Tiberio
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Biografía GER
Emperador romano (14-37 d. C.).N. en Roma el 16 nov. 42 a. C.; hijo de Tiberio Claudio Nerón y Livia Drusila, casada el a. 38 con Augusto. Huérfano el a. 33 a. C., se crió en la casa de Augusto. Protegido por éste, fue cuestor el a. 23 a. C., distinguiéndose entre sus parientes. Casó en segundas nupcias con la hija de Augusto, Julia, el año II a. C. Se exilió voluntariamente a Rodas (5 a. C.-2 d. C.). El a. 4 d. C. fue adoptado por Augusto (v.) junto a Agripa Póstumo, hijo de Agripa (v.). Casó por tercera vez con Agripina, el año 5 d. C. A partir de entonces fue asociado al poder y al ejercicio del gobierno (3-14 d. C.) como colega de Augusto. Compartió sus poderes, aunque con limitaciones.Resentido, no gustaba de la popularidad ni toleraba la adulación. Retraído y reservado, era por otra parte hombre de gran cultura. Su mentalidad tradicionalista y aristocrática no impidió que sus principales oponentes procedieran de su clase y ambiente. Ahorrativo y buen administrador, era severo consigo mismo y con los demás. Su carácter en nada podía ser más opuesto al de Augusto, pero su elección no se debió tanto al parentesco político como a sus méritos. Sus victorias habían hecho de él el primer general de su tiempo. Casi niño empezó a combatir en Cantabria, y llegó a ser uno de los mejores oradores. Como diplomático había obtenido un triunfo singular: que los partos devolvieron los prisioneros y estandartes cogidos a Craso en la rota de Carrae.La sucesión de T. había sido preparada suficientemente para evitar toda oposición abierta. Más difícil era precisar el concepto constitucional en el que ésta debía entenderse y que se tradujo en una transmisión por parte del Senado de los poderes de Augusto. Divinizó a éste, pero fue parco en conceder honores a Livia, que se limitó a ser sacerdotisa del culto imperial. No aceptó varios de los honores de Augusto, imperator, pater patriae, etc., y adoptó el nombre de T. César Augusto. Los primeros problemas surgieron con su brillante hijo adoptivo, Germánico, a quien concedió el imperio proconsular (v.), y con actos de indisciplina militar en Panonia, que calmó su hijo Druso, y también en Germania, que sofocó Germánico. En realidad T. no tuvo que enfrentarse con problemas serios por parte del ejército a partir de los acontecimientos de Panonia el a. 14 d. C.El conflicto con el Senado es en parte reflejo de las intrigas producidas por la sucesión de T., singularmente entre los partidarios de Druso y Germánico. T. era aristócrata por familia, aunque ésta estuvo siempre vinculada al partido revolucionario, por lo que T. no desconoció los méritos de los equites, aunque apenas atendiera a los provinciales. Continuó reduciendo la actividad de los comicios, siguiendo en ello la política de Augusto, e intentó continuar la colaboración con el Senado en cuanto éste era cantera de funcionarios. Tampoco ahorró las manifestaciones de respeto y deferencia. Hasta qué punto era sincero T. en estas manifestaciones es difícil juzgarlo, si bien no hay razón para dudarlo, pero sí es sabido que fueron consideradas como hipocresía y doblez. Poco a poco el propio T. comprendió la imposibilidad de colaborar con el Senado y advirtió el escaso aprecio que sentía por aquél el pueblo y el ejército. Esto sólo representó el lógico desarrollo de la política augustea y las consecuencias que implicaban sus premisas.Fue gran administrador y prudente hacendista. Fundó colonias y creó nuevas provincias, Recia, Mesia y Capadocia (v.). Mantuvo la política de los estados vasallos, ampliándola a las fronteras del Rin y el Danubio. Persiguió a los funcionarios deshonestos sin preocuparse de su rango y alcurnia. Fue parsimonioso en los gastos, especialmente los donativos, a pesar de los antecedentes establecidos por la prodigalidad de Augusto. Sufragó espectáculos públicos, aunque no gustó de ellos, pero en cuanto pudo prefirió gastar en obras el dinero empleado en ellos. Esta política, que hoy creemos adecuada, no fue grata a sus contemporáneos. Fue diligente en la administración de la justicia. En lo religioso se ciñó a lotradicional, desconfió de las religiones orientales y no vaciló en expulsar a sus adictos. Su incomprensión en este sentido se manifestó en la expulsión de los hebreos establecidos en Italia. Nunca buscó la popularidad, prefirió la estimación de sus sucesores, cosa que no consiguió más que de sus contemporáneos.La muerte de Druso y las intrigas de Germánico endurecieron su carácter introvertido. Comenzaron los grandes procesos, como el de Calpurnio Pisón, acusado de envenenar a Germánico (a. 20 d. C.), aunque se atribuyó a T., y contra varios gobernadores deshonestos (20-24 d. C.).Desde el a. 23 el ejercicio del poder quedó en manos del prefecto del pretorio L. Elio Seyano, ya libre de la oposición de Druso, pero enfrentado a la activa oposición de Agripina, los hijos de Germánico y su partido senatorial. El retiro de T. a Capri, sugerido por Seyano, aumentó la autoridad del valido, que atacó directamente (26 d. C.) a Agripina y a sus valedores. Esta actuación era más fácil por la falta de concordia y acuerdo entre los hijos de Germánico. El a. 29 d. C. Agripina y Nerón César fueron desterrados, y el a. 30, Druso César arrestado. El a. 31, Nerón se suicidó; hasta qué punto intrigaba el futuro Calígula (v.) es difícil saberlo. En octubre del mismo año cayó Seyano. Durante este periodo se produjeron los conflictos de Tacfarinas en Numidia, una pequeña revuelta, dirigida por Floro y Sacroviro, en las Galias (a. 21), y una serie de campañas en Tracia contra las tribus del interior.Los últimos años de T. supusieron una reacción contra los partidarios de Seyano, consecuencia de los intereses del Senado. Cayeron los antiguos delatores y también viejos amigos de T., ya ejecutados, ya suicidándose ante el temor de un proceso. Apenas se ocupó T. de los asuntos públicos, p. ej., el de la sucesión y la preparación del futuro Calígula (v.) para el ejercicio del poder. Su conducta parece fatalista o escéptica sin apenas visitar Roma, a la que en todo caso alcanzó sólo en los suburbios, pero no en el centro. Pese a ello, la administración general del Imperio continuó sin trastornos, quizá prueba de la eficiencia del mecanismo burocrático, e incluso resolvió problemas como los de la sucesión de Armenia o en Judea. Falleció (de nuevo se habló de envenenamientos como causa de su muerte, en Miseno, camino de Roma) el 16 mar. 37. Pese a sus defectos, el juicio de su reinado, en cuanto a administración, es positivo, aunque no pueda considerarse de igual modo su política interna.V. t.: ROMANO, IMPERIO; CALÍGULA.ALBERTO BALIL.
BIBL.: A. GARZETTI, L’tmpero da Tiberio a gli Antonini, Bolonia 1960; G. MARAÑÓN, Tiberio. Historia de un resentimiento, Madrid 1947.
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