodo importante en la historia de la fiesta. Al primero se debe la fundación de la Asoc. de Auxilios Mutuos de Toreros. El apogeo de estos toreros coincide con la existencia de magníficos escritores taurinos. El buen aficionado se inclina más por el saber de Ricardo que por la temeridad de Rafael.Rígido, envarado, con las articulaciones petrificadas, Vicente Pastor (1870-1966), torero de Madrid y para Madrid, es un genio venciendo a los toros, azotándolos con una muleta sin gracia. Rafael el Gallo (1882-1960), nacido circunstancialmente en Madrid, aporta a la fiesta un sentido barroco del toreo. Todo en él es genial, desde su florido estilo a sus tardes aciagas, de "espantá y superstición". Casado con Pastora Imperio, todo en su vida es anárquico, espontáneo. Se retira muchas veces, y otras tantas vuelve. Se le atribuye la invención de las "serpentinas" y la suerte de las banderillas al trapecio, cruzando los palos. Torea durante 40 años, hasta 1936.Manuel Mejías Bienvenida (1884-1964) es contemporáneo de Rafael el Gallo. Torero de escuela por excelencia, hijo de un famoso banderillero, Manuel Mejías Luján, y padre de Manolo, Pepe, Rafael, Antonio, Ángel Luis y Juanito Bienvenida, toreros de nuestros tiempos que han contribuido a dar continuidad, brillo y esplendor a la famosa dinastía. El toreo del primer Bienvenida es muy alegre, de una variedad sorprendente; dominador de un amplio repertorio de quites y adornos con el capote, es un consumado rehiletero. Practica como pocos la suerte de recibir. Su carrera queda truncada por la cornada del toro Viajero, de Trespalacios, el día en que se encerraba con seis toros en la plaza de Madrid. De sus hijos, Manolo (1912-38) muere de cáncer de pulmón, y Antonio es uno de los toreros más completos de los últimos años; en 1974 se ha retirado por segunda vez.Curro Martín Vázquez, contemporáneo del primer Bienvenida, es el progenitor de Manolo, Rafael y Pepín Martín Vázquez, que mejoran a su padre como artistas, especialmente Pepín, aunque no como estoqueadores. Paco Madrid es también un buen matador de toros, así como Alfonso Cela Celita, el único torero importante que ha dado Galicia, y Manuel Rodríguez Manolete, descendiente de Pepete, padre del popularísimo torero contemporáneo y el único diestro que ha hecho el paseíllo con gafas.7. La edad de oro del toreo. Así llegamos a Joselito (v.) y Belmonte (v.), en cuya época la fiesta alcanza una pasión y una plenitud sin límites. José es torero largo y poderoso. Juan es el genio, la revolución del temple y los terrenos, el terremoto. Ignacio Sánchez Mejías, cuñado de Joselito, es un torero de extraordinario valor, hasta que Granadino, en la plaza de Manzanares, acaba con su vida el 11 ag. 1934. Tenía entonces 43 años de edad, y acababa de reaparecer después de varios años de inactividad. Manuel Granero (1902-22), que comienza en 1919 y muere en la plaza de Madrid, es quizá el mejor torero de Valencia, región que ha dado extraordinarios subalternos, como Blanquet, peón de Joselito.Dos toreros de renombre en este tiempo son: Manuel Varé Varelito (1893-1922), que muere en la plaza de Sevilla, y el aragonés Florentino Ballesteros (1897-1917), que muere en la plaza de Madrid. Posteriormente surgen toreros de escasa importancia: el toledano de Quismondo Domingo González Mateos (1895-1958), padre de los Dominguín; el hermano de Juan Belmonte, Manolo, dispar al genio del mismo apellido; Valencia I; y Pacorro. El mexicano Rodolfo Gaona (v.) compite con el Gallo, Joselito, Belmonte y otras figuras de la época, sobre las que destaca en capote y en banderillas.En la etapa inmediatamente posterior a la conmoción belmontina, el toreo se ha depurado. Las distancias se han reducido. Todavía sale el toro íntegro con edad, peso y pitones. Es el periodo comprendido entre Joselito y Belmonte y la aparición de Manolete. Algunos lo denominan la laguna, y es precisamente en esa laguna cuando mejor se torea. Surgen muchas e importantes figuras. Se estiliza, se perfecciona el estilo belmontino. Los toreros tienden a bajar más las manos en el toreo de capa, y brotan capotistas inconmensurables, a la cabeza de los cuales se encuentra Francisco Vega de los Reyes Gitanillo de Triana (n. 1903), conocido en el mundo taurino como Curro Puya. Este gitano, muerto en Madrid a consecuencia de las cornadas de Fandanguero, de la ganadería de Graciliano Pérez Tabernero, lleva el arte de torear a límites hasta entonces insospechados. Los lances a la verónica, ejecutados por su indolente personalidad gitana, son esculturales.Manuel Jiménez Chicuelo (1902-67), sevillano como su padre, del mismo nombre y apodo (1879-1907), es otro genio de la época, alegre, pinturero, artista de pies juntos y codos altos, muy desigual en sus actuaciones. El madrileño Antonio Márquez, el Belmonte rubio (n. 1898), casado con Conquita Piquer y suegro de Curro Romero, es