Tocqueville, Alexis de
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Biografía GER
Datos biográficos. Escritos. Pensador político francés; n. en Verneuil (París) el 29 jul. 1805 en el seno de una aristocrática familia normanda cuyo origen se remontaba a la época de Guillermo el Conquistador. Su madre era nieta de Malesherbes. Su padre, que desempeñó varias prefecturas bajo la Restauración, le destinó a seguir la carrera familiar, terminando sus estudios de Derecho en 1825. Al regreso de un largo viaje por Italia fue nombrado juez auditor de Versalles, en 1827. Allí conoció a María Motley, joven puritana inglesa, nueve años mayor que él, con la que contrajo matrimonio en 1836.En 1830 había prestado juramento, venciendo su repugnancia, a Luis Felipe, el rey burgués entronizado por la revolución de julio de ese año. Molesto T. por el ambiente mezquino creado por el régimen, obtuvo permiso para marchar a Estados Unidos a estudiar el sistema penitenciario, junto con su amigo G. de Beaumont. El primer fruto fue el estudio sobre- El sistema penitenciario en los Estados Unidos y su aplicación a Francia (1833).En 1832 había dimitido de su cargo por solidaridad con Beaumont, realizando su primer viaje a Inglaterra. En esos años, "probablemente los más felices de mi vida", dedicóse enteramente a escribir La democracia en América, cuya primera parte apareció en 1835, obteniendo gran éxito. Su fama se extendió rápidamente, apareciendo en seguida traducciones. El mismo año realizó un nuevo viaje a Inglaterra e Irlanda, escribiendo un artículo sobre El estado social y político de Francia antes y después de 1789, en la "London and Westminster Review". En 1837 fue derrotado en los comicios, por faltarle el apoyo gubernamental, pero al año siguiente, pese a sujuventud, fue elegido miembro de la Acad. de Ciencias Morales y Políticas. En 1839, obtiene, por fin, acta de diputado; hasta su muerte, fue reelegido sin interrupción. En 1840 publicó la segunda parte de La democracia, que pasó casi inadvertida, aunque fue nombrado al año siguiente para la Académie FranQaise. Viaja entonces a Argelia, viaje que reitera en 1846.Como miembro de una comisión extraparlamentaria, predijo, en 1848, la inminencia de una acción revolucionaria. Al ocurrir ésta, fue elegido para la Asamblea constituyente, formando parte de la comisión redactora de la nueva constitución. Desde junio a octubre de 1849 fue Ministro de Asuntos Exteriores. Durante 1850 y 1851 redactó los famosos Souvenirs. El golpe de estado de Napoleón le llevó a retirarse, por dignidad, de la vida política. Avecindóse entonces cerca de Tours, a fin de reunir materiales para la que muchos consideran su mejor obra, El antiguo régimen y la revolución, superior incluso a la segunda parte de La democracia. Con el mismo propósito, aprendió alemán y viajó a Alemania. Su última salida al extranjero fue a Inglaterra, en 1857. Dos años después, el 16 de abril, falleció en Cannes, adonde había ido a reponerse de una enfermedad contraída en Estados Unidos.Pensamiento político. Su vida ha dejado honda huella en su obra. Tanto en las obras citadas, las únicas que publicó en vida (excepto los Souvenirs y la segunda parte de El antiguo régimen), como en su nutrida correspondencia, cuya importancia ha destacado Ortega y Gasset (Meditación de Europa, Madrid 1960), T. es, más que otra cosa, pensador político. Su punto de vista es el del liberalismo (v.), pero no en su proyección histórica, sino por encima y aparte de los partidismos contingentes o de la situación histórica. El punto de partida y el punto de llegada de su pensamiento son siempre la libertad, a la que califica de "cosa santa"; de forma que toda situación concreta ha de ser examinada según que la favorezca o respete, o según que la restrinja y, en consecuencia, ponga en peligro la misma dignidad humana. Por eso, su tema es el de la democracia (v.), la cual no se identifica para él, de modo necesario, con el liberalismo, aunque no sean asuntos indiferentes entre sí en la coyuntura histórica.Según T., el hecho democrático constituye algo nuevo en la historia y es, además, irresistible. Por primera vez parece que todos los hombres pueden ser libres y dueños de su propio destino. Las ideas acerca de la libertad -dice- han madurado tanto y empiezan a ser tan favorables las condiciones para la igualdad, que la democracia, como la libre igualdad de todos, se halla a la vista. Sin embargo, es la libertad (v.) algo que sólo se consigue con esfuerzos, que no está dada sin más, mientras que la igualdad es una pasión humana. Piensa T. que podría suceder que la pasión por la igualdad llevase a despreciar la libertad. Se habría logrado entonces, ciertamente, la realización de la democracia. Pero T. se pregunta si ésta vale la pena.La democracia puede, pues, poseer dos caras: la que tiene cuando nace de la libertad y los hombre están dispuestos a sacrificarle sus pasiones e intereses con el fin de salvaguardarla; y la