Teresa Del Niño Jesús, Santa
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Biografía GER
Vida. Teresa Martin n. en Alegnon el 2 en. 1873, última de nueve hermanos, nacidos del matrimonio de Luis Martin con Celia Guerin. La familia pertenece a la pequeña burguesía francesa, y T. recibió la educación propia de tal ambiente: intensa piedad, cultura muy limitada, pocas relaciones sociales. Su madre m. en 1877 y T. quedó bajo la tutela de las hermanas mayores, en particular de Paulina, que será para ella su "madrecita". T. ofrecía síntomas de nerviosismo impresionable, pero era al mismo tiempo de inteligencia despierta y de noble corazón. Su orientación hacia la piedad fue algo precoz. Después de la muerte de la madre, la familia se traslada a Lisieux, donde vivía un hermano de la difunta con su mujer y sus hijas. Se instalan en una villa, los "Buissonnets", donde discurrirá la infancia y la primera juventud de T. Vida casera, entrañable, interrumpida raras veces con algunos breves viajes a ciudades próximas.En 1879 hace la primera Confesión. En 1881 comienza a ir, como mediopensionista, al colegio de benedictinas de Lisieux. En 1882 Paulina entra en el Carmelo de aquella ciudad y quizá el impacto fue demasiado para la sensible T., porque hizo su aparición una extraña enfermedad de carácter nervioso, que llegó a poner en peligro su vida. El 13 mayo 1883 quedó casi del todo curada ante una imagen de la Virgen que la sonríe (Manuscritos autobiográficos, ed. Burgos 1960, 119-121). El 8 mayo 1884 hace la primera comunión esmeradamente preparada. Y el 14 de junio recibió la Confirmación de manos de Mons. Hugonin, obispo de Bayeux.En 1885-86 pasa por un periodo de escrúpulos, pero el 25 dic. 1886 tiene lugar la gracia de su "conversión" (v.): su hipersensibilidad quedó dominada repentinamente. En adelante dará siempre, y cada vez mejor, muestras de un gran equilibrio y de una magnífica serenidad. Desde muy pequeña tuvo el deseo de ser carmelita. A los 14 años quiso ya ponerlo en práctica, pero las superioras se opusieron. Hasta aprovecha una peregrinación que hace a Roma en mayo de 1887 para pedir a León XIII la anhelada autorización. El Papa sólo le ofreció unas palabras de aliento. Pero Mons. Hugonin daba por fin el permiso a finales del año, y el 9 abr. 1888 entraba en el "arca santa".Tomó el hábito el 10 en. de 1889, y profesó el 8 sept. 1890. El 24 del mismo mes tomó el velo negro. Externamente poco más hay que decir. Desde 1893 hasta su muerte fue ayudante de la maestra de novicias, y desde 1896 lleva ella prácticamente el noviciado. En este delicado cargo dio pruebas de una prudencia y un tacto verdaderamente extraordinarios. Fue una prueba de magnífica madurez. En 1894 m. su padre, atendido por Celina, que ingresará entonces en el trismo Carmelo. Su larga y humillante enfermedad, que alteraba sus facultades mentales, fue muy dolorosa para las hijas.El Carmelo de Lisieux no se distingue particularmente del tono medio de la vida conventual de entonces. En general, hay observancia, pero también rutina y pequeñas miserias humanas. Era priora la M. María de Gonzaga (menos cl trienio 1893-96, en que lo fue Paulina, ya M. Inés de Jesús). La M. Gonzaga trató con cierta severidad a T., lo cual contribuyó a hacerla crecer en humildad. Por lo demás, ella vivió con exquisita delicadeza la vida común. Generosidad en la obediencia, en la pobreza, en la caridad para con todas. Su sonrisa, su alegría, su igualdad de trato fueron heroicas, y contribuyeron a aumentar la paz y el amor entre todas las religiosas. Encarnó maravillosamente la santidad de Nazaret.En abril de 1896 aparecen las primeras hemoptisis que denunciaban su enfermedad. que pronto se convirtió en incurable. Tampoco se supo cuidarla bien, y poco a poco, el mal la llevó a la muerte. Después de grandes sufrimientos, soportados con admirable serenidad