Templo V. Arte. ARTE
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Arte
Los t. no cristianos o paganos se han estudiado ya, en su significado, historia y características arquitectónicas, en el artículo anterior (v. IV) y en el primero de esta voz (v. I), así como en los artículos referentes a cada una de las religiones. Para el importante t. veterotestamentario de Jerusalén, v. II; y para el judaísmo posterior, v. SINAGOGA y JUDAÍSMO II. Para los musulmanes, V. MEZQUITA. Por ello trataremos aquí de los t. cristianos, especialmente desde el punto de vista del arte y de la arquitectura (para su significado, funcionalidad, etc., V. III).l. Primeros templos cristianos. El culto cristiano (v. CULTO II; LITURGIA I) requiere la creación de un tipo de edificio que responda a unas exigencias determinadas. Si bien en una primera época podía bastar la adecuación mediante pequeñas reformas de las casas particulares, para acomodarlas a la dignidad del culto y a la reunión de fieles, conforme se precisan más las normas litúrgicas y aumenta el número de creyentes se impone la creación de edificios dedicados exclusivamente al culto, de acuerdo con las peculiaridades de la liturgia cristiana (v. III).Desechada la suposición de la utilización de los cementerios y catacumbas (v.) como primitivos lugares de culto, ya que a lo sumo podrían servir para esta finalidad de manera circunstancial (cfr. Righetti, o. c. en bibl., 1,387), consideraremos únicamente como t. el edificio construido para este fin, o el que alberga el culto de manera regular. En este sentido, la casa patricia, adaptada a las exigencias cultuales, determina la creación del titulus, característico lugar de la Santa Misa y del culto público a Dios antes de la paz de la Iglesia, en el 313. El titulus supone la transformación de una casa patricia, en torno al patio o atrio, convirtiéndose el triclinium en sala principal e introduciéndose reformas en las dependencias laterales (v. III, 1). Después de estos titulus, o casas adaptadas para t., quedan restos de otros edificios de culto, como los de DuraEuropos (v.; principios del s. III), y testimonios diversos sobre la construcción de otros en esos tres primeros siglos (V. III, 1 y PALEOCRISTIANO, ARTE).Alcanzada la paz de la Iglesia, durante la época del emperador Constantino (v.), el t. cristiano adquiere una configuración con las basílicas. Parte fundamental de ellas es el presbiterio, puesto que contiene el altar (v.) y el sagrario (v.), cuando lo hay (v. PRESBITERIO II). El precedente arquitectónico del presbiterio se encuentra en la organización de la cella memoriae cementerial. La basílica es resultado de la fusión de dos construcciones preconstantinianas: de una parte el titulus o casa patricia para el cuerpo de edificio, como lugar de reunión, y la cella memoriae para la cabecera. La relación de la basílica cristiana con la administrativa pagana, según la hipótesis de Alberti, no es admisible, aunque algunos aspectos formales de la basílica pagana estén presentes en la mente del constructor del t. cristiano, y en este sentido parece evidente la conexión en la estructuración de las tres grandes naves basilicales. De la misma manera, también deben tenerse presentes algunos aspectos concretos de las sinagogas y de los t. de cultos orientales, aunque en ningún caso estas influencias constituyen características determinantes.El arquetipo de la basílica del s. iv consta de tres partes: pública, semipública y reservada. La primera se organiza en torno a un gran patio, o atrio, al que se accede por un pórtico o vestibulum; en el centro delatrio se sitúa la fuente, fiala o cantharus, según su forma; rodea al atrio un pórtico, para cobijo de peregrinos, lugar de refugio totalmente público que, situado a los pies del t., es propiamente el principal acceso. Se utiliza como tránsito a la parte semipública el nártex, nave transversal a los pies de la basílica, y que sirve para reunión de catecúmenos. Al nártex se abren las tres puertas que dan acceso a la basílica, de las que la central se denomina a veces puerta regia. En la evolución de la basílica, el nártex adquiere amplio desarrollo, máxime cuando desaparece el patio o atrio por necesidades urbanísticas.Este modelo de basílica se modifica en el s. v. Aparece la tribuna (matroneum) o galería por encima de las naves laterales, que se comunica con la nave central mediante amplios vanos (triforio). En la cabecera se concede más amplitud al presbiterio y, por influencia oriental, es frecuente la disposición de una doble sacristía o pastoforias, es decir, el prothesis y el diaconicon de las iglesias paleocristianas (v.) de Oriente.Frente a cierta uniformidad en los t. cristianos occidentales, los orientales son muy variados. Sobresalen las iglesias sirias (v. SIRIO-CALDEO, RITO), de grandes proporciones, estructura de sillería y abovedamientos en los que predomina la cúpula, como en las catedrales de Antioquía y Basora; cubiertas de bóvedas de basalto sobre arcos diafragmas, como en Rufasa; plantas cruciformes, como en S. Simeón el Estilita; planta central, como las de Ani y Ezra; ábsides contrapuestos, como en el sepulcro de S.. Menas en Egipto; pórtico avanzado, como en Turmanin, y el riquísimo repertorio que nos ofrecen las numerosas iglesias de Asia Menor, como