prototipo del artista elegante. Buen banderillero, especialmente al quiebro, estuvo a punto de llenar por sí solo la laguna; pero allí estaban también Manolo Bienvenida, el mayor de los hijos del Papa Negro, peleón, alegre y dominador de todas las suertes: el gitano sevillano Cagancho (Joaquín Rodríguez, n. 1903), todo majestad y elegancia, con desigualdades similares a las de Rafael el Gallo, que pasaba del éxito arrollador a la ridiculez de intentar matar un toro desde el burladero. El segoviano de Sepúlveda Victoriano de La Serna (n. 1910), médico, retirado en 1941, es diestro de envidiable temperamento artístico, genial en todo momento, creador de numerosos muletazos, entre ellos la manoletina, que toma el nombre de Manolete por la asiduidad de éste en su ejecución. El torero cumbre de ésta época es Domingo Ortega (v.), que, aunque jamás alcanza la belleza y la plasticidad de los anteriormente citados, es más dominador que ellos. Este periodo es también de gran esplendor para los toreros mexicanos. No puede olvidarse la mano izquierda de Lorenzo Garza (v.), una de las muletas más artísticas del toreo, ni a Silverio Pérez (v.), ni a El Soldado (v.).Marcial Lalanda (n. 1903), el poderoso torero madrileño de Vaciamadrid, se retira en 1942. Nicanor Villalta (n. 1897), turolense de Cretas, que comienza a torear en México y se retira en 1943, es quien más orejas ha cortado en Madrid (52). Armillita (v.), el Joselito mexicano, de una frialdad manifiesta, consecuencia de su depurada técnica, es uno de los toreros más completos de todas las épocas. Jesús Solórzano es otro artífice del toreo a la verónica, como el vallisoletano Fernando Domínguez. El rondeño Cayetano Ordóñez, Niño de la Palma (1904-61), padre de los Ordóñez de nuestros días, torero malogrado, era uno de los diestros con más condiciones para haber sido el mejor de su época. Dicen que no quiso, que se abandonó a una vida fácil, sin los sacrificios que requiere la profesión. Mención especial merece la difícil facilidad del valenciano Vicente Barrera (1908-56), el más seguro de todos los tiempos en el manejo del descabello. La carrera taurina de Félix Rodríguez se malogra por una vida desordenada. Luis Gómez Calleja el Estudiante, n. en Alcalá de Henares (1911), se retira en 1947.Alfredo Corrochano, hijo del crítico taurino Gregorio Corrochano, toreaba muy bien con la muleta. Pepe Bienvenida, estupendo banderillero y lidiador variado, se retira de los toros después de más de 30 años de toreo sin una sola cornada. Merecen ser citados Antonio García Maravilla y Rafael Vega de los Reyes Gitanillo de Triana, hermano de Curro Puya, muy belmontino en la interpretación de su toreo, pero que por falta de decisión no ocupa un puesto mejor. También Félix Colono es un torero de poca duración, pero no de poca calidad. Adquieren cierto renombre Curro Caro, vulgar pero valiente, y Amador Ruiz Toledo.8. Los nuevos toros. La Guerra española de 1936-39 cambia la fisonomía de la fiesta. El toro comienza a no ser toro. El novillo llega de la mano de la gran figura de la época, Manuel Rodríguez Manolete (v.), que se adueña de las plazas con una personalidad senequista y un toreo estático, basado en la posición, un tanto ventajista, del toreo de perfil. Frente a él sólo se podían presentar dos diestros, pero ninguno de ellos tenía ganas de pelea; el ya citado Domingo Ortega, torero de antes de la guerra, que vuelve a torear para aprovecharse de un momento fácil para él, acostumbrado como estaba al toro cinqueño y con sentido, y el sevillano Pepe Luis Vázquez (nacido en 1921), uno de los toreros más artistas, salerosos e inteligentes de todos los tiempos, retirado definitivamente en 1959.En la posguerra surge también Antonio Bienvenida (n. 1922), purísimo en la interpretación de su arte, pero al que en Barcelona una cornada gravísima en el vientre corta su empuje. Su carrera culmina a los 30 años de irregular matador de toros; obtiene de las autoridades que los toros vuelvan a tener puntas, oponiéndose a la operación del "afeitado" implantada desde los tiempos de Manolete. Junto a él y tras él ha habido buenos toreros como Manolo González Parrita, el temperamental Pepín Martín Vázquez (n. 1927), el clásico sevillano Manuel Alvarez el Andaluz (n. 1919) y el madrileño Luis Miguel Dominguín (n. 1926), el pionero en cuidar bien las relaciones públicas, aportando una psicosis polemista a la fiesta; torero discutido, ha disimulado su poco arte con la facilidad de dominio; retirado en 1960, vuelve a los toros en 1972 y se retira a finales de 1973.Tras la época que culmina con la muerte de Manolete, surgen el madrileño julio Aparicio (n. 1932), hijo de un banderillero, y Miguel Báez Litri (n. 1930), hijo del torero onubense del mismo nombre y apodo (1869-1932); ambos arman mucho ruido como novilleros, y posteriormente son figuras del toreo, pero sin los