Tiempo Introducción.
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Varios
El t. es una de las realidades cuya noción es de las más difíciles de definir y precisar, debido a su propia complejidad intrínseca y a estar conexionada con otras afines también de gran dificultad; a esto se refiere la conocida expresión agustiniana según la cual todos tenemos idea de lo que sea el t., pera, cuando se nos pregunta qué es, o sea, cuando hay que definir y precisar esa idea, no sabemos qué decir (S. Agustín, Confesiones, XI,14,17).El tiempo como duración y como medida de la duración. En primer lugar, hay que destacar la relación existente entre t. y duración. Se define ésta como la existencia continuada de una cosa que permanece en su ser; duración se identifica con permanencia en el ser (Spinoza, Ethica, 11, def. 5). Mas esta permanencia puede darse de tres formas distintas; podemos concebir la permanencia en el ser de un ente que no experimente ningún tipo de cambio (v.), ni sustancial ni accidental; otra forma de permanencia en el ser sería la de un ente que en su sustancia fuera inmutable, pero padeciese mutaciones accidentales; por último, puede darse una permanencia en el ser en un ente sujeto a todo tipo de cambio, sustancial y accidental. La primera forma de duración, la más perfecta por implicar una plena y absoluta permanencia en el ser, es la eternidad (v.); la segunda es conocida con el nombre de eviternidad o aevum (es el tipo de duración que, p. ej., en Teología se asigna a los ángeles, v.); la tercera, aplicable a todos y cada uno de los entes corpóreos, sujetos a generación y corrupción, se la llama tiempo. Así se llega a una primera noción de t., como duración de un ente sustancialmente mutable (v. SER), como duración que implica una sucesión de cambios; este sentido del término t. se encuentra, p. ej., en Aristóteles (De caelo, 1,9,279 a 23), en Spinoza (Cogitata metaphysica, 1,5), y otros muchos. Esta noción del t. está en relación con la de historia (v.), cuya última comprensión corresponde a la Revelación y a la Teología (v. IV), prolongando y abarcando el estudio propio de la Filosofía (v. II).Pero el término t. tiene un segundo significado; relacionado con el anterior, no sé trata ya de la duración sucesiva y mutuable, sino de la medida o numeración o número (arithmós, numerus) de esa duración, de esa sucesiva mutación. Se trata, pues, de un t. concebido como resultado de la medición aplicada a un movimiento -entendiendo movimiento en el sentido amplio que tienen los términos griego kínesis y latino motus, es decir, como cambio (v.) en general, y no sólo como desplazamiento de un lugar a otro, no sólo como cambio o movimiento local-. Una y otra noción de t. han estado entrelazadas a lo largo de la historia del pensar filosófico (v. II), si bien cuando se habla de t. corrientemente se hace referencia al t. como medida (v. I).Clases de tiempo. Se suelen distinguir tres tipos temporales: 1) el t. interno o de la conciencia; 2) el t. objetivo o externo; y 3) el t. imaginario, ideal o absoluto; a los que puede añadirse un cuarto, el de t. sagrado.1) El primero es el que se deriva de la fluencia de la conciencia (v.) psicológica; es la medida de la ininterrumpida sucesión de los estados de conciencia. Se trata de un t. de poca objetividad, dado que el fluir de la conciencia está, por diversas causas, sometido a profundas variaciones en su mayor o menor rapidez, lo que aumenta o disminuye la cadencia del t. (v. III).2) El segundo, el t. objetivo o externo, es aquel t. que se toma como unidad de medida o patrón de los demás t.; es la medida de un movimiento que, a causa generalmente de su regularidad, se ha tomado como patrón de los diversos movimientos y, por tanto, de los demás tiempos (v. i). Este movimiento regular y el t. objetivo que lo mide puede recibir diversas consideraciones. Puede hablarse de un t. biológico, basado en la ritmicidad y en el carácter cíclico de algunos fenómenos vitales (v. RITMOS BIOLÓGICOS; A. Reinberg y J. Ghata, Rythmes el cycles biologiques, París 1957); de un t. mecánico, derivado de la regularidad en los movimientos de algunos artificios de la mecánica (como la caída de la arena o del agua en un recipiente, las oscilaciones de un péndulo, la expansión de un resorte); de un t. lunar, fundado en la periodicidad de las fases del satélite; de un t. terrestre, sobre la base del movimiento de rotación de nuestro planeta; de un t. solar, ocasionado por la traslación del mismo alrededor del sol; de un t. sideral, constituido por el intervalo transcurrido entre dos pasos sucesivos de una estrella por el mismo meridiano; y de un t. atómico, cifrado en la frecuencia de las vibraciones del átomo (v.).3) El tercero, el llamado t. imaginario, ideal o absoluto es concebido como una especie de línea, uniforme, indefinida, constante y vacía, en la que se irían inscribiendo sucesivamente la pluralidad de acontecimientos que se producen en el universo.Por último hay que añadir la consideración o aspecto religioso del t., del t. en relación con Dios, y el concepto de t. sagrado, entendido de diversas maneras. Así, p. ej., en algunas religiones y mitologías antiguas, t. sagrado es el t. propio del mundo de lo divino o de los dioses, entendido, más o menos próximamente a la eternidad, como arquetipo del t. humano o terrestre, que sería como la sombra cíclica del t. divino. En otras ocasiones el t. sagrado es simplemente el t. dedicado especialmente al culto (v.), sobre todo al culto público (v. FIESTAS); t., pues, consagrado a la divinidad y que, a veces, de alguna manera se intenta imitar o reproducir. En el cristianismo puede hablarse de t. sagrado, llamando así a las fiestas cuya finalidad es cumplir los deberes del culto público y del descanso; pero en realidad para el cristiano todo t. está directamente relacionado con Dios, en cuanto todo t. es fruto de la creación divina y ocasión de responder al amor de Dios (v. IV-V).En los diversos artículos que siguen se irán tratando todos estos aspectos y clases de t., comenzando por el t. como medida, según determinados movimientos regulares mecánicos y celestes, tal como lo estudian la Física y Astronomía (v. i), para pasar después al estudio del t. desde un punto de vista más general, como es propio de la Filosofía (v. II). Para el llamado t. biológico, además del art. RITMOS BIOLÓGICOS puede verse también VIDA I-II. Después, se estudiará el llamado t. psíquico, objeto de estudio de la Psicología (v. III); para pasar, finalmente a la consideración general propia de la Teología, Revelación e Historia de las religiones, donde se esclarece el sentido del t. y de la historia (v. IV-V).V. t.: CREACIÓN II, 5-6 y III, 6;HISTORIA V-VI;MATERIA II, 1; MUNDO III.J. BARRIO GUTIÉRREZ , JORGE IPAS.
BIBL.: La de los arts. siguientes.
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