las rupestres de Capadocia (v.).La basílica del Santo Sepulcro (v.) fija para Occidente la idea de la planta redonda, o al menos central, para los t. de carácter funerario, como de forma análoga en la basílica de la Natividad en Belén (v.) se une la idea de una cabecera poligonal, que alberga el lugar venerado, y un cuerpo basilical anejo.Esta arquitectura paleocristiana oriental se extiende por el norte de África, y se funde en Túnez y Argelia con influencias italianas, según se aprecia en la gran basílica de Tébessa o en la iglesia de ábsides contrapuestos de Orléansville (El Asnam). A través del norte de África se reciben en España las influencias orientales, advirtiéndose la carencia de un tipo de t. homogéneo, pues, junto a basílicas como la de Segóbriga (v.) o iglesias basilicales con cabecera plana y dos sacristías como las de Baleares, aparece también el modelo de ábsides contrapuestos, como la de S. Pedro Alcántara, en Málaga.2. Bizancio. La arquitectura bizantina se halla en íntima conexión con los modelos paleocristianos de Siria y Asia Menor. Aunque por influencia occidental se construyen edificios de carácter basilical, como la basílica de S. Demetrio de Salónica, que se relaciona con las de S. Apolinar de Rávena (V. RÁVENA III), es característicamente bizantino el predominio de la planta central, la gran amplitud del nártex y la cubierta con cúpula (V. BIZANCIO IV; ESTAMBUL III; CONSTANTINOPLA IV).Corresponde al s. VI, como t. señero, la basílica de S. Sofía (v.), cuya monumental cúpula sobre pechinas es una de las obras maestras de la arquitectura. A esta primera Edad de Oro corresponde también la desaparecida iglesia de los Santos Apóstoles, de planta de cruz griega con cinco cúpulas, prototipo de un modelo de amplia difusión en la arquitectura cristiana medieval desde Rusia al sur de Grecia. En ese momento se crea también la iglesia de los S. Sergio y Baco, t. castrense de planta octogonal dentro de un cuadrado, que tiene su eco y réplica en la de S. Vital de Rávena, fijándose el concepto de iglesia de planta poligonal para los edificios imperiales, como en la capilla palatina de Aquisgrán, del periodo carolingio, de donde pasa al románico alemán, según vemos, p. ej., en Ottmarsheim. A ese mismo periodo corresponde la iglesia de S. Irene, constituida por dos tramos con cúpulas, que queda como edificio aislado, ya que habría que remontarse al románico francés para encontrar ejemplos análogos.La iglesia bizantina fija sus características en la segunda Edad de Oro con la construcción del t. dedicado a la Virgen, prototipo para las iglesias de Europa oriental. Se tiende a la reducción del atrio, y, en cambio, se da más importancia al nártex, que se desarrolla ampliamente; en la cabecera se reserva un espacio delante del coro, que es el bemw, donde se dispone el altar (v.). dejando en el fondo el asiento corrido para los presbíteros y separando esta zona del resto de la iglesia por un muro en el que se colocan los iconos, por lo que recibe el nombre de iconostasio (v.); a los lados de la cabecera se disponen las dos sacristías, como en los t. paleocristianos orientales. El cuerpo de la iglesia se organiza en planta de cruz griega, inscrita en un cuadrado, cubierta con cúpulas; este mismo tipo de cubierta se emplea en el pórtico, como en la iglesia de S. Marcos de Venecia.3. Prerrománico. Con la destrucción de la unidad política de Occidente, tras la ruina del Imperio romano y la irrupción de los pueblos germánicos, el t. cristiano occidental adquiere nuevas modalidades, de acuerdo con las exigencias y dignidad del culto. Predomina el tipo basilical romano, se acrecienta la importancia del pórtico, al que se da énfasis mediante dos torres, que es el precedente del llamado cuerpo occidental, característico de la arquitectura románica germánica; se disponen tres ábsides en la cabecera, y en algún caso, como en S. Martín de Tours, se sitúa una nave que da vuelta por detrás de la capilla del altar mayor, lo que constituye un precedente de la girola (v. PRERROMÁNICO, ARTE).Entre los pueblos bárbaros que ocupan Europa occidental tienen principal importancia los visigodos, pues debido a su directa relación con la Europa oriental y con el arte paleocristiano norteafricano, la arquitectura visigoda (v. VISIGODOS II) ofrece modelos distintos a los del resto de Europa. Se utiliza la planta central, inscrita generalmente en un rectángulo y cubierta con bóvedas; un iconostasio separa la cabecera, y a los pies se coloca un pórtico avanzado; en la cabecera se sitúan las dos sacristías características de las iglesias orientales. Son arquetipos las iglesias de Santa Comba de Bande y San Pedro de la Nave, mientras que San Juan de Baños nos ofrece un modelo de planta basilical muy corta, con dos sacristías como cuerpos independientes, abriéndose a los extremos como parte del crucero.De gran interés es la renovación carolingia (v. CAROLINGIOS II), que tiende a inspirarse en los modelos paleocristianos y en la que la influencia bizantina es, en algunos casos, evidente; así se advierte en la concepción de la capilla palatina de Aquisgrán, inspirada en la iglesia de San Vital de Rávena, y en la planta cuadrada, con cuatro ábsides semicirculares en los ejes y arcos de herradura, de la iglesia de Germigny-des-Prés, quizádebida