cataclismos que apuntaban de novilleros. Eran los años cincuenta; mandaba en el toreo Luis Miguel, seguido de cerca por el sevillano Manolo González Parrita, Paquito Muñoz y otros de menos relieve. Los escándalos aparicistas y litristas inclinan al público por las novilladas. Aparecen en ese momento el rondeño Antonio Ordóñez (n. 1932), Manolo Vázquez, Antoñete, Juanito Posada, jerónimo Pimentel, etcétera, todo un plantel de promesas que un par de años después ocupan los puestos privilegiados, con el refuerzo de Chicuelo II, Pedro Martínez Pedrés, de Albacete (n. 1932), y el salmantino Jumillano. Pronto se distancia Antonio Ordóñez, hijo del Niño de la Palma, con una clase fuera de serie. Se casa con una hermana de Luis Miguel y termina por borrar a su cuñado en unas temporadas de no muy encarnizada competencia. Luego Ordóñez sigue también en plan de comodidad, diluyéndose en parte el extraordinario torero que lleva dentro, hasta su retirada definitiva.Tras unos años de atonía, la fiesta se despereza con la aparición de un novillero de Palma del Río, Manuel Benítez el Cordobés (n. 1936), que se lanza espectacularmente con una publicidad nueva, extraña pero que causa impacto y a la que debe un elevadísimo porcentaje de su popularidad. Manuel Benítez, más valiente que artista, arma una conmoción en el planeta taurino. El buen aficionado le rechaza, por sus extraños modos, a vecescircenses, de torear. La masa le sigue con frenesí. De 1962 a 1967 inclusive, casi no se habla de otro torero. A finales de 1967 comienza su declive, y años después se retira. Su toreo, anárquico, personal, tiene poco que ver con los cánones tradicionales. Es su personalidad humana la que entusiasma, electriza, apasiona. Le siguen hombres y mujeres, ancianos y niños. No importa su arte. Lo que interesa es lo que hace fuera de los redondeles el antiguo peón de albañil transformado en multimillonario. La prensa, la radio y la televisión se vuelcan en continuos reportajes. El público está con él y sólo el desgaste del ídolo marca el declinar de su popularidad.En esta época son figuras el salmantino Santiago Martín el Viti (n. 1938), sobrio, sereno, profundo y serio. El sevillano Diego Puerta (n. 1941) reúne arte, gracia y un valor espartano. Más de 40 cicatrices en su cuerpo no le afectan demasiado. Cada día se arrima más, con afanes novilleriles, como si nada tuviera, cuando ya es multimillonario desde hace mucho tiempo. Se retira en 1974. El mejor de esa época es Paco Camino (n. 1941), sevillano de Camas, torero de talento, de muchos recursos y conocimiento, y muy artista. Su temple y su sentido de las querencias y los terrenos son portentosos. Tras algún bache, en la temporada 1967 se alza con el mando del toreo, cansado ya el público de los tremendismos. Curro Romero, torero de empaque y arte, pero de escaso valor y pocos recursos, cuenta con gran número de partidarios, especialmente en Sevilla. Rafael Ortega, contemporáneo de Luis Miguel, lleno de pureza en su estilo y de sinceridad como estoqueador. Andrés Vázquez, honrado torero zamorano. José Fuentes, dominador del último tercio, fácil muletero, pero con estilo bastante frío que le impide llegar al público. Antoñete, estupendo y desigual artista, muy fácil en el toreo con la mano izquierda. Miguelín, espectacular y efectista. De condiciones parecidas a las de Curro Romero, el gitano de Jerez Rafael de Paula suena con fuerza en 1974, después de muchos años de alternativa.Entre las últimas generaciones destacan Paquirri, Ángel Teruel, Sebastián Palomo Linares, José María Manzanares, Pedro Moya Niño de la Capea y, por un valor probado y sereno, Francisco Ruiz Miguel y Antonio José Galán.El rejoneo, que tiene su apogeo en el s. XVII, pierde importancia en el s. XIX con el toreo a pie, excepto en Portugal, donde sigue siendo una de las bases de la fiesta de los toros. Con frecuencia actúan rejoneadores portugueses en España. Tal es el caso de José Samuel Lupi, entre otros. Hoy día, el toreo a caballo en España e Hispanoamérica está más ampliamente representado por los picadores, pero desde que el cordobés Antonio Cañeto (m. 1952) modifica la lidia a caballo, a partir de 1923, sobre la base del rejón (asta de madera, de 1,5 m. aprox. de longitud, con mahorra en la punta), han destacado algunas figuras en este arte; su actuación suele simultanearse con la de los toreros a pie. Quien más ha hecho por el moderno rejoneo es el jerezano Álvaro Domecq Díez (n. 1934). Junto a él destacan Ángel Peralta (n. 1926) y el duque de Pinohermoso, que comienza a rejonear en 1946. Mas cuando el rejoneo alcanza su máximo esplendor es en los últimos años, con las llamadas corridas del arte del rejoneo, en las que suelen actuar cuatro caballeros. Destacan en estos cometidos Ángel y Rafael Peralta, Álvaro Domecq Romero, Fermín Bohórquez, Gregorio Moreno Pidal y Manuel Vidrié.La mujer torera figura