y heroísmo, moría en un éxtasis visible de amor cl 30 sept. 1897. Sus últimas palabras fueron: " ¡Oh, le atrio, Dios mío..., os amo! ".Mensaje. Esta vida extremadamente sencilla, sin relieve humano alguno, ha conmovido, sin embargo, al mundo. Es un misterio de lo sobrenatural. T. encerraba un mensaje, hecho vida en ella, y revelado a los demás en unos breves escritos, páginas literariamente abandonadas y sin especial valor, pero llenas de sinceridad y de espíritu evangélico. Son unos cuadernos autobiográficos que M. Inés y M. Gonzaga le mandaron escribir, un puñado de cartas, unos cuantos dichos recogidos de sus conversa- ciones v un montón de versos, pobres de forma, pero expresivos de contenido.He aquí un resumen de ese mensaje espiritual de la santa. Ha venido al Carmelo para vivir el ideal que asignó al mismo su preformadora, S. Teresa de Jesús (v.): consumirse en un diálogo vital de amor por la Iglesia, por las abras, en especial por los sacerdotes. T. ha descrito en páginas sublimes su llameante aspiración de amor, alma de su vida. Y ese amor le quema el alma en multitud de vocaciones irrealizables: guerrero por Cristo, sacerdote, apóstol, doctor, mártir. La 1 Cor 12 y 13 de S. Pablo le ofreció la solución a sus inmensos y encontrados deseos. Escribe, en una carta famosa, en 1896, a su hermana María del Sagrado Corazón: "por fin encontré el descanso. Analizando el Cuerpo Místico de la Santa Iglesia, no me veía incluida en ninguno de los miembros citados por S. Pablo, o Irás bien pretendía reconocerme en todos. La caridad me dio la clave de mivocación. Entendía yo que si la Iglesia posee un cuerpo compuesto de diferentes miembros, no podía faltarle el más necesario, el más excelente de todos los órganos: pensaba que ella tenía un corazón y que este corazón ardía en llamas de amor. Veía claro que sólo el amor pone en movimiento sus miembros, porque, si el amor se apagaba, los apóstoles no anunciarían el Evangelio, los mártires rehusarían verter su sangre... Comprendí que el amor abarca todas las vocaciones, que el amor lo es todo, que el amor trasciende todos los tiempos y lugares porque es eterno. Entonces, delirante de gozo, exclamé: ni¡ vocación es el amor. Sí; he encontrado mi lugar en el seno de la Iglesia, y este lugar, ¡oh, Dios mío!, es el que Vos me habéis señalado: en el corazón ele la Iglesia, nzi Madre, yo seré el cunar... Así serán realizados mis ensueños" (o. c., 344-345).Ese amor le lleva a consagrarse como víctima a la caridad misericordiosa de Dios. Fue el 9 jun. 1895. Poco después, el 14 de junio, se siente aceptada; su alma fue como herida, sumergida en el abismo del Arror infinito.Pero esta vocación de entrega victimal al Amor, T. la ha vivido según esa fórmula que ella misma ha hecho célebre: por el "camino de la infancia espiritual". Es el camino de la sencillez evangélica, el del espíritu de las bienaventuranzas. Es el camino de la pobreza del corazón, de la humildad y de la confianza. Es lo esencial del mensaje evangélico en toda su pureza. Sin maraviIlosismos, sin accidentalidades, sin cosas raras ni extraordinarias. Es el camino universal. El Señor lo anunció, prolongando la consigna que venía ya del A. T. de los pobres (v.) de Yahwéh, con una imagen que produjo un gran impacto en el alma de T.: "si no os convertís haciéndoos como niños, no entraréis en el reino de los cielos" (Mt 18,3).Ella vivió el precepto evangélico desde la intimidad de su alma, y a través de su vida monástica, nazaretana. La Sagrada Escritura y S. Juan de la Cruz (v.) fueron las fuentes donde bebió su doctrina espiritual, tan pura, tan segura, tan sustancial.Pero el grano de trigo tenía que morir para dar fruto. Ella tenía que fecundar su mensaje con el sacrificio aceptado de su vida y de su muerte. Muy sensible al dolor en cuerpo y alma, el Amor la asoció a su misterio de pasión, que la Santa Faz