a influencias españolas. No obstante, triunfa el modelo de basílica romana, inspirada en los planos de la gran abadía de Sannt-Gall, de tres naves, gran crucero, girola o deambulatorio e inclusive torres, anticipando en su planta el tipo que prolifera en el románico, aunque en este periodo el problema de la cubierta incombustible y duradera no se resuelve, como ocurre igualmente en la época otoniana, según vemos, p. ej., en las grandes basílicas de Reicheneau y Oberzell.En el arte asturiano (v.), que corresponde fundamentalmente al s. IX, se funden las influencias visigodas y carolingias. Salvo el ejemplo aislado de Santa María del Naranco, que es propiamente un aula regia, constituida por un cuerpo rectangular dividido en dos pisos en alzado, se crea en la iglesia de San Julián de los Prados un arquetipo que, con ligeras variantes, se repite ampliamente. Consiste en una iglesia basilical de tres naves, a la que se accede por pórtico que suele tener dos cámaras laterales, iconostasio y cabecera con tres capillas rectangulares, tanto interior como exteriormente; las dos sacristías se abren al crucero, y encima de la capilla mayor se dispone la llamada cámara del tesoro (con solo acceso por una ventana al exterior; debió de servir para esconder las preseas de la iglesia en caso de peligro o de vivienda penitencial para un anacoreta). Se distingue por su carácter excepcional la iglesia de San Miguel de Lillo, en la que por vez primera en la arquitectura cristiana occidental un modelo basilical se organiza estructuralmente en tramos cubiertos con bóvedas de cañón y de cuarto de cañón, que se contraponen para el equilibrio del templo.La variabilidad de los modelos de t. paleocristiano oriental tienen su eco en la arquitectura mozárabe, cuyos ejemplos más característicos corresponden al s. x, construidos por los mozárabes que repueblan el sur de la España cristiana. Caracteriza a lo mozárabe (v. MOZÁRABES II) la aceptación de las formas estructurales islámicas (v. MUSULMÁN, ARTE), fundamentalmente el arco de herradura y las bóvedas, en particular la gallonada. Se mantiene el iconostasio y se disponen canceles en torno a la cabecera, compartimentando los espacios. Responden al tipo basilical las iglesias de Bobastro y San Miguel de Escalada; se mantiene la tradición visigoda de la planta de cruz griega en la de Santa María de Melque; se organiza una planta cuadrada, dividida en tramos con cabecera de tipo asturiano, en Santa María de Lebeña; se organiza en doble nave en San Millán de la Cogolla; se disponen ábsides contrapuestos en San Cebrián de Mazote y Santiago de Peñalba; y aún encontramos una solución originalísima, con cuerpo cuadrado y columna central sobre la que descansan arcos radiales como las ramas de una palmera, en San Baudelio de Berlanga.Este periodo puede decirse que se cierra en el s. XI, cuando la reforma cluniacense benedictina sienta las bases de la creación de la iglesia románica (v. CLUNIACENSE, ESTILO).4. Románico. En la primera mitad del s. XI, los ensayos cluniacenses y la coexistencia de diversidad de modelos que ha caracterizado la etapa prerrománica, por carencia de un prototipo que satisfaga las necesidades del t. cristiano, se concretan en la iglesia románica, en la que la funcionalidad técnica de su sistema constructivo responde acertadamente a las exigencias de dignidad, solidez, iluminación y demás necesidades del culto y de la liturgia. Factor fundamental en el románico es la mayor unificación de los ritos (v.) litúrgicos mediante el rito romano (v.), que se extiende por toda Europa por los decretos pontificios, con ayuda de la actividad benedictina y de la influencia de Cluny (v.).El muro de piedra, construido con sillares perfectamente labrados y aparejados, proporciona solidez e incombustibilidad al edificio, y permite soportar una pesada bóveda de piedra. La utilización sistemática de la bóveda de piedra, generalmente de cañón, es una de las características del románico (para éste y otros elementos arquitectónicos, v. ARQUITECTURA III). Mediante su división en tramos, que apoyan en arcos fajones o perpiaños, en correspondencia con los contrafuertes exteriores adosados a los muros, es posible aplicar un sistema abovedado a las amplias naves; por otra parte, la independencia de los tramos contribuye a la seguridad del conjunto de la iglesia. El sistema de bóveda de cañón en las grandes naves se completa con las bóvedas de aristas en las naves laterales, que resuelve el problema de la cubierta de los tramos cuadrados; y en los ábsides se disponen las bóvedas de cuarto de esfera, o de horno, que se acomodan a la planta semicircular de las cabeceras. Surge así, estructuralmente, un t. que, si bien en planta evoca la disposición de la basílica paleocristiana, técnicamente es nuevo, ya que la bóveda y sus gruesos muros determinan la existencia de los arcos reforzados y los pilares compuestos, en los que al núcleo del pilar se añaden columnas adosadas, que se corresponden con los arcos de las bóvedas.La dinámica evolutiva del t. románico, así como su tipología, está en íntima conexión con el problema de la iluminación. El culto cristiano exige la adecuada iluminación para la lectura de los textos, aparte del simbolismo que se otorga a la luz, en función de la doctrina