en un aguafuerte de Goya, que representa a Nicolasa Escamilla la Pajuela alanceando un toro. A mediados del s. XIX hay cuadrillas de mujeres, al frente de las cuales figuran Martina García y Francisca Coloma. La mujer no vuelve a torear a pie desde 1908 hasta los a. 30 (María Luisa Jiménez La Palmeña y Juanita Cruz), y tras la nueva prohibición aparecen rejoneadoras como Conchita Cintrón (1922), chilena nacionalizada en Perú, que actúa en España en 1945-50. En 1974 se ha permitido nuevamente el toreo a pie de las mujeres.El toreo se encuentra en un estado estacionario. El toro no es el de antes de 1936, pero tampoco tiene el escaso trapío de la época de Manolete y el mexicano Carlos Arruza (1920-66), cuando se pretendió formar pareja entre ambos. Las promesas que surgen se apartan del tremendismo y tratan de interpretar un toreo clásico. Cada cual lo interpreta según los imperativos de su personalidad. Se vislumbra un retorno al toreo imperecedero. Se ha conseguido, mediante el herraje a fuego del número correspondiente a la unidad del año de nacimiento y el libro registro de nacimientos, que salgan los toros con cuatro años, a partir de 1972. Antes se lidiaban con demasiada frecuencia utreros (tres años). La fiesta ha evolucionado hasta un límite que no creemos se pueda pasar. Desde la suerte de la lanzada hasta el toreo actual hay dos siglos y pico por medio configurados y cristalizados en las actuales corridas. Hay además un toreo cómico dirigido al público infantil, que no tiene acceso a las corridas tradicionales. El toreo cómico empieza a finales del s. XIX con el novillero Don Tancredo, que esperaba inmóvil desde un pedestal la acometida del toro.9. Suertes del toreo. Desde los tiempos más remotos del arte de torear, el capote está considerado como el mejor de los engaños en el toreo a pie. Su forma es similar a la capa española, con unas medidas que dependen del torero que la utilice. Algunas prefieren el engaño breve, más bien corto, de fácil manejo. En cambio, una inmensa mayoría utiliza el de grande medidas, que proporciona mayor ventaja a la hora de lancear. Cuanto más grande sea el engaño mayor es la defensa, lo que en términos taurinos se denomina torear de capa largando tela. La largura del capote oscila entre 1,05 y 1,17 m. según el deseo y la estatura del diestro. El capote de brega se diferencia del de paseo en el tamaño y en que no lleva adornos.1) Primer tercio. El público no da importancia al hecho de correr el toro. El espectador desea ver cuanto antes al matador. Las suertes de capa han caído un poco en desgracia, por la atención que se dedica al toreo de muleta.El subalterno o peón encargado de correr los toros se tiene que preocupar de tres cosas: correr los toros, pararlos y quitarlos. La idea fundamental de correr un toro es la de disminuir, en lo posible, las facultades del astado y conducirlo a donde convenga. Es más eficaz correr al toro con una mano, pues se le enseña a embestir mejor. De unas inadecuadas primeras carreras del toro y de los capotazos de un mal subalterno que corre por delante al toro sin torearlo, puede derivarse el desorden de toda una lidia. Estilistas en esta suerte han sido Alfredo David, peón de Manolete, y Bonifacio Perea Boni.La suerte de la verónica se debe al diestro sevillano Joaquín Rodríguez Costillares. Consiste en colocarse frente a la línea de embestida del toro con el capote recogido. El torero, al igual que en las demás suertes, debe mandar en el toro, con las piernas abiertas, no en sentido paralelo a la embestida, sino adelantando una pierna, lo cual se llama cargar la suerte, o sea, poner el obstáculo de lapierna del torero en el camino del toro, obstáculo que se salva gracias al mando -juego de brazos del torero-, que desvía la embestida de la fiera para colocarse en mejor posición y avanzar un paso más en el próximo lance -con lo que se consigue, no sólo no perder, sino ganar terreno al toro- y así sucesivamente hasta que surge el remate de la media verónica como colofón. La verónica tiene tres tiempos: cite, aguante y remate o salida. El lance puede ser más largo o más corto, según las facultades del toro y también la distancia a que el diestro quiera dejar al burel para ligar el lance siguiente. La media verónica consiste en llevar el capone hasta la altura de la cadera y allí, en lugar de prolongar el viaje del toro, como en la verónica, se remata el lance reuniéndose las manos a la altura de la cintura. Gran intérprete de la media verónica fue Juan Belmonte.La navarra es un lance que apenas se ejecuta ya. Lo practican algunos mexicanos-con mucho arte. Sus dos primeros tiempos son muy parecidos a la verónica, pero, cuando se tiene al toro metido en el engaño, el diestro gira sobre las puntas de los pies y saca el capote por abajo, dando una vuelta completa hacia el lado contrario por donde se le ha marcado la salida