Teoría Política POLÍTICA
Categoria:
Política
Planteamiento del tema. Ya en la voz POLÍTICA Se han estudiado algunas cuestiones relacionadas con la t. p.; aquí nos vamos a centrar en la consideración de la posibilidad misma de un saber teórico en ese campo, junto con la de las características que, admitida su posibilidad, deben reconocérsele.No son ya infrecuentes los autores que se han preocupado de poner de manifiesto las razones y circunstancias que en un pasado cercano motivaron la crisis del saber teórico, explicativo y sistemático, en el seno de la ciencia de la política. Brecht ha destacado cómo han sido dos las crisis experimentadas por la t. p. científica en nuestro siglo: "La primera fue consecuencia de las rigurosas exigencias puestas a la investigación científica, a diferencia de las manifestaciones no científicas acerca de opiniones personales, convicciones o especulaciones. Este desarrollo, que maduró del todo a principios de siglo, dio lugar al abandono por parte de la teoría política científica de todas las afirmaciones a priori de contenido material,incluyendo las relativas a la rectitud o validez absoluta de juicios morales últimos de valor y de los criterios subyacentes a ellos. La segunda crisis, encendida o, por lo menos, alimentada por el desarrollo de ideologías totalitarias no científicas, resultó de la sublevación contra la reducción del terreno que quedaba accesible a la elaboración científica como consecuencia de la radicalización de las exigencias científicas" (Teoría política. Los fundamentos del pensamiento político del siglo XX, Barcelona 1965, 504).La desazón que, tras la experiencia bélica de los años cuarenta y como consecuencia de las causas que la originaron, se apoderó del pensamiento europeo se une a un escepticismo ante esta clase de saber teórico. La experiencia de la manipulación de valores, de ocultación de realidades, de fáciles y falaces construcciones teóricas, la subordinación ciega de la validez teórica al método -subordinación que, como ha señalado Eric Voegelin, ocasiona siempre una perversión del significado de la ciencia en su mismo origen (Nueva ciencia de la política, Madrid 1968, 17)- acabaron por originar el reverso de la moneda: es decir, el descanso pacífico y distensivo en el saber empírico. La riqueza de conocimientos concretos de que éste ha sido capaz viene a someter a revisión no poco de lo que antes fuera predicado, teoréticamente, como absoluto.Pero ni esa riqueza ha dado al traste con la urgente necesidad de una sistematización teórica, ni es posible negar que sin ella el conocer empírico acaba iniciando un nuevo ciclo de confusiones y verdades a medias. De aquí que hace tiempo grandes sectores de la Ciencia política anden empeñados en cimentar el camino hacia la reconstrucción teórica de la misma. Aunque, claro está, la empresa de esta reconstrucción rechaza de plano dos salidas fáciles en las que pudiera estarse tentado en caer: el mero retorno a formulaciones anteriores, por brillantes y útiles que en su momento histórico fueran, y la actitud de ignorancia ante lo que el saber empírico realmente ha producido. Voegelin lo ha advertido así: "Se entiende por restauración de la ciencia política el tomar conciencia de los principios, y no un mero retorno al contenido específico de un intento anterior. No es posible restaurar hoy la ciencia política volviendo al platonismo, al agustinismo o al hegelianismo; cabe aprender mucho, indudablemente, de los filósofos del pasado en lo que se refiere al alcance de los problemas y a su planteamiento teórico; pero la total historicidad de la existencia humana, esto es, el desarrollo de lo permanente en una concreción llena de sentido, imposibilita el formular de nuevo válidamente los grandes principios, volviendo a una concreción anterior (...). Hay que alcanzar de nuevo los principios a través de una labor teórica que parta desde la situación concreta, histórica, de cada periodo, teniendo en cuenta la totalidad de nuestro conocimiento empírica" (ib., 11-12).Rasgos del saber teórico-político. Aunque en este menester no resulta fácil la labor de síntesis, diríamos que esta reconstrucción en el saber teórico-político ha de tener los siguientes supuestos y objetivos:a) Ante todo se ha de dar cuenta de lo que propiamente corresponde a la esencia definitoria de todo saber teórico que se predique como científico: la elaboración, enunciado y comprensión de generalizaciones sistematizadas que puedan ser deducidas del análisis riguroso de la realidad o realidades políticas. Es decir, en este primer cometido no se hace sino cumplir con lo que el apellido "teórico" reclama. La posibilidad de elaborar generalizaciones que el científico de la política abstrae como explicaciones de la realidad política existe en nuestro terreno por la consistencia histórica que, como señala Sánchez Agesta, poseen los fenómenos políticos. Hay, dice, "estructuras duraderas, procesos que se reiteran y valores que se adaptan, pero que permanecen inmutables en su última esencia". Esta consistencia es la que permite la teoría, que, sin embargo, no debe olvidar que los contenidos que analiza están necesariamente insertos en un proceso que afecta a la evolución y transformación de esos contenidos. "La teoría debe explicarse y construirse en función del proceso mismo y dar una perspectiva de ese proceso" (Los campos de investigación en las ciencias políticas, Madrid 1969, 5). Se trata de aprehender realidades que no son estáticas, que se dan y modifican en un proceso sobre cuyas pautas el saber teórico ha de dar también explicación.Desde el momento en que anunciamos esta comprensión como científica, venimos obligados a la construcción de conceptos que designen fenómenos análogos, y a la elaboración de modelos que, "como grandes analogías, expresen un conjunto de relaciones para establecer con valor general las relaciones entre diversos fenómenos y sus procesos" (Sánchez Agesta, o. c. 5-6). Claro