Tartessos HIST.
Categoria:
Historia
Las fuentes literarias antiguas, como la Ora marítima de Avieno, se refieren a T. como una ciudad, rodeada de murallas y regada por un río. Sobre su localización no están de acuerdo los autores antiguos; para Avieno, Plinio, Salustio, Valerio Máximo, Justino y Arriano, T. es Cádiz; para Plinio es Carteya; para el escoliasta de Licofrón se encuentra en una isla, en medio del océano, según un escolio de la Ilíada, y en las proximidades de Hércules según Polibio. Para Pausanias, Esteban de Bizancio y Avieno, se sitúa en la desembocadura del río homónimo, y entre los dos brazos del río según Posidonio. Según Escimno de Chios distaba dos días de navegación de Cádiz. Esta última localización y la de Avieno son irreconciliables entre sí. El poeta Estesícoro de Himera cita el río T., que nace de un monte de plata, datos confirmados por Esteban de Bizancio, quien añade que el río T. arastraba también estaño. Escimno habla de una ciudad y del río T., que arrastra oro y bronce. Eustatio confirma estos datos.De todas estas fuentes se deduce que por T. se entendía un río, una ciudad y un reino, que llegaba hasta Martia Tartessiorum en el SE, límite oriental de este reino, siendo Huelva el occidental. Las fuentes señalan que la ciudad de T. es un emporio minero, cuya importancia estriba en la riqueza en estaño y plata de su río. Los autores modernos han llegado a conclusiones diferentes sobre la localización de Tartessos. Para A. Schulten, se encontraría en la desembocadura del Guadalquivir, pero las excavaciones no han confirmado esta tesis; para C. Pemán, estaría igualmente en la desembocadura del Guadalquivir, y las bocas del río serían las dos contiguas del Guadalquivir y del Guadalete. A. García y Bellido se inclina a localizarla en Huelva o en sus proximidades. También podía pensarse en Carmona, Lebrija o en la propia Sevilla. Últimamente, J. M. Luzón ha añadido nuevos argumentos a la hipótesis de que T. se hallaba en la ría de Huelva, y ha propuesto una interpretación diferente a la comúnmente aceptada de algunas fuentes. La descripción de Estesícoro sobre las fuentes del río T. se ajusta con asombroso rigor al nacimiento del río Tinto, en la cueva del Lago. El paisaje está dominado por el cerro Salomón, formado por una inmensa masa de óxido de hierro totalmente roja; en la base del cerro se sitúa la zona de minerales ricos en metales preciosos, como la jaronita,explotada de antiguo mediante kilómetros de galerías intrincadas. Ninguno de los ríos identificados con T. arrastra estaño; sólo el Tinto, que lleva una disolución de sulfato férrico, podía llamar la atención, por lo que probablemente el río T. sea el Tinto. El Hiberus de Avieno sería el río Piedras, que riega una rica vega. El Besilus de Avieno sería el Betis. El fani promineus de Avieno se situaría en las proximidades de Punta Umbría. La isla de Saltés sería la que dividía las bocas meridionales del estuario. El Ars Gerontís de la Ora maritima debería encontrarse en la orilla opuesta.Constitución política. Economía. El reino de T. coincide con los finales de la Edad del Bronce en la Península. Su constitución política era la monarquía. Se conocen los nombres de varios reyes tartésicos, como Habis, con el que se relaciona el único mito conocido de los pueblos de la Península, que ofrece analogías con las leyendas de la fundación de Marsella. El mito describe un estado matriarcal y la transición de un régimen todavía bárbaro a la cultura superior, que puede colocarse en las últimas fases de la Edad del Bronce. Habis enseña la agricultura, legisla y al fin se convierte en dios, como Saturno. Las gentes que gobernaba ignoraban toda forma de vida civil, y las técnicas agrícolas se encontraban en el paso del estadio medio al superior de la barbarie, en el tránsito de la constitución gentilicia y tribal a nuevas formas de constitución territorial, manifestada en el desarrollo de la técnica