Testimonio I. Significado General. DER.
Categoria:
Derecho
La palabra t. procede del latín testimonium, declaración testifical ante los jueces. En griego el vocablo martyr designaba al testigo, y martyrion al t. en el sentido jurídico del término. El griego clásico y los Setenta emplean tales palabras para indicar que alguien ha presenciado un hecho y puede declarar acerca del mismo (cfr. TWNT, IV,481-484). Se conocen diveraas acepciones de t. en nuestro idioma. En un sentido genérico es la "atestación ó’ aseveración deuna cosa; prueba, justificación o comprobación de la certeza o verdad de una cosa" (Diccionario de la R. Academia). También se conserva el primitivo sentido jurídico de quien testifica en juicio (v.), o del instrumento autorizado por un notario (v.), en que se da fe de un hecho. Otros significados pueden abarcar diferentes campos, tales como: t. históricos, literarios, artísticos, científicos, culturales, etc.Tiene especial relieve la palabra t. en el lenguaje de la Revelación (v.) y de la Teología (v.), por las realidades a que se refiere. En la S. E. (v. II) se emplea en sentido ético-jurídico, se habla también del t. de Dios y de Cristo, y del de sus discípulos (Act 1,22; 2,32). No se oculta tampoco el valor, apostólico y social, que tiene el t. dado por la vida de los cristianos como manifestación de la verdad de Cristo; en este sentido, y en el sentido ético-jurídico se puede estudiar el t. en Teología moral (v. III).**AUD. RAMOS LISSÓN.
**RECTESTIMONIO II. SAGRADA ESCRITURA.
1. En el Antiguo Testamento. a) Aspecto ético-jurídico. La noción de t. incluye dos elementos fundamentales: la constatación de un hecho conocido experimentalmente y el que dicha constatación se haga a favor, o en contra, de una persona. Un contrato (ler 32,10.25.44) o, más frecuentemente, un juicio (Dt 17,6; Num 35,30) son el contexto normal en que actúa el testigo. En sentido derivado sirven de t. seres irracionales: "cuando uno hubiere dado a otro en custodia... una bestia..., si hubiere sido despedazada por una fiera, la presentará en testimonio y no indemnizará" (Ex 22,10-12; cfr. Mt 8,4 y paralelos); pero con más propiedad, t. es la afirmación solemne de un hecho realizada por una persona. Ésta es también la prueba más usual en los juicios. En el Levítico (5,1) se inculca la obligación de testificar "lo que se ha visto o sabido". Para condenar a pena capital es necesaria la confesión de dos o tres testigos, no basta la de uno solo (Dt 7,6; Num 35,30). Dt 19,15 extiende esta norma "a cualquier delito o falta"; de esta norma hicieron uso en su régimen interno las primitivas comunidades cristianas; así, Timoteo no debe admitir acusación contra un presbítero, sino "sobre el testimonio de dos o tres" (1 Tim 5,19; cfr. Mt 18,16; 2 Cor 13,1).El Decálogo (v.) prohíbe taxativamente el falso t. (Ex 20,16; Dt 5,20), prohibición que es recogida en el N. T. (Mt 19,18 y paral.; cfr. Mt 15,19). Para evitar el falso t., el testigo ha de ser consciente de que asume la responsabilidad de la sentencia; por eso, en caso de lapidación, "en primer lugar descargará (sobre el reo)... la mano de los testigos" (Dt 17,7), precepto que se cumple en el martirio de Esteban (Act 7,58; comp. con Act 22,20). Al testigo falso se le aplicará la pena correspondiente al delito de que acusa, "de esta suerte apartarás el mal de en medio de ti" (Dt 19,16-21). Tan severa legislación no extirpó del todo el caso de falso testimonio. La misma Escritura refiere la intervención de falsos testigos en pena capital, como en los episodios de Susana (Dan 13), Jesús (Mt 26,59-61; Me 14,55-59) y Esteban (Act 6,13-14); el salmista pide a Yahwéh que lo libre de los falsos testigos (Ps 27,12; 35,11); los Proverbios reiteran la prohibición del Decálogo (24,8), enumeran el falso t. entre las seis cosas que abomina Yahwéh (6,16-19) y aseguran que el testigo falso no quedará impune (19,9.28).b) Dios testigo. A Dios, que lo sabe todo y lo ve todo, se le invoca como testigo que puede constatar un hecho(1 Sam 12,1-5: que el pueblo ha confesado la inocencia de Samuel y de sus hijos), garantizar el cumplimiento de una amenaza (Ier 29,23); ante Él se empeña una promesa (ler 42,5), se acusa de crímenes (Mal 3,5). Él acredita solemnemente la inocencia de lob (lob 16,20), atestigua la continua presencia de los fieles de Roma en la oración de Pablo (Rom 1,9; cfr. Phil 1,8) y su comportamiento apostólico (1 Thes 2,5-10; 2 