Teniers, David
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Biografía GER
Cuatro, a lo menos, son los pintores flamencos de esta dinastía y de tal apellido: el abuelo, Julien, pintor de género en el s. XVI; el padre, David Teniers el Viejo, de Amberes (1582-1649), autor de temas religiosos y legendarios, del que el Museo del Prado posee la serie de Armida y Reinaldo. Viaja por Italia y casa bien, con la hija de un almirante. De ese matrimonio nacen David el Joven y Abraham (1629-70 ó 1672). David el joven, el que aquí nos interesa, n. en Amberes, es bautizado el 15 dic. 1610, y m. en Bruselas el 25 abr. 1690.David el joven se forma en el taller de Rubens (v.), aparte las enseñanzas paternas, pero acaso le son más útiles las de Adriaen Brouwer (v.), mucho más afín en temática. En 1632 ingresa en el gremio de pintores de Amberes. En 1637 casa con la hija de jan Brueghel de Velours; es testigo de la ceremonia Rubens, así como Elena Fourment es madrina de su primer hijo. Pone casa en la calle Larga, de Amberes, y luego se muda a la finca Dry Tours. En 1651 se traslada a Bruselas, solicitado por el archiduque Leopoldo Guillermo de Austria (161462), que le nombra su asesor artístico y director de su galería de pinturas. A este propósito, es interesante recordar tres cuadros del artista sobre otros tantos aspectos de dicha galería (el 1.813 del Museo del Prado, el 458 de la Galería de Bruselas y el 1.161 de la de Viena, autorretratado T. en el segundo), de enorme importancia y cuidadísima selección.En este cargo, T. es comisionado para publicar, en 1660, un álbum con reproducciones de los cuadros más notables. En 1656 había fallecido su esposa, al dar a luz su séptimo hijo, y, pocos meses después, T. vuelve a casar con Isabel Fren, mujer acaudalada, con lo que se convierte en personaje importante, dueño del castillo de Perck. Sin embargo, no abandona la pintura ni la venta de cuadros, lo que da lugar en 1660 a un desagradable pleito con sus colegas de Bruselas, litigio que no acaba hasta 1664. Ahora bien, hasta su muerte en 1690 no deja dé pintar, y si se cuenta que comienza a hacerlo desde antes de los 20 años, esto es, durante 70, y normalmente obras de reducido tamaño, fácil es comprender su enorme fecundidad. Baste recordar que tan sólo el Museo del Prado posee una cuarentena de lienzos y tablas de su mano. Los asuntos, en éste y otros museos, repiten las diversiones del campesino flamenco (almuerzos y meriendas colectivas, bailes rústicos, interiores de cocina y taberna, bebedores, fumadores, etc.), otros temas más fantásticos, como los de monos actuando a modo de personas, y rara vez asuntos religiosos, como no se trate de Las tentaciones de S. Antonio, que T. acomete decenas de veces con variable fantasía, alguna vez en ejemplar tan óptimo como el del Museo de Arte de Ponce, Puerto Rico.Esta temática permite ver con claridad cuáles han sido los maestros preferidos de T.; por lo que respecta a las diversiones aldeanas, Brueghel el Viejo (v.), si biensu sucesor no alcanza su trascendente fuerza; en cuanto a S. Antonio y sus tentaciones, jerónimo Bosco (v.), que da la pauta en cuanto a la posibilidad de inventar endriagos y monstruecillos que inquieten al santo. Pero, aun dando por ciertos esos modelos e influjos, T. es dueño de la suficente potencia estilística para uniformar unos y otros temas dentro de su manera propia. Sus miles de figurillas, siempre animadas por un color riente y optimista, guardan entre sí un inequívoco aire de familia, y el artista posee abundantes recursos para moverlas a su. arbitrio. T. blasonó siempre de sus’ débitos a Rubens, ano hay que ponerlos en duda, pero la verdad es que el escenario y los personajes de la gran pintura flamenca han descendido sumamente desde las epopeyas mitológicas y cristianas del maestro hasta los frívolos pasatiempos rústicos del discípulo. No obstante, pocos pintores fueron en su siglo y en los siguientes tan unánimemente estimados como T. -si se exceptúa a Luis XIV, que no ocultaba su disgusto para con "esos monigotes"-, y de aquí la abundancia de sus cuadros en los más ínclitos museos y colecciones. Es la suya una pintura plebeya y voluntariamente avulgarada, pero como documento del s. XVII y del talante del campesinado flamenco resulta hoy de extraordinario valor.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: J. VERMOELEN, Teniers le Jeune, Amberes 1865; ín, Notes historiques sur David Teniers et sa famille, París 1870; J. ROSEMBERG, Teniers der Jungere, Leipzig 1901; R. PEYRE, Teniers, París s. a.
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