a la res. El lucimiento de esta suerte de adorno depende de la lentitud en los giros y de la soltura de movimientos del torero, acompasándose con el toro. También ha caído en desuso la aragonesa, suerte en la que se cita al toro con el capote a la espalda, pero vuelto al torero, dando la parte dorsal al toro. La salida se da sacando el capote por delante. La gaonera es una variante de la aragonesa; se utiliza como adorno. Se cita con el capote a la espalda, pero situándose el torero de frente o de costado al toro, al que se deja meter la cabeza en el engaño y se mueve éste hacia un lado, quedando el diestro situado para el lance siguiente. Del mexicano Rodolfo Gaona, que la interpretó con mucho arte, toma el nombre de gaonera, aunque la inventó su banderillero Ojitos.El farol se atribuye a Manuel Domínguez, el primero que lo ejecutó en la segunda mitad del s. XIX. El lance se inicia como la verónica, pero antes de dar la salida por abajo, el torero se pasa el capote por la cabeza, buscando siempre, como en todas las suertes, la posición más idónea para ejecutar el lance siguiente. Juanito Belmonte, hijo del gran Belmonte, fue el intérprete más brillante de esta suerte, que todavía se ejecuta mucho, principalmente con la muleta. El lance de tijerilla o de catre consiste en torear cruzando los antebrazos, como si las extremidades superiores fueran aspas. El último diestro que lo ejecutaba con alguna frecuencia era Antonio Bienvenida.El delantal consiste en citar al toro con el capote, como si se fuera a ejecutar una verónica, provocando la arrancada con una carrerita, y, cuando el burel viene a la carrera tras el percal, el diestro se para bruscamente en seco juntando las zapatillas y levantando los codos, al tiempo que retira el capote, atrayéndolo hacia sí como si fuera a colocar un delantal a la cintura, de ahí su nombre. El quite por delantales no le va a un torero alto. Generalmente los sevillanos Pepe Luis, Manolo González y Chicuelo padre e hijo, diestros menudos y con mucho salero, han ejecutado maravillosamente este lance. La mariposa es una especie de abaniqueo, inventada por Marcial Lalanda. Consiste en colocarse el capote a la espalda y situarse frente al toro, aleteando con los dos brazos el capote. El diestro ha de tener cuidado en que el toro se fije únicamente en la tela que se le ofrece por uno y otro lado, sin que haga nunca por el cuerpo del espada, que es lo más próximo que tiene el astado.Montes llama recorte "a toda aquella suerte en que el diestro se junta con el toro en un mismo centro, y cuando humilla le da un quiebro de cuerpo, con lo cual libra la cabezada, y sale con diferente viaje" (o. c. en bibl., cap. 26, 128). Según Montes, los recortes se debían hacer sin engaño de ninguna clase, pues si se realizaban con capote o muleta se convertían en galleos. Sin embargo, el recorte se prodiga mucho en nuestros días, y normalmente a cargo de banderilleros. Esta suerte no es conveniente para los toros, pues la cabeza se desahorma. Lo ideal es llevarles con el capote lo más largo posible, sin cortarles el viaje, pues de lo contrario el burel aprende a frenarse y es un inconveniente para pasarle la muleta.El galleo se distingue del recorte en que éste se puede hacer con o sin capote; el galleo, empero, sólo se puede ejecutar con el percal. Esta suerte, en desuso, tenía una forma tradicional denominada bu. El capote se coloca de modo natural, partiendo hacia el toro como para recortarlo, y cuando se está en el centro se giran los brazos de derecha a izquierda, quebrando con el cuerpo cuando el toro, embebido en el capote, está humillado. La operación se repite, en un viaje determinado, las veces que sea posible, para salir de la suerte corriendo por derecho y- marcando al animal la conveniente salida. También hay quien habla de galleo cuando el diestro tira el capote al hocico de su antagonista, sujetando el percal por uno de los extremos, pues lo que busca es que el toro humille. A continuación se pasa por delante de la cara a ocupar su terreno, haciendo el quiebro necesario y encontrándose libre; entonces se tira de la capa con rapidez. Otro modo de galleo consiste en colocarse con el capote como para ejecutar una gaonera, al salir el toro del chiquero, que es cuando se avanza hacia él describiendo un círculo.La suerte al alimón se realiza entre dos toreros, que utilizan el mismo capote, cogido de una punta por cada uno, dándole la extensión adecuada. Se cita a una distancia acorde con las facultades del toro. En el momento en que el burel se arranca, se le tiende la suerte, sacando el capote por alto y rozando los costillares al iniciar la cabezada. Después se dan unos pasos hacia atrás, cambiando de mano para repetirla. Seguidamente, los toreros pueden salir de la suerte con algún adorno. Un desplante muy airoso es arrodillarse frente al hocico del animal. Han practicado