agrícola menor, en una incipiente evolución urbanística, en una progresiva diferenciación social, a todo lo cual alude el mito de Habis, según lo recoge Justino. Hay un largo periodo de monarquía despótica hereditaria de carácter divino. La cultura tartésica surge seguramente al fusionarse los elementos de una cultura agrícola con los de otra pastoril. Otras leyendas de reyes tartésicos tienen un fondo económico real. Así las referencias a los ganados bovinos de Gerión y a las riquezas de oro y plata de su padre señalan los dos ejes de la economía tartésica: metales y ganado. El mismo hecho de localizarse en Iberia el robo por Hércules de los bueyes de Gerión indica que una de las riquezas fundamentales del monarca tartésico era el ganado bovino. Gerión es posiblemente la personificación del río, cuyas márgenes alimentaban grandes rebaños de bueyes. Se conocen los nombres de otros reyes tartésicos, como Gargoris, que inventó la agricultura, el reyezuelo al que Heracles regaló una yunta de vacas; Argantonio, que entró en relaciones comerciales con los focenses (v.), y Theron. Los habitantes de T. tenían escritas leyes en verso; posiblemente a partir del 700 a. C. conocían una escritura, traída del Oriente, de la que han quedado documentos en las pizarras con inscripciones del Sur de Portugal.Hoy día, más que los problemas de localización de T., interesa la cultura tartésica, de la que se conocen multitud de testimonios arqueológicos. Esta cultura tartésica se origina a causa del impacto comercial de los fenicios, que contaban con una serie de factorías como Sexi (Almuñécar) en la provincia de Granada, Los Toscanos y Frigiliana en Málaga desde el 700 a. C., y Cádiz desde el 1100 a. C.; los etruscos y los griegos, a partir de la segunda mitad del s. VII a. C., que comerciaban con los pueblos del Sur de la Península, para la obtención de metales. Todo este material arqueológico comienza a aparecer a partir de la segunda mitad del s. VIII a. C., está fabricado en la zona en su casi totalidad y demuestra que la cultura tartésica no es más que el periodo orientalizante de la península Ibérica coetáneo del de Etruria, Grecia y Norte de África.Tartessos y los griegos. Los griegos llegaron a T. varios siglos después de los fenicios. Heródoto cuenta que fueron los focenses los primeros que navegaron a T., en naves de 50 remeros; llegados aquí, se hicieron amigos del rey Argantonio, quien reinó entre el 630 a. C. hasta mediados del s. VI a. C. El griego que descubrió T. fue Kolaios de Samos, quien, navegando rumbo a Egipto, fue desviado por los vientos hasta las Columnas de Hércules, desembarcando en T., donde consiguió fabulosas riquezas, evaluadas en 60 talentos. Hasta entonces, T. era un mercado no conocido de los griegos, como puntualiza Heródoto. Con la décima parte de los beneficios, seis talentos, se hizo un magnífico caldero de tipo argólico en bronce, coronado con cabezas de grifos, y sostenido por tres gigantes también de bronce, que fue ofrendado por los samios al santuario de Hera de Samos. El viaje de Kolaios de Samos se fecha hacia los a. 650-630 a. C. No fue el viaje de Kolaios el único. Plinio cuenta que Midacritos fue el primero que llevó a Oriente el estaño de las islas Casitérides. Con estas importaciones se relaciona el texto de Pausanias, que menciona el bronce tartésico en el tesoro de los sicionios en Olimpia, donde, según los eleos, había una cámara de bronce tartésico de 13.000 Kg. de peso, ofrecida por el tirano de Sición Mirón, en agradecimiento a haber triunfado su carro en Olimpia, hacia el 600 a. C. Los focenses establecieron relaciones cordiales con Argantonio, que les invitó a que se estableciesen en su reino; al no conseguirlo, les dio dinero para que levantasen una muralla alrededor de su ciudad. Los focenses fundaron la colonia griega de Mainake, en Málaga, para comerciar con Tartessos.Religión tartésica. Una serie de diosas de la fecundidad, que