evangélica. La amplitud del muro obliga a que los vanos sean escasos y estrechos, por lo que aparecen los vanos abocinados que, mediante los derrames interiores, sirven para que la luz que entra por el estrecho hueco del vano se encauce debidamente. Ahora bien, si en un t. de una sola nave la iluminación que se recibe por las ventanas laterales y por las del ábside es adecuada, el problema se complica en los t. de tres naves, ya que la nave central resulta defectuosamente iluminada con la luz que recibe a través de las naves laterales. Esta defectuosa iluminación obliga a elevar la nave central por encima de las laterales, lo que permite abrir una serie de ventanas sobre los arcos de comunicación de las naves, recibiéndose entonces luz central en la nave principal. Asimismo, la iluminación de la zona del crucero se resuelve mediante la disposición de un cimborrio, o cuerpo elevado sobre el crucero, con ventanas en su primer cuerpo que proporcionan luz más intensa sobre esta zona. De esta manera, aparte de la funcionalidad de la iluminación en las diferentes zonas del t., la luz adquiere cierta matización simbólica en su gradación, ya que a la semipenumbra de las naves laterales sigue la luz suave de la nave principal y la intensa luminosidad de la cabecera, centro espiritual de la iglesia, cuya importancia se destaca de esta manera, no sólo por la posición topográfica, sino por su iluminación.Otros aspectos, que se incorporan por necesidades del culto, contribuyen también a la configuración del t. románico. La necesidad de acoger en el t. a los peregrinos, enfermos o desvalidos, y que éstos no entorpezcan el culto, determina la aparición de un segundo cuerpo, tribuna o galería corrida por encima de las naves laterales y de. su mismo ancho, equivalente al matroneum paleocristiano o a la tribuna bizantina, que se comunica por la nave central mediante amplios ventanales, que es lo que constituye el triforio, el cual justifica la apertura de ventanas de iluminación encima, con lo que el t. adquiere mayor altura en su nave central. Asimismo, la conveniencia de facilitar la veneración de las reliquias (v.) que se conservan en el altar mayor, sin que este culto entorpezca la liturgia, es causa de la adopción del sistema de la girola o deambulatorio, o sea, una nave que da vuelta por detrás del altar mayor, a la que suelen abrirse capillas. Esta disposición, distintiva de las iglesias de peregrinación, se convierte en uno de los rasgos más característicos de muchos t. medievales.El carácter conventual de muchos t. románicos y su enclave en centros urbanos o en rutas de peregrinación determinan la estructuración de las dependencias conventuales y de los campanarios. Las dependencias conventuales giran en torno al claustro, que se organiza por una serie de arcos de medio punto, generalmente sobre columnas pareadas y techumbres de madera, al que dan las diversas partes del convento, fundamentalmente la sala capitular, el refectorio y el dormitorio, y aparte, dando a otros patios o corrales, se disponen dependencias de carácter utilitario. Otra de las grandes novedades del t. románico es la incorporación del campanario a la iglesia, salvo en Italia, donde la tradición paleocristiana determina su construcción independiente. En el resto de Europa, bien una sola torre, dispuesta generalmente junto a la cabecera, o dos torres a los pies, el campanario se convierte así en un elemento característico (v. CAMPANA Y CAMPANARIO).En el t. románico se asiste asimismo a la incorporación de la escultura, de la pintura y de las artes aplicadas al edificio, en una verdadera integración de las artes. La escultura de las portadas y capiteles, así como las imágenes exentas, contribuyen al adoctrinamiento de los fieles, pues se conciben en función de su carácter docente, para mantener vivas las enseñanzas de la Iglesia (v. SACRO, ARTE). La pintura, que recubría totalmente las paredes del t., contribuía a dar una significación al t. románico, como una alegoría, un anticipo, una imagen mental de la Iglesia como la Jerusalén celestial (v. CIELO IV, 3), presidida por el Pantocrator situado en el ábside, la Virgen, los santos y escenas evangélicas y bíblicas, todo conforme a unas normas que especifican la disposición de cada una de las figuras y escenas. Asimismo, el altar exento en el centro del presbiterio se cubría con pinturas en su frente, antependios, frontales y retablos, bien de pintura o de orfebrería, que contribuían a expresar la ideología románica, fuertemente impregnada de la influencia bizantina.La riqueza del arte románico y la abundancia de edificios construidos durante los s. XI y XII determinan que, dentro de la uniformidad artística, se distingan diversas escuelas que ofrecen ciertas características homogéneas, lo que permite estructurar debidamente este ingente número de edificios, esculturas y pinturas, que se extienden por la Europa occidental (v. ROMÁNICO, ARTE).5. Gótico. La reforma cisterciense supone una transformación en el t. cristiano que, si bien coexiste y en cierto modo adopta elementos de los t. románicos, técnica y conceptualmente responde a nuevas ideas (v. CISTERCIENSE, ESTILO). El funcionalismo técnico se impone, pues no sólo interesa un t. sólido y útil, sino que también interviene el factor económico, por