está, ambas tareas han de tener por base ese análisis riguroso de la realidad que hemos empezado predicando. Aquí es donde la reconstrucción teórica que nos ocupa ha de huir de experiencias pasadas, a veces montadas de espaldas al estudio de la realidad. Y aquí es, asimismo, donde tiene cabida ese tener en cuenta la enorme aportación del conocimiento empírico que anunciábamos anteriormente como imprescindible.El impacto en la ciencia política de "la revolución en las ciencias del comportamiento", por decirlo con las mismas palabras con las que fuera examinado por David Truman (The impact in Political Science of the Revolution in the Behavioral Sciences, aparecido en Research Frontiers in Politics and Government, Washington 1955), ha sido ciertamente enorme y ha descubierto perspectivas psicológicas, sociológicas y antropológicas que han enriquecido sobremanera el material que hoy puede comenzar manejando el científico de la política. Por ello, estamos actualmente obligados a un escrupulosa seriedad a la hora de dar cuerpo a ese sistema de saberes enunciados como aserciones o hipótesis con el que el prof. Sánchez Agesta comenzara definiendo la teoría política (Principios de teoría política, Madrid 1966, XVII ss.). Establecer algún orden en esta riqueza, valorar lo que sea digno de ello y, en suma, sistematizar, es tarea que creemos inicial. Hecho esto, y ya sin riesgo de perderse en la maraña, se ha de dar el paso siguiente de la construcción generalizadora.b) En segundo lugar, este conjunto sistematizado, que el saber teórico persigue, ha de llevar en su seno la posibilidad de constituir, a la vez y muy fundamentalmente, un saber estimativo de la realidad política que le sirve de objeto. En otras palabras, la reconstrucción que nos ocupa ha de consistir, igualmente, en el rescate para nuestro saber de unos asideros valorativos que permitan tanto un enjuiciamiento crítico del acontecer político contemplado, cuanto la formulación científicamente elaborada del orden político deseable, que viene a ser orden de integración y convivencia deseable. Una cosa y otra requieren siempre, como presupuesto, la- existencia de valores, realidad ésta que fue, en algún momento, puesta en cuarentena, pero que hoy los ambientes científicos tienden a recuperar.Friedrich, en su sugestivo intento de una teoría empírica de la política, no duda en afirmar que "una ciencia política exenta de valores es una contradicción en los términos, ya que si prescinde realmente de los valores no dura mucho tiempo como ciencia" (El hombre y el gobierno. Una teoría empírica de la política, Madrid 1968, 57), centrando luego la tarea principal de la ciencia que nos ocupa en la renovación, revaluación y transformación de los valores. El rescate de este techo valorativo es requisito indispensable para llegar a encontrar un auténtico sentido de utilidad en nuestra labor. Sin duda este rescate está muy lejos de un catálogo estático, donde se muestren con carácter absoluto patrones y creencias que históricamente se han evidenciado como contingentes y aun como creaciones nada objetivas de políticas y grupos. El techo mismo está sometido a la seria-revisión científica. Pero existe, y en su explicación y reconstrucción nos hemos de esforzar.Hay, pues, que tener muy claro que una t. p. no valorativa no resulta ni posible ni aun deseable. Como ha recordado Dahl, esbozando la postura de los transempíricos, "no estudiamos política por razones estéticas o por el placer de la pura contemplación. Estudiamos política con el objeto de actuar justamente, de escoger lo mejor, de tomar decisiones sobre la forma de convivir mejor con nuestros semejantes y, por tanto, tenemos que evaluar y estimar" (Robert A. Dahl, Análisis sociológico de la política, Madrid 1968, 124). No haría falta llegar a las implicaciones metodológicas y aun ambientales que de por sí invalidan necesariamente el argumento de la total asepsia o de la neutralidad. Es que, nos guste o no, en esta empresa de sistematización ha de estar presente una dimensión deontológica de la que no es lícito escapar, so pena de caer en un nuevo positivismo (v.) empírico, y para dar cuenta de la cual hemos de contar con unos valores que orienten el deber ser que propugnamos.c) Por último, el tercer momento que una sistematización teórica del saber político requiere debe estar encaminado a establecer la relación logos-praxis de nuestra ciencia. Ahora lo que anunciamos como urgente es la necesidad de esforzarnos en encontrar útil en el mundo que nos rodea la misión misma de nuestra ciencia y el papel del científico y el teórico de la política. Muy lejos de entender nuestro saber como meramente especulativo, lo comprendemos como saber sobre aconteceres humanos, sobre actividades que afectan a millones de vidas humanas.Si la actividad política es actividad ordenadora de esas comunidades humanas, el estudio de la política tiene por fuerza que ser también estudio que de alguna forma vaya encaminado a lograr lo mejor para esas vidas, a que el proceso integrador se lleve a cabo en las mejores condiciones posibles. No es posible contentarse con la configuración de dos mundos radicalmente divorciados: el mundo político científicamente deseable y el mundo político concretamente vivido. Al teórico de la política le compete también el esfuerzo para que aquél y éste coincidan en el mayor grado posible. La acumulación de conocimientos sobre realidades y procesos políticos le han de servir para constituirse en centinelas de sus sociedades respectivas, con una postura de crítica proyectiva, estimando, valorando, proponiendo o, cuando sea menester, denunciando. Estudiar política debe ser siempre, en todo lugar y en toda situación, la posibilidad de predicar lo políticamente más idóneo.TEOSOFIAV. t.: DERECHO POLÍTICO; POLÍTICA III.M. RAMÍREZ JIMÉNEZ.
BIBL.: La citada en el texto. Cfr. además la indicada en DERECHO POLÍTICO y POLÍTICA III.
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