dolorosa del Siervo de Yahwéh tan magníficamente expresaba. Será su devoción preferida en los últimos años.La tuberculosis la deshizo materialmente. La consunción y los dolores fueron extraordinarios. Algunas circunstancias y detalles externos agravaron su martirio, y, sobre todo, la prueba terrible de fe en que se vio sumergida el último año y medio de su vida. La santa de la confianza filial v del amor misericordioso agonizó en la oscuridad más terrible en lo que a su fe se refiere. Así vivía su ofrenda. y respondía a su vocación de carmelita. "Pero, Señor, vuestra hija ha comprendido vuestra divina luz, ella os pide perdón por sus hermanos, ella acepta comer todo el largo tiempo que Vos queráis el pan del dolor y no quiere levantarse de esta mesa llena de amargura donde comen los pobres pecadores antes del día que Vos habéis señalado... Oh, Jesús, si es necesario que la mesa manchada por ellos sea purificada por un alma que os ame yo quiero comer sola cl pan de la prueba hasta que os plazca introducirme en vuestro reino luminoso. La sola gracia que os pido es la de no ofenderos jamás..." (o. c., 343-344).Irradiación e influencia. Ella proféticamente la previó. "Yo no he dado a Dios más que amor. Él irte devolverá amor. Después de mi muerte haré caer una lluvia de rosas". "Amar, ser amada, y volver a la tierra para hacer amar al Amor". "Presiento que mi misión va a comenzar: la misión de hacer amar a Dios como yo le amo, de enseñar mi caminito a las almas". "Quiero pasar mi cielo haciendo bien en la tierra". "Lo he dicho todo... Todo está cumplido. Sólo cuenta el amor...".Y la realización sobrepasó todas las previsiones. Sus pobres escritos, pronto publicados en parte, algo retocados en lo accidental, impresionaron al mundo. La Historia de un alma ha conocido centenares de ediciones, millones de ejemplares, docenas de traducciones. El entusiasmo que levantó, la legión de sus discípulos que formó, las conversiones que suscitó, los milagros que contribuyó a lograr, no pueden catalogarse. Ha sido un "huracán de gloria", en frase de Pío XI. Una verdadera lluvia de rosas, según había ella mismo prometido. "La santa más grande de los tiempos modernos" (S. Pío X) ha sido realmente un testimonio profético de primera clase para decir al s. xx en un lenguaje sencillo, y con gran autenticidad, el mensaje de luz y de amor del evangelio eterno.Por eso la Iglesia exaltó a T. con los máximos honores y alabanzas. En 1923 fue beatificada. En 1925 (17 mayo), la solemne canonización. En 1927 fue declarada patrona de todas las misiones entre infieles. Su influencia -aun cuando su apoteosis popular haya decrecido- sigue hoy ejerciéndose penetrantemente.V. t.: INFANCIA ESPIRITUAL.B. JIMÉNEZ DUQUE.
BIBL.: TERESITA DEL NIÑO JESÚS, Obras Completas, Burgos 1960; íD, Manuscrits autobiographiques, 4 vol., Lisieux 1957; íD, Lettres, ib. 1948; íD. Consei1s et souvenirs, ib. 1952; íD, Novissima verba, ib. 1926; íD, Historia de un alma, 2 ed. Burgos 1959; íD, Oeuvres (ed. crítica, del Centenario), París 1971 SS.; A. BARRIOS MONEO, La espiritualidad de S. Teresa de Lisieux, 2 vol., Madrid 1958; íD, S. Teresita, modelo y mártir de la vida religiosa, Madrid 1960; A. COMBES, Introducción a la espiritualidad de S. Teresita del Niño Jesús, Buenos Aires 1952; íD, S. Teresa de Lisieux y su misión, San Sebastián 1957; íD, Teresa del Bambino Gesñ, en Bibl. Sanct. 12,379-94; CRISÓGONO DE JESús SACRAMENTADO, Enseñanzas de S. Teresita, 2 ed. Madrid 1952; H. PETITOT, S. Teresita de Lisieux, Barcelona 1948; M.-M. PHILIPON, S. Teresa de Lisieux, "un camino enteramente nuevo", 2 ed. Barcelona 1957; G. GAUCHER, La Passion de Thérése de Lisieux, París 1972; C. DE MEESTER, La "voie d’enfance" chez sainte Thérése de Lisieux, París 1969; íD, Les mains vides. Le message de Thérése de Lisieux, París 1972.
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