Cor 1,23).Específicamente, el t. de Dios en el A. T. son las tablas de piedra, "escritas por el dedo de Dios" (Ex 31,18; 32,15); el Arca (llamada generalmente en los textos sacerdotales del "testimonio", p. ej., Ex 26,33 s.; Ley 16,13; 24,3; v. SANTUARIO), pues encierra el t.; el tabernáculo del desierto (Ex 38,21; Num 1,50.53), donde se coloca el arca del t. (Ex 40,3) y "Yahwéh habló a Moisés cara a cara" (Ex 33,11). El t. por excelencia es la ley (Ex 40,20; Dt 6,17; Ps 119); la ley "del Sinaí" (Ps 99,7), "testimonio verdadero de Yahwéh" (Ps 19,8); la ley es el t. -los títulos- de la alianza entre Dios y su pueblo. Josué, 24,26-27, en la renovación de la alianza (v. ALIANZA II), escribe las palabras -mandatos y leyes que dio al pueblo en Siquem- en el libro de la ley de Dios y levanta una piedra que será testimonio contra el pueblo, si no guarda su palabra de fidelidad a Yahwéh, porque ella ha oído todas las palabras que Yahwéh ha dicho al pueblo. Por eso, el pueblo es castigado al rechazar la alianza y los t. que Dios le había intimado (2 Reg 17, 15). La ley es un t. de que Yahwéh sacó a los israelitas de Egipto con mano potente (Di 6,20) (v. DECÁLOGO; LEY VII, 3).2. En el Nuevo Testamento. a) Testimonio divino. Las expresiones "testigo, testimonio, testificar" aparecen en el N. T., concretamente en los escritos de S. Lucas, S. Pablo y S. Juan, íntimamente relacionadas con la doctrina sobre la palabra de Dios.Dos veces se llama a Cristo en el Apocalipsis "testigo fiel" (Apc 1,5; 3,14); el mismo Jesús proclama ante Pilato que ha venido al mundo "para dar testimonio en favor de la verdad" (lo 18,27). El Evangelio de S. Juan presenta la predicación de Jesús como un t. cuyo contenido, en su más íntima esencia, se condensa en que Cristo es Hijo de Dios, el Enviado del Padre, el Salvador del mundo, y en que, por la fe en Él, los hombres tienen acceso a la vida eterna. Cuando Jesús proclama su mensaje, lo hace como auténtico testigo, pues habla de lo que sabe y testifica lo que ha visto (lo 3,11). Jesús anuncia el misterio inaccesible al hombre -"a Dios nadie lo ha visto jamás"- y por eso su predicación es revelación; pero Él es "el Unigénito que está en el seno del Padre" y puede darlo a conocer como testigo de vista (lo 1,19). Cristo es la Palabra que existía en el principio, estaba cabe Dios, era Dios "y se hizo carne y habitó entre nosotros" (lo 1,2.14). Conoce al Padre (lo 7,29), lo mismo que el Padre lo conoce (lo 10,15), porque está en el Padre y el Padre en Él (lo 17,21-23). Jesús exige que los oyentes admitan su t. como verdadero y jurídicamente válido, porque en "la ley está escrito que el testimonio de dos personas da fe" y con Jesús testifica el Padre (lo 8,17 s.). Jesús es testigo válido, aun en su propia causa, pues no busca su gloria, sino la del Padre (lo 7,18), sabe de dónde viene y adónde va (lo 8,14), es una misma cosa con el Padre (lo 10,35) y así, en última instancia, el t. que Jesús da de sí misma se identifica con el del Padre, de quien ha recibido las palabras que pronuncia (lo 8,28.38; 10,50).El Padre testifica a favor de Jesús mediante las obras que le ha otorgado llevar a cabo y a través de la Escritura. Las obras de Jesús, en primer lugar los milagros, están realizadas en nombre del Padre (1. 10,25.35), le han sido encomendadas por Él (lo 5,36); el Hijo las lleva a cabo juntamente con el Padre (lo 5,19 s.) y son t. tan evidente en favor de Cristo (lo 5,36; 10,25.37, etc.) qué quienes las han visto y no creen son inexcusables (lo 15,24). La Escritura testifica a Cristo (lo 5,39.46), al cumplirse en Él las profecías mesiánicas (lo 20,9; cfr. Act 10,43; 1 Pet 1,11); como la Escritura es Palabra de Dios (lo 10,35), su t. manifiesta el del Padre. Jesús es avalado también por el t. del Bautista, no porque Él mismo necesite que un hombre confirme su misión, sino para que sirva de garantía a los oyentes que aceptan la autoridad de Juan (lo 5,33 ss.). Éste vino a "dar testimonio de la luz" (lo 1,7 s.), proclamando la divinidad de Cristo (lo 1,15.19-27), reconociéndolo como Salvador (lo 1,29-31,35 s.) y confesando que Jesús es el Hijo de Dios (lo 1,32-34; cfr. 3,22 ss.; v. JESUCRISTO).b) Testigos de Jesús. El t. que Jesús dio de sí mismo y de su propia misión continúa haciéndose oír, después de su vuelta al Padre, por obra de sus discípulos y del Espíritu Santo (lo 15,26 s.). Jesús, antes de la Ascensión, constituye testigos suyos a los