Templo IV. Arqueologia. HIST.
Categoria:
Historia
De los antiguos t. paganos, excepto algunos en uso todavía en Extremo Oriente (de más o menos antigua construcción), quedan, salvo excepciones, numerosos restos estudiados por la Arqueología. Para el significado e historia de estos t., remitimos al artículo primero (t) de esta voz. No se tratarán aquí tampoco las cuevas (v.) y monumentos megalíticos (v.) de la prehistoria, que tuvieron con frecuencia carácter de t. o similar; y tampoco se tratará de los más antiguos t. cristianos, de ellos se ocupará el artículo siguiente (v).Egipto. Los precedentes del t. clásico están en Egipto, sobre todo en los del Imperio Nuevo (v. EGIPTO III). Antes eran cabañas circulares de adobe, de techo cupuliforme, que albergaban a los dioses locales, o construcciones de ladrillo de las que apenas quedan restos. Como vivienda del dios tenían una capilla pequeña, cuadrada o rectangular, con techo, que recordaba las antiguas chozas, que contenía el tabernáculo de piedra que guardaba el simulacro divino y se llamaba naos; en ella o en una estancia contigua estaba la barca sobre la que se sacaría la estatua divina en las procesiones; alrededor había pequeñas capillas para otros dioses, huéspedes del principal; delante se alzaban avenidas de columnas y patios a cielo abierto, donde se reunían sacerdotes y fieles.En el Imperio Nuevo se desarrollan los grandes t. de Tebas (v.; Karnak y Luxor) y Abidos (v.) y, tardíamente, los’ de Denderah, Edfú (v.) o Philae. Construcciones de piedra cada vez mayores, especialmente salas hipóstilas, se añaden al santuario; y pilonos o puertas monumentales al exterior con obeliscos y avenidas procesionales flanqueadas por esfinges. Hubo también t. funerarios, contiguos a las pirámides, donde se hacen ofrendas, a los que a partir de la V dinastía se asocia un t. del Sol (v. I, 3a); un carácter semejante pudo tener el de Deir el-Bahari (v.), modelo de construcción semisubterránea en el que se han hecho famosos los de Abu Simbel (v.).Mesopotamia y otros pueblos. En Mesopotamia se construyeron los t. primero a imitación de la vivienda civil, luego fueron edificios de planta cuadrangular, con una cella y un patio, al que se abrían diversas habitaciones, y el zigurat (v.), torre escalonada de planta cuadrada o rectangular, con una capilla en la última terraza (v. I, 3a; VA. MESOPOTAMIA IV). Las torres del fuego persas, en piedra, eran cuadradas (v. IRÁN III).Para los hebreos, v. antes: II, B. Entre los cartagineses, los t. tenían un área sagrada con altares para sacrificios, estelas conmemorativas y estanques de agua lustral.India y China. Inicialmente de madera, el t. indio pasó a ser de piedra y ladrillo en los s. II y I a. C. Hubo una fase de transición, de arquitectura rupestre, con santuarios (chaitya) y monasterios (vihara), los primeros con una abertura en forma de herradura (kudu) y los segundos con planta cuadrada, a la que se abren celdas y capillas; luego aparecen los edificios al aire libre, y en el s. VI la techumbre piramidal con aristas curvilíneas. La stupa búdica se deriva del túmulo y es primera una cúpula de ladrillo sobre un basamento cuadrado; luego se hace más extensa, de cúpula globular y base más alta, acentuando la verticalidad (v. INDIA XI).En China, las revoluciones que terminaron con los Han destruyeron las construcciones religiosas; con la introducción del budismo (v.) se imita en los t. los edificios civiles y las tumbas, instaurando la stupa india, aunque convertida en una pagoda de ladrillo o de piedra de planta cuadrada, con pisos y techumbres superpuestos; también se introducen, en el s. V, santuarios rupestres (v. CHINA X).Grecia. Aparece aquí el concepto del t. no sólo como vivienda del dios, sino como lugar santo consagrado ritualmente a un culto público; los griegos diferenciaron el santuario (hieron) de la edificación que lo contenía (naos). Teóricamente comprendía un espacio consagrado (temenos, y sus límites peribolos), un lugar para purificación por abluciones (delumbrum), un altar para los sacrificios y el simulacro de la divinidad; podía haber además un bosque sagrado (alsos) y santuarios especiales en cuevas (antron) o en fuentes y ríos (nym f eo) . El t. propiamente dicho formaba un conjunto armónico y equilibrado con su posición, los