que tiene cuando los hombres olvidan lo que ha costado alcanzarla y están dispuestos a abandonarla, quizá insensiblemente, sin darse cuenta, con tal de satisfacer sus deseos de bienestar. El problema -añade- no se plantearía si no existiera la tentación del poder; pero esa tentación, que es la más fuerte de todas, hace que junto a hombres que sólo quieren la igualdad existan otros cuya pasión dominante es el poder. Resulta fácil que estos últimos, haciéndose portadores de los deseos de los demás, los esclavicen sin que se den cuenta, mediante el establecimiento de una igualación universal de la que ellos aparecen sólo como sus defensores.Hacerse pasar por defensores de la "auténtica" libertad sería sólo un problema de manipulación de la opinión. Establécense entonces tiranías (v.) que se fundan aparentemente en el consentimiento general. Las imponen las mayorías como si se tratase de algo connatural a sus deseos; a diferencia de las tiranías del pasado, que se reconocen por sus abusos, las modernas se cuidan de tener satisfechos a sus súbditos. Los hombres ponen con frecuencia su interés en el bienestar y los déspotas modernos se cuidan de que éste se entienda en el sentido de satisfacciones materiales sin que nunca sean, empero, bastantes: todo su arte de gobierno consiste en dar a los individuos lo que piden. Así, éstos se olvidan de su propia dignidad y de la libertad.Norteamérica y Europa. Los análisis de T. se estructuran en la comparación entre los Estados Unidos y Europa. Los EE. UU., dice son una sociedad democrática; no ha encontrado allí la democracia las dificultades de las sociedades europeas. En los amplios espacios del Nuevo Mundo, las ideas de la libertad, llevadas por los emigrantes ingleses, no tropezaron con un pasado histórica, es decir, con instituciones, costumbres, opiniones y creencias propias de lo que T. denomina el estado social aristocrático. En cambio, en Europa, la democracia pugna todavía por imponerse y la Revolución francesa no es más que una etapa de esa lucha, pues pervive aquí un largo pasado histórico. En él se incubaron, ciertamente, las ideas de la libertad, modernas según él, que conducen a la democracia, pero, salvo en Inglaterra, no tocan aúnsuelo firme por la falta de condiciones adecuadas. Son muy fuertes todavía los residuos del Antiguo Régimen. Así como en Norteamérica el peligro para la democracia proviene de la opinión misma, en Europa procede del Estado. El Antiguo Régimen ha llevado la centralización a un punto en que la democracia se encuentra de antemano pervertida. Se dice a los hombres que son libres e iguales, pero el Estado modifica la igualdad básica a favor de unos cuantos. Sólo pueden ser libres en la medida permitida por el Estado, que tiende, sin embargo, a entrometerse hasta en lo más íntimo. Y, a la vez, sólo pueden realizar la igualdad si el Estado les da lo que quieren o si ponen a su servicio el aparato estatal. Frente a la sociedad sin divisiones rígidas entre estamentos, propia de los Estados Unidos, donde la movilidad es grande y no existen estructuras arcaicas que la frenen, en Europa no sólo existe esa separación -lo que constituye el mayor defecto del Antiguo Régimen-, sino que hay un Estado tan fuerte que sólo por el hecho de serlo se constituye en objeto de apetencia de las distintas clases o estamentos, que quieren conquistarlo para mejorar su destino. El Estado -concluye- puede ser alcanzado por aventureros -como los dos Napoleones- que agudizan más la centralización, para establecer esa igualdad radical en la que todos son siervos agradecidos de su condición.Juicio. T. aparece hoy como uno de los mayores pensadores políticos y su influencia e importancia crece cada día. Sus análisis detallados y a distintos niveles, sus profecías cumplidas -el conflicto racial en los Estados Unidos, la polaridad entre Norteamérica y Rusia, la sociedad de "consumo"-, su adivinación de la era de las masas, su profunda penetración en la naturaleza de los modernos totalitarismos, son a veces incomparables. Su moralismo de raíz católica hace de él un filósofo político que pone, sin embargo, a su servicio una perspicaz sociología.D. NEGRO PAVÓN.
BIBL.: Fuentes: Oeuvres Complétes (ed. de J. P. MAYER), París 1951 ss.; La democracia en América, 2 ed. Madrid 1963; El Antiguo Régimen y la Revolución, Madrid 1972.-Estudios: J. P. MAYER, Alexis de Tocqueville, Madrid 1965; L. DfEZ DEL CORRAL, El pensamiento político de Tocqueville, con especial referencia a Pascal, Madrid 1965; R. ARON, Las etapas del pensamiento sociológico, Buenos Aires 1969; J. J. CHEVALIER, Los grandes textos políticos, Madrid 1970; R. NISBET, La formación del pensamiento sociológico, Buenos Aires 1969; G. DE RuGGIERO, Historia dei liberalismo europeo, Madrid 1944; G. W. PIERSON, Tocqueville and Beaumont in América, Nueva York 1938; G. LIVELY, The social and political thought of Alexis de Tocqueville, Oxford 1964.
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