Apóstoles (Le 24,47 s.; Act 1,8). La predicación apostólica tiene carácter de t., porque los Apóstoles proclaman lo que han visto y oído (lo 19,35). El contenido del t. es "la vida eterna que estaba cabe el Padre y se manifestó a nosotros" (1 lo 1 ss.) y que "el Padre envió a su Hijo como Salvador del mundo" (1 lo 4,14). Este misterioso designio salvífico de Dios se ha hecho accesible a la experiencia de los Apóstoles (v.) e históricamente constatable a través de la vida pública de Jesús, por lo que los Apóstoles atestiguan las obras y palabras del Maestro en cuanto reveladoras del mensaje de salvación (Act 10,39) y, en consecuencia, se exige que el sucesor de Judas haya convivido con Jesús, como los doce, desde el comienzo de su actividad hasta la Ascensión (Act 1,22). Los Apóstoles son primordialmente testigos de la resurrección de Cristo (Act 1,22; 2,32; 3,15; 4,33), porque, a través de ella, el Padre ha manifestado con revelación poderosa y escatológica que Jesús es el Hijo de Dios (Rom 1,4), Señor y Cristo (Act 2,36), Cabeza y Salvador (Act 5,31 ss.), Señor y juez de vivos y muertos (Act 10,42). A los Apóstoles, escogidos y enviados como testigos de la resurrección de Cristo, se les ha concedido ver al resucitado, comer y beber con Él (Act 10,41), para que su proclamación de los acontecimientos pascuales sea verdadero testimonio. La misión de S. Pablo se define en los mismos términos: S. Pablo no es testigo ocular de la vida pública de Jesús, pero Cristo le ha mostrada la realidad de su vida gloriosa y su identidad con Jesús de Nazaret (Act 22,6-8); el resucitado se le ha aparecido para constituirle testigo de lo que ha visto (Act 26,16; cfr. Act 22,14 ss.) y S. Pablo testifica por todas partes la resurrección de Jesús (1 Cor 15,15).El Espíritu Santo prometido por Cristo (lo 15,26; Act 1,8) y enviado el día de Pentecostés (Act 2,1-4) da t., en primer lugar por la predicación de los Apóstoles, a quienes descubre el sentido profundo oculto en las obras y palabras de Jesús (lo 14,16; 16,12-15), usa como instrumentos y fortalece en la persecución (Mt 10,17-21; Me 13,9-13; Le 12,11 s.; Act 4,31). Testimonia también el Espíritu en cuanto está presente y activo en la comunidad (Act 5,32; cfr. Act 2,33) y acredita, juntamente con el agua bautismal y la sangre eucarística, que Cristo es la verdad (1 lo 5,6-8) y da t. en el interior de cada creyente de que somos hijos de Dios (Rom 8,6).3. Conclusión. Inicialmente, la Escritura usa el vocablo t. en sentido ético-jurídico, es decir, como afirmación de un hecho realizada por una persona; recalca la obligación de testificar ante el tribunal, la necesidad de dos o tres testigos en un juicio. Al testigo se le exige veracidad (v.); se condena el falso t., pues es una forma pública y grave de mentira (v.) y calumnia (v.).Dios testifica a través de la ley que ha actuado en favor de Israel, interviniendo en su historia, principalmente en la elección.El N. T. anuncia el designio salvífico del Padre:el Verbo ha tomado carne para realizar y proclamar en lenguaje humano el misterio de nuestra salvación. El Unigénito del Padre, cuyos secretos conoce, atestigua este misterio, inaccesible en sí mismo a la experiencia humana. La vida pública de Jesús, sobre todo su muerte y resurrección, son a la vez realización y revelación del misterio. Para salvarse, cada hombre ha de aceptar el misterio por la fe (v.). Cristo hace posible a los hombres esta aceptación constituyendo a los Apóstoles en testigos autorizados: han convivido con Jesús, incluso después de la resurrección; el Espíritu les ha descubierto el valor salvífico de los acontecimientos que han presenciado; iluminados y fortalecidos por Él, dan t. de que "el Padre envió a su Hjo como Salvador del mundo" (1 lo 4,14). La Iglesia perpetúa en su vida y predicación el t. de los Apóstoles (V. APOSTOLADO; IGLESIA III, 3).T. LARRIBA URRACA.
BIBL.: I. B. BAUER, Diccionario de Teología Bíblica, Barcelona 1967, 1013-1025; R. LATOURELLE, Teología de la Revelación, Salamanca 1966, 52-58, 72-79; L. CERFAUX, Témoins du Christ d’aprés les Actes, II, Gembloux 1954, 157-174; I. DE LA POTTERIE, La notion de Témoignage dans St. lean, II, París-Gembloux 1959, 193-208; F. M. BRAUN, L’Accueil de la loi selon St. lean, "La vie spirituelle" 405 (1955) 344-363; M. MEINERTZ, Teología del Nuevo Testamento, Madrid 1963, 20, 319 ss., 532, 575.
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