esta suerte los hermanos Bienvenida. El inventor de la chicuelina, que además ejecutaba a la perfección, es Manuel Jiménez Chicuelo. Este lance de capa se inicia de frente, como la verónica, acercando al toro toreado hasta la altura del cuerpo, para girar airosamente en sentido contrario al viaje del toro. Nicanor Villalta asegura que la chicuelina es una variante de la navarra. Se puede realizar con la mano que marca la salida alta o un poquito baja, según las condiciones del toro y el estilo del torero. Uno de sus mejores ejecutantes de todos los tiempos, con enorme lentitud y sello personalísimo, es Paco Camino.Serpentina y revolera son dos suertes de adorno, que se emplean como remate a quites también de adorno, generalmente después de unas chicuelinas, unas gaoneras o unos faroles. La revolera se realiza cuando el toro se halla encelado por haber sido burlado con la repetición de sucesivas suertes que le han colocado en la posición desairada de las embestidas sin éxito. Entonces el torero suelta una de las manos y, dándole al capote una vuelta por la espalda, hace girar al toro en torno suyo, y él sale andando con el capote a rastras, volviéndole la espalda al toro. El giro del capote en la serpentina es más complicado; requiere más gracia que en la revolera, precisamente por la mayor dificultad que encierra. Se suelta el capote a una mano y se inicia un giro por delante, parecido al de los cowboys con el lazo, para terminar pasándose el capote por detrás, haciéndole girar alrededor de las caderas.2) Tercio de banderillas. Colocar banderillas, rehiletes o garapullos (éstos son sus nombres) también tiene su estilo; no se trata de poner de cualquier manera los palos en el toro, sino de ajustarse a un arte brillante y vistoso en el que el banderillero actúa a cuerpo limpio. La suerte que más se practica es la del cuarteo. Cita el torero desde lejos y va dejando su terreno al toro, que éste aprovecha, mientras el torero corre hacia un punto donde se reúne con el toro (tal reunión se denomina cuadrar). El torero se para unos segundos en la misma cabeza, levanta los brazos; el pecho y el vientre quedan en la línea del derrote del toro; entonces baja fulminantemente los brazos y los rehiletes quedan clavados verticalmente en las agujas. Cuando la suerte se realiza con arranque simultáneo de toro y torero se llama de poder a poder, pues se miden en espectacular encuentro el poder de velocidad de toro y torero. Si el cuarteo se efectúa desde muy cerca, o sea, el torero andando paso a paso hasta la cara del toro y éste tarda en arrancarse, con lo que el cuarteo es mínimo, entonces el par se ha puesto de frente; suerte bellísima y muy expuesta, que casi nadie se arriesga a ejecutar.El cuarteo también puede hacerse con los terrenos cambiados, modalidad consistente en abandonar el terreno que se le iba ganando al toro en la carrera y salir por el contrario. El quiebro es la más vistosa de las suertes de banderillas. Se cita de frente (es más peligrosa cuanto más en corto se haga). El diestro aguarda a. pie firme, bien con los pies juntos, con los talones unidos o con disposición más abierta, que es lo corriente. Se deja llegar al toro y con una inclinación del cuerpo, vencido sobre una de las piernas, se le marca una salida que hace quebrar el viaje recto del toro sobre el bulto que veía de frente. Esta suerte se realiza más fácilmente con banderillas cortas, preparadas así o partidas por el torero a la vista del público.El par al sesgo es muy difícil; se suele poner citando el torero subido en el estribo, mientras el toro está muy próximo a las tablas. Se requieren muchas facultades y reflejos para ganarle la cara al toro, pues por el escaso terreno en que se practica la suerte puede coger más fácilmente al banderillero. Existen también suertes de recurso como el relance, el sobaquillo y a la media vuelta, que se emplean para banderillear toros difíciles y resabiados. Al último tercio se llega después de colocar los tres pares de banderillas reglamentarios (cuando el toro ha sido muy castigado por los picadores, no se colocan los tres pares); por supuesto, antes se ha picado al toro desde el caballo, suerte de varas indispensable para el arte del toreo, porque sin quebranto es difícil ejecutar las suertes.3) La muleta. Se inventó como ayuda para estoquear a los toros. En un principio se llamaba muletilla por el nombre de su pasador. Al parecer empezó a emplearse a principios del s. XVIII. Según José María de Cossío, se llamaba lienzo. De color blanco, pendía de un palillo, similar al actual estaquillador. Según los pases, las suertes se llaman: redondos, altos, de telón, ayudados, de frente, molinetes, afarolados, cambiados y por la espalda. Según la Tauromaquia de Guerrita, se establece la siguiente nomenclatura: a) pases primitivos: el natural o regular y el de pecho; b) pases derivados de los