lo que se procura eliminar superfluidades y se busca el procedimiento técnico en el que se compaginen dignidad, utilidad, solidez y economía. Se adopta en principio la bóveda de cañón apuntado que, al contrarrestar los empujes por la oposición de sus dos ramas, permite aligerar los contrafuertes. Esta bóveda es sustituida, a mediados del s. XII, por la de ojivas, que mediante dos arcos semicirculares que se cruzan en el espacio permite de una parte concentrar los empujes de los ángulos, con el consiguiente aligeramiento de los muros, y, asimismo, los plementos o casquetes que descansan sobre los arcos se pueden hacer de materiales de poco peso y coste. Igualmente los soportes se aligeran, bien por la supresión del tercio inferior de las columnas de los pilares compuestos o por su sustitución por ménsulas; asimismo, se suprimen los capiteles historiados y desaparecen las pinturas de los muros. Surge un t. técnicamente más funcional, en el que cada elemento arquitectónico tiene una razón constructiva, de modo que la disposición de las diversas partes del t. siga respondiendo estrictamente a las exigencias del culto, con las variantes determinadas por la girola en la cabecera o la disposición de capillas rectangulares, conforme a prototipos originados en las casas cistercienses fundadoras. De esta manera, el arte cisterciense constituye uno de los capítulos más importantes del protogótico.Coexistiendo con la proliferación de los edificios cistercienses se inicia a mediados del s. XII el t. gótico, que asimismo coexiste con construcciones románicas. El t. gótico responde a una nueva concepción técnica y se vincula a la evolución de la ciudad, al incremento del ejercicio de la autoridad episcopal y al desarrollo del cabildo catedralicio. Técnicamente, los t. góticos se caracterizan por el empleo del arco apuntado y de la bóveda de crucería (V. GóTICO, ARTE). El arco apuntado acentúa el perfil ascendente de los vanos. La bóveda de crucería se obtiene mediante dos arcos que se cruzan en el espacio, y concentra los empujes en los ángulos, que se refuerzan con los contrafuertes, o se trasladan al exterior los empujes de la bóveda mediante los arbotantes, que se apoyan en sus correspondientes contrafuertes, los cuales se refuerzan mediante los pináculos, es decir, remates puntiagudos que al mismo tiempo que acentúan el sentido ascensional del t., con su peso hincan los contrafuertes en el suelo proporcionando mayor estabilidad.Con este sistema se resuelven asimismo dos problemas fundamentales en la iglesia: el desagüe y la iluminación. La excesiva humedad, al dañar los cimientos de los muros y contrafuertes, pone en peligro la estabilidad del edificio, lo que se evita haciendo que las aguas llovedizas resbalen por los tejados puntiagudos y se canalicen por el lomo de los arbotantes, para ser expulsadas lejos del edificio mediante las gárgolas. Asimismo, la concentración de empujes en los ángulos permite prácticamente la supresión de los muros, sustituidos por amplios ventanales que se cierran con policromas vidrieras, que proporcionan intensa luminosidad al t., creando espacios de evidente simbolismo por su colorido (V. VIDRIO Y VIDRIERAS).El t. gótico, que se sintetiza en muchas catedrales (v), responde también a las condiciones sociológicas del medio en que se erige. Promovido en general por un obispo, su destino es urbano, y en su construcción colaboran los ciudadanos. Decidida la construcción y cedidos los terrenos por el municipio, en el centro de la ciudad, las limosnas, las fundaciones gremiales o familiares o simplemente la adquisición del derecho para enterramiento, fundamentan económicamente su construcción. Aprobadas las trazas dadas por el arquitecto, las prestaciones personales y la intervención de los gremios locales contribuirán a su erección; de tal modo que una catedral implica la creación de un centro artístico, cuya influencia irradia en otras obras de la diócesis.Generalmente, se impone el tipo basilical de tres naves, aunque son frecuentes los de una, y más escasos los de cinco. Proliferan las capillas en función del culto a los santos. Se amplía el presbiterio, concediendo gran espacio al cabildo catedralicio, salvo en España, donde el coro se sitúa en el centro de la nave mayor. Se da asimismo gran importancia a la girola con su corona de capillas, y de igual manera al claustro procesional, al que se abren la gran sala capitular y otras dependencias catedralicias. Se destaca la importancia de las torres, generalmente dos en la fachada, rematadas en terraza o más característicamente en aguda flecha apuntando al cielo que sobresale sobre el conjunto de la ciudad.Evidentemente, la catedral gótica es la concreción más lograda del t. cristiano, en, la que se conjugan con independencia, pero contribuyendo al efecto estético y religioso del conjunto, las obras de escultura, pintura y artes aplicadas; uniéndose con ellas el desarrollo de la música sagrada (V. GREGORIANA, MÚSICA) para resaltar la trascen¿encia y belleza de la liturgia y la participación de todos los fieles en ella. Queda así este tipo de t. como símbolo expresivo de una intensa espiritualidad, constituyendo, aun en nuestros días, la mejor gala y joya de una ciudad.6. Mudéjar. Modalidad peculiar es la de los t. mudéjares, en los