Tomé, Familia HIST.
Categoria:
Historia
Dinastía de artistas castellanos que, durante la primera mitad del s. XVIII, cultivaron el decorativismo barroco con un extremismo y, sobre todo, con acentos tan personales, que se colocan en una órbita extraña, similar en buena parte a la del rococó del Sur de Alemania. Integran esta familia Antonio, escultor y decorador, y sus tres hijos, de los cuales son conocidos Diego, escultor y grabador, y Narciso, el más dotado de todos ellos por haber sido escultor, arquitecto y pintor en una pieza. Son pocos y oscuros los datos biográficos que sobre ellos se conocen. Originarios, al parecer, de Toro (Zamora), en 1715 trabajaban juntos en Valladolid. Radicados luego en Toledo, en 1721 Antonio y Narciso fueron encargados de construir el Transparente de aquella catedral. Muerto quizá el padre al año siguiente, su hijo Narciso fue nombrado maestro mayor de la catedral primada para sustituir a T. Ardemans. Se sabe que en 1736 Narciso se encontraba en Madrid labrando el retablo del desaparecido convento de Carmelitas descalzas llamado de la Baronesa. En 1738 se dirigó a León a fin de proyectar el retablo mayor de su catedral, obra de cuya ejecución se encargó su sobrino Simón Gabilán. Narciso murió en Toledo el 12 dic. 1742, y su hermano Diego 10 años antes, en 1732.En Valladolid,, como queda dicho, Antonio y sus hijos trabajaron juntos` en la ornamentación de la fachada de la Universidad, pero no en su traza arquitectónica, que se debió al fraile `.carmelita Pedro de la Visitación. En concreto, labraron cuatro capiteles corintios con mascarones en sus frentes, los tres escudos del cuerpo principal, las estatuas de las ciencias que figuran en ese mismo Cuerpo, y las efigies de los reyes que rematan las balaustradas de las alas. Destacan las figuras reales por sus desenfadadas actitudes y sus vistosos atuendos; las estatuas de las ciencias, personificadas en personajes femeninos con sus respectivos atributos, llaman la atención por el suave modelado de los rostros y el busto. En Valladolid se atribuye a los T. la esculttura de S. Martín en la iglesia del mismo nombre, y particularmente a Narciso la imagen de la Inmaculada que se venera en la iglesia de los jesuitas. Es ésta una encantadora figura de cabeza pequeña y redondeada, manto arrebolado en menudos pliegues a la altura del pecho para caer luego hacia los pies, ciñéndose a la túnica. Firmadas por Narciso existen también en la col. Selgas (Asturias) dos pequeñas figuras policromadas representando a la Virgen y S. José, que formarían parte de un Nacimiento, cuyas otras figuras se desconocen.El Transparente de la catedral toledana es no sólo la obra maestra de Narciso, sino hasta cierto punto un producto exótico y solitario en el panorama del arte español. El principio berninesco de la colaboración de todas las artes, a fin de crear un espacio ilusorio de alto valor dramático, ha sido explotado por su autor con una maestría sólo igualable a la de algunas obras del propio Bernini (v.) y del rococó alemán. A ello se añade el insólito hallazgo de formas decorativas que se adelantan en varios siglos a las genialidades del art nouveau y aun del surrealismo contemporáneo. Por ello no es nada extraño que esta obra mereciese, como ninguna otra, la airada repulsa de los pacatos tratadistas del neoclasicismo.La idea de fabricar un Transparente, horadando el muro de la capilla mayor, para que también desde la girola se pudiese adorar el tabernáculo, era muy antigua en Toledo, pues databa de 1579, pero no se realizó hasta 1721-32. Narciso situó el rompiente, aureolado de rayos y querubines, en el centro de un riquísimo retablo de mármol y jaspe, donde con las estatuas y relieves, de significado eucarístico, se mezclan temas y motivos heráldicos. El relieve de bronce que corona el retablo representa la imposición de la casulla a S. Ildefonso, conforme a un dibujo que el mismo Narciso compuso para la portada de un libro y que grabó su hermano Diego en 1726. Con el afán de crear una profunda perspectiva, inexistente en el corto tramo del ábside, se han curvado heterodoxamente hacia abajo los entablamentos de ambos pisos del retablo, empujando la vista hacia el fondo y produciendo la ilusión de que la distancia entre los primeros y últimos planos es mucho mayor de lo que en realidad es. Al mismo efecto contribuye el ahuecamiento del piso superior, en forma de estancia, donde se representa la última Cena.La luz que baña al Transparente emerge, al igual que en un teatro, como de un foco situado a espaldas del espectador; para ello se ha vaciado la plementería de la bóveda correspondiente de la girola, abriendo un boquete por donde atraviesa una luz tamizada, que recorta las siluetas de las figuras, confundidas con una representación pictórica celeste. Los mármoles del zócalo yde las alas del altar se deslíen en crestas y espumas, a la manera de esa materia viscosa que, siglos adelante, empleará Gaudí (v.) en sus construcciones. La desintegración de la materia se continúa en la envoltura de los fustes de las columnas, que se rasga en jirones para dejar ver un núcleo interior de clásicas estrías.El retablo mayor de la catedral de León, proyectado en 1738, representaba, al parecer, a Cristo con dos discípulos aguardando al resto de los apóstoles, que llegaban por entre las calles y soportales- a celebrar la última Cena.Desmontado dicho retablo en el siglo pasado, sus fragmentos se conservan en la iglesia de los Capuchinos de la misma ciudad. Los rotos entablamentos y las columnas enarbolando lo que Ponz denominaba sarcásticamente "pellejos" entre cabezas de querubines, hacen pensar que no diferiría mucho del Transparente. También proyectó Narciso en 1737 la renovación del transcoro gótico de la catedral toledana, sustituyéndolo por otro fabricado con los mismos costosos materiales del Transparente. La idea no prosperó por muerte del maestro y porque a su sucesor, S. Bonavía (v.), no debió agradarle semejante proyecto. El estilo de los T. apenas dejó huella en la Península, si no es en su sobrino Simón Gabilán T. (retablo de León y el desaparecido de S. Sebastián en Salamanca), y en el cuñado de éste, Pedro de Sierra (retablo y portada de la iglesia de Rueda en Valladolid).A. RODRÍGUEZ CEBALLOS.
BIBL.: N. PEVSNER, Esquema de la arquitectura europea, Buenos Aires 1957; G. KUBLER, Arquitectura de los siglos XVII y XVIII, Madrid 1957; J J. MARTíN GONZÁLEZ, Escultura barroca castellana, Madrid 1959; F. CHUECA, Narciso Tomé: una incógnita del barroco español, "Goyan 49 (1962).
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