soportes y las cargas.Los primeros t. fueron de madera; tomaron su aspecto y distribución del megaron micénico, rectangular, cuyas paredes longitudinales se prolongaban más allá del muro en que se abría la puerta (v. MICENAS). El núcleo de la construcción era una pieza rectangular (cella) con uno de sus extremos abierto en un pórtico (pronaos), constituido por la citada prolongación de los muros (antis) y un par de columnas; en el lado opuesto del pronaos estaba el opisthodomos. Este tipo de t. es el llamado in antis, próstilo cuando hay un frente de columnas, y anfipróstilo cuando éste se repite simétricamente en el lado opuesto. En el s. VIII a. C. el megaron comenzó a ser rodeado por un óvalo de columnas de madera, que sostenían un entablamento del mismo material, como, p. ej., en Thermos, en Etolia; en la segunda mitad del s. VII a. C. se construyeron t. con un pórtico circular, en parte en madera, como el Heraion de Argos; a fines de dicho siglo el esquema está completo (p. ej., el Heraion de Olimpia, v.) y surgen edificios de piedra de aspecto aéreo. Este cierre de columnas (perístasis), que determinan un pórtico rodeando la naos (ptera), da el t. períptero, forma completamente elaborada del t. griego (V. GRECIA III).Desde el s. VIII a. C., las dos ramas de los griegos, los dorios y los jonios, crean otros tantos estilos arquitectónicos, llamados "órdenes", que tienen aproximadamente la misma extensión geográfica que los correspondientes dialectos, en el Peloponeso y en las costas de Asia Menor (V. ÓRDENES ARQUITECTÓNICOS).Entre los más importantes t. griegos están los santuarios panhelénicos, como Olimpia (v.), Delfos (v.) y Nemea; los regionales, como Eleusis (v.), famoso por sus misterios; los de Zeus (v.) y Hera (v.) en Dodona, y los de Hera en Argos y Samos, respectivamente uno de los más antiguos y el de mayores dimensiones con otros asiáticos del mundo griego; de Apolo, el de Delos (v.) y el Didimeo cerca de Mileto; de Asclepio, el santuario de Epidauro (v.), con narraciones de curaciones maravillosas. Hubo muchos t. locales, entre los que se conservan restos notables en Bassae (Apolo), Egina (v.; Afaia) y cabo Sunion (Poseidón). Finalmente, son numerosos los santuarios urbanos, bien en ciudadelas como las acrópolis de Atenas (v.), Rodas (v.) y Pérgamo (v.), y los de Siracusa y Selinonte en Sicilia; bien formando parte de los recintos de las ciudades, como el llamado Teseón (posiblemente dedicado a Hefesto) dominando el ágora de Atenas, o el de Apolo sobre el ágora de Corinto, o las zonas sagradas de Paestum y Agrigento; algunos se situaban en las puertas de las ciudades, pero fuera de ellas, como el Olimpeo de Atenas.Templo etrusco. La misión del t. etrusco rebasa la de una casa de la divinidad, siendo activo lugar de culto. Se origina en una construcción de madera, con revestimientos de barro cocido; para su conocimiento tenemos un discutido texto de Vitrubio, urnas oicoformes y bastantes restos de las excavaciones, especialmente las plantas de los t. de Alba Fucens, Marzabotto, el de Júpiter Capitolino, Civita Castellana y Conca. En ellos es esencial la triple cella para Júpiter, Juno y Minerva. Vitrubio, aunque parece que se refiere a un solo t. del s. V dedicado a Ceres, Líber y Libera, da la proporción de 5: 6 que se comprueba en el t. C de Marzabotto (19 m. de ancho por 22,80 de largo); la planta tenía una pars antica reservada al pórtico y otra pars postica a la triple cella. Se alzaba sobre un podium sin gradas, excepto en la parte delantera, pero sólo en el centro; al final de ellas, en el medio, se levantaba el altar. La columna tenía basa (spira) cilíndrica (con toro, quadra y apófisis) y fuste liso, no acanalado; el capitel, de la altura de la basa, era sencillo, con un cuello, astrágalo, equino y ábaco. En los elementos sustentados se repiten los modelos griegos, con decoración en barro cocido y pintado.Según este esquema, la clasificación de los t. etruscos conocidos podría ser: tetrástilos, próstilos, de una cella (Alatri, modelo de barro de Satrico, Alba Fucens,Cosa B); hexástilos, de tres cellas, con pórticos laterales de columnas (Capitolio de Roma); tetrástilos, de tres cellas (Marzabotto, Lanuvio, Faesule) y un compromiso entre el Capitolio romano y el esquema de Vitrubio (Veyes, Orvieto, Signia, Terracina, Civita Castellana). Las proporciones varían sin ajustarse al canon vitrubiano, y algunas veces .falta el podium. No podemos hablar en el t. etrusco-itálico más que de un orden, aunque con las variedades mencionadas.Templo romano. En su origen resulta de la combinación entre el tipo de cella etrusco-itálico y el pórtico de columnas griego, con planta rectangular y ligeras diferencias en lo que Vitrubio llamó orden toscano (v. ROMA VI), casi cuadrado sobre zócalo accesible por una escalera anterior (podium). No obstante, los esquemas varían mucho y adoptan singularidades, sobre todo en Oriente. Los de planta rectangular son los normales; así, el de César en el foro (v.) de Roma, edificado donde se incineró su cuerpo, tenía un podium recubierto de placas de piedra, cuya parte delantera avanzaba hacia el foro y formaba una tribuna (rastra Julia), en cuyo centro un semicírculo dejaba lugar para el altar, y a los lados estaban los espolones de las naves capturadas en Accio; por dos escaleras se subía al t. hexástilo y próstilo; otro ejemplo, muy bien conservado, es la Maison carrée en Nimes, hexástilo y pseudo-períptero corintio, construido por Augusto en honor de sus hijos adoptivos Agripa, Cayo y Lucio.La planta circular se aplicó a los t. de Vesta, en memoria de la cabaña romana; según Vitrubio, podía tener o no cella interior, siendo el primero un tholos con pórtico, como el de Tívoli, de tiempos de Sila, o el del foro romano. Notable también el templete de Baalbek (v.), precedido de un pronaos tetrástilo, y sobre todo el Panteón, fundado por Augusto y rehecho por Adriano, cubierto por una enorme bóveda y precedido por un pronaos octóstilo. Una planta especial es la de los capitolios (v.), dedicados a la triada capitolina, con tres cellas contiguas y paralelas en sentido longitudinal, situándose a Júpiter en el centro, a la derecha Juno y a la izquierda Minerva; los sacrificios se ofrecían en la puerta de la capilla de quien se quería honrar; otros capitolios se han hallado en Timgad (Argelia), Pompeya (v.), Sbeitla (Túnez), etc.Hay otras plantas resultantes de la introducción de cultos orientales con unos ritos determinados; así los de Cibeles, Isis y Sarapis. En el Mediterráneo fueron numerosos los t. dedicados a Mitra (v.), primeramente en criptas y luego en cámaras rectangulares con ventanas e instalaciones para el sacrificio del toro (v. TAUROBOLIO) y las lustraciones, con un altar en el que se representaba invariablemente la muerte del toro por el dios. En el norte de África hay muchos ejemplos de t. de forma particular, como el de Juno Celestis (Tanit) en Dugga (Túnez), dispuesto en un patio semicircular.Templos romanos de Hispania. De los numerosos t. edificados en la Península, quedan pocos restos completos, bastantes fragmentos de ellos y no pocas representaciones en las monedas, a veces con gran fidelidad, como en Tarraco, Caesaraugusta y Carthagonova.En la Tarraconense, la capital ha conservado la memoria de los t. de Augusto y Júpiter Ammon, algunos relieves y restos, tal vez in situ, en la catedral; Barcelona guarda aún las cuatro altas columnas corintias y parte delpodium en el patio del Centro Excursionista; más completo es el templito de Vich (Ausa), pobre, hexástilo y próstilo, y restos confusos en Denia y Almenara.Aparte de algunos restos hallados en Cartagena en 1960, en la Bética podemos citar el modesto capitolio de Baelo y restos en otros lugares. Lusitania tiene, sobre todo, el de Évora (Municipium Liberalitas Julia Evora), hexástilo y períptero, y los de Mérida (v.), el mal llamado de Diana análogo al anterior, el más pequeño de Marte, cuyos restos se conservan en el Hornito de Santa Eulalia, y otros dedicados a divinidades orientales. Muchos más t. y capillas, funerarios o en los puentes, se conocen en la Península.V. t.: 1, 2-3.A. BELTRÁN MARTÍNEZ.
BIBL.: A. BELTRÁN, Arqueología clásica, Madrid 1949; M. L. GENGARO, Lo sagrado en la arquitectura, Barcelona 1965 (capítulos I-V); H. BERVE, G. GRUBEN y M. HIMER, Temples et sanctuaires grecs, parís 1965; G. KASCHNITZ VON WEINBERG, Die Grundlagen der republicanischen Baukunst, 1962, y Die Baukunst im Kaiserzeit, 1963; J. R. MÉLIDA, Monumentos romanos de España, Madrid 1925.
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