anteriores. Se llama pase natural al que se ejecuta citando de frente, con la muleta en la mano izquierda, provocando la embestida del toro a una distancia conveniente, según las condiciones de cada res. Este pase es el fundamental del toreo de muleta, equivalente a la verónica en el toreo de capa.Pase de pecho. Al rematar el pase natural, la muleta suele quedar tendida en la cara del toro, el cual ha cerrado la salida del torero, imposibilitándole la ejecución de un nuevo pase natural. Ese es el momento en que el torero le carga la suerte al toro por ese lado, le marca la salida, le remata, sacando la muleta por encima de la cabeza del toro, para barrer materialmente los lomos con la flámula y volver a la posición primitiva del pase natural, sin dejar el cuerpo al descubierto.Pase por alto. Se ejecuta con la mano derecha, con los pies juntos o abiertos. Consiste en pasarse al animal por un lado u otro; se remata levantando el brazo cuando el cornúpeta derrota, pasando la tela por encima de su cabeza y sacándola por la penca del rabo. Si la muleta se levanta solamente para dejar pasar al animal, se trata de un pase de telón. El pase ayudado se ejecuta a dos manos, bien por alto o por bajo, y se llama así porque el torero, para darlo, se ayuda con el estoque. Los afarolados son los muletazos en los que la flámula gira alrededor de la cabeza del diestro, como en el lance de capa denominado farol. El molinete no se ajusta a técnica alguna. Se puede dar ligado o preparado, con la mano izquierda o la derecha. Va ligado al natural cuando el torero, en lugar de ejecutar el pase de pecho, se vuelve rápidamente y vacía al toro, liándoselo a la cintura. Es un pase que se ejecuta también de rodillas. El primer molinete reseñado se atribuye a Antonio Sánchez el Tato en 1859.Los pases por delante, por la cara, se utilizan para sacar a los toros de un lugar en el cual no conviene torearlos por estar aquerenciados, y para cuadrarlos. Hay que acercarse mucho a ellos, poniéndoles el brazo por delante; si se adelanta la muleta, muy perfilada, se)llega con ella hasta la cara del animal. Cuando éste inicia la embestida, el diestro, rápidamente, atrae la muleta hacia su cuerpo, comenzando una marcha hacia atrás, según la violencia con que el toro se arranque. Tan pronto como éste se para, lo cual sucede frecuentemente con los toros de media arrancada, se repite la acción. En cuanto a los medios pases, que se ejecutan sobre las piernas, son muy semejantes a los que se practican de pitón a pitón; sirven para defenderse, para no exponer ni un alamar, y denotan inseguridad y poca valentía por parte del torero. Como indica su nombre, son pases a medio realizar.La suerte de matar, la estocada, es la definitiva. La espada o estoque tiene una longitud de 80-90 cm. desde el comienzo de la empuñadura a la punta. El puño está revestido con una cinta de lana color grana, y el pomo, con piel o gamuza, para que la mano no patine y se asegure la dirección de la espada. Las estocadas se califican según la profundidad, la dirección y el lugar en que queda clavada la espada: a) honda, cuando entra hasta la empuñadura; b) corta, cuando penetra una tercera parte; c) contraria, cuando queda en el lado izquierdo del toro; d) trasera, cuando está detrás de la cruz o morrillo; e) delantera, la dada delante de la cruz; f) baja, cuando se interna por el cuello, junto al pico de la paletilla; g) ida, cuando no se introduce con los filos formando una línea horizontal, sino una vertical, por cuyo motivo no causa tanto destrozo en el toro; h) tendida, cuando tiende a quedar horizontal; i) perpendicular, cuando queda perpendicular al toro; f) caída, cuando, a un lado de la cruz, se dirige hacia abajo por su propio peso; k) atravesada, cuando queda atravesada dentro, pudiendo asomar la punta por el otro lado o simplemente notarse un bulto; 1) envainada, cuando permanece entre el cuero y la carne de la res.Tres son las formas fundamentales de entrar a matar, partiendo de la base de torero y toro frente a frente: a) suerte de recibir, cuando el torero cita y espera sin enmendarse la acometida del toro; b) volapié, cuando el toro permanece inmóvil y el torero se arranca hacia él; c) estocada a un tiempo, si el torero y el toro se arrancan a la vez, para encontrarse aproximadamente en un punto medio de la distancia que mediaba entre ambos. Las suertes de recurso son: a) aguantando; b) a paso de banderillas; c) a la media vuelta; d) encontrada; e) a toro corrido. La suerte de recibir se atribuye a Francisco Romero, el primero que abandonó la costumbre iniciada a principios del s. VX de matar a los toros utilizando verduguillos con hoja de dos filos y entrando a traición después de haber empleado los ferreruelos para tapar la cara a las reses. En la suerte de recibir, se cita a distancia, al contrario que en el volapié, pues en ésta el mérito es