Tenebrismo ARTE
Categoria:
Arte
Es la técnica y la tendencia pictóricas caracterizadas por el uso del claroscuro mediante fuertes contrastes de luz y de sombra. La iluminación tenebrista suele ser irreal y provocada artificialmente; bien como proveniente de uno o varios puntos luminosos exteriores al cuadro, bien mediante una fuente lumínica que se inserta en la composición -vela o rompimiento de gloria- e incluso por la fosforescencia de los personajes. El t. aparece en Italia, durante la- segunda mitad del s. XVI, como reacción contra el manierismo (v.). Alcanza rápida difusión por casi toda Europa, especialmente en España, Francia y Países Bajos. En cuanto tendencia pictórica se mantiene poco tiempo; pero la conquista técnica que supone queda definitivamente incorporada a la Historia del Arte.No pocos autores emplean para designar esta corriente el término caravaggismo, por haber sido Caravaggio (v.) su creador. Esta denominación no es rigurosamente correcta, ya que, en muchas conquistas técnicas, y en la interpretación de la realidad, el t. excede y supera la figura de este pintor. Es el t. la primera aparición evidente del espíritu del Barroco (v.) en la pintura y, como fenómeno temporal y tópico, no puede aislarse de otras notas distintivas de ese periodo: monumentalidad, realismo (v.), presencia de lo cotidiano y aun de lo feo, etc.; pero entendiendo que si lo monumental y lo realista se dan en toda pintura tenebrista, el t. no aparece siempre en el realismo pictórico. Ejemplo evidente es la obra de madurez de Velázquez (v.) que, manteniendo las características del Barroco, supera y olvida la técnica tenebrista para dedicarse a nuevas investigaciones en torno al problema de la luz.La luz tenebrista es, si no irreal, al menos caprichosa y artificial; pero su resultado inmediato es la acentuación de la realidad: subraya las características faciales; modela los volúmenes con valores escultóricos; aumenta la sensación de profundidad; da potencia al movimiento y, paradójicamente, la presencia de grandes zonas de sombra, yuxtapuestas a parcelas del cuadro iluminadas con violencia, obliga al pintor a mayores investigaciones cromáticas. El color del t. no tiene sólo valor por sí, sino que lo posee también como creador de formas y por su posición en el cuadro, por su intensidad cromática. A medida que el t. se acerca a su culminación técnica y a su fin histórico, el color adquiere primacía sobre el dibujo, y la luz deja de estar al servicio de la forma para tener valor por sí misma, como espacio iluminado. A mediados del s. XVIII, Velázquez lleva la perspectiva (v.) aérea a su más alta perfección, y esto en una medida que no podrá ser superada, ni aun siquiera igualada, hasta la irrupción del impresionismo (v.) en el último tercio del s. XIX. Pero entonces, agotado en su función, el t. habrá desaparecido.Un estudio histórico del t. resulta prácticamente imposible, pues durante la primera mitad del s. XVII todos los pintores participan de alguna manera en su técnica y en su concepción pictóricas, aunque ninguno de ellos sea exclusivamente tenebrista. Citemos, en primer lugar, al alemán Adam Elsheimer (m. 1610), paisajista, antecesor por muchos títulos de Claudio de Lorena (v.), y a los caravaggistas de Utrecht. En Francia, lean de Boullogne (ca. 1594-1632) y Claude Vignon (1593-1670). Pero los pintores franceses tenebristas por excelencia son los Le Nain (v.) y Georges de La Tour (v.). Italia conoce, en todas sus regiones, con la excepción de Bolonia, un auge temporal del t.; pero acaso fuese más exacto decir del caravaggismo, pues pintura italiana estrictamente tenebrista sólo se da en Nápoles, donde la estancia personal de Caravaggio deja una impronta mayor. Caracciolo (15701637) o Mattia Preti (1613-99) son los ejemplos más destacados. Sin embargo, la realización máxima del t. corresponde al pintor español, residente en Nápoles, José Ribera (v.). No sólo lleva el t. a sus más extremas consecuencias, aunque sólo en parte de su inmensa obra, sino que sabe investirlo de una delicadeza espiritual que no había conocido hasta entonces.A través de Ribera, por medio de Fernández Navarrete (v.) y de Ribalta (v.), entra el t. en España, donde adquiere carta de naturaleza durante un periodo aproximado de 50 años y llega a ser la máxima expresión del arte de la Contrarreforma (v.). "El caravaggismo daba a España la luz necesaria para la puesta en escena de sus áridos y apasionados dramas místicos" (G. Barriére, o. c. en bibl.). El t. español es una técnica puesta al serviciode una expresión. Por eso, si en Ribera, Ribalta y Zurbarán (v.) alcanza sus más altas cimas, ninguno de estos pintores lo emplea sistemáticamente, sino cuando el tema lo requiere. El mismo Zurbarán, generalmente considerado el más tenebrista de los pintores españoles, lo es alternativamente en función de sus necesidades expresivas o de sus planteamientos técnicos; obsérvese in situ la formidable adecuación ambiental de las pinturas del monasterio de Guadalupe, donde coloca frente a las ventanas cuadros de iluminación homogénea y, frente a aquéllos, a contraluz, pinturas fuertemente tenebristas. Pero, en todo caso, esa utilización de la luz ha permitido que se diga, con justicia, que España hace pasar al t. "de la profanación de lo sagrado a la sacralización de lo profano" (G. Barriére, ib.).J. M. CARRASCAL MUÑOZ.
BIBL.: No conocemos bibl. dedicada específicamente al tenebrismo. Cfr. la de los pintores y movimientos citados en el artículo. Para el entendimiento del t. español puede consultarse con provecho el catálogo de la exposición Caravaggio en España (Madrid 1973) y el artículo de G. BARRIÉRE, Un miracle unique en Europe: l’empríse du Caravage sur l’Espagne, "L’Oeil", enero 1974, 80-88.
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