Teocrasia. I. Religiones No Cristianas. REL. NO CRIST.
Categoria:
Religión No Cristiana
Se denomina t. a un aspecto del fenómeno del sincretismo (v.) religioso: el de la identificación de diversas divinidades orientales con otras griegas, especialmente cuando el mundo griego toma contacto con Oriente a raíz de las conquistas de Alejandro Magno (v.). La palabra griega theocrasia (de theós, dios, y krasis, unión) viene a significar aquí unión o mezcla de dioses.Aunque este proceso alcanzará su plena significación inmediatamente después del comienzo de nuestra Era, sus primeras motivaciones se remontan a varios siglos antes. Ya Heródoto había llamado con nombre griego a divinidades egipcias, y, en fecto, la t. se asienta en la creencia generalizada entre los griegos de que el nombre de un dios debía traducirse coma otra palabra cualquiera del idioma (cfr. Plutarco, Is. 67). La tendencia a la asociación de dioses, cultos o creencias es común a muchas religiones y el proceso normal es que los dioses más importantes asuman las cualidades o atributos de otros menores a los que relegan a segundo término (V. POLITEÍSMO). Por lo demás, el fenómeno es más frecuente en deidades que representan fuerzas de la naturaleza (Dioniso, Deméter), que desempeñan una función bienhechora (Asclepio, Hermes) o que por naturaleza tienden a la universalidad (Zeus). Menos propicios a ser identificados con dioses extraños son aquellos que representan una ciudad determinada, de la que reciben culto.Este proceso de sincretismo se hizo efectivo cuando los griegos se asomaron a Oriente con Alejandro y se asentaron en países diversos. Al encontrar divinidades nuevas para ellos, siguieron el criterio de respetarlas y adorarlas, identificándolas luego con divinidades griegas, siempre que la afinidad de culto lo permitiera. No ha de entenderse este respeto en el sentido de una mera tolerancia religiosa; antes bien, los griegos dieron una importancia real y auténtica a estos nuevos dioses porque, asentados en suelo extranjero como estaban, carecían de sus dioses y cultos locales. Y no es de extrañar la enorme popularidad alcanzada en Grecia por los dioses orientales, los egipcios en especial.Dos factores contribuyeron a este proceso. Uno de orden externo que radica en la actitud de los soberanos (Alejandro y sus sucesores) de rendir imparcial homenaje a los grandes dioses de los más distintos países. Y otro más profundo, de orden interno: la especial naturaleza de estas religiones sirias, egipcias o anatólicas que llegaban más directamente al sentimiento del individuo y le ofrecían mayor consuelo y protección que la fría y decadente religión nacional griega. El hecho es que la importación de dioses y cultos extranjeros adquirió amplio desarrollo y con ello se relaciona asimismo el incremento de los misterios (v.) y religiones mistéricas, de Cibeles, Isis, etc., que presencia esta misma época (v. GRECIA VII, 6-7).El primer paso a este sincretismo se da con la asociación de distintas divinidades en el momento de invocarlas. Para mayor garantía de una oración, se asocian en ella los nombres de varias deidades, unidas por unos mismos atributos o idénticas cualidades. Con ello, los dioses invocados van perdiendo sus contornos individuales. El paso siguiente a esta asociación será la asimilación de unos a otros. Así, Deméter y Afrodita fueron asimiladas a Isis, diosa de singular popularidad en el mundo helénico en los primeros años de nuestra Era; personificación de la verdad, de la belleza, de la sabiduría, del amor, su poder se consideraba ilimitado. Zeus fue asimilado a Baal, Ammon, etc. Sarapis, corrupción griega de Osiris y Apis, dioses egipcios, asumió por otra parte la personalidad de Zeus, Hades y Asclepio; su culto, extendido con gran rapidez en el mundo griego, fue una auténtica creación de Ptolomeo I, deseoso de unir en un culto común a griegos y egipcios.Esta t., que por un lado conducía directamente al monoteísmo (v.), por otro también podía conducir al panteísmo (v.), y respondía a motivos diversos. En efecto, puede ser fruto del deseo de una más alta síntesis, pero también de la incapacidad de rechazar ni una sola de las formas bajo las cuales se representaba y manifestaba el mundo y la religión. En realidad ni los dioses propios ni los orientales acabaron de satisfacer al hombre griego, y si la t. es expresión de su exigencia espiritual, ésta llegó a tender al monoteísmo, sobre todo por el camino de la especulación filosófica de los estoicos (v. II, 1).V. t.: SINCRETISMO.J. L. PÉREZ IRIARTE.
BIBL.: F. C. GRANT, Hellenistic religions: The age ol Syncretism, Nueva York 1953; R. REITZENSTEIN y H. H. SCHAEDER, Studien zum antiken Syncretisms aus lran und Griecheland, Leipzig 1926.
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