son las típicas del periodo orientalizante, aparecen en el área tartésica, o cercanas, como la estatuilla sedente de Astarté (v.) encontrada en El Carambolo (Sevilla), desnuda (sobre el plinto está grabada la inscripción más antigua fenicia del Occidente, datada en la segunda mitad del s. VIII a. C.); las cuatro estatuillas de Astarté de Cástulo (Jaén), en las que la diosa se representa como Hathor y con flores de loto en las manos y sobre la cabeza, y que corresponden al s. VI a. C.; la Astarté de Sevilla, en la que la diosa está sobre una barca formada por dos patos y con flores de loto en las manos (s. VI a. C.); la Astarté entronizada entre esfinges, la Galera (Granada), con los senos perforados y un gran recipiente sobre las rodillas; los bronces del Berrueco (Salamanca), del s. vii a. C., en los que la diosa lleva el peinado de Hathor, flores de loto alrededor del cuerpo, un disco alado sobre el vientre y cuatro pares de alas; la representación de la diosa responde a prototipos que se documentan en Karatepe, en marfiles de Nimrud, en vasos etruscos de figuras negras, en representaciones arcaicas de la Melissa, y en algunas monedas de Biblos y Malos. Con la diosa Astarté, traída por los fenicios del Oriente, encaja bien una serie de temas religiosos, también llegados del Mediterráneo oriental, que florecieron en el área tartésica, como el broche de Niebla (Huelva) con el tema del árbol de la vida, el broche de Sanchorreja (Ávila) con grifos junto al árbol de la vida, y el broche del castro de Azongada (Portugal) con antílopes. El tema del árbol de la vida se vuelve a repetir, como motivo decorativo, en los broches de cinturón de Carmona (Sevilla), que obedecen a modelos etruscos.Material arqueológico tartésico. En la cultura tartésica se vinculan diversos objetos en metal, como jarros globulares utilizados en los rituales funerarios traídos del Oriente, como los ejemplares de La Aliseda (v.; Cáceres) y Cruz del Negro (Carmona), que obedecen a prototipos de Etruria, Chipre, Fenicia y Norte de África. Los fenicios y los chipriotas esparcieron esta fórmula y ritual funerario por todas las colonias fenicias del Mediterráneo, y fueron copiados por los diversos pueblos; el segundo grupo está compuesto por jarros piriformes de boca plana, asa tripartita, terminada en la parte superior en tres cabezas de serpientes (Niebla, colección Calzadilla de Badajoz y Metropolitan Museum de Nueva York). El jarro del Museo Lázaro Galdiano de Madrid termina en cabeza de león y obedece a prototipos etruscos. El jarro de Mérida termina en cabeza de ciervo. Llevan estos jarros palmetas fenicio-chipriotas, y el de la colección Calzadilla ofrece un impresionante parentesco con las palmetas de los jarros etruscos. El oinochoe de Valdegamas (Badajoz) lleva una diosa de la fecundidad entre leones tumbados y responde a prototipos campanos. El jarro de Villanueva de la Vera (Cáceres) obedece a modelos sirios. Todas estas influencias indican los pueblos que se relacionaban con la cultura tartésica. Con T. hay que vincular también el guerrero de Medina de las Torres (Badajoz), que obedece a prototipos de Samos, y posiblemente el carro votivo de Mérida. Todas estas piezas se fechan entre los s. VII y VI a. C. Con los jarros piriformes iban unidos, en los rituales funerarios, recipientes circulares de poco fondoy borde plano, algunas veces decorados con manos y rosetas, como los ejemplares de La Aliseda, Carmona, Huelva y Granada.Con la cultura tartésica se vinculan igualmente joyas, que demuestran la asimilación por las poblaciones indígenas de la Península de técnicas y modas traídas del Oriente por los comerciantes, como el tesoro de La Aliseda, que consta de un cinturón con el tema del despothes theron, grifos y palmetas de cuenco, diadema de prototipo oriental, dos pendientes decorados con halcones y flores de loto, dos brazaletes con un tema de SS entrelazadas, de gran tradición en el