que se funden las ideas y formas cristianas (románicas o góticas) con formas islámicas (V. MUDÉJARES II). La disposición de las diversas partes del t. no varía respecto a los edificios románicos o góticos, pues el culta) es el mismo; las novedades afectan únicamente al material y a las técnicas de construcción. Se prefiere el ladrillo, el yeso, la cerámica y la madera.De ladrillo son los muros, que se recubren con yesería, y a veces se realzan los efectos decorativos mediante cerámica esmaltada, como en el mudéjar aragonés. Si bien se utilizan bóvedas de cañón y de crucería hechas de ladrillo y yeso, son características las techumbres de madera, en las que los carpinteros mudéjares obtuvieron obras de extraordinaria belleza, a la que contribuyen la complejidad de sus combinaciones de lazos, la policromía de la pintura y el dorado. El templo mudéjar, por su economía, facilidad de construcción y, sobre todo, utilización de materiales locales, es un tipo muy difundido en la arquitectura religiosa de amplias regiones de España.7. Renacimiento. En el Renacimiento (v.) se plantea un problema que afecta a la nueva arquitectura que se propugna. Se quiere entroncar con los modelos de la antigüedad clásica, pero ésta no ofrece un tipo de edificio que sirva a las exigencias del culto cristiano. En el arte paleocristiano (v.) ya había una disyuntiva entre la basílica romana, de planta de cruz latina, y el tipo de planta central, que se ajustaba a la idea de exaltar la cúpula como elemento arquitectónico esencial y por el simbolismo que se le concede. Así no es extraño que en el Renacimiento florentino se advierta la incertidumbre respecto a la adopción de un modelo concreto, según se percibe en las iglesias construidas por Brunelleschi (v.), que en Santa María de las Flores destaca la importancia de la cúpula, que recoge, con afán de superación, el modelo clásico de la bóveda semiesférica del Panteón de Roma y recuerda la cúpula bizantina de Santa Sofía. L. B. Alberti (v.) introduce grandes novedades, fundamentales en la configuración del t. cristiano de la Edad Moderna. Crea, aunque contando con precedentes, la iglesia de una sola nave, a la que se abren capillas laterales, amplio crucero con cúpula y presbiterio rectangular, fuertemente iluminado por la luz de la cúpula, con lo que se establece una gradación lumínica de importancia estética, funcional y simbólica.En el s. XVI se hace radicar la belleza del t. en su monumentalismo y grandiosidad, lo que tiene su expresión en la basílica vaticana, en la que intervienen fundamentalmente Bramante (v.) y Miguel Ángel (v.), que crean un t. apto para su función concreta en la cabeza de la cristiandad, pero no aceptado como modelo para otras partes, aunque sus diversos aspectos arquitectónicos han sido fuente constante de enseñanza (v. VATICANO, ESTADO DEL IV). En la segunda mitad del s. XIV, el tipo dado en la iglesia del Jesús de Roma, en la que interviene Vignola (v.) y que es llamado jesuítico, alcanzará extraordinaria difusión. Consiste este tipo de iglesia en: pórtico como nártex; amplia nave muy baja, con capillas laterales de escasa luminosidad, sobre las que se sitúan balcones que comunican con el convento; coro en alto a los pies; crucero con cúpula sobre tambor con ventanas; presbiterio rectangular ligeramente más alto que el resto, para que el culto sea bien visible desde toda la iglesia; altar con gran retablo, en el que adquiere gran importancia el sagrario. Complementan el t. el púlpito situado en un ángulo del crucero, y, además de la sacristía, una capilla relicario, que suele situarse detrás del altar mayor, con acceso desde la sacristía. Al exterior se destacan las dos torres campanario, que juegan en su efecto óptico con la gran cúpula sobre el crucero.El t. renacentista español tiene unas características determinadas por la tradición gótica y la resistencia a los modelos italianos, a causa de su aspecto paganizante. Hasta que no se difunde el modelo jesuítico en el último tercio del siglo, se advierte la preocupación por revestir con elementos constructivos o decorativos clásicos edificios que, en esencia, son estructuralmente góticos, como la iglesia de S. Esteban de Salamanca, prototipo de t. plateresco (v.). A este respecto es característico que en pleno triunfo de las formas renacentistas se construyan las catedrales de Salamanca (v.) y Segovia (v.), que mantienen las formas góticas. Particular interés tiene la catedral de Granada (v.), de Diego de Siloé (v.), ya que en ella se ofrecen aspectos de importancia para la configuración del t. hispánico del Renacimiento. Destaca la organización del pilar compuesto, pues siguiendo las normas de la arquitectura clásica tiene, sin embargo, en su conjunto la esbeltez de un pilar gótico, al añadirle un pedestal y un trozo de entablamento; en segundo lugar, es importante la disposición de la cúpula sobre el presbiterio. Ambas características se repiten en numerosas construcciones andaluzas y americanas. Otra novedad es la adopción de la planta rectangular, que tiene su concreción más definida en la catedral de Jaén (v.).En la arquitectura hispanoamericana tienen particular interés las iglesias de misiones, que se conservan fundamentalmente en México. En ellas, si bien el t. propiamente dicho sigue el modelo