Templo I. Historia de las Religiones. 1 HIST.
Categoria:
Historia
Introducción: templo, culto y religión en general. El hombre tiene el deber de dar culto a Dios. Ese deber se deriva ya de su condición de criatura de Dios en el ámbito todavía de la religión natural Así consta a la misma razón natural recta. La religión (v.) y el culto (v.) a Dios deben ser vividos de forma personal y también pública, dadas las condiciones del hombre: persona (individuo intransferible en su personalidad) y ser sociable. Además, la naturaleza del hombre -unidad sustancial de alma y cuerpo- exige que aun para las cosas más espirituales se valga y sea ayudado de las materiales y sensibles, "porque lo invisible de Dios, desde la creación del mundo, se deja ver a la inteligencia a través de las cosas creadas" (Rom 1,20). El culto divino utiliza objetos materiales y t. no porque "Dios necesite una casa donde habitar" (cfr. 1 Reg 8,27), sino para dar gloria a Dios también con las cosas materiales, en los actos privados y públicos, y así facilitar la unión interior del alma con Dios en el plano personal y en el culto colectivo. Aunque la esencia de la religión (v.) consista principalmente en actos interiores del hombre, también comprende actos exteriores y públicos, como secundarios y ordenados a los primeros (cfr. S. Tomás, Sum. Th. 2-2 q81 a7c).El culto público a Dios, compuesto, pues, de diversos elementos interiores y exteriores, espirituales y materiales (V. ORACIÓN; OFRENDA; SACRIFICIO; SACRAMENTOS; GESTOS Y ACTITUDES LITÚRGICOS, etc.), necesita así de los t. para realizarse. De ahí que, tanto para el culto individual como sobre todo para el público, sea constante en la historia de la humanidad el uso de t., de diferentes formas y clases, independientemente o además de que el culto a Dios y trato con Él se pueda realizar y de hecho se practique en todo lugar y ocasión. En los t., con el culto público, se concentra y expresa de una manera peculiar el culto a Dios que puede y debe ser toda la vida humana; y así también los t. son uno de los principales focos de irradiación e impulso de la religiosidad que debe impregnar toda la actividad del hombre. Para el cristiano el foco principal de esa irradiación es la caridad (v.) y la gracia (v.) de Dios, en el interiordel alma (V. SANTIDAD IV; JESUCRISTO V; PERFECCIÓN CRISTIANA; TRABAJO HUMANO VII), pero necesita igualmente de los t. para el culto público y para recibir esa gracia (v. II-III).Sin embargo, a lo largo de la historia de las religiones, como se verá, el concepto de t. no ha sido uniforme. En muchas religiones no cristianas el t. se ha considerado como el lugar exclusivo de morada de la divinidad, en consonancia con determinadas concepciones antropomórficas de lo divino, de forma que los hombres apenas tenían acceso a él. Sólo excepcionalmente se han considerado también como lugar de reunión para el culto, sobre todo a partir de los momentos en que se dejan sentir las influencias judías y cristianas.La palabra t. no era usada comúnmente por los cristianos de los primeros siglos, precisamente para recalcar la diferencia de la Revelación respecto al paganismo: "Dios no habita en casas hechas por mano de hombre, según dice el profeta: mi trono es el cielo, y la tierra el escabel de mis pies; ¿qué casa me edificaréis a mí, dice el Señor, o cuál será el lugar de mi descanso? ¿No es mi mano la que ha hecho todas las cosas?" (Act 7,48-50). Dios está en todas partes, y por otro lado el t. vivo de Dios es Jesucristo, "en quien habita corporalmente la plenitud de la divinidad" (Col 2,9; cfr. lo 1,14; 2,19-21; Mt 26,61; etc.); y, con El, son t. de Dios los cristianos (1 Cor 3,16-17; 2 Cor 6,16; 1 Pet 2,4-5; etc.), en cuanto se identifican con El, imitándole (V. JESUCRISTO V) e incorporándose a su Cuerpo Místico (v.), y, por tanto, obligados a santificar y santificarse en todo momento y todo lugar (v. SANTIDAD IV). Por eso, a los lugares donde se reúnen, para la celebración del sacrificio eucarístico y del culto, les dan preferentemente el nombre de iglesias, con todas las resonancias y connotaciones que tiene esa palabra (v. IGLESIA): asistencia y presencia perenne de Dios, instrumento de santificación y salvación, reunión jerarquizada de los fieles, etc.Superado el paganismo (v.), no hay inconveniente en llamar t. a las iglesias cristianas, y de hecho se les llama así con frecuencia, puesto que puede decirse que en ellas, por la presencia verdadera, real y sustancial de Cristo en la Eucaristía (v.) unida a la de los fieles cristianos "templos vivos de Dios", se realiza la idea de t. en el sentido más riguroso de la palabra (v. III), nunca alcanzado en las religiones no cristianas. Lo sagrado y lo profano no son ya realidades contrapuestas, sino que ambas están relacionadas con el Dios vivo, aunque con relaciones distintas, que siendo diferentes se sirven mutuamente; por ello, el cristianismo, al tiempo que consagra definitivamente las iglesias o t. como lugares sagrados, en el sentido más fuerte, no hace de Dios, de la religión y de la vida cristiana algo centrado únicamente en el t. (v. SAGRADO Y PROFANO; CONSAGRACIÓN).JORGE IPAS.
BIBL.: V. TEMPLO I. HISTORIA DE LAS RELIGIONES. 2
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