Mediterráneo oriental, documentado en la tumba V de Micenas, en el s. XVI a. C., en los elementos arquitectónicos del Tesoro de Atreo, etcétera; 194 diminutas piezas de ornamento de palmetas, que posiblemente eran un vestido floral, y una serie de colgantes que eran amuletos, de origen oriental, y que en fecha posterior se repiten en los bronces ibéricos, en la Dama de Elche, en la Dama de Baza, etc. En este tesoro hay también sellos y sortijas de tipo oriental. Parte de las joyas llevan granulado, que acusa técnicas etruscas. Se fecha este conjunto hacia el 600 a. C. Otras joyas de la misma cultura tartésica son un pendiente de Andalucía, adornado con flores de loto, y el tesoro de El Carambolo, compuesto por dos grupos de alhajas; el primero está formado por un pectoral, dos brazaletes y ocho placas de dos tamaños distintos. El segundo consta de un pectoral, un collar y ocho placas. El collar responde a un prototipo chipriota. Los paralelos para los brazaletes los ofrece la orfebrería del Bronce final, como los brazaletes de Estremoz y Portalegre (Portugal). La fecha de este conjunto se calcula hacia el 550 a. C.Durante la época tartésica trabajaron talleres de marfil en diversas localidades como Carmona, Setefilla, Osuna y Villaricos. Los marfiles hallados en esta localidad son piezas fabricadas en talleres que trabajaban directamente influidos por modas fenicias para clientes indígenas. Hay una gran variedad de clase y estilo, más que una pluralidad de artistas y talleres. La temática de los marfiles hispanos es la misma que la que se documenta en Oriente. Ninguno de los marfiles hispanos son importaciones y carecen de estilo plástico. Los marfiles procedentes de Santa Lucía y del Acebuchal son los más antiguos y, posiblemente, se datan en la primera mitad del s. VII a. C. La anexión por Asiria de las ciudades fenicias ocasionó una emigración de artesanos semitas al Occidente, que serían los fundadores de estos talleres de marfiles, tanto en la península Ibérica, como en Etruria y Cartago. Las placas halladas en Bencarrón, próximas a las del grupo de Santa Lucía y del Acebuchal, acusan una creciente autonomía, y posiblemente son algo posteriores al 600 a. C. Las placas caladas de Alcantarilla y del Acebuchal forman el tercer grupo de marfiles tartésicos, y no muestran vinculación especial con Oriente. Se datan entre los a. 600 y 450 a. C. En Samos han aparecido dos peines del tipo de los de Carmona, datados entre los a. 640-630 a. C. y que prueban las relaciones con Samos de las que hablan las fuentes.Fin de Tartessos. El influjo cartaginés en la cultura tartésica es pequeño, no así la presencia de elementos indoeuropeos, bien documentada en el hallazgo de bronces de la ría de Huelva, y en el propio nombre de Argantonio. Se ha supuesto que los cartagineses, hacia el 500 a. C., cerraron el estrecho de Gibraltar al comercio griego; se apoya esta teoría en algunos datos recogidos en la Ora maritima que hablan de calmas, nieblas, bajos, algas y monstruos marinos, noticias con las que se pretendía asustar a los navegantes. Para Píndaro, la zona del Estrecho estaba ya vedada a los griegos. Las espléndidas manifestaciones de arte menor orientalizante de Andalucía se apagan poco a poco hacia mediados del s. v a. C., y aparece en la Alta Andalucía, y en menor grado en la Baja, una cultura autónoma que, a juzgar por los productos de importación griegos y púnicos, mantiene contacto con ambos mundos, pero es al mismo tiempo política, social y espiritualmente independiente de ellos. Ésta es la cultura turdetana (V. TURDETANIA).J. M. BLÁZQUEZ MARTÍNEZ.
BIBL.: Fuentes: AvIENO, 54, 100, 179, 223, 225, 265, 284, 291, 296, 308, 428, 436; APIANO, Iberia, 63; ARRIANO, 2, 16, 4; HERÓDOTO, 1, 163; 4, 152; JUSTINo, 44, 4, 14; PLINto, Historia Natural, 4, 120; 7, 156; PAUSANIAS, 6, 19, 3; SALUSTIO, Historias 2, 5; VALERIO MÁXIMO, 8, 13, 4.
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