español gótico, es característico un gran atrio a los pies, al que da una capilla abierta, llamada capilla de indios; el amplio espacio del patio o atrio se estructura en sectores para la catequización, mediante edículos a modo de humilladeros, que son las posas.8. Barroco. El t. barroco supone la plasmación de principios estéticos diversos a los que han regido en el Renacimiento, pues a la belleza de las formas arquitectónicas constructivas se contrapone el concepto de la primacía de los efectos visuales. El arquitecto utiliza con libertad los elementos de la arquitectura renacentista, y la pintura y la escultura contribuyen con su integración a la belleza del conjunto del t., que ha de ser considerado como una totalidad, y, en ocasiones, para apreciar debidamente su belleza, debe ser contemplado desde un determinado punto de vista.El atrio del t. adquiere gran importancia en función de la fachada, buscándose así los efectos del claroscuro; aun es frecuente que la fachada avance o se retraiga, buscándose una integración con el espacio urbano en que se sitúa. Predomina el modelo de una nave, a veces con paredes curvas y capillas laterales, que se integran en la totalidad del conjunto por la riqueza y colorido de sus retablos y pinturas, aunque en algún caso la rejería (v.) contribuya a su diferenciación y apartamiento para los cultos privados y para la situación de los confesionarios, que se destacan. Asimismo se destaca la importancia del púlpito, dispuesto en un ángulo del crucero, y que constituye centro de atención del cuerpo de la iglesia. Otro elemento de interés en el t. barroco es el coro en alto a los pies, en el que se sitúan los grandes órganos, que desempeñan un papel destacado en la liturgia. Los espacios libres de la nave, así como los brazos del crucero, se cubren de retablos, en los que se aprecian más las formas arquitectónicas que la pintura y la escultura.La decoración se acentúa en el presbiterio, generalmente de planta rectangular y ligeramente más elevado que el plano del suelo de la iglesia, para hacerlo fácilmente visible. En su límite se sitúa el comulgatorio, y a los lados mesas y asientos para el servicio del culto. El altar mayor ocupa el fondo del presbiterio, y sobre él, extendiéndose por todo el hastial, se dispone un gran retablo, en el que es frecuente que en su centro se disponga una hornacina para una imagen, que tiene su correspondencia con una ventana o con un camarín, al que se accede desde la sacristía, lo que constituye uno de los elementos más característicos del t. barroco. La mesa de altar, adosada con exceso al basamento del retablo, se enriquece bien mediante la pintura que imita mármoles o con frontales decorativos, con frecuencia de cuero dorado. En el altar se disponen las sacras de plata o de metal, aparte de los candeleros, y en el centro, enlazando con la parte baja del retablo, se suele colocar un sagrario (v.), conforme a las instrucciones del Conc. de Trento, generalmente de tipo monumental.Aparte de lo dicho, la capilla del sagrario se suele situar en la cabecera, a un lado del presbiterio y relativamente aislada, normalmente en el lado de la Epístola. La capilla de la pila bautismal se encuentra a los pies del templo, normalmente en el lado del Evangelio. La sacristía adquiere gran desarrollo, en torno a una sala con gran mesa central y cajonería para la ropa de culto; enlaza con el t. mediante la antesacristía, en la que se sitúa el lavabo. En el exterior, lo más característico es la gran cúpula que sobre el crucero domina el conjunto, encuadrada por las dos torres de la fachada, que sirven de campanario y contribuyen al efecto visual de la unificación del conjunto, al relacionarse la cúpula situada en un segundo plano y las torres de la fachada.Llegan a adquirir a veces gran importancia las capillas para los cultos particulares o fundaciones privadas. Su riqueza y desarrollo desvirtúan en ocasiones el concepto unitario del t. cristiano, pues se conciben como unidades independientes, con su nave, crucero con cúpula y presbiterio, con lo que la iglesia en la que se sitúan se convierte en simple zona de paso a las capillas particulares, con imágenes de gran devoción popular.El t. barroco constituye uno de los ejemplos más claros de la integración de las artes, en las que se incluye la música. Iniciada la arquitectura barroca (v. BARROCO V) en Italia, los grandes arquitectos Bernini (v.) y Borromini (v.) son los que crean la estética del t. barroco, ya que la influencia de sus edificios romanos se percibe en toda la cristiandad.Sin embargo, la arquitectura en cada país ofrece peculiaridades, que determinan matices en la configuración del t. barroco. En España es característica la difusión del t. jesuítico y de las formas derivadas de El Escorial (v.). El espíritu racionalista es un factor de importancia en el clasicismo (v.), predominante en el t. barroco francés. La fastuosidad se conjuga con el monumentalismo en los t. del sur de Alemania y de Austria, en los que particularmente en el s. XVIII las formas del arte cortesano influyen poderosamente. La riqueza del barroco mexicano crea en los santuarios y capillas, muchas veces en relación con las explotaciones mineras, uno de los conjuntos más típicos de la arquitectura barroca.9. Neoclasicismo y