tanto mayor cuanto menor es la distancia entre toro y torero.10. Los toros fuera de España. La f. de t. en Portugal tiene un carácter muy similar al del resto de la Península, hasta 1640, que es cuando se independiza de España. La lidia, tal y como se interpreta en España, siempre tuvo, y tiene, partidarios entre los portugueses, pero la diferencia con las costumbres taurinas hispanas se produce con motivo de las prohibiciones pontificias acatadas por el rey portugués D. Sebastián (1557-78). Desde entonces se embolan (se cubren con bolas las puntas de las astas) las reses. Las corridas portuguesas se centran en el toreo a caballo y en la actuación de los forCados.Los mozos de forpado, conocidos también como pegadores, colocan frente al toro al jefe de la cuadrilla, que recibe la embestida tratando de sujetar al animal por las astas, momento que aprovechan sus compañeros para situarse detrás de él, ayudándole en la "pega" que pretende inmovilizar al toro. Los portugueses rejonean de frente. Clavan arpones y banderillas con menos alardes que los rejoneadores españoles, pero con más sobriedad y pureza de estilo.No son muchos los toreros que ha dado Portugal en la lidia a pie, tal y como se interpreta en España y en los países hispanoamericanos, pero Manolo Dos Santos, considerado el mejor de su país de todos los tiempos, compite con los toreros españoles, en tanto que otros, como Diamantino Vizeu, Armando Soares y António Dos Santos, no alcanzan su relieve. Precisamente el último matador de toros muerto de cornada ha sido el portugués José Falcón (Barcelona, agosto 1974).Francia. Los festejos del sur de Francia se celebran con toros y toreros españoles, aunque hay también novilleros franceses. Es el único lugar al otro lado de los Pirineos donde se autorizan las corridas de toros. Nimes, Arlés, Toulouse, Dax y Mont-de-Marsan son las principales plazas.Hispanoamérica. En los países hispanoamericanos en los que no ha conseguido imponerse la Soc. Protectora de Animales, las corridas se celebran también exactamente igual que en España, aunque con algunas ligeras variantes en el reglamento. Figura a la cabeza México por las grandes figuras que ha dado al toreo, tales como los ya citados Gaona, Garza, Armillita, Silverio Pérez,El Soldado, Solórzano y Carlos Arruza. También hay allí importantes ganaderías, como las de Pastajé, Piedras Negras y Mimihuapan (v. III). Perú cuenta con una gran afición, aunque son contados los toreros peruanos. Las temporadas de Lima, de gran solera, se organizan sobre la base de toreros españoles. Algo parecido ocurre en Venezuela, donde además ha surgido la familia torera de los Girón, que alternan con éxito en España y América con los demás diestros. En Colombia, que cuenta con 11 plazas, es famosa la feria de Cali.11. La Iglesia ante las corridas de toros. No siempre ha gozado el espectáculo más español de la complacencia y el asentimiento de las autoridades eclesiásticas. S. Tomás de Villanueva, en la primera mitad del s. XVI, fustiga la costumbre española de correr toros. Pío V, en el Breve De salutis gregis dominici (1567), prohibe las corridas de toros bajo pena de excomunión. Cinco años después, Gregorio XIII excluye de la pena canónica a los laicos. Sixto V considera el espectáculo nocivo por el riesgo (1583); pero Clemente VIII, en 1596, atenúa las disposiciones anteriores, aunque al final del s. XVI no se cejara en la polémica que, poco a poco, se diluyó en una cierta tolerancia, como en la actualidad.El riesgo ha disminuido y no es mayor que el de un corredor de automóviles o motocicletas, el de un boxeador o un trapecista. Las mayores campañas contra la f. de t. se deben a Eugenio Noel (1885-1936), quien sobrepone lo que de sangriento y cruel pueda tener el espectáculo a su verdadera razón de ser: la plasticidad colorista, el juego con la muerte por medio de la destreza, la gallardía y el genio de un pueblo que se enfrenta a una fiera con un trapo rojo y una espada. Para ello se requiere agilidad y presencia de ánimo para culminar las suertes con garbo.VICENTE ZABALA.
BIBL.: PEPE-HILLO, Tauromaquia, Madrid 1796; MONTES, Tauromaquia, Madrid 1876; GUERRITA, Tauromaquia, Madrid 1896; B. DE VARGAS MACHUCA, Teoría y ejercicios de la jineta, Madrid 1600; N. LUIAN, Historia del toreo, Barcelona 1954; J. M. DE Cosslo, Los toros, Madrid 1961; A. OLMEDO, Plazas de toros y escuelas de tauromaquia, Barcelona 1951; G. CORROCHANO, Teoría de las corridas de toros, Madrid 1962; F. SASSONE, Casta de toreros; Madrid 1962; J. DELGADO, La tauromaquia, Madrid 1971; A. DÍAZ-CAÑABATE, El mundo de los toros, León 1971; V. ZABALA, La ley de la fiesta, Madrid 1971; J. PEREDA, Los toros ante la Iglesia y la moral, Bilbao 1945; C. POPELIN, La lidia en la corrida de toros, Madrid 1959; ID, Los toros desde la barrera, 2 ed. Madrid 1966.
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