arquitectura posterior. En el neoclasicismo (v.) se rompe con la fastuosidad de muchos t. barrocos y se intenta volver a la pureza arquitectónica de la antigüedad clásica, difícilmente acomodable al culto cristiano. Al cromatismo policromo del t. barroco se opone un concepto en el que el mármol o su imitación constituye una de las bases de su estética. En lo posible se utilizan fachadas clásicas, y los órdenes de la Antigüedad se prodigan en retablos o templetes. Las esculturas se hacen en mármol, material que también se imita. El resultado es iglesias frías, racionalistas, que no atraen, ni ayudan a rezar.El fracaso del t. neoclásico determina que en la iniciación del movimiento romántico (V. ROMANTICISMO) Se intente volver a los modelos medievales, bizantinos, románicos y góticos (V. NEOGOTICISMO), con notas de carácter ecléctico y una evidente falta de originalidad durante el s. XIX.En el s. XX la arquitectura religiosa adquiere de nuevo notable desarrollo. Se utilizan los nuevos materiales, así como los adelantos técnicos que se refieren a la luz, al sonido y al acondicionamiento de los locales. Se crean nuevos t., desde los de gran capacidad a otros más reducidos, en consonancia con los aumentos de población y la difusión del cristianismo; en ellos se procura que el altar y el presbiterio (v. PRESBITERIO II) sean bien visibles, separándolos más o menos del retablo o imagen central (aunque no ha faltado alguna exageración o deformación, como la de situar el altar en el centro de la iglesia). Se reducen o desaparecen las capillas secundarias y la multiplicidad de altares (V. ALTAR IV). Se mantiene, como es lógico, la capilla del sagrario (v.), que siempre ha de conservar su importancia para la reserva y culto de la Eucaristía, si no se coloca el sagrario en el altar mayor. También se mantiene la capilla de la pila bautismal o baptisterio (v.), y se mejora el acondicionamiento de los confesionarios (v. PENITENCIA IV, 6), tan vitales para la vida cristiana. Se procura la reducción de imágenes (v.) y pinturas a lo esencial, buscando centrarmás la atención en el altar y el sagrario. Se tiende a que la simplicidad y funcionalidad de las líneas arquitectónicas sean un reflejo de la vida cristiana, aunque esto no siempre se consigue. A veces en esa línea de simplicidad y funcionalidad se ha llegado a la simplonería y a una frialdad contrarias al espíritu de la liturgia y del culto cristiano, y que no expresan ni ayudan el trato del cristiano con su Padre Dios ni la cordialidad y fraternidad que deben animar la vida cristiana.Problema grave se plantea en ocasiones con la acomodación de t. a las normas litúrgicas del Conc. Vaticano II, cuando deformadas o mal interpretadas han llevado a unas transformaciones que perjudican el arte y piedad acumulados y han dañado tanto aquél como la liturgia y las devociones populares. El Vaticano II ha recordado que la Iglesia buscó siempre el apoyo y servicio de las bellas artes "para que las cosas destinadas al culto sagrado fueran en verdad dignas, decorosas y bellas, signos y símbolos de las realidades celestiales" y que estuvieran "de acuerdo con la fe, la piedad y las leyes religiosas tradicionales" (Const. Sacrosanctum Concilium. 122); la Iglesia utilizó y se acomodó a los diferentes estilos artísticos "creando en el curso de los siglos un tesoro artístico digno de ser conservado cuidadosamente" (ib. 123), y también el arte de nuestro tiempo y el de todos los pueblos y regiones ha de ejercerse libremente en la Iglesia, "siempre que sirva a los edificios y ritos sagrados con el debido honor y reverencia" (ib.). Se indica cuidar "sobre todo lo referente a la digna y apta edificación de templos, a la forma y construcción de los altares, a la nobleza, colocación y seguridad del sagrario, así como también a la funcionalidad y dignidad del baptisterio, al orden conveniente, de las imágenes sagradas, de la decoración y del ornato" (ib., 128).V. t.:III;SACRO, ARTE;PALEOCRISTIANO, ARTE; y demás artículos a los que ya se ha ido remitiendo, que se pueden complementar con ARQUITECTURA ll.J. M. AZCÁRATE RISTORI.
BIBL.: G. P. KIRSCH, Los edificios sacros de la antigüedad, en Fliche-Martin III; M. L. GENGARO, Lo sagrado en la arquitectura, Barcelona 1965; T. COSTERMANELLI, Architettura sacra, Milán 1956; L. BOUYER, Architecture et liturgie, París 1967; A. MuNIER, Construction, décoration et ameublement des églises, Brujas 1925-26; L. BARTOLI, L’Arte nella casa di Dio, Turín 1950; Card. CELSO y G. CONSTANTINI, Fede e arte, 3 vol., Roma 1945 ss.; íD, L’lstruzione del S. Oficio sull’arte sacra (texto y comentarios), Roma 1952; G. MARIANI, La legislazione ecclesiastica in materia de arte sacra, Roma 1945; J. PICHARD, L’art sacré moderne, París 1954; P. R. RÉGAMEY, Art sacré au XX siécle?. 2 ed. París 1957; J. MARITAIN, Arte y escolástica, Buenos Aires 1958; J. DANIÉLOu, Le signe du temple, París 1945; J. HANI, Le symbolisme du temple chrétien, París 1962; Y. CONGAR, El misterio del templo, Barcelona 1967; J. JUNGMANN, Die Symbolik der katholischen Kirche, 1960; J. PLAZAOLA, El arte sacro actual, Madrid 1965; F. !ÑIGUEZ, La nueva liturgia en las iglesias tradicionales, Madrid 1969; M. RIGHETTI, Historia de la Liturgia, 1, 3 ed. Madrid 1969.
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